martes, 29 de diciembre de 2015

"Me gustaría decir gracias, en nombre de los Deprimartes, y espero que hayamos pasado la audición":

Parafraseando la broma con la que John Lennon cierra la última presentación que hayan hecho The Beatles, es que me despido de esta tercera temporada de los Deprimartes.

A lo largo de todo este año, y mientras avanzaba en la cantidad de capítulos de este humilde blog, me asaltaba una y otra vez la misma inquietud: ¿qué hacer con los Deprimartes? ¿Comenzar otra temporada con nuevos artistas aún no analizados? ¿Empezar a diseccionar nuevos temas de músicos ya antes visitados? ¿O simplemente plantar mi bandera aquí mismo, y decir "misión cumplida"?... 

Y lo que me decidió fue la cantidad de nombres que aún ni siquiera he tenido el honor de mencionar en estos tres años. Fíjense, he dejado afuera a músicos vitales para la historia de mi querido Rock & Roll, artistas tan variados y de épocas tan distintas como Joe Cocker, Guns'N'Roses, Frank Zappa, The Ramones, Jamiroquai, Jehtro Tull, Peter Frampton, Madonna, Aerosmith, y Emerson, Lake & Palmer, entre tantísimos otros.

Pues bien, la opción obvia es la de seguir adelante, hacer una nueva temporada. Ocurre que para no repetir artista tengo que embarcarme en una empresa que me demanda una cierta cantidad de tiempo, de pericia... Y de ganas. Y es que debo reconocer  que no tengo los conocimientos básicos del repertorio de muchas estrellas musicales que pretendo mencionar el año entrante, y esto me obliga a la tarea de hacer de "arqueólogo musical"... Y bueno, juntaré valentía de donde no la tengo, me calzaré el sombrero, y trataré de evitar que me maten los jíbaros.

Deséenme suerte.


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martes, 22 de diciembre de 2015

Capítulo 150: “Hey Joe”. Jimi Hendrix.





Deprimartes excelso:

“‘Hey, Joe; ¿adónde vas con ese revólver en la mano? ¡Hey, Joe! Te pregunté adónde ibas con ese revólver’. ‘Voy a matar a mi novia, porque la atrapé coqueteando con otro hombre, y eso ya sabes que no está nada bien’”. Desde que nació, junto con la década del ’50, el Rock & Roll le debió su esencia más irreductible a la guitarra eléctrica, ese instrumento que gracias a sus posibilidades expresivas abandonaba el aburrido panorama jazzero de aquella época para investigar qué tan lejos podía llegar adaptándose a esa núeva música de rebeldía filosa. Y a lo largo de la frondosa historia de la guitarra, ésta supo caer en sabias manos. Son muchos los nombres –muchísimos – a los que les debemos que durante todos estos años nuestros genes insatifechos griten cada vez que escuchamos un solo bien ejecutado; pero hay un nombre que fulgura como ningún otro, un sol que parece brillar cada día más, y cuyo bronce bien ganado parece no conocer óxido que lo carcoma: Jimi Hendrix.
  
Superhéroe indiscutible de las seis cuerdas, prócer del Rock Ácido; no hubo ni volverá a haber otro como Jimi. Llevó el hecho de ser un guitarrista varios niveles más allá, poniendo la vara muy alto; y señalando la cima de la montaña a la cual hay que apuntar para quien quiera convertirse en una megaestrella rockera: “‘Hey, Joe; oí que mataste a tu mujer. Tú la mataste. La dejaste bien muerta, tirada en el suelo’. ‘¡Sí, yo la maté! Ya sabes que la atrapé coqueteando por toda la ciudad. Y le apunté con el arma, y le disparé. ¡Muy bien! ¡Y le disparé otra vez más!’”. Con un talento circense, puso ante la mirada del gran público nuevas maneras de tocar la guitarra, con la lengua, con los dientes, en la espalda, en la nuca… Era un innovador nato, que por lo general incendiaba su instrumento una vez que complacía a la audiencia. Una vez tocada por el gran Hendrix, esa guitarra ya no era digna de existir.

