martes, 25 de abril de 2017

Capítulo 165: “Black Hole Sun”. Soundgarden. (1994)




Deprimartes agujereado:

“Ya nadie canta como tú lo hacías”, dice un verso de esta canción; y en algo tiene razón: ya nada suena como sonaba el Grunge. Nacido a comienzos de los años ’90 en Estados Unidos, apareció por el mismo motivo que el Punk: un hartazgo absoluto hacia todo lo que se escuchaba por esa época. Fue otro intento del Rock por patear el tablero, sólo que esta vez no primaba la violencia originada en la seguridad de que no había un futuro; sino que el Grunge se dejaba ganar por la depresión oscura y con tendencia suicida que surgía ante una realidad carente de sentido. Y hubo tres bandas que fueron el estandarte de este movimiento: el Nirvana de Kurt Cobain, el Pearl Jam de Eddie Vedder, y el Soundgarden de Chris Cornell, quien hasta el día de hoy sabe imprimirle magistralmente un oscuro tono a su voz de casi cuatro octavas; lo cual lo convierte en una de las mejores voces del Rock de todos los tiempos. Chris siempre ha sido un sobrio cantante que logra una entonación elegante y sombría en su voz a la hora de contarnos cosas horrendas, como en esta ocasión en que nos relata la antesala del Apocalipsis.

“En mis ojos, indispuesto, y en disfraces que nadie conoce, se esconde el rostro, descansa la serpiente, el sol que brilla sobre mi desgracia. Calor hirviente, hedor del verano, bajo la oscuridad el cielo luce muerto. Di mi nombre cuando llegues al orgasmo y te haré gritar otra vez”. Así es: la felicidad absoluta sólo puede estar habitada por almas desgraciadas. Porque cuando esa felicidad tan imposible de alcanzar se transforma en realidad utópica nos convierte en seres disfuncionales: “Tartamudeando por el frío y la humedad, ven, cansado amigo, y róbate la cálida brisa. El tiempo de los hombres honestos se ha terminado, e incluso ya hace mucho que no hay más tiempo ni siquiera para las serpientes”.

“En cuanto a mí concierne, sólo soy un sonámbulo paseando mientras rezo para que mi juventud no me abandone. El Paraíso envió al Infierno muy lejos”. Cierta vez, conversando con un amigo, le comenté que para mí la posibilidad de que exista un Paraíso más allá de la muerte, en el cual estaremos obligados a ser felices todo el tiempo y durante toda la eternidad, no podría asemejarse más a la idea del Infierno. Y esa idea me recuerda a los habitantes de este videoclip icónico de los años `90, que viven condenados a ser felices. Aquí nos cruzamos con un grupo de alienados, que bien encajarían en cualquier secta, caminando con una pancarta que reza que el fin está cerca; lo cual es saludado con carcajadas radiantes por quienes se enteran de la Buena Nueva. Sus sonrisas fácilmente se desfiguran en muecas horrendas, más propias de la felicidad que inunda el rostro de los psicópatas cuando están asesinando a algún alma inocente. El idílico caserío de suburbio en el que habitan está plagado de colores saturados y de imágenes cotidianas de alegría inconmensurable. Tan poco soportable es esta alegría que sólo puede ser sufrida por los verdaderos monstruos que somos, aquellos que yacen debajo de nuestras falsas sonrisas. Monstruos que ansían terminar con su propia miseria cuanto antes, siendo tragados por ese agujero negro del cual, según propuso Einstein, ya nunca nada puede volver: “Sol del agujero negro, ¿por qué no vienes y te llevas esta lluvia? Sol del agujero negro, ¿por qué no vienes?”.


