martes, 2 de septiembre de 2014

Capítulo 98: “The Gambler”: Kenny Rogers.

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Deprimartes tahúr:



Éste es un himno indiscutido del country, un género americano muy propio de la primera mitad del siglo XX, y uno de los padres genéticos de nuestro querido rock & roll. Siempre agradable de escuchar, abordando temas simples y cotidianos en su lírica, tiene una impronta inconfundible con lo campirano, lo sencillo y lo honesto de corazón. Su cruza con el blues, más oscuro en sus temáticas y obviamente más retorcido como expresión de lamento, le dieron un marco perfecto al surgimiento de la primera era del rock: “En una calurosa tarde de verano, en un tren que no iba a ningún lugar, me topé con el Jugador. Los dos estábamos demasiado cansados como para dormir. Así que mientras tomábamos turnos para ver como oscurecía por la ventana, el aburrimiento nos ganó, y él comenzó a hablar”.



“Me dijo: ‘Hijo, me pasé la vida leyendo la cara de la gente. Conozco qué cartas tienen sólo por la forma en que mueven los ojos. Así que, si no te importa que te lo diga, puedo ver que te quedaste sin ases que jugar. Por un poco de tu whiskey, te voy a dar un consejo’. Así que le pasé mi botella, y se tomó hasta el último sorbo. Sacó un cigarro y me pidió fuego”. Un simple video, con una muy fotográfica puesta en escena, nos pinta de cuerpo entero ese personaje elusivo que es el jugador empedernido. Bordeando la ludopatía, adorador del alcohol y de ciertos supuestos “códigos de la vida” que terminan siempre por sumirlo en algún lugar oscuro y miserable, luce las sienes templadas por las marcas de sus incontables fracasos sobre el paño. Aún así, guarda una extraña sensación de honor que no puede describir correctamente, más que nada, porque ese mismo código al que se apega lo lleva inexorablemente a la ruina. Nótese que el Jugador de esta canción, experimentadísimo en el juego del póker, da el último gran discurso de su vida luego de haber mendigado un trago de whiskey.



Cantante emblemático de la música country, Kenny Rogers no se quedó en su Olimpo, sino que consiguió trascender y hacer llegar su voz a través de otros géneros al público masivo. Todo un prócer de la música por derecho propio, cuenta con un puñado de canciones que se han vuelto híper conocidas. Aquí se animó a abordar el tema del juego por dinero y sus acólitos sentados frente a una mesa de paño verde: “La noche se puso mortalmente silenciosa, su cara perdió toda expresión, y dijo: ‘Si vas a jugar el juego, tienes que aprender a jugarlo bien. Todo jugador que se precie de serlo sabe que el secreto para sobrevivir es saber de qué cartas deshacerse y cuáles conservar. Porque con cada mano hay un ganador. Y con cada mano hay un perdedor. Y lo mejor que puedes esperar que te pase, es morirte mientras duermes’. Y cuando terminó de hablar, se volvió hacia la ventana, apagó su cigarro y cayó en un sueño profundo. Y en algún lugar de esa oscuridad, el Jugador salió sin perder ni ganar. Y en sus últimas palabras encontré un as que me pude guardar”.



Y pareciera ser que la gran lección que nos deja este tipo de personajes, es que no se juega en realidad por dinero. Se juega por la simple diversión de jugar. Porque el dinero no existe para retenerlo, sino para desperdiciarlo. Será por eso tal vez que este tipo de personas siempre están cortos de efectivo. Recuerdo las sabias palabras del mejor futbolista escocés que existió, un tal George Best, quien una vez dijo: “La mitad de mi fortuna la gasté en drogas y en prostitutas. La otra mitad, la malgasté”. He aquí el gran secreto de nuestro Jugador: “Tienes que saber cuándo tenerlos expectantes, cuándo doblar la apuesta, cuándo retirarte, y cuándo salir corriendo. Pero nunca cuentes tu dinero mientras estás sentado a la mesa, ya habrá tiempo suficiente para contar cuando el juego haya terminado”. ¡Feliz Deprimartes!

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