Deprimartes descreído:
Durante casi treinta segundos,
volvemos atrás en el tiempo mientras rápidamente recorremos la historia de toda
una vida a través de sus fotos, hasta la más tierna infancia. Mientras tanto, la
voz de un estadio llora la noticia de una muerte. La muerte de esa vida
recorrida. La muerte de un prócer. Un prócer que, según su asesino, era el
único que sabía adónde se iban los patos del Central Park en invierno, y por
eso debía matarlo.
Este tristísimo acontecimiento
hizo que todo el mundo se volcara espontáneamente a las calles, lágrima en
mano, para preguntar a garganta viva: “¿Dónde está Dios? ¿Por qué permite que
pase esto?”… El mismo Dios al que mucho tiempo antes le había cantado ese ícono
llamado John Lennon, pero con otro marco, replanteándose absolutamente todo y enfrentando
un período muy agrio de su vida: “Dios es un
concepto a través del cual medimos nuestro dolor. Lo diré una vez más: Dios es
un concepto a través del cual medimos nuestro dolor”. Un concepto muy
válido, por cierto...
Por ese entonces recién se habían
terminado los Beatles, y la maravillosa década del '60, y la era Hippie, y el
Verano del amor. Sólo quedaba dejarse crecer el pelo y no creer en nada más: “No creo en la magia, no creo en el I Ching, no creo en la Biblia, no creo en el tarot, no creo en Hitler, no creo en Jesús, no creo en Kennedy, no creo en Buda, no creo en los mantras, no creo en el Bhagavad-Gitá, no creo en el yoga, no creo en los reyes, no creo en Elvis, no creo en Bob Dylan. No creo en los Beatles. Sólo creo en mí... En Yoko y en mí… Y esa es la realidad". ¿Y saben por qué no cree? Porque ya creyó antes. Y
sólo encontró decepción. Por supuesto que no cree en cuestiones tan banales
como la magia o el tarot, pero en el mismo escalafón pone a emblemas
espirituales y religiosos como el I Ching, la Biblia, Jesús, el Buda, los
mantras, el Bhagavad-Gitá, y el yoga; buenas intenciones que, en definitiva, sólo
terminaron por convertirse en dogmas. Simple escolástica destinada a bajarle
línea a las masas para mantenerlas sumisas. Instrumentos utilizados para
decirle a la gente que sólo se dediquen a poner la otra mejilla, mientras el
poder de turno abusa de ellos; ya que en una supuesta otra vida obtendrán la
recompensa… Viéndolo así, sí que es difícil creer en estas cosas.
Tampoco cree en los extremos de
la maldad personificada o de la supuesta bondad maquillada, como Hitler y
Kennedy; ni siquiera en la mediación que las monarquías aún podrían suponer
entre las voluntades políticas y el pueblo. O sea, ni siquiera cree en la
sociedad en la que está inmerso. Y por otro lado: Elvis, Dylan, los Beatles...
Aquí nos dice que no cree en sus ídolos, ni en sus influencias, ni en sus
compañeros de ruta. No cree en nada, salvo en sí mismo. A mí me pasa parecido a lo que le
pasaba a John. Yo también creo en mí, pero lo mío es peor; porque yo ni
siquiera creo en Yoko: “El sueño se terminó, ¿qué
puedo decir? El sueño se terminó. Ayer fui el que armaba sueños, pero hoy
renací. Yo fui la Morsa, pero ahora sólo soy John. Así que, queridos amigos, a
ustedes sólo les queda seguir adelante. Porque el sueño se terminó”. Yo
también fui la Morsa, querido John; yo también fui un personaje en un sueño.
Pero mi sueño también se terminó, y sólo me quedó despertar y enfrentar la
realidad. Hoy te agradezco que, con esta canción, me hayas ayudado a entender mejor ese período de amargura tan profunda que significa el encontrarte que todo
aquello en lo que creés, tal vez no valga la pena. ¡Feliz Deprimartes!