martes, 6 de octubre de 2015

Capítulo 139: “The Hardest Button To Button”. The White Stripes.





Deprimartes rojo:



“Empezamos viviendo en una vieja casa, mi mamá dio a luz y nosotros estábamos ahí mirando. Era un varoncito, así que le compramos un juguete. Era una pistola de rayos, y era 1981. Lo llamamos Bebé, y tenía un dolor de muelas que le hacía llorar como si fuera un terremoto. Eso no duró mucho, porque yo lo detuve. Agarré un muñeco de trapo y le metí unos alfileres adentro”. Si bien este es un relato imaginario, suena como el hogar en el que hubiera nacido un loco como éste, con una onda muy a lo Tim Burton, llamado Jack. Este muchacho tan particular se enamoró de una chica de nombre Meg White, y le robó su apellido. Luego le enseñó a su novia a tocar la batería, y armaron un dúo en el que se vestirían exclusivamente con los colores negro, rojo y blanco. Este chico estaba tan loco que durante años juró que su novia era su hermana, para que la gente le prestara más atención a su música que a su pareja… En fin, actitudes.



Y es que de esto se ha tratado siempre el Garage Rock. Músicos muy jóvenes, con talento aún en desarrollo, juntándose en cualquier espacio improvisado para darle rienda suelta a su furia con un instrumento. Plena actitud adolescente, que siempre nutrió al Rock de nueva sangre desde principios de los años ‘60s, y a través de los distintos resurgimientos que el rock de garage tuvo en las siguientes décadas: “Ahora ya somos una familia, y estamos bien. Ahora tenemos dinero, y un pequeño lugar donde pelearnos. No te conocemos, y no te debemos nada, pero si nos ves por ahí, tal vez yo tenga algo más para mostrarte”.



Debido a las influencias que tuvo, Jack siempre estuvo inclinado a buscar un sonido valvular. Era muy común en las grabaciones del dúo el uso y abuso de equipamientos de la década del ’70. Y eso le daba una impronta cruda y visceral a su música, la cual remataba con letras igualmente filosas: “Es fácil hablar sin saber cómo son las cosas. Y si crees que esto es sórdido, entonces dilo; pero sé sintético. Nosotros nos sentimos bien, pero parece que eres tú el que está mal. Es como si fueras ese pequeño botón de una camisa que siempre es el más difícil de abrochar”.



Es digno de mención lo logrado que está este videoclip, realizado con la centenaria técnica del stop-motion. Las réplicas de baterías y amplificadores se multiplican y se retrotraen, como si fueran un molusco hiperactivo, subrayando el clima extraño que tanto la música como la letra generan. Y hacia el final del video aparece otro loco vestido de blanco, y trayendo “una caja que tiene algo adentro”; es nada menos que Beck, de quien esta sección se encargará dentro de poco. Y bueno, así son los locos: Dios los cría… Y el viento los amontona: “Yo antes tenía una opinión formada, pero ya eso no importa. Sentía que mi cerebro era como una mezcla para hacer panqueques. Y ahora tengo un patio trasero casi vacío. Sólo hay un palo, un perro, y una caja que tiene algo adentro”. ¡Feliz Deprimartes a todos los locos del mundo!

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