martes, 13 de agosto de 2013

Capítulo 45: “Turn! Turn! Turn!”. The Byrds.

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Deprimartes eclesiástico:

“Hay un momento para la guerra, y un momento para la paz. Un momento para abrazar a alguien, y otro para alejarse de aquel a quien abrazaste”. Aburrido de todo lo que tenía, un cierto día el rey Salomón, el hombre más sabio del mundo antiguo, se puso a pensar sobre todos sus logros, su poder y sus incontables riquezas. Y se dio cuenta de que nada tiene sentido para el hombre, ni siquiera el orden natural de las cosas. Sus cavilaciones quedaron registradas en un libro pequeño y maravilloso, para mi gusto el mejor de la Biblia, llamado el Eclesiastés. Allí nos decía cosas como: “¡Vana ilusión, todo es vana ilusión! ¿Qué provecho saca el hombre de tanto trabajar en este mundo? Unos nacen, otros mueren, pero la Tierra jamás cambia. Sale el sol, se oculta el sol, y vuelve pronto a su lugar para volver a salir. Sopla el viento hacia el sur, y luego gira hacia el norte. ¡Gira y gira el viento! ¡Gira y vuelve a girar! Los ríos van todos al mar, pero el mar nunca se llena; y vuelven los ríos a su origen para recorrer el mismo camino. No hay nadie capaz de expresar cuánto aburren las cosas... Todo lo que se hace en este mundo es vana ilusión, es querer atrapar el viento”. Palabras de la Biblia.

Aquí The Byrds, banda psicodélica emblemática si las hubo, le dan el marco perfecto a otro muy conocido pasaje de este libro, en el que se describe que mientras el viento siga girando, para nuestro gusto o muy a nuestro pesar, habrá siempre un momento para todo: “Para todas las cosas (gira, gira, gira…) hay un tiempo (gira, gira, gira...) y un momento para cada propósito bajo el cielo. Un momento para nacer, y un momento para morir. Un momento para plantar, y un momento para arrancar lo plantado. Un momento para matar, y un momento para curar. Un momento para reír, y un momento para lamentarse”. La mítica guitarra de doce cuerdas de Jim McGuinn armoniza hipnóticamente la cadencia de hechos para los cuales existe un orden eterno, al cual muchas veces queremos enfrentarnos, como si realmente quisiéramos atrapar el viento. “Un momento para construir, y un momento para derrumbar. Un momento para bailar, y un momento para estar de luto. Un momento para arrojar piedras, y otro para juntarlas.”

Uno de los primeros hits antibélicos que tuvo el Rock & Roll, con obvias raíces en la eterna herida abierta que es para los yanquis la Guerra de Vietnam, esa única guerra que perdieron: “Un momento para ganar, y un momento para perder. Un momento para rasgar, y un momento para coser lo rasgado. Un momento para amar, y un momento para odiar. Un momento para la paz, ¡les juro que aún no es tarde!”. Es así la vida, como nos demostró, a través de una ficcionada historia norteamericana, ese corredor nato que era Forrest Gump: cuando queremos atrapar el viento, terminamos flotando a su merced como una pluma. “Yo, el Predicador, repito: ¡Vana ilusión, vana ilusión! ¡Todo es vana ilusión!”. ¡Feliz Deprimartes para todos!

2 comentarios:

  1. Me "apropio" (figuradamente) de tu entrada, últimamente los momentos se empeñan en mostrarme su importancia con contundencia.
    Muy buena canción y de nuevo genial interpretación
    Feliz semana

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  2. Sale el sol, se oculta y vuelve a salir... Creo que lo mejor de todo esto es ver que siempre habrá otro día, y que traerá nuevos momentos -tanto malos como buenos- como para que dejen su impronta en nuestra vida.

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