sábado, 27 de mayo de 2017

Capítulo 170: “Somebody To Love”. Jefferson Airplane. (1967)


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Deprimartes aeronáutico:

Otra banda de San Francisco, y como dicta la norma, tenían que hacer Rock Psicodélico. Este tipo de Rock, además de su más que obvia inspiración y exacerbación por las drogas psicotrópicas –especialmente el LSD-, tenía su origen en el Folk, del cual guardó siempre el gusto por la poesía, sumándole la potencia que le podían infligir los instrumentos eléctricos… Y la imaginación viajando hacia sus límites gracias al ácido lisérgico. Aquí, la poderosa voz de la cantante Grace Slick le gritaba a la audiencia lo que, aproximadamente, cualquier manifiesto hippie hubiera expresado: “Cuando te des cuenta de que la verdad son sólo mentiras, y toda tu alegría interior se muera… ¿No querrás tener a alguien a quien amar? ¿No necesitarás tener a alguien a quien amar? ¿No amarías tener a alguien a quien amar? Lo mejor para ti sería que encuentres alguien a quien amar”. Eso fue todo lo que el Verano del Amor le dijo a la Humanidad: cuando te des cuenta de que todo lo que el mundo te está ofreciendo son sólo mentiras, busca a alguien con quien compartir el amor verdadero.

“Cuando las flores de tu jardín, nena, ya se hayan muerto, sí; y cuando toda tu mente esté llena de color rojo…”. De eso nos habla este himno de la Contracultura: de despertar, de darse cuenta de que lo establecido no son más que flores muertas, las relaciones son fingidas, el amor trascendental poco y nada tienen que ver con el sexo, que empieza ya a abandonar su pedestal de tabú para pasar a ser moneda corriente entre los Hijos de las flores. La verdadera revolución ya se ha gestado, la guerra ya se ha librado y se ha ganado; porque se peleó en lo profundo de la mente. Somos libres porque rompemos con todo lo anterior, ya no hay un Orden Divino que se nos aplique, ni un sentido común impuesto por la sociedad que pueda detener el desplegar de las alas de la imaginación. Por supuesto, siempre habrá quien no entienda el mensaje: “Tus ojos, yo digo que tus ojos puede que se vean como los de él; sí, pero en tu cabeza me temo que ni siquiera sabes de qué te estoy hablando”.


Tal como el éxito de esa obra maestra que fue su disco Surrealistic Pillow (Almohada Surrealista), al sueño del Aeroplano de Jefferson le llegó la hora de aterrizar y de volver a la vigilia. De a poco, su vuelta hacia un Hard Rock más orientado hacia la improvisación ya no les quedaría tan bien, y los ránkings dejarían de sonreírles: “Las lagrimas caen una y otra vez sobre tu pecho, y aún hasta tus mejores amigos te tratan como si fueras un invitado de segunda categoría”. De todas maneras, y más allá de haberse reinventado un par de veces con otros nombres (Jefferson Starship, y luego sólo Starship), nunca nadie les quitará su lugar como próceres de la época psicodélica. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 23 de mayo de 2017

Capítulo 169: “What Are You Doing With A Fool Like Me?”. Joe Cocker. (1990)

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Deprimartes tonto:

“A veces te miro mientras duermes y no puedo creer que estés aquí conmigo. Tengo que pellizcarme para asegurarme de que no estoy soñando. Oh, algo tan bueno… ¿Cómo puede estar pasándome a mí?”. La voz quejumbrosa que se pregunta estas cosas no es la de un negro, aunque suene así. Estamos frente al enorme Joe Cocker, dueño de una voz oscurísima bajo su piel caucásica; una de las mejores y más reconocibles que nos ha dejado el Rock. Un talento que supo brillar en el mítico Festival de Woodstock, y que si bien en lo años ’70 atravesó sus años oscuros, con adicciones de todos los colores, revivió casi mágicamente en los años ’80; donde incluso hasta se dio el gusto de ganar un Oscar. Pero eso no lo hizo perder la humildad, y como muestra, que baste este simple botón: el gran Joe, al final de este videoclip, se toca suavemente la garganta; como agradeciéndole a ese don casi divino todo lo que le dio a lo largo de su extensa y exitosa vida.

