martes, 4 de febrero de 2014

Capítulo 69: “Hallelujah”: Jeff Buckley.

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Deprimartes roto:

Somos libres de equivocarnos, eso es lo que nos define como seres humanos. Y somos libres de sentirnos pésimo luego de cometer nuestros errores. Porque, si eso mismo le pasó a un mítico Rey, ¿por qué no a nosotros, que no somos más que una simple porción de la plebe?: “He oído que hay un acorde secreto, que David tocaba y así complacía al Señor. Pero a ti no te interesa mucho la música, ¿no es cierto? Bueno, iba más o menos así: el cuarto tono, el quinto, bajas a un acorde menor y vuelves a subir a uno mayor. Así es como un Rey confundido compone un Aleluya”. Metamensaje por antonomasia, la canción en su letra nos cuenta cómo se toca la progresión de sus acordes. Esta acrobacia lírica sólo puede venir de la pluma de un avezado poeta. Recuerdo que cuando empecé con esta sección, lo hice con un tema del gran Leonard Cohen –es a él a quien me estoy refiriendo-; y este tema también le pertenece, sólo que esta es la descorazonada versión del tempranamente desaparecido Jeff Buckley; el hijo suicida de una leyenda de los ’60 como lo fue Tim Buckley.

“Tu fe era fuerte, pero necesitabas probarla; la viste bañándose en el tejado; y su belleza a la luz de la luna te arrebató. Y ella te ató a la silla de su cocina, rompió tu trono, te cortó el cabello. Y de tus labios drenó el Aleluya”. ¿Nunca te dejaste rapar por tu Dalila? ¿Nunca te encontraste con tu Betsabé? Pues si aún no lo hiciste, ya te va a pasar. Y, hagas lo que hagas con ella, definirá tu futuro. Porque esas ocasiones, en las que sentís que la tentación te parte el alma en dos, dejan siempre una marca indeleble en nuestras vidas. Nos quedará al menos esa última agridulce sensación de satisfacción -a este Rey le pasó justo eso- pero a un muy alto costo, ya que con ello destrozamos nuestra relación con lo trascendente; y podemos terminar negando al amor mismo, tres veces y antes de que cante el gallo.

Es obvio que crean no conocer esta canción. En el mejor de los casos, sólo recordarán haberla oído al pasar. Pero déjenme decirles que es una de las melodías y una de las letras más emotivas con que alguien pueda toparse. Y esta versión en vivo demuestra que la entereza y el talento de un solo artista arpegiando detrás de una Fender Telecaster hacen que no se necesite nada más para movilizar a quien esté escuchando: “Yo estuve aquí antes. He visto este cuarto, caminé sobre este piso. ¿Sabes? Yo sabía vivir solo antes de conocerte. Y entonces contemplé tu bandera flameando sobre el arco de mármol; pero ahora sé que el amor no es una marcha victoriosa. Es un frío y desesperanzado Aleluya... Había un tiempo en que me hacías saber qué era lo que realmente ocurría, pero ahora ya ni siquiera me hablas. Me acuerdo cuando me mudé a tu vida, y el Espíritu Santo también estaba con nosotros. Y cada bocanada de aire era un Aleluya”. El cantante parece reprocharle algo a su eventual pareja, pero si sabemos leer entre líneas, nos daremos cuenta de que el reclamo está dirigido hacia un ser superior, ya que la que canta es un alma destrozada, ni más ni menos. Un alma deshecha por la gigantesca desilusión de descubrir que en realidad no hay nadie allá arriba prestándonos atención.

Debido a decepciones como esta, yo también sentí durante mucho tiempo que vivir mi vida era como jugar con un juguete roto: “Tal vez haya un Dios allá arriba, pero yo todo lo que aprendí del amor fue cómo dispararle a alguien que desenfundó antes que yo. No, no es un llanto lo que escuchas por la noche. No se trata de alguien que ha visto la luz. Es sólo un frío y desesperanzado Aleluya”. Hasta el día de hoy, lo único que aprendí del amor fue cómo dispararle a alguien que había desenfundado antes que yo… En mis momentos más oscuros, siempre me ha sido difícil escuchar un tema como éste y lograr que no se me cayeran las lágrimas; ya que al escucharlo siento que veo a mi alma reflejada en un espejo resquebrajado. Pero ahora entiendo que esto es algo medicinal. Que lo disfruten, y feliz Deprimartes para todos.

3 comentarios:

  1. Qué maravilla!!! Creo que es de los mejores que te he leído y eso señor, es decir mucho! Has conseguido emocionarme de todas las formas posibles. Por la canción, qué puedo decir de mi adorado Cohen uno de mis primus inter pares, causante de que conociese tu espacio, lo quiero desde hace años, inevitablemente. Por la versión que, cuando la escuché por primera vez ya hace tiempo, yo que soy poco generosa con quienes versionan a los que adoro, solo pude dar gracias y quitarme el sombrero ante algo tan hermoso, todo estaba dicho. Y cómo no, por la interpretación Carlos, has estado enorme, has escrito la entrada perfecta. La he disfrutado muchísimo y seguro volveré a ella, porque dice mucho, tanto que parece haber sido escrita en más de cien hojas, e incluso asusta leer por lo que revela de nosotros mismos.
    La comparto por necesidad
    Besos

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  2. Lo que escribo me es importante como catarsis, pero créeme que tiene un valor mucho mayor cuando me encuentro reflejado en otra alma melancólica. Gracias por todo lo que has escrito.

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  3. Ah. Cómo expresar lo que hizo Buckley con esta canción...
    Se le da tan poco crédito al intérprete, no? El autor es el admirado, el percibido como talento "real" detrás de una canción. Pero yo no puedo evitar imaginarme qué habrá sentido el viejo Leonard la primera vez que oyó esta versión.
    Es como construir un auto (uno bueno, ojo) y después ver que otro lo está usando de transbordador espacial:
    "¿What the...? Yo no sabía que mi criatura puede hacer eso."

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