martes, 26 de noviembre de 2013

Capítulo 59: “Russians”: Sting. (1985)




Deprimartes soviético:

Un reloj que sólo marca los segundos, porque las horas ya no tienen importancia. Hubo una época en que se empezó a reflexionar que tal vez ese fuera nuestro futuro, si seguíamos cavando la brecha de nuestras diferencias en lugar de encontrar nuestras más básicas semejanzas: “Compartimos la misma biología, a pesar de nuestras ideologías… Créeme si te digo que espero que los rusos también amen a sus hijos”. Ya tuve oportunidad de hablar en otra ocasión de la Guerra Fría, y para aquellos que llegamos a vivir su final, aún nos eriza la piel pensar que el fin del mundo dependía de que algún loco apretara el botón rojo y comenzara una guerra nuclear.

Aquí Sting, ya habiendo dejado atrás su historia con The Police, se basa en unos acordes que llevan toda la pesadumbre de un himno soviético para dar a este tema el aire necesario al cantar sobre un mundo sombrío: “En Europa y en América, hay un creciente sentimiento de histeria, que apunta a responder a todas las amenazas en la retórica del discurso soviético”. Así se sentían en Europa: entre el martillo y el yunque. Se veían próximos a convertirse en impotentes y privilegiados testigos del Apocalipsis atómico: “El Premier Kruschev dice: ‘nosotros los enterraremos’… sería muy ignorante hacer algo así… El Presidente Reagan dice: ‘nosotros los protegeremos’, pero yo no estoy de acuerdo con su punto de vista. Lo único que tal vez nos salve a ti y a mí, sea el hecho de que quizá los rusos también amen a sus hijos”.

¿Qué habría pasado si hubiésemos desatado el infierno nuclear? ¿Qué hubiera sido de nuestros hijos? Seguramente hoy serían sólo rostros opacos en fotografías rancias, carcomiéndonos la conciencia y lo poco que nos quedara aún de cordura, como les ocurre a los ancianos que aparecen en el video: “¿Cómo puedo salvar a mi pequeño niño del juguete mortal del Dr. Oppenheimer? Porque no parece haber un monopolio del sentido común a ninguno de los lados de este muro político”. No siempre el mundo podía depender de que hubiera un Stanislav Petrov con la suficiente sensatez como para convertirse en el hombre que salvara al mundo… Había que cambiar las cosas.


Por esos años, y desde hacía ya tiempo, existía lo que se daba en llamar la Doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada, en la cual el terror de un ataque de cualquiera de estas súper potencias tenía que ser respondido por un contraataque de las mismas características. La idea era que nadie quedara vivo, de ningún lado de la Cortina de Hierro: “No hay precedente histórico que ponga semejantes palabras en la boca de un Presidente, no existe algo así como una ‘guerra ganable’. Esa es una mentira que no creeremos más”. Por suerte, los rusos también amaban a sus hijos, y nunca presionaron el botón… Por una vez, ganó el sentido común… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 19 de noviembre de 2013

Capítulo 58: “The Great Pretender”. Freddie Mercury. (1987)




Deprimartes farsante:

Una indiscutible obra maestra, un cover de un viejo tema de The Platters, versionado sabiamente desde lo estético por este ser maravilloso, que por aquella época ya se nos empezaba a morir: ‎”Soy un náufrago en mi propio mundo, sigo jugando mi juego, pero para mi desgracia, me dejaste soñando solo”.

Hoy les dejo a quien es, para mi gusto, la mejor voz de la historia del Rock. Gran parte de su vida fue una puesta en escena, bien estudiada y mejor interpretada por él, el Gran Simulador. Freddie Mercury fue Farroukh Bulzara, nacido africano de familia hindú y de religión persa, pero más británico que la Reina misma. No pertenecía a ningún lugar, y tal vez por eso fue que terminó estableciendo su propio reino en un lugar ideal para hacer puestas en escena: el escenario: “Oh sí, soy el gran simulador, pretendiendo que estoy bien, mi necesidad es tanta, que aparento demasiado. Y en realidad estoy tan solo que nadie se da cuenta”. Su Majestad de las dualidades, este artista de formación operística tenía una tremenda potencia rockera, era amante del box y del ballet por igual; y fue tan homosexual que, increíblemente, siempre necesitó tener a mano a quien fuera su primera novia, hoy su única heredera legal.

