martes, 5 de marzo de 2013

Capítulo 23: “I Don’t Like Mondays”. The Boomtown Rats.

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Deprimartes escolar:

Hoy mi día depresivo le rinde tributo al día depresivo por excelencia. Y lo hace con una historia real, como podría ser la de cualquiera de nosotros: "El chip de silicona en su cabeza se sobrecalentó, y por eso nadie va a ir hoy a la escuela; ella va a hacer que todos se queden sin clases. Y su papi no lo entiende, siempre dijo que ella era la niña más buena del mundo; él no puede ver las razones, porque no hay razones, ¿qué razones se necesitarían para hacer esto?". En 1979 una hermosa niñita estaba por terminar los estudios, y le pidió a su papá que como premio le regalara una radio. Y debido a esa lógica increíble que tienen los norteamericanos, papi fue y le compró un rifle de regalo, ya que la nena era una estudiante ejemplar. Entonces, un buen día, la nena agarró el rifle y empezó a matar gente en la escuela. El primer tiroteo en colegios registrado en EE.UU. Cuando los periodistas le preguntaron a la niña en cuestión el por qué -pregunta estúpida si las hay, ya que no hay respuestas válidas para justificar algo así-, ella sólo dijo: "Sólo lo hice para alegrarme el día… Es que no me gustan los lunes". Ese día era un lunes… Bob Geldof -el protagonista de la película The Wall de Pink Floyd, y creador del festival Live Aid- ni bien se enteró de la noticia, escribió esta canción para su banda, glorificando esa sensación de asco y repulsión que uno siente frente al comienzo de la semana. Todos odian los lunes. Es la hora de despertar del ensueño en que nos intentamos sumir vanamente durante sábados y domingos: “Dime por qué... No me gustan los lunes. Dime por qué… Es que no me gustan los lunes, me gustaría poder dispararle a ese día y que no exista nunca más”.

Esa mórbida tradición en que terminaron convirtiéndose los tiroteos estudiantiles, estuvo basada siempre en matanzas que fueron perpetradas –obviamente- por almas torturadas. Pobres niños infelices, víctimas del “bullying” y de un sistema escolar diseñado para aprender sin pensar, repitiendo letanías… Seres cuyos días terminaban siendo todos iguales. Todos lunes…: “Ya no hay más juegos en el patio. Ella ahora quiere jugar un rato con sus nuevos juguetes. Y si bien la escuela terminó temprano hoy, pronto vamos a seguir aprendiendo. Y la lección de hoy es cómo morir. Y se escucha una voz a través del megáfono, y el Capitán de policía entra a la fuerza en la habitación, con la cabeza llena de preguntas. Él no puede ver la respuesta, y es que no hay respuestas, porque, ¿qué razones se necesitan para morir?”.

Tengo recuerdos de hace poco tiempo atrás, en mis peores momentos de depresión, sin trabajo, completamente solo y con todo el tiempo libre del mundo. Recuerdo que me decía que todos los días eran iguales. Todos los días eran lunes… Y ese es el caldo de cultivo ideal como para empezar a perderle el gusto a la vida, para alejarse de las horas de sol, y para empezar a sentir lástima por aquellos a los que la vida les parecía maravillosa. Y si bien no fui corriendo a comprarme un rifle, me conformé con ver cómo me iba transformando en un misántropo empedernido. Un rasgo que, según la Wikipedia, comparto con personajes ficticios como el robot Bender, Sheldon Cooper, Daria Morgendorffer, y el Doctor House, ese prototipo del ser decepcionado por su fe, asqueado de la gente, y con una elegida incapacidad para relacionarse con el entorno… Me suena familiar. Pero a pesar de la aversión que pueda generarme la raza humana, terminé por comprender que la gente, simplemente, es como es y punto. A veces no logran aceptar la realidad, no por idiotez, sino por simple comodidad con su vida. Esto los lleva a no poder aceptar la derrota en que su vida se ha convertido: "La máquina de télex se conserva bien limpia, porque le arroja noticias a un mundo que las espera ansioso. Mamá está tan shockeada, el mundo de Papá se derrumba, y todos sus pensamientos giran hacia su hijita. Y les parece que los dulces dieciséis en realidad no son la mejor época de la vida. Pero no van a admitir la derrota, porque no pueden ver las razones; y es que no hay razones, ¿qué razones necesitas que te dé?” No hay razones, así que… ¡Feliz Deprimartes!

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