martes, 23 de mayo de 2017

Capítulo 169: “What Are You Doing With A Fool Like Me?”. Joe Cocker. (1990)

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Deprimartes tonto:

“A veces te miro mientras duermes y no puedo creer que estés aquí conmigo. Tengo que pellizcarme para asegurarme de que no estoy soñando. Oh, algo tan bueno… ¿Cómo puede estar pasándome a mí?”. La voz quejumbrosa que se pregunta estas cosas no es la de un negro, aunque suene así. Estamos frente al enorme Joe Cocker, dueño de una voz oscurísima bajo su piel caucásica; una de las mejores y más reconocibles que nos ha dejado el Rock. Un talento que supo brillar en el mítico Festival de Woodstock, y que si bien en lo años ’70 atravesó sus años oscuros, con adicciones de todos los colores, revivió casi mágicamente en los años ’80; donde incluso hasta se dio el gusto de ganar un Oscar. Pero eso no lo hizo perder la humildad, y como muestra, que baste este simple botón: el gran Joe, al final de este videoclip, se toca suavemente la garganta; como agradeciéndole a ese don casi divino todo lo que le dio a lo largo de su extensa y exitosa vida.

“Nunca fui de esa clase de personas que tienen suerte, pero mi vida cambió cuando entraste por esa puerta. Ahora me siento más afortunado de lo que alguna vez soñé ser”. Es casi la historia de mi vida lo que se relata en esta canción. Desde muy niño he padecido de una sensación de carencia absoluta de suerte. Por alguna extraña razón, siempre supe que las cosas me saldrían mal, aún antes de intentarlas. Y más allá de que por lo general el fracaso era la frutilla de mi postre, esta mentalidad tan nociva siempre me hizo perder el disfrute por aquellas cosas que sí lograba conseguir. Había en mí una última desconfianza, una idea de que aquello que lograra no me era merecido, por más esfuerzo que le hubiera dedicado. Aquél éxito tenía que tener algo malo, sólo que no lograba darme cuenta: “¿Qué estás haciendo con un tonto como yo? Podrías haber encontrado a alguien mejor, alguien que fuera mejor que yo. Pudiste haber encontrado a cualquier persona, tan sólo no puedo entender qué estás haciendo con un tonto como yo”.


Y así de difícil se me hicieron las cosas en el amor. Tanto me ha costado aceptar que soy capaz de merecerme ciertas cosas buenas, que en más de una ocasión me comporté como para no ser merecedor de lo que me estaba pasando. Pero sólo era un tonto lleno de miedo, sin saber qué era lo que tenía que hacer: “Sé que estar conmigo no es fácil. Parece que nunca sé decir las cosas que se supone que diga; es como si nunca estuviera ahí cuando me necesitas, nena. A veces tú me miras y yo tan sólo atino a darme la vuelta. Soy sólo un soñador con la cabeza en las nubes, tú deberías alejarte de mí, pero aún así decides quedarte. Te he dado sólo lluvia y tú te las arreglas para ver el arcoiris”. Pero algo de bueno debía de tener. Porque la vida me obsequió el amor de una niña joven y llena de vida, que nos empuja hacia adelante a mí y a mi pesimismo, tratando de hacerme comprender que vivir la vida de esta manera muy posiblemente valga la pena. No tiene sentido seguirse preguntando por qué insiste en querer hacerme feliz: “Te quedas a mi lado en las buenas y en las malas. ¿Por qué? Nunca lo sabré”. Gracias por todo a ella... ¡Y feliz Deprimartes!

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