Una chiquilla que juega con sus muñecas lo que en verdad sueña es con calcinarlas sobre las brasas; un ama de casa cocinando es en realidad la dueña de un alma enferma que disfruta de blandir un cuchillo; una hermosa joven tomando sol no puede ser otra cosa más que un asqueroso reptil comedor de moscas; unos niños jugando en el jardín son sólo seres repugnantes que torturan insectos sólo por ser criaturas inferiores. Todos ellos le clavan los ojos a la cámara como quien mira a su futura presa: “Sostengo mi cabeza y ahogo mis miedos, hasta que todos ustedes por fin desaparezcan”. Yo haría lo mismo: escondería mi cabeza como un avestruz hasta que todo el mundo se termine… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 18 de abril de 2017

Capítulo 164: “Little Talks”. Of Monsters And Men. (2012)




Deprimartes volcánico:

Islandia es un país realmente muy extraño. Es una isla ubicada a escasos metros del Círculo Polar Ártico, cuya geografía magmática la convierte en una tierra de géisers, volcanes y glaciares. Estuvo encerrada en su propia historia –que hunde sus raíces en la Mitología Nórdica de Odín, Thor y Loki- hasta que finalizó la Segunda Guerra Mundial; y fue allí que empezó a abrirse al mundo. Además de Björk y de Sigur Rós, muy poco ha sido lo que se conoció musicalmente de Islandia, principalmente por este aislamiento orgulloso al que el país mira con orgullo. Aún así, de vez en cuando, esta tierra de mitos en los confines del mundo nos sorprende con expresiones como las de esta muy interesante banda, Of Monsters And Men.

Esta canción nos cuenta sobre lo que parece ser un diálogo entre una jovencita asustada y un muchacho de improbable valentía que intenta hacerla sentir más segura, viviendo en una casa abandonada como si fueran dos huérfanos: No me gusta caminar por esta casa vieja y vacía’, entonces toma mi mano y caminaré contigo, querida’. ‛Las escaleras crujen mientras dormimos, y eso me obliga a quedarme despierta’, ‛es la casa diciéndote que cierres los ojos’. ‛Y algunos días ni siquiera confío en mí misma’, ‘me mata por dentro verte de esta manera’”. La sensación de miedo e inseguridad es palpable en este relato. Y ese reflejo tan humano de querer sacar fuerzas de donde no las hay, cuando la oscuridad nos rodea. Así lo demuestra la siguiente frase, que las voces repetirán a dúo, como una letanía final, con un dejo de optimismo apagado: “Porque aunque la verdad pueda variar, este barco llevará nuestros cuerpos a salvo hasta la costa”.

El diálogo sigue, y las cosas comienzan a ponerse verdaderamente tétricas cuando se reconoce que ya no son dos los que charlan, sino tres. Hay una voz interior que parece querer volver a entrar en la partida: ‛Hay una vieja voz en mi cabeza que no me deja avanzar’, ‛bueno, dile que extraño nuestras pequeñas charlas’. ‛Pronto todo terminará y estará enterrado con nuestro pasado’, ‛solíamos jugar afuera cuando éramos jóvenes y estábamos llenos de vida y llenos de amor’. ‛Algunos días no sé si estoy en lo correcto o estoy equivocada’, ‛tu mente está jugándote trucos, querida mía’”. Más allá de los optimismos trillados y las verdades cambiantes, hay algo innegable. Cuando alguien grita en realidad está pidiendo auxilio: “No escuches ni una palabra de lo que te digo. Todos los gritos suenan iguales”. Parece el pedido de auxilio inocente de dos niños atenazados por el miedo, y que aún guardan un dejo de esperanza por ser rescatados…