“Nunca fui de esa clase de personas que tienen suerte, pero mi vida cambió cuando entraste por esa puerta. Ahora me siento más afortunado de lo que alguna vez soñé ser”. Es casi la historia de mi vida lo que se relata en esta canción. Desde muy niño he padecido de una sensación de carencia absoluta de suerte. Por alguna extraña razón, siempre supe que las cosas me saldrían mal, aún antes de intentarlas. Y más allá de que por lo general el fracaso era la frutilla de mi postre, esta mentalidad tan nociva siempre me hizo perder el disfrute por aquellas cosas que sí lograba conseguir. Había en mí una última desconfianza, una idea de que aquello que lograra no me era merecido, por más esfuerzo que le hubiera dedicado. Aquél éxito tenía que tener algo malo, sólo que no lograba darme cuenta: “¿Qué estás haciendo con un tonto como yo? Podrías haber encontrado a alguien mejor, alguien que fuera mejor que yo. Pudiste haber encontrado a cualquier persona, tan sólo no puedo entender qué estás haciendo con un tonto como yo”.


Y así de difícil se me hicieron las cosas en el amor. Tanto me ha costado aceptar que soy capaz de merecerme ciertas cosas buenas, que en más de una ocasión me comporté como para no ser merecedor de lo que me estaba pasando. Pero sólo era un tonto lleno de miedo, sin saber qué era lo que tenía que hacer: “Sé que estar conmigo no es fácil. Parece que nunca sé decir las cosas que se supone que diga; es como si nunca estuviera ahí cuando me necesitas, nena. A veces tú me miras y yo tan sólo atino a darme la vuelta. Soy sólo un soñador con la cabeza en las nubes, tú deberías alejarte de mí, pero aún así decides quedarte. Te he dado sólo lluvia y tú te las arreglas para ver el arcoiris”. Pero algo de bueno debía de tener. Porque la vida me obsequió el amor de una niña joven y llena de vida, que nos empuja hacia adelante a mí y a mi pesimismo, tratando de hacerme comprender que vivir la vida de esta manera muy posiblemente valga la pena. No tiene sentido seguirse preguntando por qué insiste en querer hacerme feliz: “Te quedas a mi lado en las buenas y en las malas. ¿Por qué? Nunca lo sabré”. Gracias por todo a ella... ¡Y feliz Deprimartes!

martes, 16 de mayo de 2017

Capítulo 168: “Mountain Of Love”. Johnny Rivers. (1964)

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Deprimartes montañés:

“Parado en la cima de una montaña, mirando hacia la ciudad que está abajo, siento la misma tristeza que siente un perro perdido. Las lágrimas caen por la ladera de la montaña. Tantas veces estuve aquí, tantas veces he llorado. Porque solíamos ser felices cuando estábamos enamorados, sentíamos que estábamos en lo alto de una montaña de amor”. Se me escapa una lágrima al escuchar este tema. Y es que yo crecí escuchando este tipo de canciones. Mis padres han sido toda la vida fanáticos enfermos de la música de Creedence Clearwater Revival y de Johnny Rivers. Les es imposible aún hoy, ya bien entrados en años, escuchar un tema como éste y no saltar de la silla y ponerse a bailar Rock & Roll de la manera clásica, esa forma de bailar que se aprendía agarrando el picaporte de una puerta. Tan conectados estuvieron siempre con esta música entre campirana y enérgica, que llegaron al segundo puesto de un concurso de baile de Rock… ¡Con mi madre embarazada de ocho meses, a punto de dar a luz a mi hermano! Y así fue que mi infancia estuvo siempre adornada por temas como “The Seventh Son”, “Memphis Tennessee”, “Secret Agent Man”, “John Lee Hooker ‘74”, “The Midnight Special”, o el que aquí les traigo: “Noche tras noche me quedo aquí arriba, parado en soledad; y mi corazón llora hasta que llega el frío y gris amanecer. Me la paso rezando para que te sientas sola y vengas aquí tú también, con la esperanza de que por casualidad pueda conseguir verte aunque sea por un instante. Trato con todas mis fuerzas de encontrarte por algún sitio aquí arriba, en esta montaña de amor”.