Así como había graffittis en las calles que a Eric Clapton lo llamaban “Dios”, el nombre de Hendrix era apenas susurrado entre los guitarristas; que se decían unos a otros: “Conocí a alguien que va a acabar con todos nosotros”. Y es que si bien para mi gusto, sólo Clapton le es comparable; la increíble sobriedad de Eric nunca buscó hacerle frente a la parafernalia que el Brujo Negro desparramaba sobre el escenario. Y además, Hendrix tuvo la fortuna de acrecentar su leyenda muriéndose muy joven, en el mismo período de un año que terminó por llevarse también a Janis Joplin y a Jim Morrison; todos a la edad de 27. Esa seguidilla de muertes le puso fin a la era psicodélica del Rock, abriéndole la puerta a la dolorosa madurez de los primeros años de la década del ’70: “‘Hey, Joe; ¿adónde vas a ir ahora? ¿Adónde huirás?’. ‘Me voy hacia el sur, me voy con dirección a México; adonde puedo ser libre. Nadie me encontrará allí, ningún verdugo va a ponerme una soga en el cuello;  créeme. Ya me tengo que ir’”.

Aquí, además de deleitarnos con otro de sus solos, Jimi canta sobre un encuentro casual con un amigo suyo, que finalmente mata a su mujer y ahora quiere desaparecer del mundo: “‘Hey, Joe; mejor que corras y te despidas de todo el mundo’”. Con el arte del más grande guitarrista de todos los tiempos es que baja el telón de otra temporada de este humilde blog; así que... ¡Feliz Deprimartes para todos!

martes, 15 de diciembre de 2015

Capítulo 149: “Loser”. Beck.





Deprimartes derrotado:



He aquí que hoy les traigo la historia de Beck. O de cómo un blanquito con cara de idiota puede rapear pésimo sobre cualquier estupidez, y aún así convertirse en un éxito mundial: “En los tiempos de los chimpancés yo era un mono, tenía butano en las venas; así que ahora estoy decidido a dejar de ser un drogadicto. Me pongo los protectores oculares y pinto los vegetales con un pulverizador. Hay puestos de comida para perro donde veo pantimedias que parecen hechas de pastel de carne. Apago las luces delanteras y pongo el auto en punto muerto, que ahora tiene a un perdedor en llamas como piloto automático. Mi nena se fue a Reno con su vitamina D, yo tengo un par de sofás pero duermo en la misma silla donde antes hacía el amor. Alguien viene y me dice que estoy loco por quejarme por haber tenido que casarme a punta de escopeta y por tener una mancha en mi camisa. No creas en todo lo que respires, porque sólo obtendrás una multa por estar mal estacionado y un gusano en tu manga. Así que aféitate en la oscuridad con un mazo, ahorra tus vales de comida, y prende fuego el estacionamiento. Ya córtala”. ¿Adivinaron?... Exacto: el tema no habla absolutamente de nada. Es una simple improvisación de la época en que este muy talentoso músico de nombre Beck Hansen trabajaba como artista callejero, e inventaba la letra a medida que cantaba. Y así y todo, llegó al Nº1…



La canción está salpicada de oraciones inconexas entre cada estribillo. Beck se la pasa repitiendo incoherencias, gritando letanías que parecieran carecer de significado, pero si le prestamos atención veremos cómo todo lo que grita podría descifrarse como parte del dialecto típico de cualquier consumidor de drogas cuando intenta conseguir lo que quiere: “Me vuelve loco la crema de queso”, “me encantan los piercings”, “vamos, tráelo”, “no puedo creerte”, “¿hablas en alemán, nena?”, y “sabes de qué hablo”. Todo el tema suena con una onda vintage, algo distintivo en la obra de Beck, y eso es debido a su constante apego a lo que se conoce como “Lo-fi” (“baja fidelidad”), una forma artística de grabación consistente en obviar los adelantos tecnológicos y registrar la música en materiales de discutible calidad para la época –como son los cassettes o las cintas magnetofónicas-, a fin de lograr un sonido más “auténtico”.



Así fue como nació este himno de la década del ’90. Un manifiesto de los últimos estertores de la llamada Generación X –también denominada muy acertadamente la Generación Perdida-, a la cual yo mismo pertenezco. Una camada de seres en su mayoría atravesados por la apatía que nos gobernaba al estar parados sobre la arena del presente, viendo como un enorme tsunami de futuro tecnológico y globalización se nos venía encima a una velocidad aterradora. Éramos los perdedores natos. Tan palpable era esto, que no le fue difícil a Beck describirnos como un sinsentido mismo. Y hasta tuvo el acierto de cantar el comienzo de su estribillo en español: “Soy un perdedor”, como para que quedara en claro que la desidia era mundial y no reparaba en fronteras. ¿Qué mejor entonces que simplemente dejar pasar la vida hasta que se termine?: “Soy un perdedor, nena; así que: ¿por qué no me matas? Que sea con un perdigonazo”.