Mientras tanto, el videoclip de esta canción toma envión en toda la mitología islandesa para dejar volar su imaginación y hacer de la vida un viaje aventurero a través del cual escapar de nuestras peores pesadillas. Aquí hay paisajes tan sombríos como fascinantes. Cielos opacos aprisionados por nubes de corazón negro. Montañas que parecen labradas por culturas hace mucho perdidas en el océano de las eras. Páramos habitados sólo por el hielo asesino y por una filosa nieve. Un lago oscuro que oculta antiguas ruinas y criaturas de espanto. Bosques infestados de seres que no están vivos, un desfiladero guardado por gárgolas amenazantes, volcanes en el horizonte que escupen sus miasmas al firmamento como si lo insultaran. Monstruos tiránicos que hacen la vida imposible tanto en el cielo como en la tierra como debajo de ella. Todo eso se puede superar, con un poco de esperanza; una esperanza con la forma de una mujer que irradia un brillo que no puede venir de nuestro mundo. Una niña con el cielo en los ojos, y con palabras que destruyen cualquier obstáculo: “Te has ido, te marchaste hace mucho. Vi cómo desaparecías. Todo lo que quedó de ti es un fantasma. Ahora ya estamos separados y distanciados, no hay nada que podamos hacer. Déjame ir, nos encontraremos nuevamente muy pronto. ¡No, espera! ¡Espérame, por favor; no te vayas! Te veré cuando me gane el sueño”. Tal vez todo haya sido un sueño. No hay forma de explicarse sino cómo es que la niña con el cielo en sus ojos, cuya sonrisa recuerda al brillo del oro, se convierte en la joya de la corona de un ser enorme, uno formado por aves de fuego. El mayor monstruo, el más fulgurante; uno al que los hombres primitivos seguramente terminarán llamando Dios… Si fue un sueño, vaya que fue bastante raro… Y hermoso… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 11 de abril de 2017

Capítulo 163: “Day After Day”. Badfinger. (1971)



Deprimartes cotidiano:

La delicada atmósfera de esta canción es ideal para hablar de la convivencia de una pareja, con todas sus luces y sombras. Esperar ansiosamente a alguien en nuestra soledad, sólo para terminar viendo impotentes cómo esa persona llora mientras duerme a nuestro lado. El sabor agridulce de las cosas simples, en su punto más exacto: “Recuerdo cada vez que te abrazo mientras duermes, cada día siento la tristeza de tus lágrimas cuando lloras. Mirando afuera desde mi solitaria penumbra, día tras día”. Y si hablamos de cosas agridulces, nada más acertado que decir que la historia de la banda Badfinger es particular por donde se la mire, con sus gloriosas cimas y sus tremendos precipicios. Allá por 1968 fue la primera banda fichada oficialmente para lanzar su material a través de un sello discográfico recién creado bajo el nombre de Apple Records, fundado por cuatro muchachitos llamados algo así como The Beatles. Todo un sueño, los Fab Four en persona se encargaron de producirles más de un hit, y así Badfinger conoció éxito tras éxito durante un período de casi cinco años. Pero justamente la debacle judicial y económica de Apple, devenida de la separación de The Beatles, se cargarían también la carrera de los Badfinger y de muchos otros artistas pertenecientes al catálogo de la discográfica, como Mary Hopkin, James Taylor, Jackie Lomax, Doris Troy o Billy Preston; dejándolos a todos sin contrato y con la difícil situación de tener que continuar su carrera por su cuenta y desde foja cero.

Si bien la banda pudo firmar un nuevo contrato con la discográfica Warner, desafortunadamente tenían para esa época como representante a un timador de nombre Stan Polley, quien se quedó con el adelanto que la disquera les hizo y los dejó en bancarrota. Esto hizo que el líder del grupo, Pete Ham, tomara la decisión de suicidarse ahorcándose a la edad de 27 años. Su socio en la banda, el bajista Tom Evans, nunca se recuperó de la muerte de su amigo, y también se suicidó de la misma manera ocho años después. Y si bien la historia es trágica y sombría, tuvo un último haz de luz en el año 2013, cuando una de las mejores series de la historia, “Breaking Bad”, utilizó sorpresivamente el tema de Badfinger “My Baby Blue” como cierre de su último episodio. Esto catapultó las ventas del grupo, e hizo que toda una nueva generación de oyentes corriera a redescubrirlos, y a darles un lugar mucho más significativo y merecido en la historia del Rock… Las vueltas de la vida.


