martes, 28 de mayo de 2013

Capítulo 35: “Monday Monday”. The Mamas & The Papas.

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Deprimartes hippie:

Otra vez, mis Deprimartes le rinden tributo a los lunes, el día depresivo por excelencia. Aquí les dejo un arrebatador ensamble vocal, de parte del grupo abanderado del movimiento que a mediados de los 60’s intentó conquistar el planeta con el poder de las flores. The Mamas & The Papas, hijos dilectos de la costa oeste norteamericana, que con la genial Mama Cass Elliot a la cabeza, entonan esta melodía acerca de un día que llega repleto de augurios, pero que cambia, y no necesariamente para bien: “Lunes, lunes, tan bueno para mí; el lunes por la mañana fue como yo esperaba que fuera… Pero el lunes por la mañana no podía garantizar que ese lunes por la tarde tú aún estarías conmigo”.

Es delicadamente enigmático el detalle de que no podamos decir con certeza si el cantante le habla al día o a un amor que se marcha en esa jornada. Un acierto poético: “Lunes, lunes, no se puede confiar en ese día... A veces las cosas simplemente resultan de una manera. Oh, lunes por la mañana, no me diste ninguna advertencia de lo que se venía. Oh, lunes, lunes, ¿cómo pudiste haberte ido sin llevarme?”.

Tómense un segundo para escuchar el trabajo armónico que hay en este contrapunto de voces, realzado con una letra melancólica, que nos deja varados en un sentimiento agridulce de esperar lo inevitable y no poder hacer demasiado para disfrutarlo: “Cualquier otro día… cualquier otro día de la semana está bien. Pero cada vez que llega un lunes… Cada vez que llega un lunes vas a encontrarme llorando todo el tiempo”. ¡Cómo te extraño, querida época hippie, y eso que ni siquiera te viví!... Pero hubiera regalado la mitad de mi alma sólo por haber empapado mi existencia en tu ensueño psicodélico de paz y amor universal. Al menos nos quedan tus canciones, lo cual no es poco... “Lunes, lunes... No se irá jamás.” Que así sea. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 21 de mayo de 2013

Capítulo 34: “Blowin’ In The Wind”. Bob Dylan.

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Deprimartes profundo:

Sólo escudado con una guitarra acústica, y disparando riffs con su armónica, este poeta urbano se sentó en la cima de su talento, y comenzó a hacerse preguntas que no tienen respuesta: “¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que pueda decirse que es un hombre? ¿Cuántos mares debe sobrevolar la paloma de la paz antes de que pueda descansar en la arena? ¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón antes de que sean para siempre prohibidas?”. Bob Dylan, uno de los músicos más influyentes del Siglo XX, inauguró allá por comienzos de los ‘60 el uso de la poesía en el mundo del Rock, y todos vieron que eran dos elementos que hacían una combinación maravillosa. Hoy en día se extraña aquella mixtura: “¿Cuántos años puede existir una montaña antes de que sea tragada por el océano? ¿Y cuántos años pueden existir algunas personas antes de que se les permita ser libres? ¿Y cuántas veces un hombre puede girar la cabeza, y pretender que simplemente no ve?”.

Honestamente, no creo que ningún artista popular cante peor que Bob Dylan. Estuve tentado en basar esta humilde reflexión usando alguna de las múltiples versiones que se hicieron de esta bellísima canción (por ejemplo, la del trío Peter, Paul & Mary es hermosa), pero preferí atenerme al original por una razón: como a veces sucede en la vida misma, las cosas verdaderas están lejos de ser hermosas. Y todo lo que dice esta canción de Dylan es tan fuerte, y deja un eco tan potente en el fondo del alma, que poco importa lo artísticamente impresentable de su voz: “¿Cuántas veces un hombre debe elevar la cabeza para que se dé cuenta de que está mirando el cielo? ¿Y cuántos oídos debe tener un hombre para que logre escuchar el llanto de la gente? ¿Y cuántas muertes más le va a tomar el darse cuenta de que ya ha muerto demasiada gente?”.

Tanto existencialismo planteado en estas palabras merece una respuesta. Y por supuesto que la hay. Sólo que, o bien es tan evidente que está siempre a nuestro alrededor y no logramos verla, o nos es tan inaccesible que permanece encriptada en el murmullo de la brisa: “La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento... La respuesta está soplando en el viento”. Una obra maestra. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 14 de mayo de 2013

Capítulo 33: “Blessed”. Elton John.

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Deprimartes igualitario:

Un hombre, como cualquier otro, sueña con tener un hijo. Por el momento sólo lo sueña, es consciente de que ese deseo crece en su interior; entonces le habla a su hijo imaginario: “Eres sólo un niño en mi cabeza, ni siquiera has caminado todavía, y tus primeras palabras aún no han sido pronunciadas... Pero yo te lo juro: estarás bendecido”. Su voz nos guía a través de mundos fantásticos en los que subyace la formación de algún tipo de familia, más allá del caos que ese mundo represente. Y es que el ser humano necesita tener la impresión, por efímera que sea, de que ha dejado algo en este mundo, de que su paso perdurará más allá de la partida, aunque sea en la forma de un hijo. “Sé que recién eres sólo un sueño, tus ojos podrían ser verdes, o los más azules que se hayan visto. De todas formas, serás bendito… Tendrás lo mejor, te lo prometo, te bajaré una estrella del cielo y le pondré tu nombre, te lo prometo... Estarás bendecido”.

Todo hermoso. Con una pequeña salvedad. Quien dice todo esto es un consagradísimo músico, Sir Reginald Dwight, más conocido por el seudónimo de Elton John. Y sí, ya se lo imaginarán... Él es un gay confeso, lo cual según algunos, no lo convierte en un hombre como cualquier otro. Él, como todo ser humano, tiene ese mismo deseo primordial que todos tenemos: brindarle amor a una nueva generación. Perdurar de alguna manera en el tiempo que le tocó vivir en esta Tierra. “Te necesito, antes de que yo sea demasiado viejo, para tenerte y abrazarte, para caminar contigo y verte crecer, y para saber que estarás bendecido”. Me deprime profundamente el haber pertenecido a ciertos círculos en los cuales se pretendía evitar el matrimonio igualitario y la adopción por parte de parejas del mismo sexo; aunque hoy veo que esa fue una de las gotas que colmó el vaso. Impedir que una pareja gay adopte, obligando así a un niño a que continúe pudriéndose en un orfanato de mala muerte, es de una maldad subliminal casi inexplicable. Querer prohibirle a una pareja homosexual el derecho de adoptar es simplemente tratar aún a la homosexualidad como a una enfermedad; bajo el precepto de no querer que los niños se “contagien” de la enfermedad de sus padres.

La conformación de la familia, al igual que todas las cosas, cambia con el tiempo. Gracias, y feliz Deprimartes… Ah, a propósito: Elton John logró ser padre, y más de una vez.