martes, 2 de junio de 2015

Capítulo 121: “Sun Street”. Katrina & The Waves.





Deprimartes borrachín:



Por una de esas casualidades del destino, yo soy abstemio. Sé que nunca tomaré alcohol, básicamente por la mejor de las razones: me resultan desagradables tanto su olor como su sabor. Para mí, beber alcohol tiene la misma validez lógica que beber kerosene. El alcohol es para las heridas. Y salgo indemne de reuniones en las cuales veo pulular todo tipo de tragos y de bebidas supuestamente artesanales. Siempre soy el candidato ideal para ser conductor designado. Por supuesto que la vida de un bebedor es totalmente distinta:  “Me levanta el ánimo, y luego me vuelve a deprimir. Nunca sé cuándo mis problemas terminarán. Es en esta pequeña callecita, con su madriguera de pecados, donde me encuentro con mis compañeros de parranda”. Las bebidas alcohólicas acompañan a la humanidad desde sus más tiernos inicios. Siempre merodearon los momentos de ocio como una argamasa que mantiene unido a cualquier grupo social. Pareciera ser que si uno no se bebe una cerveza con amigos, pues no es un verdadero amigo. El gran problema está en cómo la publicidad siempre nos ha hecho creer que sin alcohol es imposible vivir. Y muchos llevan esta premisa hasta el extremo de perderlo todo por el alcohol.



“Todos vivimos en la Calle del Sol”, así nos cantan Katrina & The Waves; un grupo nacido en la New Wave y que tuvo en la década de los ’80 un mega éxito utilizado hasta el hartazgo en campañas publicitarias; su conocidísimo  “Walking On Sunshine”. Luego se fueron esfumando lentamente, no sin antes darse el lujo de ganar en 1997 el Festival de Eurovisión, el concurso musical más antiguo que aún se celebra. Este prestigioso certamen fue el que lanzó a la fama a ABBA, y en el cual llegaron a participar, entre otros, Céline Dion, Cliff Richard, Olivia Newton-John, y Bonnie Tyler.



En este logrado videoclip, se exploran también las diversas otras formas en que la vida pretende que aceptemos la realidad y convivamos con ella. Ya desde la escuela nos enseñan a obedecer –podemos ver a Katrina enseñándole a sus alumnos con esta leyenda: “Canten todos juntos, mocosos malcriados”- y a no rebelarnos. Nuestro escape viene en forma de bebida etílica, de reunión a la salida de la oficina, de “happy hour”, de cualquier encuentro que nos obligue a compartir un brebaje espirituoso. Ese es nuestro cable a tierra preparado por el propio sistema, una sociedad híper controlada por misteriosos hombres de negro. El alcohol es la breve diversión que nos permite continuar remando para la Reina del Nilo, mientras nuestra espalda aprende a amar el látigo que nos abre la piel: “Y todo está bien, cuando empiezo a sentir el mareo. Todo está bien, mi vaso nunca está vacío. Y se siente bien cuando todo está girando. Ahora realmente siento que estoy ganando el partido”.



Por supuesto que el alcohol no es el único vicio permitido. Casi cualquier cosa artificial que nos permita atravesar el día a día y que nos deje sumisos por la mañana, será bien vista. Al final del video, vemos que hasta el dinero mismo termina por ser un vicio: “Me pone muy triste, pero al final hace que siempre quiera volver. La vida es barata, y sonreír es gratis. Detrás de una ventana sucia, es difícil darse cuenta de que la Calle del Sol no es para mí”. Y bueno… La Calle del Sol definitivamente no es para mí. Prefiero caminar por la sombra. ¡Feliz Deprimartes!

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