Deprimartes psiquiátrico:
A través de los siglos, cataratas
de tinta se han vertido para hablar en todas las formas poéticas habidas y por
haber sobre la locura. A la hora de la verdad, es un fenómeno que está mucho
más cerca de la demonización que a simple vista se puede percibir en cualquier
institución neuropsiquiátrica; pero en las artes se empeñan en representarla
con una visión casi romántica, como un estado en el cual sólo es válido dejar
de lado la realidad y jugarse el todo por el todo a fin de lograr lo que
tiránicamente nos dictaminan nuestros sueños: “Lo recuerdo
bien, recuerdo muy bien el día en que perdí la cabeza. Había algo en ese lugar al
que fui a parar que hacía que todo se sintiera muy placentero. Podía sentir
cómo mis emociones hacían eco en ese espacio tan grande”. Sin embargo
aquí se describe en primera persona ese formateo total del cerebro, y en
principio parecería reinar una sensación de alivio al derribarse todas las
estructuras de nuestro pensamiento. Hay una evidente sensación de
grandilocuencia al estar ante el acto inabarcable de tener una nueva dirección para
que crezca el árbol de nuestra mentalidad, nuestro verdadero yo. La liberación
que seguramente significaría la ausencia total de reglas, y un fresco comienzo
desde cero: “Y cuando estuve allí, en medio de la
nada y sin tener el menor cuidado; sí, se puede decir que estaba totalmente ido.
Pero no llegué allí por no saber lo que tenía que saber, sino porque ya sabía
demasiado”.
“¿Y
eso me hace ser un loco? Dime, ¿eso me convierte en un loco? Bueno,
posiblemente…”. Hay un palpable sentimiento de superioridad frente al
resto del mundo. Ahora, nada nos ata; ya hemos visto detrás del telón, y sabemos
demasiado… Sabemos que todo es mentira... Tal vez sea por eso que dicen que tan
solo los niños y los locos dicen la verdad: “Y
espero que te la estés pasando en grande. Pero piénsalo dos veces, ese es el
único consejo que te daré. Oh, vamos, ¿quién te crees que eres? Ja ja ja, pobre
tonto; todavía piensas que tienes el control. Bueno, pues yo creo que estás
loco. Creo que estás tan loco como yo”.
El videoclip de esta canción está sobriamente
basado en el muy conocido test de Rorschach, que utiliza unas láminas con
dibujos realizados con unas gotas de tinta sobre una hoja de papel. Al doblarse
la hoja, las gotas van formando una mancha doble, en espejo, que remite formas
subjetivas. Este famoso test permite a un profesional apreciar ciertos rasgos
de la personalidad del individuo que mira las manchas, y a quien se le pide que
diga qué es lo que ve: “Mis héroes tenían el valor
de poner sus vidas en peligro, y lo único que recuerdo es que yo sólo quería
ser como ellos. Desde que era muy chico, todo eso se veía divertido, así que no
es una coincidencia que finalmente yo sea así. Y podré
morirme feliz cuando todo esto se acabe”. Y lo que siempre se ve es lo
que allí proyecta nuestro inconsciente… Interesante.
Cee-Lo Green es el nombre artístico de
Thomas DeCarlo, un cantante con una voz particularmente negra, grave y de un
timbre apenas rasposo; y que como todo buen afroamericano llega a las notas
agudas sólo como ellos saben hacerlo. Es un estupendo intérprete por peso
propio, aunque cada tanto se une a proyectos como éste. Con el nombre ficticio de
Gnarls Barkley, trabajó junto con el prestigioso productor musical Danger Mouse,
quien supo ser el responsable de álbumes de artistas tales como U2, Red Hot
Chili Peppers, Norah Jones, Beck, y Gorillaz. Como resultado tuvieron este
enorme hit del año 2006 –probablemente el año en el que el Rock agotó
definitivamente su fórmula-, que parece sacado de un disco del sello Motown: “Tal vez estoy loco, tal vez tú estás loco, tal vez todos
estamos locos… Probablemente…”. ¡Feliz y loco Deprimartes!