martes, 17 de enero de 2017

Capítulo 153: “(All I Have To Do Is) Dream”. The Everly Brothers.

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Deprimartes armonizado:

El simple acto de amonizar. Una primera voz entona una melodía abrazada por otra que canta una melodía similar, pero diferente, un par de tonos más arriba, o más abajo, o atravesándose de arriba abajo, o de abajo arriba, todo es válido; el secreto y el arte reside en encontrar las combinaciones de notas que encajen de manera agradable en el oído del público. Y en eso, como en casi todas las cosas, también hubo próceres: “Soñar, soñar, soñar… Cuando te quiera en mis brazos, cuando quiera quedarme con todos tus encantos; en cualquier momento en que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. Si bien es algo tan antiguo como la música misma, se puede decir que los inventores de la armonía vocal en la Era Rock fueron Phil y Don Everly, quienes les enseñaron a cantar a toda la generación que nos daría las mayores cimas del Rock & Pop como The Beach Boys, The Beatles, Simon & Garfunkel, The Hollies, Crosby Stills & Nash, etc. No hay uno solo de ellos que no se haya basado en lo que hacían estos hermanitos veinteañeros vestidos de punta en blanco.

“Cuando me sienta triste en la noche y necesite que me abraces fuerte, en cualquier momento en que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. Si bien puede decirse que sus canciones eran relativamente simples, y sus letras nunca llegaron a escapar de la temática más simple de los amores estudiantiles, esto mismo le ocurrió a todos los músicos en los años 50’; una época de arreglos casi inexistentes en el naciente Rock, donde reinaban las voces bien limpias y pulidas, y una casi infaltable guitarra con efecto trémolo. Pero cuando finalmente la gloriosa década de los años ’60 los tomó por sorpresa, como a casi todos los de esa primera generación, se quedaron para siempre como un símbolo de la época de los héroes fundacionales del Rockabilly.


“Podría hacerte mía, y degustar tus labios color de vino en cualquier momento, sea día o sea noche. El único problema es que voy a pasarme la vida soñando”. Ya lo decía Calderón de la Barca: soñar no cuesta nada. Y por ser gratis, puede volverse una adicción. ¿Vale la pena perder la vida en ensoñaciones que jamás se harán realidad? Aunque también es válido recordarnos que toda realidad lograda, siempre antes fue soñada. Es imposible lograr una meta sin que primero se nos aparezca como una fantasía gloriosa e inalcanzable. Supongo que, como en todo, el éxito radica en encontrar el justo balance entre sueño y esfuerzo: “Te necesito tanto que siento que podría morirme, y te amo tanto que es por eso que cada vez que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. ¡Feliz Deprimartes!

Capítulo 152: “Blackout”. Muse.

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Deprimartes desmayado:

Desde el nacimiento del Rock en adelante, por lo general se puede identificar perfectamente a qué década corresponde una grabación. Es así que podemos hablar sin inconvenientes de la música de los años ’50, de los ’60, de los ’70, de los ’80, y de los ’90… Pero entrando al nuevo siglo la cosa se complica. Porque ya estamos bien avanzados en la segunda década de este milenio, y si bien ya de por sí es una pésima señal para la salud de nuestro Rock que no exista una música de los años ’00 –de hecho, ni siquiera sabemos muy bien cómo llamar a esa década-, muchísimo peor es que no podamos diferenciar la música de la presente década de la que sonaba en la anterior; porque tampoco podemos catalogar géneros musicales nuevos en la música de los años ‘10… Y en medio de esta sensación de estar asistiendo a un velorio, o visitando las ruinas de alguna civilización perdida, de vez en vez surge una antigualla a la cual vale la pena apostarle nuestros oídos. Aquí tenemos a Muse, una banda de lo más presentable que pueda escucharse en medio de estas ruinas bombardeadas que quedaron luego de la muerte del Rock.

Esta banda inglesa liderada por Matt Bellamy comenzó su carrera a mediados de la década de los ’90, y si bien no han estado catalogados como integrantes del movimiento Brit-Pop, tienen una evidente influencia de la banda Radiohead. Pero han sabido abrirse su propio camino, siendo una rara avis en el panorama musical del Siglo XXI, debido a la profundidad de las atmósferas que logran crear en sus canciones; más que nada producto de las ideas conspiranoicas de su líder, que suele impregnar las letras de sus canciones con razonamientos existencialistas y simbólicos –quienes no me crean, tengan a bien escuchar otros éxitos de esta banda como “Starlight” o “Madness”-. En este otro hermoso tema nos habla de la simplicidad de aceptar que las cosas buenas, por su propia naturaleza, no pueden durar: “No te engañes a ti misma ni trates de mirar para otro lado, este amor es demasiado bueno como para durar; y yo ya estoy demasiado viejo para soñar”. Curiosamente, yo también siento que ya estoy demasiado viejo para soñar… Cada día cuesta más sostener en la mente la noción de que las pocas alegrías que la vida ofrece como obsequio no se van a marchitar de un momento para el otro. Es la maldición con la que vivimos aquellos que primero aprendimos a pincharnos con las espinas antes que a oler las rosas.

