martes, 15 de diciembre de 2015

Capítulo 149: “Loser”. Beck.





Deprimartes derrotado:



He aquí que hoy les traigo la historia de Beck. O de cómo un blanquito con cara de idiota puede rapear pésimo sobre cualquier estupidez, y aún así convertirse en un éxito mundial: “En los tiempos de los chimpancés yo era un mono, tenía butano en las venas; así que ahora estoy decidido a dejar de ser un drogadicto. Me pongo los protectores oculares y pinto los vegetales con un pulverizador. Hay puestos de comida para perro donde veo pantimedias que parecen hechas de pastel de carne. Apago las luces delanteras y pongo el auto en punto muerto, que ahora tiene a un perdedor en llamas como piloto automático. Mi nena se fue a Reno con su vitamina D, yo tengo un par de sofás pero duermo en la misma silla donde antes hacía el amor. Alguien viene y me dice que estoy loco por quejarme por haber tenido que casarme a punta de escopeta y por tener una mancha en mi camisa. No creas en todo lo que respires, porque sólo obtendrás una multa por estar mal estacionado y un gusano en tu manga. Así que aféitate en la oscuridad con un mazo, ahorra tus vales de comida, y prende fuego el estacionamiento. Ya córtala”. ¿Adivinaron?... Exacto: el tema no habla absolutamente de nada. Es una simple improvisación de la época en que este muy talentoso músico de nombre Beck Hansen trabajaba como artista callejero, e inventaba la letra a medida que cantaba. Y así y todo, llegó al Nº1…



La canción está salpicada de oraciones inconexas entre cada estribillo. Beck se la pasa repitiendo incoherencias, gritando letanías que parecieran carecer de significado, pero si le prestamos atención veremos cómo todo lo que grita podría descifrarse como parte del dialecto típico de cualquier consumidor de drogas cuando intenta conseguir lo que quiere: “Me vuelve loco la crema de queso”, “me encantan los piercings”, “vamos, tráelo”, “no puedo creerte”, “¿hablas en alemán, nena?”, y “sabes de qué hablo”. Todo el tema suena con una onda vintage, algo distintivo en la obra de Beck, y eso es debido a su constante apego a lo que se conoce como “Lo-fi” (“baja fidelidad”), una forma artística de grabación consistente en obviar los adelantos tecnológicos y registrar la música en materiales de discutible calidad para la época –como son los cassettes o las cintas magnetofónicas-, a fin de lograr un sonido más “auténtico”.



Así fue como nació este himno de la década del ’90. Un manifiesto de los últimos estertores de la llamada Generación X –también denominada muy acertadamente la Generación Perdida-, a la cual yo mismo pertenezco. Una camada de seres en su mayoría atravesados por la apatía que nos gobernaba al estar parados sobre la arena del presente, viendo como un enorme tsunami de futuro tecnológico y globalización se nos venía encima a una velocidad aterradora. Éramos los perdedores natos. Tan palpable era esto, que no le fue difícil a Beck describirnos como un sinsentido mismo. Y hasta tuvo el acierto de cantar el comienzo de su estribillo en español: “Soy un perdedor”, como para que quedara en claro que la desidia era mundial y no reparaba en fronteras. ¿Qué mejor entonces que simplemente dejar pasar la vida hasta que se termine?: “Soy un perdedor, nena; así que: ¿por qué no me matas? Que sea con un perdigonazo”.



Beck se ha especializado a lo largo de su carrera en cambiar de estilo de un disco al otro –y aún dentro del mismo álbum-, dándole un registro enorme a su catálogo, que va desde lo electrónico a lo totalmente acústico; pero siempre jugueteando con la línea del Rock independiente, o “Indie”. Esa misma filosofía aplica a sus videos. En un film promocional de una canción suya podemos llegar a ver cualquier cosa. Literalmente. Bien puede aparecer un perrito intercambiando su cabeza con la de Beck, así como podemos encontrar a una heladera y una cocina teniendo sexo; o bien toparnos con calles enteras doblándose sobre sí mismas como si fueran parte de un origami. Y el inentendible videoclip de bajísimo presupuesto que acompañó a esta canción fue todo un símbolo. Se escucha un loop de sitar que ilustra el recorrido de un ataúd que sale de paseo. Dos chicas aparecen haciendo aeróbics en un cementerio, y por momentos su imagen se ve en negativo. Tu auto se detiene en un semáforo y de repente tienes a la muerte limpiándote la sangre del parabrisas. El ritmo lo lleva una nenita en edad preescolar tocando la batería, y vemos a unos astronautas preparándose para su misión en la parte de atrás de una camioneta. Como frutilla del postre, por algunos compases los coros se escuchan sonando al revés. De algo muy simple nos habla este video, su mensaje es increíblemente sencillo: ¿Quién dijo que la vida tiene que tener sentido? ¿Quién nos vendió esa mentira?: “Las fuerzas del mal inician la pesadilla de cualquier principiante, prohiben toda la música usando una cámara de gas falsa; porque algunos tienen una comadreja y otros flamean una bandera. Unos sostienen el palo, y con eso meten a todos los demás en la bolsa. Mientras la tele sólo pasa repeticiones, la cocaína hace lo suyo en la nariz. Esa es la basura por la que tiene que atravesar un cantante cualquiera de folk, que terminará ahorcándose con una cuerda de guitarra. Ese día sólo había comido una tajada de cuello de pavo y ahora termina colgando del ala de una paloma. No se puede escribir si no puedes relacionarte. Tenemos que negociar nuestro dinero por la comida, por el cuerpo y por el odio; y resulta que mi tiempo es un pedazo de cera derritiéndose sobre una termita que se ahoga con las astillas”. Nada tiene sentido, así que… ¡Disfrutemos! ¡Feliz Deprimartes!

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