Este guitarrista y cantante sureño -en quien obviamente está basado el personaje que Val Kilmer interpreta en la comiquísima película “Top Secret”- nació llamándose John Ramistella, y recibió su nombre artístico de “Johnny Rivers” de parte de nada más ni nada menos que de Alan Freed, el mismo disc jockey a quien se le atribuye la invención del término “Rock And Roll”; y con este seudónimo que evocaba la fuerza del río Mississippi, tomó por sorpresa los charts americanos con apenas 22 años, gracias a una serie de exitosísimos singles: “Una montaña de amor, una montaña de amor. Deberías sentirte avergonzada. Nosotros solíamos ser como una montaña de amor, pero tú preferiste cambiarte de nombre”. Desde la década del ’80 en adelante, lo más notorio de su carrera ha sido el poner de moda la barba tipo “mosca”, que usó en casi todas sus presentaciones.

A pesar del tono festivo y despreocupado de la melodía, y de lo simple de la letra, es obvio que el protagonista de esta canción lidia con emociones muy hondas. Va a dejar secar su corazón destrozado en la cima de una montaña, como para emular el sentimiento que lo acompañaba mientras estaba en pareja, arriba de una montaña de amor y mirando al mundo a sus pies. Ese mismo tono despreocupado nos deja flotando en el aire una sensación de que en el futuro todo esto también quedará en el olvido: “Camino abajo vive medio millón de personas, y en algún lugar hay una iglesia con un alto campanario. Dentro de la iglesia hay un altar lleno de flores. Están sonando las campanas de casamiento, y deberían sonar por nosotros. Por eso es que estoy tan solo, mis sueños se fueron barranca abajo, desde lo alto de esta montaña de amor”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 9 de mayo de 2017

Capítulo 167: “Common People”. Pulp. (1995)

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Deprimartes común:

Ya he tenido oportunidad de hablar del Britpop -al que considero el último movimiento genuino que tuvo el Rock & Roll antes de entrar en el estado catatónico en el que cayó con el advenimiento del nuevo siglo- y de sus más significativos representantes: Blur y Oasis. Pero había un pequeño batallón de otras bandas que formaban parte de ese movimiento, que había nacido como una respuesta europea al compacto Grunge americano. Los grupos que componían el Britpop no compartían un sonido específico que los identificara, por lo tanto el movimiento fue mucho más amplio desde lo musical, y así fue como a mitad de los años ’90 los charts comenzaron a poblarse con nombres como los de Suede, The Verve, Supergrass, Elastica, Radiohead… Y Pulp, la banda liderada por el carismático cantante y compositor Jarvis Cocker, que aquí nos cuenta una anécdota de sus años de escuela; cuando conoció a una chica extranjera que estudiaba con él: “Ella llegó de Grecia, tenía sed por el conocimiento. Estudió escultura en el Colegio Saint Martin’s, y allí fue donde atraje su atención. Me contó que su padre era rico, y yo dije: ‘En ese caso pediré Ron con Coca-Cola’ y ella dijo: ‘Está bien’. Y luego de un lapso de treinta segundos ella dijo: ‘Quiero vivir como una persona común, quiero hacer las cosas que una persona común haría. Quiero dormir con gente común, quiero dormir con alguien común y corriente como tú’. Bueno, ¿qué se supone que debía hacer? Y le dije: ‘Oh… Déjame ver qué puedo hacer’”. Sadie Frost, la actriz que personificó a Lucy Westenra y que volvió loco al vampiro en el Drácula de Francis Ford Coppola, aquí le presta su cuerpo a esta supuesta estudiante de intercambio griega, hija consentida de un padre con plata; y objeto del deseo del cantante, a quien en realidad le explica que lo que está buscando es descender de nivel y rebajarse a ser como toda esa gente ordinaria y gris que se mueven por las aceras con actitud cabizbaja mientras ella los ve como parte del paisaje desde la seguridad del asiento trasero de su limusina.