“Recuerdo cuando te descubrí, desde entonces todos los días mi mente gira alrededor tuyo. Mirando hacia afuera desde mi habitación solitaria, día tras día, espero que vuelvas a casa, amor, ven pronto, que te daré mi amor”. A través del cuidado sonido de la canción, se trasluce de manera palpable la mano de George Harrison, quien produjo personalmente este tema. El sonido característico de su guitarra slide se hace presente en el solo de la canción, pero hay que resaltar que el mismo está tocado a dúo junto con el gran Pete Ham; que podía seguir tranquilamente el paso al Beatle callado. Ham fue el verdadero genio incomprendido del grupo, y tanta fue su importancia que aún hoy se lo puede ver tocando lado a lado con Harrison nada más ni nada menos que el tema “Here Comes The Sun” en el Concierto para Bangladesh. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 4 de abril de 2017

Capítulo 162: “It’s A Mistake”. Men At Work. (1983)



Deprimartes erróneo:

“Salten a los refugios para escapar, los chicos ya están martillando sus armas. Díganos, General, ¿ya es la hora de la fiesta? Y si es así, ¿podemos ir todos? No crea que no lo sabemos, no crea que no lo intentamos. No vaya a pensar que somos demasiado lentos, es sólo que después va a ser inútil ponerse a llorar diciendo que esto fue un error. Porque es un error”. La banda australiana Men At Work, liderada por Colin Hay, sólo editó tres discos en un período de cuatro años, en el primer lustro de los años ’80. Con tan sólo eso les alcanzó para posicionarse como uno de los grupos más importantes del Novísimo Mundo. Después de tantos años, éxitos suyos como “Down Under”, “Overkill” o “Who Can It Be Now?”, además del que hoy nos ocupa, pueden escucharse con frecuencia en las emisoras de radio FM.

Los principios de los ’80 fueron una época en que las pocas guitarras que podían escucharse -entre tanto sintetizador reinante- siempre estaban marcando ese típico ritmo sincopado tan característico del Reggae y del Ska; y como la tensión de la Guerra Fría entre rusos y americanos seguía vigente, los videoclips de esos días solían estar plagados de mensajes antiarmamentistas. De hecho, una pancarta que puede leerse en este video reza: “Una bomba nuclear puede arruinar todo tu día”. Y vaya si esa es una gran verdad: “Después de que las risas se hayan apagado, y de que los chicos se hayan divertido, no quedará ya ruido en el campo de batalla; no hay mucho que decir. Ya hicieron que los enemigos salieran corriendo”. Y así es cómo la letra de esta canción se pone de pie con un aire de rebeldía ante la idiotez que demostraban aquellos que guiaban los destinos de unas fuerzas armadas que parecían cada día más sedientas de batalla: “No trate de decir que lo lamenta, no empiece con eso de que él desenfundó su arma primero. Porque si bien ya hasta han atrapado al viejo Ronnie, no vaya a creer que él es el único que anda por ahí diciendo que todo esto es un error”. Oceanía ha sabido hacerle una contribución bastante particular al Rock. Además de próceres como The Bee Gees y Nick Cave, ya para la época de Men At Work le habían aportado a la escena musical nombres tales como los de Midnight Oil, AC/DC, INXS, y Crowded House. Casi nada, eh. Y en mayor o menor medida, todos ellos tenían una condición contestataria en sus letras, propia de un pueblo duro que ha sabido prevalecer aún frente a las inclemencias de una tierra tan salvaje.


“Díganos, Comandante, ¿usted qué piensa? Porque aquí todos sabemos que usted ama el poder. ¿Por eso es que hemos llegado a esta situación? Desearíamos que usted ya tirara la toalla”. La actitud rockera jamás se ha llevado bien con el militarismo. De hecho, siempre ha estado en las antípodas de todo tipo de cuestión castrense. Este videoclip se especializa en mostrar a los líderes militares como zopencos imcompetentes, cuya única función aparente es destruir a la humanidad por descuido, como ocurre en la escena final del mismo: “No vamos a desaparecer tan pronto, no en nuestro mejor momento. Así que mientras silbamos nuestra tonada favorita le mandaremos flores y una tarjeta que diga que todo esto es un error”. ¡Feliz Deprimartes!