martes, 9 de octubre de 2012

Capítulo 3: “Alone Again (Naturally)”. Gilbert O’Sullivan.

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Deprimartes destrozado.

“Me parece que hay muchos más corazones rotos en el mundo que los que pueden repararse, y que quedan finalmente sin cuidado. ¿Y qué hacemos nosotros al respecto? ¿Qué hacemos?”. ¿Qué puede salirnos del corazón cuando la vida nos hizo tocar fondo? ¿De qué hablamos cuando llegamos a lo más profundo del abismo y ya nada tiene sentido? Pues de todos nuestros fracasos, ¿de qué más? Cuando uno de ellos nos terminó de derribar, no hacemos más que valorar a todos los demás que aportaron su granito de arena en nuestra debacle. Aquí, el cantautor irlandés Gilbert O'Sullivan nos cuenta en su clásico tema que si no empieza a sentirse mejor, se va a tirar de un edificio porque la novia lo plantó en el altar. Mientras camina se acuerda de lo desilusionado que está de la vida, y hasta recuerda la muerte de sus padres y de todo lo que lloró: “En un rato más, si no me siento un poco mejor, me hice la promesa de visitar la torre más cercana, y cuando haya subido a la cima me voy a tirar; así intentaré dejarle en claro a todo el mundo lo que se siente estar hecho trizas, abandonado en plena iglesia, mientras toda la gente murmura: ‘Dios mío, esto es terrible, ella lo plantó; no tiene caso seguir aquí, mejor nos vamos a casa’. Lo mismo que terminé haciendo yo, solo otra vez, por supuesto”.

En nuestra vida, existe alguien que jamás va a abandonarnos. Sí, ya sé, más de un optimista me dirá “Dios”… Bueno, no exactamente. Veamos lo que dice la canción: “Y pensar que tan sólo ayer yo era un tipo alegre y de buen humor, siempre pensando, como todo el mundo, en lo que el futuro me depararía. Pero como si fuera a propósito, la realidad se me vino encima, y con muy poco, me hizo pedazos, dejándome con la enorme duda de si Dios tendría compasión de mí… Pero si Él realmente existe, ¿por qué me abandonó cuando más lo necesitaba? Realmente me he quedado solo”. Yo también me he preguntado eso antes. Y no, esa persona que no va a abandonarnos jamás, porque no puede, somos nosotros mismos. Muchas personas le temen a la soledad, básicamente, porque se temen a sí mismos; ya que no se conocen. Y como no se conocen, no pueden quererse a sí mismos, así que ¿cómo pretender que los demás nos quieran entonces, si ni nosotros mismos lo hacemos? Si vamos a estar solos, por supuesto, lo mejor que podemos hacer es sacarle provecho a ese tiempo y hacernos amigos de esa persona que habita en nuestro cuerpo.

“Mirando hacia atrás a través de los años, evaluando todo lo que me pasó, recuerdo que lloré cuando mi padre murió, y yo nunca quise ocultar mis lágrimas. Y a sus sesenta y cinco años, mi madre –que Dios la tenga en la gloria- no podía entender por qué le habían arrebatado al único hombre que ella había amado, condenándola a empezar de nuevo con el corazón hecho pedazos. Y más allá de mis palabras de consuelo, no volvimos a hablar del tema. Y el día que ella falleció, lloré y lloré todo el día… Solo otra vez, por supuesto”. Todo un rosario de lamentaciones. Es una letra terriblemente triste, que me ha dejado siempre una sensación de angustia, pero luego me doy cuenta de que son situaciones que, más o menos trágicamente, todos hemos atravesado. Y no todos terminamos tirándonos de una torre. Sólo es cuestión de aprender a estar solos otra vez, naturalmente, para así poder estar bien acompañados en el futuro. ¡Feliz Deprimartes!

2 comentarios:

  1. Que canción...! Es interesante escuchar que mas alla de lo terrible de la letra, no hay "pesimismo" en sus acordes. Como si quisiera trasmitir un poquito de optimismo dentro de la desgracia. (Que refuerza la idea que mencionas... de que nos tenemos a nosotros mismos) Igual, me cagaste el dia otra vez.. jajajajaj!
    Iván Campos

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  2. Es cierto, la melodía es un tanto "campy" como para semejante drama, pero a lo mejor intenta transmitir una última gota de amarga alegría, o es tan solo la dignidad con que vive sus últimos momentos cualquier suicida que ya tiene sus planes bien aceitados. Supongo que al protagonista le ocurre lo mismo que a todos nosotros: cree no merecer todo lo que le ocurre. Pero, ¿es realmente tan así? ¿Con qué vara medimos las tragedias que nos envían los dioses?

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