martes, 21 de mayo de 2013

Capítulo 34: “Blowin’ In The Wind”. Bob Dylan. (1963)

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Deprimartes profundo:



Sólo escudado con una guitarra acústica, y disparando riffs con su armónica, este poeta urbano se sentó en la cima de su talento, y comenzó a hacerse preguntas que no tienen respuesta: “¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que pueda decirse que es un hombre? ¿Cuántos mares debe sobrevolar la paloma de la paz antes de que pueda descansar en la arena? ¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón antes de que sean para siempre prohibidas?”. Bob Dylan, uno de los músicos más influyentes del Siglo XX, inauguró allá por comienzos de los ‘60 el uso de la poesía en el mundo del Rock, y todos vieron que eran dos elementos que hacían una combinación maravillosa. Hoy en día se extraña aquella mixtura: “¿Cuántos años puede existir una montaña antes de que sea tragada por el océano? ¿Y cuántos años pueden existir algunas personas antes de que se les permita ser libres? ¿Y cuántas veces un hombre puede girar la cabeza, y pretender que simplemente no ve?”.



Honestamente, no creo que ningún artista popular cante peor que Bob Dylan. Estuve tentado en basar esta humilde reflexión usando alguna de las múltiples versiones que se hicieron de esta bellísima canción (por ejemplo, la del trío Peter, Paul & Mary es hermosa), pero preferí atenerme al original por una razón: como a veces sucede en la vida misma, las cosas verdaderas están lejos de ser hermosas. Y todo lo que dice esta canción de Dylan es tan fuerte, y deja un eco tan potente en el fondo del alma, que poco importa lo artísticamente impresentable de su voz: “¿Cuántas veces un hombre debe elevar la cabeza para que se dé cuenta de que está mirando el cielo? ¿Y cuántos oídos debe tener un hombre para que logre escuchar el llanto de la gente? ¿Y cuántas muertes más le va a tomar el darse cuenta de que ya ha muerto demasiada gente?”.



Tanto existencialismo planteado en estas palabras merece una respuesta. Y por supuesto que la hay. Sólo que, o bien es tan evidente que está siempre a nuestro alrededor y no logramos verla, o nos es tan inaccesible que permanece encriptada en el murmullo de la brisa: “La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento... La respuesta está soplando en el viento”. Una obra maestra. ¡Feliz Deprimartes!

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