El aire brumoso en que se desempeña esta melodía parece sumirnos de lleno en la resignación. Pero en una resignación evocativa, ese sentimiento de último deseo desesperado por guardar una pizca de dignidad y no terminar arrastrando a nadie más en nuestra caída: “No intentes crecer demasiado rápido ni trates de abrazar el pasado, esta vida es demasiado buena como para durar, y yo soy demasiado joven como para preocuparme”. Tiene ese tono amargado de consejo que no será escuchado, de “yo ya he estado ahí antes” que no servirá para nada…


La grabación de este tema cuenta con un sonido muy particular, aquí excelentemente reproducido en vivo. Una pared de violines lastimeros que nos envuelve como un abrazo de náufrago, una guitarra que repica como la última luz de una vela a punto de apagarse, y una voz que mientras canta se va convirtiendo en una mezcla de súplica y llanto. Todas esas texturas musicales nos dejan con la sensación de quien afronta un proyecto condenado de antemano al fracaso: “Esta vida podría ser la última, y nosotros somos demasiado jóvenes como para darnos cuenta”. Es increíble que para tantas personas este tipo de sonido funcione como los primeros auxilios para cualquier alma herida. Estoy convencido de que habemos tantos y tantos seres en el mundo que escuchamos esta clase de música de manera similar a como una fiera se lame las heridas luego de haber luchado por su vida. ¡Feliz Deprimartes!

Capítulo 151: “Cosmik Debris”. Frank Zappa.

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Deprimartes improvisado:

¡Bienvenidos a un nuevo año en compañía del costado melancólico de los artistas más importantes del Rock & Roll! Y para abrir esta cuarta temporada de los Deprimartes, decidí hablar sobre un artista tan importante, que para describirlo usaré la siguiente frase: cuando un grupo de amigos se junta a hacer música de forma imprevista, no se juntan a “Claptonear”, ni a “Knopflear”, ni mucho menos a “Hendrixear”… Esos amigos se juntan a “Zapar”. Y esto se debe nada más ni nada menos que al genial Frank Zappa, que aquí usa su humor sardónico para emprender un ataque fulminante contra esos charlatanes de feria que quieren vendernos una vida después de la muerte: “El Hombre Misterioso se me apareció y me dijo: ‘¡Estoy iluminado!’. Me dijo que por un precio nominal, yo podría alcanzar el Nirvana esta noche. Así que si yo estaba listo y bien dispuesto a pagar por sus servicios, él bien podría dejar a un lado sus asuntos importantes; y dedicar toda su atención a mí. Pero yo le dije: ‘Mira, hermano; ¿a quién quieres engañar con toda esa porquería cósmica? Mira, mejor no pierdas tu tiempo conmigo’”.

Frank Vincent Zappa fue alguien absolutamente fuera de serie. Su producción musical es prácticamente inclasificable, lo que en un artista de su talla se transforma en todo un cumplido. Compositor y productor talentosísimo, lo fue aún más como guitarrista y frontman de su banda The Mothers Of Invention. De todos los virtuosos exponentes que quisieron hacer que el Rock tuviera una mixtura con el más elaborado Jazz (como Chick Corea, Al Di Meola, o John McLaughlin, por sólo mencionar algunos), Zappa fue el único que se mantuvo más apegado a un Rock que aún pudiera ser degustado por las masas. Y acompañaba sus canciones con una incorrección política a toda prueba, con letras irónicas sobre temas mundanos (las drogas y el sexo en “Dinah Moe-Hum”, la televisión basura en “I’m The Slime”, o la homosexualidad con “Bobby Brown”) y sobre otros temas un tanto más profanos, como en el presente caso: “El Hombre Misterioso se puso nervioso y comenzó a agitarse un poco. Metió la mano en uno de los bolsillos de su toga misteriosa y de él sacó con un sacudón una caja que parecía un kit de afeitar. Yo pensé que allí habría una navaja, y una lata de espuma; pero él me dijo mientras la abría que no había nada que su caja mágica no pudiera hacer. Con su aceite de Afrodita, y un poco de polvo del Gran Wazoo, él me dijo: ‘Tal vez no lo creas, amiguito, pero esto curará hasta tu asma’”.

A título personal, puedo contar que yo también tuve mi aventura de fe, la cual duró unos buenos veinte años. Hoy, sentado sobre el trono de roca de mi agnosticismo, miro hacia todo aquello con una mezcla de ternura inocente por lo estúpido que era, al dejarme engañar como en cierta manera lo hacemos todos con tal de darle algún tipo de sentido a nuestra vida. Más allá de las creencias que tuve en ese momento, siempre fui muy curioso con respecto a todas las religiones, así que puedo decir que he visto de todo en esta vida. Teleevangelistas llorando porque los agarraron con una prostituta, muchos casos de sacerdotes estratégicamente reubicados luego de inoportunas denuncias de pedofilia, hombres en saco y corbata con acento portugués queriendo venderte un pañuelo empapado con agua bendecida del río Jordán, un libro que te dice que si te mueres no debes ir hacia la luz, sino hacia el dios con cara de tigre con dientes ensangrentados y que usa como vestido la piel de varios niños, y pelados en túnicas que me decían que todos los males del mundo se terminarían si dejáramos de matar vacas. Yo también me pregunté en más de una ocasión: “¿Pero qué clase de gurú eres? Podrías hacer más dinero si trabajaras como carnicero”.

