martes, 19 de mayo de 2015

Capítulo 119: “My Favourite Game”. The Cardigans.




Deprimartes macabro:

Si hay un país cuya lengua oficial no es el inglés, y que ha contribuido enormemente con la música rock, ese país es Suecia. Además de ser una verdadera meca para las bandas metaleras, le ha aportado al Rock nombres como ABBA, Roxette, Europe, The Hives, Ace Of Base… Y The Cardigans, una banda que ha boyado entre el rock alternativo y un pop bien meloso; que le hizo frente a la ruta con la cara angelical de Nina Persson –si alguien conoce a una sueca fea, avíseme que voy y le saco una foto-: “No sé qué es lo que estés buscando, pero es seguro que aún no lo has encontrado. Me despedazaste y arrojaste mis pedazos por ahí, para que el tiempo me convirtiera en polvo”.

Un buen tema con todos los componentes de un hit rockero, con su atractivo riff de guitarra y un ritmo trepidante. Pero la verdadera diferencia aquí la hace su espectacular y censuradísimo video. En él, un alma resuelta a hacer del sinsentido el sentido mismo de su vida, poniéndole punto final de una forma espectacular. Y así la vemos a ella, decidida a brillar como una supernova, mientras termina su existencia. Debe ser hermoso saber que en el último minuto de tu vida ya no hay consecuencias… Tan liberador. Y ella arrasa con todo. Nada importa más que dibujarse una postrera sonrisa de felicidad. “Este no es un caso de lujuria, no es un asunto de tú contra mi. Me gusta la forma en que me quieres para ti, pero al final me termino quedando en soledad”. Aunque en el final la vida se toma revancha y le juega una última broma mortuoria…

Por supuesto, como suele ocurrir con los videoclips, la letra va por otro lado: “Sólo yo sé todo el esfuerzo que he hecho para convertirte en otra versión de ti, y así poder amarte más. Realmente pensé que podría lograr cambiarte, pero mi experimento no nos llevó a ninguna parte”. ¿Quién entiende a las mujeres? Absolutamente nadie, ni ellas mismas logran comprender lo que sienten y piensan. Porque se enamoran de un hombre, e inmediatamente pretenden cambiarlo; moldearlo a su antojo. Tengo la teoría de que una mujer nunca se enamora del hombre que tiene en frente suyo, sino del hombre en que ella piensa convertirlo en el futuro; más allá de si a ese hombre le interesa cambiar o no. Nunca voy a entender por qué no nos aceptan tal cual somos: “Tuve la visión de que yo podría enderezarte, una estúpida misión que se terminó convirtiendo en una pelea mortal. Debí haberme dado cuenta cuando mi esperanza en ti era algo nuevo; ahora mi corazón es de color negro y mi cuerpo ya se ha tornado morado”. Sin dudas hay un componente mesiánico en esta postura. Una mujer da por sentado que ese hombre necesita ser salvado, y nada menos que por alguien que siempre sabe lo que hace: Ella. En fin, es la historia de cada pareja... Y así es como suelen terminar: “Y estoy perdiendo en mi juego favorito. Tú estás perdiendo la cabeza otra vez. Estoy perdiendo en mi juego favorito, lo he intentado, pero tú no cambias. Te estoy perdiendo, y tú pierdes a quien puede salvarte”. Bueno, no andemos por ahí intentando salvar a quien no lo necesita. ¡Feliz Deprimartes!

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