martes, 16 de julio de 2013

Capítulo 41: “New York Mining Disaster 1941”. Bee Gees. (1967)

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Deprimartes subterráneo:



Tuve oportunidad de participar como espectador de esa serie inexplicable llamada Lost, que terminaría por marcar cierto período de mi vida. De allí recuerdo una frase de Sayid, uno de sus personajes, la que se quedó para siempre en mi memoria: “Es muy peligroso perder la esperanza”. Por algo es lo último que se pierde... Aquí, un minero atrapado en un derrumbe conjetura sobre el poco tiempo que le queda para valorar el mucho tiempo que tuvo, y sintiendo cercana la muerte le dice a sus compañeros: “En caso de que algo me ocurra, tengo algo que quiero que todos vean. Es sólo la fotografía de alguien que conocí. ¿Ha visto a mi esposa, señor Jones? ¿Sabe cómo está todo allá afuera? No hablemos demasiado alto, o causaremos otro derrumbe, señor Jones”.



Ese gran trío que fueron los Bee Gees nos acercan una canción muy corta, gran éxito de su época pre-disco. Los hermanos Gibb iniciaron su extensísima carrera musical en la gloriosa década de los 60’s, y al principio eran un grupo de cinco integrantes. Con el correr de los años, sólo quedaron Barry y sus hermanos, los gemelos más distintos del Rock: Robin y Maurice; quienes ya descansan en paz. Su fama –y su encasillamiento- les llegó con la música disco, y la banda de sonido del film “Fiebre de sábado por la noche”. A pesar de esta etapa inolvidable, les costó horrores arrancar de la memoria colectiva el falsete de Barry, y las armonías melódicas del trío, que los habían convertido en los reyes de todo salón de baile en el que brillara una bola de espejos. Y así fue que con mucho esfuerzo lograron revalidar su enorme catálogo de más de 35 años de grabaciones en conjunto, y ser respetados por lo que en realidad siempre fueron: músicos con mayúsculas, que tenían la capacidad de cantarle tanto a John Travolta como a la tragedia que tuvo que sufrir un grupo de mineros rescatados del estómago mismo de la tierra: “Sigo afinando el oído para tratar de escuchar algún sonido, tal vez alguien esté cavando hacia nosotros. ¿O se habrán rendido y se habrán ido a dormir, pensando que aquellos que una vez existimos ya estaríamos muertos?”.



Pues en vista de acontecimientos como los que vivieron aquellos treinta y tres mineros chilenos, se puede decir que es cierto, lo último que hay que perder es la esperanza. Al final, y sólo al final, parece rendir sus frutos. ¡Feliz Deprimartes!

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