martes, 8 de enero de 2013

Capítulo 15: “Into Temptation”. Crowded House. (1988)

video




Deprimartes seducido:



Ese gran autor y músico neozelandés llamado Neil Finn, antes de cantarle odas al dragón que habita en la montaña solitaria, lideraba esta muy buena banda, con la cual nos relata una crónica de todo aquello que supuestamente no debe hacerse: "Abriste la puerta, y yo no podía creer mi suerte. Tú, con tu nuevo vestido azul, quitándome la respiración. La cama es tan suave y cálida, eso sí que no podría hacerme daño. Estás mostrándome cómo caer en la tentación". Consideraciones sobre un amor prohibido, que por algo está prohibido, por algo no debe ser. Reflexiones sobre todas las emociones que nos enciende el sólo hecho de tratarse de algo que no está permitido. Y también sobre todos los grados de paranoia que nos despierta lo que dirá el resto del mundo si se entera: "Mientras me iba, me miraste por medio segundo, con una abierta invitación a caer en la tentación, sabiendo muy bien que todo el mundo se rebelaría. En la tentación, sintiéndome seguro en los brazos abiertos del infierno. Podríamos irnos navegando hacia allí, descender, y perdernos por quedarnos demasiado tiempo… En la tentación. Justo adonde perteneces".



Poesía pura para el siguiente verso. Nunca están demás unas gotas de poesía: “Una maraña de palabras nerviosas, no podrían revelar nuestra traición. Esta frase es todo lo que poseo, pero el precio por pronunciarla es ver cómo fracasa”. No creo que haya una mejor forma de describir poéticamente la vanidad de una excusa poco creíble. Pocas palabras valen más que un hecho…



Como si su intención principal fuera la de plasmar estados de ánimo melancólicos y contemplativos, el video va atravesando distintos planos en los que prima el blanco y negro, el sepia, el ámbar. Por unos momentos se vuelve de un azul gélido, casi mortuorio. No hay nada que hacer, la tristeza es fría y monocorde; pero maravillosamente hipnótica: “El culpable no consigue dormir en esas lentas últimas horas de la mañana. La experiencia aquí no vale de mucho, debí haber escuchado las advertencias. Pero la cama era tan suave y cálida… No hay forma de romper este hechizo… No le digas a nadie”. No le digan a nadie. Que este Deprimartes sea un secreto compartido, esa clase de secretos que uno se lleva a la tumba con una última y triunfal sonrisa.


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