Todo en ellos, hasta su aspecto, transmite una sensación de falsa pulcritud; de que todo en estos gurúes responde a una receta o a un modelo prearmado. Debería ser muy natural cuestionarlos como hace la letra de esta canción: “¿Eso que tenía puesto era un poncho o era algo que sacó de una feria americana?”.

“Le dije: ‘Tengo mis propios problemas, y tú no me puedes ayudar. Así que toma tus meditaciones y tus pócimas y ya sabes qué hacer con ellas’. ‘¡Pero tengo una bola de cristal!’ me dijo, sosteniéndola contra la luz. Entonces se la quité y le mostré cómo se hacen las cosas. Me envolví un periódico en la cabeza para tener un aire místico, recité un par de cosas sin sentido y le ordené que se quedara dormido. Y entonces le robé sus anillos, su reloj, y todo lo que encontré. Tenía a ese idiota bien hipnotizado, no podía decir ni una palabra; y allí procedí a adivinarle el futuro mientras él no podía hacer nada. Le dije: ‘El precio de la carne subirá, y tu mujer te engañará’”. No hay que ser ni demasiado listo, ni estar en demasiados apuros, para poder ver los hilos que sostienen en el aire las adivinaciones obvias de estos falsos profetas, siempre queriendo hacer parecer como visiones milagrosas la mera unión de razonamientos a partir de información básica que las mismas personas que los consultan les proporcionan. Es un viejo truco en el que mucha gente cae, especialmente los desesperados, aquellos que han perdido las esperanzas. Una vez me enseñaron que cuando estás por ahogarte, te sujetas de cualquier cosa… Incluso de un tiburón.


En fin, una vez más: ¡Feliz Deprimartes para todos!

martes, 10 de enero de 2017

"Para el próximo Deprimartes, me gustaría pedirles su colaboración… Los de los asientos baratos, pueden aplaudir… Y el resto de ustedes sólo sacudan sus joyas”:

Me despedí de la tercera temporada de mis Deprimartes usando una broma que John Lennon usó con su público, y francamente no se me ocurrió nada mejor que abrir la cuarta temporada de este blog usando otra broma del mismo autor, y con la misma intención sardónica. Confieso que no intenté cerrar ningún círculo, simplemente no se me ocurrió nada mejor. Aunque luego de un lapso de tiempo en que me sentí un tanto frustrado y decepcionado de mi mismo, pensé… ¿Podría haber una mejor forma de abrir nuevamente este blog? No lo creo…

Aquí estoy, otra vez. Con todo un año por delante, y asumiendo el firme compromiso de vérmelas con el desafío de presentar otra tanda de músicos que han sabido consagrarse dentro de la tumultuosa y revolucionaria Era Rock, pero no como paradigmas de lo festivo, sino más bien como instrumentos para graficar los aspectos más pasivos de ese movimiento musical. Aquí tendrá lugar nuevamente todo lo melancólico, lo reflexivo, lo depresivo, lo sarcástico, lo iracundo, y lo alienado… En fin, todo aquel artista que a través de alguna vertiente del Rock haya tenido algo que decirnos, alguna palabra, melodía o imagen de la cual pueda desprenderse un sutil rechazo hacia la realidad misma… Bienvenida sea la tristeza. Suena contradictorio, ¿no?

Nos acompañarán nombres que aún no se aparecieron por aquí, artistas de las más variopintas décadas que abarcó el Movimiento Rock, y con ellos viajaremos a lo largo de los años y los distintos estados de ánimo. Iremos de Kraftwerk a Don McLean, de Madonna a Jehtro Tull, de los Everly Brothers a ZZ Top, de The Ramones a Emerson, Lake & Palmer, entre muchos otros; todos ellos con algo interesante que decir sobre los costados más lúgubres y desconsolados de la humanidad...

Nuevamente, bienvenida sea la tristeza… ¿Sigue sonando contradictorio? Pues... ¿Y qué podría ser más contradictorio que un Caballero nacido en la superpotencia mundial que dominó el mundo a base de guerras y comercio, un señorito inglés de estricta corbata nombrado Miembro del Imperio Británico, y que finalmente termina convirtiéndose en un ícono hippie pacifista vistiendo ropas de colores y anteojitos redondos?... ¡Sólo el Rock & Roll puede hacer eso!


El show está por comenzar… Pueden empezar a aplaudir… O sacudan sus joyas, si así lo prefieren.