Para aquellos que amamos a Queen no nos cuesta descifrar que este video es una gran tomadura de pelo que el propio Freddie hace de sus anteriores videos. Bienaventurados los que saben reírse de sí mismos y de sus propios maquillajes, por demacrados que estén: “Tan real es esta sensación de engaño, tan real cuando siento lo que mi corazón ya no puede ocultar. Sí, soy el gran simulador, riéndome feliz como un payaso, aparentando ser lo que no soy. Uso mi corazón como si fuera una corona, mientras finjo que todavía estás aquí”. Si bien es discutible, creo que a nadie se le caerá la corona si digo que estamos frente al mejor frontman de una banda en toda la historia del Rock & Roll. Su fortísima presencia escénica, su manejo carismático del público, y –sobre todo- su potentísima voz, le permitían a la audiencia pasar por alto a cualquier músico que pudiera estar tocando detrás de él… Pero por suerte, detrás suyo tenía una banda en la que tocaban Brian May, John Deacon y Roger Taylor, tres monstruos musicales, constituyendo uno de los números de mayor calidad de todo nuestro querido Rock.


Y Freddie se quedará por siempre en ese Olimpo reservado para los seres que, por alguna razón, sencillamente no podremos olvidar nunca. Querido Freddie… Si sólo supieras lo mucho que se te extraña… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 12 de noviembre de 2013

Capítulo 57: “Sweet Dreams (Are Made Of This)”. Eurythmics. (1982)




Deprimartes yuppie:

En el dúo Eurythmics, la genialidad musical de Dave Stewart le daba un fondo perfecto a la mirada congelada de Annie Lennox. En este video, ella – más andrógina que nunca- nos clava sus gélidas pupilas y nos habla con la expresión superada de quien ya está más allá de todo; como si nos dijera: “Así que quieres saber cuál es el sentido de la vida… Bien… Te lo explicaré en cuanto termine de reírme”. Lo único que repite huidizamente, como un mantra oculto disponible para que lo escuche sólo quien deba oírlo, es: “Mantén la cabeza en alto, y sigue adelante”.

Para mi gusto, el mejor dúo de la década de los ’80 estuvo conformado por dos ex novios que supieron dejar de lado una trunca historia afectiva en pos de sumar sus talentos. Por un lado, una excelsa cantante y artista, cuya provocadora estampa pseudomasculina fue un ariete diseñado para perturbar la moralina de los sectores más mojigatos; y por el otro un virtuosísimo músico, director y productor musical, tan bueno en lo suyo que se lo ha visto colaborando con leyendas como Tom Petty, Aretha Franklin, Stevie Wonder, Mick Jagger y Ringo Starr, entre otros. Así que estos dos no podían ser menos que exitosos. Y vaya que lo fueron.


En este inoxidable hit intentan averiguar de qué están hechos los sueños. Meditando sobre el escritorio de una discográfica, logran trascender a un nirvana musical, tocando el violoncello en medio de una manada de vacas. “Viajé por todo el mundo, y atravesé los siete mares; sólo para encontrarme con que toda la gente está buscando algo”. Bien pareciera que este viaje no fuera más que un producto del hatha-yoga onírico que realizan en el video. Y uno podría quedarse pensando que el mensaje es que es imprescindible viajar con la imaginación para separarnos al menos un rato de esta realidad tan tecnificada. Pero, en realidad, la canción habla de otra cosa. Evidentemente, el tema son las fantasías sexuales: “Vi que algunos de ellos quieren usarte, y otros quieren que tú los uses; algunos quieren abusar de ti, y otros que tú abuses de ellos”. Simple como eso, esta letra tan sintética aborda sin dobleces el tema de cómo las relaciones de dominación encienden y hacen volar nuestra imaginación erótica: “De esto es de lo que están hechos los dulces sueños... ¿quién soy yo para cuestionarlo?”. Así es, ¿quién soy yo para cuestionarlo? ¡Feliz Deprimartes!

