martes, 26 de agosto de 2014

Capítulo 97: “The Friends Of Mr. Cairo”: Jon & Vangelis. (1981)





Deprimartes hampón:

¿Qué tipo de hechizo nos arrojan las películas del género policial negro? Personalmente, sé de gente que le vendería su alma a Asmodeo con tal de defender este rubro. Ya a mediados del siglo pasado todos parecían saber lo adictivo que es el género: “Ahora existe una nueva riqueza, que puede distribuirse como una película en blanco y negro que haga feliz a la gente. Es un regalo impresionante, que también puede terminar por arruinar a esa misma gente”. Este improbable pero increíble dúo, conformado por la angelical voz de Jon Anderson, y el talento del genial tecladista griego Vangelis Papathanassiou, ideó esta revisión de las primeras décadas de la historia americana, haciendo foco en la oscuridad de la vida de esos años de entreguerras. Vangelis, además de hacerse acreedor a un premio Oscar por su archiconocida banda de sonido para la película “Carrozas de fuego”, alumbró la perfección del sonido electrónico a través de álbumes de una hermosura ultraterrena, como “Heaven And Hell”, “Spiral”, y la música que compuso para el filme “Bladerunner”, entre otros. Es el único artista con la capacidad de hacer estallar el sonido como lo haría un cristal cuando se hace añicos. Y Jon Anderson, bueno… ¿Qué podría decirse de malo del frontman de una banda tan enorme como Yes? Absolutamente nada.

Para entender la letra de este tema, es casi imprescindible haber visto el Manifiesto del Policial Negro, la película “El halcón maltés”, estelarizada por Humphrey Bogart. Y, como ustedes descubrirán, yo no la he visto; así que haré lo que pueda: “Ella vino, como si esto fuera un libro de Mickey Spillane, a contar que aquella oscura emboscada de sábado por la noche había dejado a su amigo lleno de plomo. Pero entonces, como si ya nada fuera lo mismo, la investigación pasó a ser lo único importante. Él tuvo que chequear la coartada de la señorita”.

“Sam Spade y su amigo Archer habían sido los primeros en llegar. Él fue tratando de entender a medida que ella confesaba…”. La trama va tomando forma. Y entonces aparece un ícono infaltable de este tipo de filmes: el narrador en primera persona, la voz del mismo protagonista contándonos cada cosa que se le cruza por el pensamiento: “Pero, ¿cómo podían conocer al Gordo?... Su hermana no podría haber estado viviendo con semejante confusión… Siguiendo esa pista finalmente dio con el Gordo, para terminar enfrentando a los amigos del Señor Cairo”. Todos los personajes de estas historias no logran encajar bien en las categorías de héroe o villano. Sus andanzas conforman las desventuras de unos verdaderos antihéroes, tropezando en una vasta escala de tonos oscuros: “Esa noche, el traidor hizo las cosas bien. Fingiendo que era un debilucho, engañó a Sam con un gin doble y lo puso a dormir. Cuando él se despertó, todos se habían ido, pero le habían dejado su arma y una nota con la pista que lo conduciría a encontrar el Halcón Maltés”.


El siguiente fragmento de la letra, nos sintetiza cómo fue cambiando el mundo en esa época, con el surgir de los medios de comunicación y el fin del poderío de los grandes Capos de la Mafia: “Las películas de gangsters de comienzos de los años ’30 estaban hechas para hechizar a la población. Sus historias iban desde Chicago a Hong Kong, pasando por Estambul. En la época de la Ley Seca, el dinero fluía por medio de las sucias ratas del contrabando a las órdenes de la mafia. A través de las historias que nos contaba Hollywood, veíamos en una gran interpretación cómo Al Capone acababa en prisión, mientras El Ciudadano Kane terminaba de filmarse a las corridas y conquistaba a la vieja Nueva York. Y como una broma del destino la televisión se convirtió en el medio más importante del mundo. Allí pudimos ver a James Cagney cualquier día, y a Jimmy Stewart queriendo ser Presidente. Y también a todos esos muchachos que siempre disparan entre los ojos”. Hoy suena todo tan vertiginoso, pero lo cierto es que hace unas décadas, la concepción del tiempo era otra. Hoy sí que estamos corriendo. En aquellos tiempos, aún los cambios se vivían como quien los degusta… O los sufre. Por ejemplo, en este otro fragmento tenemos la palabra de un actor que, como muchos de esa época, no lograba digerir el paso del formato blanco y negro al cine sonoro: “¿Habrá trabajo fuera de los grandes estudios? Tal vez tenga una posibilidad favorable, y tengo que aceptar que quizás sea la única. Todo lo que conozco podría desvanecerse cuando lleguen los colores. Esa chance que tengo, como una fruta prohibida, es lo que puede hacerme sobrevivir. Es lo único que vale”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 12 de agosto de 2014

Capítulo 96: “True Colors”: Cyndi Lauper. (1986)




Deprimartes colorido:

Con ustedes, a mi criterio, la mejor voz femenina de los años ‘80: “Tú, con la mirada triste, no te desalientes; me doy cuenta de lo difícil que es juntar valor. En un mundo tan lleno de gente es fácil perder la perspectiva; y la oscuridad que hay dentro tuyo puede empequeñecerte. Pero yo veo tus verdaderos colores brillando a través de ti. Veo tus verdaderos colores, y es por eso que te amo”. La carrera de Cyndi Lauper hacia al estrellato fue breve pero arrasadora, gracias principalmente a su poderosa y prístina voz. Pero esto mismo fue lo que hizo que estuviera poco tiempo en la cima, tuvo en más de una ocasión lesiones en las cuerdas vocales que le impedían hacer lo que más amaba: cantar. Y éste fue uno de sus más grandes éxitos. El poético videoclip con una calma melodía, y cuya letra de inclusión y consuelo puede aplicar para cualquier persona herida en sus sentimientos; pero que deja entrever otra de las pasiones de esta enorme artista: su continua lucha por defender los derechos de la comunidad gay.