Beck se ha especializado a lo largo de su carrera en cambiar de estilo de un disco al otro –y aún dentro del mismo álbum-, dándole un registro enorme a su catálogo, que va desde lo electrónico a lo totalmente acústico; pero siempre jugueteando con la línea del Rock independiente, o “Indie”. Esa misma filosofía aplica a sus videos. En un film promocional de una canción suya podemos llegar a ver cualquier cosa. Literalmente. Bien puede aparecer un perrito intercambiando su cabeza con la de Beck, así como podemos encontrar a una heladera y una cocina teniendo sexo; o bien toparnos con calles enteras doblándose sobre sí mismas como si fueran parte de un origami. Y el inentendible videoclip de bajísimo presupuesto que acompañó a esta canción fue todo un símbolo. Se escucha un loop de sitar que ilustra el recorrido de un ataúd que sale de paseo. Dos chicas aparecen haciendo aeróbics en un cementerio, y por momentos su imagen se ve en negativo. Tu auto se detiene en un semáforo y de repente tienes a la muerte limpiándote la sangre del parabrisas. El ritmo lo lleva una nenita en edad preescolar tocando la batería, y vemos a unos astronautas preparándose para su misión en la parte de atrás de una camioneta. Como frutilla del postre, por algunos compases los coros se escuchan sonando al revés. De algo muy simple nos habla este video, su mensaje es increíblemente sencillo: ¿Quién dijo que la vida tiene que tener sentido? ¿Quién nos vendió esa mentira?: “Las fuerzas del mal inician la pesadilla de cualquier principiante, prohiben toda la música usando una cámara de gas falsa; porque algunos tienen una comadreja y otros flamean una bandera. Unos sostienen el palo, y con eso meten a todos los demás en la bolsa. Mientras la tele sólo pasa repeticiones, la cocaína hace lo suyo en la nariz. Esa es la basura por la que tiene que atravesar un cantante cualquiera de folk, que terminará ahorcándose con una cuerda de guitarra. Ese día sólo había comido una tajada de cuello de pavo y ahora termina colgando del ala de una paloma. No se puede escribir si no puedes relacionarte. Tenemos que negociar nuestro dinero por la comida, por el cuerpo y por el odio; y resulta que mi tiempo es un pedazo de cera derritiéndose sobre una termita que se ahoga con las astillas”. Nada tiene sentido, así que… ¡Disfrutemos! ¡Feliz Deprimartes!

martes, 8 de diciembre de 2015

Capítulo 148: “I Ran”. A Flock Of Seagulls.





Deprimartes psitácido:



A Flock Of Seagulls fue una agrupación que contaba con un líder de nombre Mike Score, cuyo extraño peinado terminó por ser una representación icónica de la estética ochentosa. En más de una ocasión, Mike se quejó de que la audiencia parecía que iba a sus conciertos a curiosear los peinados que usaba la banda en lugar de ir a apreciar las canciones. Y en sus shows cantaban un tema que decía así: “Caminaba por la avenida, nunca pensé que podría encontrame a una chica como tú. Con el pelo castaño y los ojos leonados, esa clase de ojos que me dejan hipnotizado”.



Estamos frente a una típica banda de Synthpop, ese género de principios de la década del ’80 que fue una especie de primer paso –junto con la New Wave- como para ir saliendo de la fiebre Disco. Aún persiguiendo el formato exitoso de cualquier canción de Rock comercial, en este caso primaban los instrumentos electrónicos como las cajas de ritmo, las baterías no analógicas, y muy especialmente, los sintetizadores. Esto abarataba muchísimo la producción musical, y permitía darle mayor presupuesto a un elemento de promoción hasta esas épocas menor: el videoclip: “Una nube aparece sobre tu cabeza, un rayo de luz la atraviesa brillando sobre ti. La nube se acerca más y se convierte en una aurora boreal que se deja apreciar”. A partir del comienzo de esa década entramos en una etapa en la cual el videoclip comenzaba a convertirse en un hecho artístico. Gracias al advenimiento de MTV, la sociedad empezó a dimensionar esta nueva forma de comunicación, en la cual una banda podía ilustrar su canción con una historia contada en menos de cinco minutos. Y, obedeciendo y potenciando a los cánones de la época, la estética era súper recargada de colores. En este caso vemos mucho maquillaje, mucho papel de aluminio, mucho plano giratorio en las cámaras, y mucha máquina de humo… Sólo para mostrar cómo el señor Score toca el teclado con un único dedo la mayoría del tiempo.



