martes, 5 de agosto de 2014

Capítulo 95: “Hotel California”: Eagles.


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Deprimartes hedonista:



Un clásico de clásicos nos visita en este Deprimartes. Esa gran banda setentosa que han sido los Eagles nos traen su más importante éxito, con un mito urbano acerca de un lugar paradisíaco que oculta oscuras intenciones. ¿Es la felicidad esto? ¿Un lugar maravilloso donde podemos cometer las más salvajes atrocidades? Toda una parodia de lo que significa el mundillo de la fama y sus excesos: “Viajando por una carretera oscura y desierta, un viento fresco me golpea la cara. Un tibio aroma de cannabis se levanta en el aire. Adelante, en la distancia, se ve una luz temblorosa. Mi vista se volvió borrosa y la cabeza se me inundó de sueño, así que tuve que parar para pasar la noche. Y allí estaba ella, en la puerta; oí la campanilla de la entrada. Y allí pensé: ‘esto bien podría ser tanto el infierno como el paraíso’. Así que ella prendió una vela y me mostró el camino. Y sentí voces en el corredor, creí escucharlas decir: ‘Bienvenido al Hotel California, un lugar tan solitario como encantador. Tenemos muchas habitaciones disponibles en el Hotel California, serás bien recibido en cualquier época del año’”. Estamos ante un tema que bien podría considerarse como el epítome del rock and roll virtuoso. Una canción comercial, pero reflexiva, excelentemente arreglada y ejecutada con cierto lirismo irrespetuoso. Evidentemente es una cumbre. Casi a manera de fórmula aritmética, es prácticamente imposible que este tema le desagrade a alguna persona; y si lo hace, se estaría fundamentando en fanatismos baratos como para negar algo así. Tan fuerte era la sinergia que lograba este grupo, que luego de separarse en pésimos términos a comienzos de los ‘80s juraron que se reunirían sólo cuando “el infierno se congelase”. Inevitablemente, casi una década y media después, su siguiente álbum se intituló “Hell Freezes Over” (“El infierno se congela”).



Pero volvamos a la historia… Un lugar de ensueño, un viaje misterioso y una fémina cautivante. Definitivamente, algo tiene que estar mal. Veamos cómo sigue la cosa: “Ella parece tener cierta debilidad por las joyas, y hasta tiene un Mercedes Benz. Está rodeada de un montón de carilindos a los que llama ‘amigos’, con los cuales danza en el parque. Dulce sudor del verano, veo algunos bailando muy bien, y a otros; mejor olvidarlos. Así que llamé al Capitán y le pedí que me trajera vino; y él me dijo: ‘¡Bien! Nadie había tenido ese ímpetu aquí desde 1969’. Y todavía escucho esas voces lejanas, puedo sentirlas llegando en medio de la noche, sólo para decirme: ‘Bienvenido al Hotel California’”. Y, como era de esperar, pronto veremos que en este sueño algo tenía que fallar. Porque si algo aprendí de la vida, es aquella ley de Murphy que nos dice que si ya hemos tomado todos los recaudos suficientes como para que nada salga mal, ¡entonces algo nuevo fallará!: “Espejos en el techo, champagne rosado con hielo; resulta que somos prisioneros aquí, pero a nuestra elección. En la cámara principal, todos se reúnen para el festín. Y aunque todos la apuñalan con cuchillos de acero, nadie puede matar a la bestia”.



Recordemos que la banda de Joe Walsh, Don Henley y Glenn Frey nos están contando en realidad su camino hacia la fama y lo incontrolable que todo se volvía, rodeados de groupies y de drogas. La fama se termina convirtiendo en una bestia pop, imposible de matar; y sus excesos son todo aquello de lo cual no se puede huir: “Lo último que recuerdo era que estaba corriendo hacia la puerta, tenía que encontrar el pasillo que me llevara a la entrada. ‘Relájate –me dijo el portero- aquí estamos programados sólo para recibir. Puedes registrarte cuando quieras, pero ya nunca te podrás ir’”. Atrapados en el paraíso, no se me ocurre mejor lugar para deprimirse… ¡Feliz Deprimartes!


2 comentarios:

  1. Juan Carlos Delménico6 de agosto de 2014, 01:14

    ...y que querés si estaban en el Chateau Marmont más duros que Pablito Echarri!!! ¡Cómo para no ver al diablo bailando en la reja del balcón del lobby!

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  2. Y sí, más allá de las insinuaciones a la Iglesia Satanista de Anton LaVey, en este tema se usa mucha metáfora para describir el supuesto paraíso de ser un rock star, devenido en lo más parecido a un infierno real. Excesos, excesos...

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