Bien, es martes. Y este día, que ha llegado a convertirse en mi día ideal para deprimirse -y parece que el de varios, si se me permite un pequeño mea culpa- viene con un leve mensaje de esperanza. Y es que, después de todo invierno, siempre hay una primavera. En mi vida es muy común que amanezca un oscuro invierno, aunque de tanto en tanto aparece brillando el sol; y en esos pocos días luminosos prefiero imaginarme una voz que me diga algo así: “Vamos, muéstrame una sonrisa, no te resignes a ser infeliz. No puedo acordarme de cuándo fue la última vez que te vi riéndote. Si sientes que este mundo te está enloqueciendo, y que ya soportaste tanto como podías; llámame, ya sabes que voy a estar ahí”.


No es bueno deprimirse, aunque es algo inevitable –después de todo de eso se han tratado estos años de Deprimartes-, pero lo importante es intentar sacarle algún provecho a la melancolía, cuando ésta se presenta. Y, en último caso, deprimámonos juntos; porque aunque nuestra vida no sea más que una colección de cenizas en un castillo de arena, y aunque el resto de la humanidad nos vea en una escala de grises, yo te diré lo mismo que dice esta canción: “Yo veo tus colores verdaderos, así que no tengas miedo de mostrarlos; porque tus colores verdaderos son tan hermosos como el arco iris”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 5 de agosto de 2014

Capítulo 95: “Hotel California”: Eagles. (1976)




Deprimartes hedonista:

Un clásico de clásicos nos visita en este Deprimartes. Esa gran banda setentosa que ha sido Eagles nos trae su más importante éxito, con un mito urbano acerca de un lugar paradisíaco que oculta oscuras intenciones. ¿Es la felicidad esto? ¿Un lugar maravilloso donde podemos cometer las más salvajes atrocidades? Toda una parodia de lo que significa el mundillo de la fama y sus excesos: “Viajando por una carretera oscura y desierta, un viento fresco me golpea la cara. Un tibio aroma de cannabis se levanta en el aire. Adelante, en la distancia, se ve una luz temblorosa. Mi vista se volvió borrosa y la cabeza se me inundó de sueño, así que tuve que parar para pasar la noche. Y allí estaba ella, en la puerta; oí la campanilla de la entrada. Y allí pensé: ‘esto bien podría ser tanto el infierno como el paraíso’. Así que ella prendió una vela y me mostró el camino. Y sentí voces en el corredor, creí escucharlas decir: ‘Bienvenido al Hotel California, un lugar tan solitario como encantador. Tenemos muchas habitaciones disponibles en el Hotel California, serás bien recibido en cualquier época del año’”. Estamos ante un tema que bien podría considerarse como el epítome del Rock & Roll virtuoso. Una canción comercial, pero reflexiva, excelentemente arreglada y ejecutada con cierto lirismo irrespetuoso. Evidentemente es una cumbre. Casi a manera de fórmula aritmética, es prácticamente imposible que este tema le desagrade a alguna persona; y si lo hace, se estaría fundamentando en fanatismos baratos como para negar algo así. Tan fuerte era la sinergia que lograba este grupo, que luego de separarse en pésimos términos a comienzos de los ‘80s juraron que se reunirían sólo cuando “el infierno se congelase”. Inevitablemente, casi una década y media después, su siguiente álbum se intituló “Hell Freezes Over” (“El infierno se congela”).

Pero volvamos a la historia… Un lugar de ensueño, un viaje misterioso y una fémina cautivante. Definitivamente, algo tiene que estar mal. Veamos cómo sigue la cosa: “Ella parece tener cierta debilidad por las joyas, y hasta tiene un Mercedes Benz. Está rodeada de un montón de carilindos a los que llama ‘amigos’, con los cuales danza en el parque. Dulce sudor del verano, veo algunos bailando muy bien, y a otros; mejor olvidarlos. Así que llamé al Capitán y le pedí que me trajera vino; y él me dijo: ‘¡Bien! Nadie había tenido ese ímpetu aquí desde 1969’. Y todavía escucho esas voces lejanas, puedo sentirlas llegando en medio de la noche, sólo para decirme: ‘Bienvenido al Hotel California’”. Y, como era de esperar, pronto veremos que en este sueño algo tenía que fallar. Porque si algo aprendí de la vida, es aquella Ley de Murphy que nos dice que si ya hemos tomado todos los recaudos suficientes como para que nada salga mal, ¡entonces algo nuevo fallará!: “Espejos en el techo, champagne rosado con hielo; resulta que somos prisioneros aquí, pero a nuestra elección. En la cámara principal, todos se reúnen para el festín. Y aunque todos la apuñalan con cuchillos de acero, nadie puede matar a la Bestia”.

Recordemos que la banda de Joe Walsh, Don Henley y Glenn Frey nos están contando en realidad su camino hacia la fama y lo incontrolable que todo se volvía, rodeados de groupies y de drogas. La fama se termina convirtiendo en una Bestia Pop, imposible de matar; y sus excesos son todo aquello de lo cual no se puede huir: “Lo último que recuerdo era que estaba corriendo hacia la puerta, tenía que encontrar el pasillo que me llevara a la entrada. ‘Relájate –me dijo el portero- aquí estamos programados sólo para recibir. Puedes registrarte cuando quieras, pero ya nunca te podrás ir’”. Atrapados en el paraíso, no se me ocurre mejor lugar para deprimirse… ¡Feliz Deprimartes!