martes, 5 de noviembre de 2013

Capítulo 56: “The Weight Of The World”. Ringo Starr. (1992)




Deprimartes aplastado:
No podía dejar afuera de mis martes depresivos al único beatle que faltaba. Con un poco de humor -cuándo no-, el gran Ringo Starr habla con sobrada experiencia sobre el arte de quitarse de encima una cruz, ya que aquí canta recién salido de sus problemas con el alcohol: “Tal vez no siempre estuve ahí para ayudarte. Tal vez lo intenté, pero resultó que también yo tenía mis propios problemas. Todo corazón está en la búsqueda de algo, pero a mí se me está acabando la juventud. Ya cargo con todas las cruces que puedo cargar, así que no me hagas llevar encima también todo el peso del mundo”.
Ringo, cual Billy Shears, se pone frente al micrófono y nos invita a disfrutar de un show en el cual podremos apreciar a distintos malabaristas, que no hacen mucho más que sostener el equilibrio mientras soportan cargas pesadas. Es un colorido video de una muy simpática canción, remarcada por los grandiosos arpegios de una guitarra eléctrica de 12 cuerdas; y donde uno adivina que todo está producido –otra vez- por el genial Jeff Lynne: “Al final, parece que todo se trata de decidir a quién vas a crucificar. Pero en realidad la cuestión es elegir entre decirle adiós a tu pasado o a tu futuro”.
¿Quién nos hace pensar que tenemos que soportar cosas sin necesidad? Probablemente estemos acostumbrados, gracias a algo que tiene sus raíces en nuestra más tierna infancia: “Tal vez tu papá nunca te abrazó como debía. Tal vez tu mamá sólo te abrazó tan bien como le salió. Toda alma guarda un secreto, guárdatelo o compartelo, pero el pasado se fue; así que dime por qué sigues cargando con todo ese peso”. Es obvio que una actitud sumisa y resignada tiene su origen en nuestros traumas de la niñez. Pero –y aquí está nuestra gran ventaja- al menos hoy podemos darnos cuenta. Porque uno jamás se preocuparía por solucionar un problema que no sabe que tiene: “Podríamos volar tan alto... Y sin embargo, seguimos llevando todo ese peso, el peso del mundo, aplastándonos, rompiéndonos la espalda, pesando como una roca. Antes de que sea demasiado tarde, hay que deshacerse de él, bajarlo de los hombros. Sé cuánto nos han usado, pero es hora de quitarse de encima todo eso”. ¡Cuánto nos han usado, querido Ringo!
Este pequeño hombrecito, que prácticamente inventó cómo tocar la batería en el rock, es un subestimado genio tras sus tambores, y un actor cómico muy capaz; que terminó por convertirse últimamente en una suerte de gurú de la actitud “peace & love” que pregona frente a quien se le plante: “Ese peso no nos deja avanzar, y ya se está haciendo tarde. Culpa al destino si quieres, lo que pasó, pasó; pero déjalo en el pasado, porque ya nos estamos poniendo viejos”. Pasados largamente sus setenta años, parece haber llegado de una manera más que digna al otoño de la vida, habiendo logrado mantener el equilibrio en la balanza de su propio destino. Ringo supo hacerse muy querido en el ambiente artístico a fuerza de su gracia y simpatía, y siendo alguien a quien jamás hay que tomar demasiado en serio. Tal vez, ese sea el secreto de la felicidad. ¡Feliz Deprimartes!