martes, 3 de febrero de 2015

Capítulo 104: “Gravedigger”: Willie Nelson.

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Deprimartes obituario:

Extraño mundo el del sepulturero. Es el último ser humano que tendrá algún tipo de contacto con nuestros despojos, antes de que literalmente se los trague la tierra. Son almas torturadas por el peso de semejante responsabilidad: “Cyrus Jones vivió de 1810 a 1913. Así hizo que sus tataranietos creyeran que vivió ciento tres años. Y ciento tres años es una eternidad cuando eres sólo un niño. Así que Cyrus Jones vivió por toda la eternidad”.

Willie Nelson, una de las máximas leyendas del country, aquí oficia de Caronte, el barquero al que hay que pagarle un par de monedas para que nos ayude a cruzar el río Estigio, y así lograr que nuestra alma descanse para siempre en el Reino de Hades. El propio Willie, eternamente viejo, hubiera tenido serios problemas para reunir las monedas con que pagarle al barquero; debido a que se vio metido en unos tremendos problemas con el fisco, cortesía de un contador que no hizo su trabajo. Y así, la vida –con ese humor tan poco entendible que tiene- quiso retribuirle su enorme talento: “Sepulturero, cuando tengas que cavar mi tumba, por favor no la hagas muy profunda; así podré sentir la lluvia”. Además de sepulturero, en el video Willie hace de conductor del coche fúnebre, del sacerdote que oficia el entierro, y del mismo muerto. Y es así. Todos estamos relacionados con la muerte de alguna manera. La muerte somos todos, ya que es el siguiente paso de la vida misma. Es nuestro punto final para este capítulo.

Es curioso cómo la gente teme hablar de la muerte. He visto a personas aterradas queriendo cambiar de tema a toda costa cuando este tópico se hace presente en una conversación. Lo extraño radica en el hecho de que cuando una vida arriba a este mundo miserable, así sea que brille durante casi un siglo, o que tenga la desventura de sólo disfrutarla por unos segundos –Dios no lo permita- hay una única cosa segura que podemos decir sobre ese recién llegado. En algún momento, va a morir. Absolutamente nada en la vida es tan seguro como el hecho de que tiene un final. Y aún así, muchos creen que por el simple hecho de no hablar de la muerte, esta jamás ocurrirá… Pobres ilusos. Son los mismos que se van de esta Tierra con una expresión de terror cuando la Parca se les presenta, al darse cuenta de todas las cosas que nunca han hecho por pensar que la muerte nunca les llegaría: “Muriel Stonewall vivió entre 1903 y 1954. Perdió a sus dos hijos en la Segunda Guerra Mundial. Nadie debería ver el sepelio de sus propios hijos. Quiero decir que nadie debería tener que enterrar a su propia descendencia”.

Casi como una tonadita infantil, el sepulturero nos canta: “Rosas envueltas con una cinta. Las mejores ropas de duelo. Polvo al polvo. Todos vamos a caer al final”. Y es así. Todos vamos a caer al final. Lo que cuenta es cómo le dimos pelea a la vida antes de que ella indefectiblemente nos noquee… La vida es una pelea arreglada de antemano, en la que siempre perdemos por paliza. Así que vivamos, y que lo demás no importe nada. Vivamos mucho y bien. Porque al final del camino sólo hay un cementerio: “El pequeño Mikey Carson, del ’67 al ’75, montó su bicicleta como un demonio hasta el día en que murió. Él decía que cuando creciera quería ser como el trapecista llamado Mister Vertigo, que actuó desde 1940 hasta 1992”. Y ese cementerio será el lugar dónde no sólo reposarán por siempre nuestros restos, sino que también allí descansarán olvidados los sueños que no podamos cumplir. ¡Feliz Deprimartes!

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