“Extiendo una mano para tocar tu cara, y tú lentamente desapareces de mi vista, y luego vuelves a aparecer. Extiendo una mano para intentarlo nuevamente, y ya estoy flotando en un rayo de luz contigo”. La canción parece reducir su temática a la ingobernabilidad de los sentimientos –algo en lo que se basa absolutamente toda telenovela-, que consiste en el hecho de no poder dominar nuestras emociones a voluntad, sino que las mismas tienen una suerte de autodeterminación. El corazón es la anarquía del cerebro. Por más que corramos y corramos, no podemos escapar de alguien que se grabó como un hierro incandescente en nuestra memoria. Pero no es algo tan terrible. En definitiva, a todos nos ha pasado alguna vez: “Y corrí. Corrí tan lejos, simplemente corrí toda la noche y todo el día. Y aún así no pude escaparme”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 1 de diciembre de 2015

Capítulo 147: “À Tout Le Monde”. Megadeth.





Deprimartes metalero:

En fin… Con este blog me he comprometido a hacer el intento de abarcar todas las vertientes de nuestro amado Rock & Roll, y eso me obliga a hablar también de algunas pocas expresiones de las cuales no soy admirador en lo absoluto. Una de ellas es el Heavy Metal, probablemente la rama del Rock más autónoma y la que más ha pervivido en el tiempo. Surgido a finales de los años sesenta, se ha ido subdividiendo en incontables expresiones, todos ellos con ciertos elementos en común, y ha llegado hasta nuestros días como lo que es: un submundo totalmente hermético y separado del Rock. Quien escucha Metal, no escucha otra cosa. Y para ejemplificar de qué hablo, me he decidido por un tema de Megadeth. No tiene mucho sentido repasar aquí la carrera de una banda perteneciente a un género al cual no adhiero, sólo baste decir que es uno de los mayores exponentes del Heavy Metal: “No recuerdo adónde estuve. Me di cuenta de que la vida era un juego, y que cuanto más serias me tomaba las cosas; más duras se ponían las reglas. No tenía idea de cuánto me costaba todo aquello, mi vida pasó delante de mis ojos y me di cuenta de lo poco que había logrado. Todos mis planes salieron mal”.

No es de extrañar una letra con una temática tan lóbrega, ya que la estética misma del Metal está siempre asociada con todo lo oscuro del alma humana, que aquí aprovecha toda la teatralidad de este subgénero para exponerse como si se tratara de una virtud buscada: “Así que mientras lean esto, sepan amigos míos, que me encantaría quedarme con ustedes. Por favor sonrían cuando me recuerden. Mi cuerpo ya se ha ido, y eso es todo”. El Metal persigue en su música la destreza en el instrumento, y la velocidad con que se ejecuta una escala, y esto por lo general es a costa de la claridad con que se expresa. Pareciera ser que los solos de guitarra siempre buscan asemejarse al sonido que haría una abeja africana furiosa sufriendo un ataque de epilepsia. Y en cuanto al resto de la banda, son paradigmáticas las guitarras rítmicas totalmente distorsionadas repitiendo riffs violentos, los vocalistas gritando al punto de querer destrozar sus gargantas, el bajo siempre bien saturado, y una batería neurótica con una incontable cantidad de tambores y platillos de todos los tamaños y colores. Es obviamente un estilo totalmente personal, y a pesar de la aversión que le profeso, no me sorprende que haya legiones a las cuales les agrada este esperpento musical.

El presente videoclip fue censurado por la cadena MTV, ya que se consideraba que era una canción que alentaba el suicidio. Sin embargo, y en palabras del líder de la banda, Dave Mustaine, la letra habla de la última oportunidad que todos quisiéramos tener para decir unas palabras antes de abandonar este mundo, aunque más no sea para pronunciarlas en francés: “A todo el mundo, a todos mis amigos, los amo, pero debo partir. Estas son las últimas palabras que diré, y ellas me harán libre”. El video nos invita a pensar sobre los recuerdos que nos quedan de las personas que se van de este mundo, y también de cómo ellos se llevan una parte de nosotros a la tumba, como un adelanto de lo que pasará con todos. En definitiva, la muerte es algo inevitable y con lo cual algún día tendremos lidiar. No por nada, en la lápida sin concluir del video se juega tanto con el apellido del cantante como con la palabra “Must” (“deber”). La muerte es una obligación de la cual nadie debe escapar: “Si mi corazón aún estuviera vivo, sé que seguramente volvería a romperse. Mis recuerdos se quedan con ustedes, ya no hay nada más que decir. Seguir adelante es algo fácil, lo difícil es todo aquello que hay que dejar atrás. Ya saben que aquellos que duermen ya no sienten dolor, y las cicatrices se las quedan quienes siguen viviendo”. ¡Feliz Deprimartes!