El videoclip está plagado de esa gente común, quienes aparecen en el fondo repitiendo movimientos rutinarios en ciclos que duran aproximadamente un segundo. Esto no sólo funciona como un adecuado homenaje al fragmento de la película “Yellow Submarine” en que se escucha el glorioso tema “Eleanor Rigby”, sino que grafica a la perfección ese devenir diario que sufrimos aquellos simples mortales, a quienes la cotidianeidad se nos transforma en rutina y nos vuelve prisioneros de las pocas seguridades que logramos hacer costumbre por simple repetición. Es un concepto que unos años después también R.E.M. plasmaría con éxito en el videoclip de su canción “Imitation Of Life”: “La llevé a un supermercado, no sé por qué pero tenía que empezar por llevarla a algún lado. Y la llevé allí. Le dije: ‘Finge que no tienes dinero’, ella se rió y me dijo: ‘Oh, eres tan gracioso’. Y le dije: ‘¿Sí? Porque no veo que nadie más se esté riendo por aquí. ¿Estás segura de que quieres vivir como una persona común? Quieres ver lo que la gente común ve, quieres dormir con gente común, quieres dormir con una persona común como yo’. Pero ella no me entendió, tan sólo sonrió y me tomó la mano”. Lo primero que hace nuestro antihéroe afortunado con esta delicia de mujer, que se le ofrece como si fuera una muestra gratis o un producto en promoción, es llevarla a un supermercado. Seguramente la llevaría para mostrarle algo tan cotidiano, tan absoluta y totalmente normal para el resto de los mortales, que es probable que una semidiosa del mundo de la gente millonaria apenas lo conozca por rumores. Gente como ella ni siquiera sabe de dónde sale la comida que come: “Alquila un departamento arriba de una tienda. Córtate el pelo y consigue un trabajo. Fuma unos cigarros y juega un poco al pool. Finge que nunca fuiste al colegio, y aún así no lograrás entenderlo. Porque cuando te tires en tu cama por la noche, mirando a las cucarachas que trepan por la pared, sabes que puedes llamar a tu Papito para que detenga toda esa locura”. Y no olvidemos que en caso de que ocurra una catástrofe, siempre está la opción de llamar a Papito. No hay caso, esta clase de gente se cree otra clase de gente. Y de hecho, lo es. No por nada quien está metido en el carrito de las compras es el cantante, uno más de las personas comunes. La gente adinerada puede darse el gusto de tratar a los pobres como si fueran un bien de consumo. Y, reconozcámoslo, los pobres dejamos que lo hagan gustosamente.

El video parece esforzarse en demostrarnos que no es fácil ser pobre. Es algo ingrato y plagado de sinsabores; y en última instancia las pocas alegrías que este tipo de vida nos depara son cosas increíblemente estúpidas: “Nunca vivirás como la gente común. Nunca harás las cosas que la gente común hace. Nunca fracasarás como la gente común. Nunca verás cómo tu vida se desperdicia mientras bailas y bebes y tienes sexo solamente porque no hay nada más que sepas hacer”. Tal vez por lo único que se haya escuchado el nombre de Jarvis Cocker en estas pampas haya sido por el incidente de los Britawards del ’96. Y esa noche ocurrió que mientras Michael Jackson se presentaba cantando su canción “Earth Song” junto a un coro de niños, el Señor Cocker no pudo soportar el mal gusto con que la vida se lucía al poner en escena a un artista con un par de juicios con cargos de pedofilia cantando como una figura mesiánica frente a un grupo de chiquillos, y entonces irrumpió en el escenario en plena canción, hizo un par de monigotadas, y blandió su trasero frente a toda la audiencia. La broma le valió una noche de arresto y el despegue definitivo de la popularidad de su banda. Porque algo nos dejaba en claro ese incidente: siempre habría alguien pensante como este caballero, capaz de conservar una pizca de sentido común frente a la realidad, como para entender que todo carece del más mínimo significado: “Canta junto a la gente común, canta y tal vez logres amoldarte a ellos. Ríete junto a la gente común, ríete aunque sepas que sólo se están riendo de ti, y de las cosas estúpidas que haces sólo porque crees que ser pobre está bien”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 2 de mayo de 2017

Capítulo 166: “Rock Lobster”. The B-52’s. (1979)

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Deprimartes crustáceo:

“¡A rockear!”: grita en un momento de esta canción el vocalista Fred Schneider. Y a eso se han dedicado siempre. A lo largo de los años, ha sido imposible tomarse a los B-52’s en serio. Y es que ellos mismos han hecho de su carrera una enorme broma, un proyecto musical con la liviandad de una estudiantina que se ha descontrolado más de la cuenta. Eso no quita que se pueda intentar analizar lo más seriamente posible todo lo que hicieron para entrar en la historia grande del Rock. Pero nuevamente, ponernos serios con ellos es un tanto costoso; especialmente considerando letras como ésta: “Estábamos en una fiesta, y su lóbulo se cayó en un abismo. Alguien fue y lo agarró. ¡Era una langosta rockera!”.

La intención de esta festiva banda de Georgia nunca parece haber sido otra que la de divertir, poner a la gente a bailar, pero lo interesante del caso es que para hacerlo han intentado replicar el ritmo del Twist; y su sonido abreva mucho en el primer Surf Rock -la guitarra de esta canción nos recuerda demasiado al sonido de Dick Dale-, y ese órgano Hammond intenta transportarnos a la rastra a mediados de la década del ’60. Es la onda retro que traía apareada consigo esta “Nueva Onda”, la New Wave que se había hartado de la Música Disco a finales de la década del ’70: “Estábamos en una fiesta, todos tenían toallas haciendo juego. Alguien fue debajo de un muelle, y allí vio una roca. Pero no era una roca… ¡Era una langosta rockera! ¡Langosta rockera!”. A la hora de cantar, el estilo conversacional en que solían acomodarse tanto Schneider como las dos vocalistas, Kate Pierson y Cindy Wilson, no sólo le daba dinamismo a las letras, imprimiéndole una aire de diálogo a todo lo que se cantara; sino que ha sido el sello mismo de esta banda. Tanto ha sido así, que aún los fragmentos más dramáticos de la letra suenan increíblemente divertidos: “Movimiento en el océano, la manguera de su traje de buzo se rompió. Un montón de problemas, un montón de burbujas. Él estaba atascado… ¡En una almeja gigante!”. 

La demencia de esta banda era tan grande que sus integrantes hasta llegaban a fingir un desmayo en escena cuando gritaban: “¡Langosta rockera! ¡Todos abajo!”. De todas maneras, toda fiesta esconde alguna tragedia. Y los B-52’s no son la excepción. Luego de actuar ante su mayor multitud, nada menos que en Rock In Rio, el guitarrista Ricky Wilson -hermano mayor de Cindy- contrajo SIDA; y no tuvo mejor idea que no decírselo a nadie. Murió de forma inesperada, mientras la banda grababa su cuarto álbum, dejándolos a todos devastados y sin ganas de continuar. Por fortuna, el baterista Keith Strickland pasó a cubrir su lugar como guitarrista, y continuaron para sacar un enorme disco como “Cosmic Thing” en 1989, del cual salen sus híper conocidos temas “Love Shack”, “Channel Z”, y “Roam”. La fiesta tenía que seguir: “Chicos en bikini, chicas en tablas de surf. Todos están rockeando, todos se están retorciendo alrededor del fuego. Divirtiéndose, cociendo patatas, cocinándolas con el sol”.


“Ponte tu protector de nariz, ponte el salvavidas; y alcánzame el bronceador”. Esta invitación a pasar un día en la playa termina por convertirse en una lírica demencial, que no pretende más que plasmar una tras otra imagen surrealista donde un supuesto fondo del mar se mueve al ritmo de un caos alucinógeno: “Aquí viene una raya, allí va una mantarraya; acaba de llegar una medusa. Allí va un pez perro, perseguido por un pez gato. Entró volando un pez gorrión. ¡Cuidado con esa piraña! Allí va el narval… ¡Y aquí viene la ballena en bikini!”. Las voces femeninas que dan vida a los imposibles animales marinos de esta canción están inspiradas –según la misma banda reconoció- en los gritos supuestamente artísticos de Yoko Ono, y curiosamente cuando este tema se editó fue escuchado por John Lennon, quien reconoció la influencia de su esposa y encontró en la canción la inspiración que necesitaba para volver a un estudio de grabación luego de cinco años de inactividad. ¡Feliz Deprimartes!