martes, 12 de noviembre de 2013

Capítulo 57: “Sweet Dreams (Are Made Of This)”. Eurythmics. (1982)




Deprimartes yuppie:

En el dúo Eurythmics, la genialidad musical de Dave Stewart le daba un fondo perfecto a la mirada congelada de Annie Lennox. En este video, ella – más andrógina que nunca- nos clava sus gélidas pupilas y nos habla con la expresión superada de quien ya está más allá de todo; como si nos dijera: “Así que quieres saber cuál es el sentido de la vida… Bien… Te lo explicaré en cuanto termine de reírme”. Lo único que repite huidizamente, como un mantra oculto disponible para que lo escuche sólo quien deba oírlo, es: “Mantén la cabeza en alto, y sigue adelante”.

Para mi gusto, el mejor dúo de la década de los ’80 estuvo conformado por dos ex novios que supieron dejar de lado una trunca historia afectiva en pos de sumar sus talentos. Por un lado, una excelsa cantante y artista, cuya provocadora estampa pseudomasculina fue un ariete diseñado para perturbar la moralina de los sectores más mojigatos; y por el otro un virtuosísimo músico, director y productor musical, tan bueno en lo suyo que se lo ha visto colaborando con leyendas como Tom Petty, Aretha Franklin, Stevie Wonder, Mick Jagger y Ringo Starr, entre otros. Así que estos dos no podían ser menos que exitosos. Y vaya que lo fueron.


En este inoxidable hit intentan averiguar de qué están hechos los sueños. Meditando sobre el escritorio de una discográfica, logran trascender a un nirvana musical, tocando el violoncello en medio de una manada de vacas. “Viajé por todo el mundo, y atravesé los siete mares; sólo para encontrarme con que toda la gente está buscando algo”. Bien pareciera que este viaje no fuera más que un producto del hatha-yoga onírico que realizan en el video. Y uno podría quedarse pensando que el mensaje es que es imprescindible viajar con la imaginación para separarnos al menos un rato de esta realidad tan tecnificada. Pero, en realidad, la canción habla de otra cosa. Evidentemente, el tema son las fantasías sexuales: “Vi que algunos de ellos quieren usarte, y otros quieren que tú los uses; algunos quieren abusar de ti, y otros que tú abuses de ellos”. Simple como eso, esta letra tan sintética aborda sin dobleces el tema de cómo las relaciones de dominación encienden y hacen volar nuestra imaginación erótica: “De esto es de lo que están hechos los dulces sueños... ¿quién soy yo para cuestionarlo?”. Así es, ¿quién soy yo para cuestionarlo? ¡Feliz Deprimartes!

martes, 5 de noviembre de 2013

Capítulo 56: “Weight Of The World”. Ringo Starr. (1992)




Deprimartes aplastado:
No podía dejar afuera de mis martes depresivos al único beatle que faltaba. Con un poco de humor -cuándo no-, el gran Ringo Starr habla con sobrada experiencia sobre el arte de quitarse de encima una cruz, ya que aquí canta recién salido de sus problemas con el alcohol: “Tal vez no siempre estuve ahí para ayudarte. Tal vez lo intenté, pero resultó que también yo tenía mis propios problemas. Todo corazón está en la búsqueda de algo, pero a mí se me está acabando la juventud. Ya cargo con todas las cruces que puedo cargar, así que no me hagas llevar encima también todo el peso del mundo”.
Ringo, cual Billy Shears, se pone frente al micrófono y nos invita a disfrutar de un show en el cual podremos apreciar a distintos malabaristas, que no hacen mucho más que sostener el equilibrio mientras soportan cargas pesadas. Es un colorido video de una muy simpática canción, remarcada por los grandiosos arpegios de una guitarra eléctrica de 12 cuerdas; y donde uno adivina que todo está producido –otra vez- por el genial Jeff Lynne: “Al final, parece que todo se trata de decidir a quién vas a crucificar. Pero en realidad la cuestión es elegir entre decirle adiós a tu pasado o a tu futuro”.
¿Quién nos hace pensar que tenemos que soportar cosas sin necesidad? Probablemente estemos acostumbrados, gracias a algo que tiene sus raíces en nuestra más tierna infancia: “Tal vez tu papá nunca te abrazó como debía. Tal vez tu mamá sólo te abrazó tan bien como le salió. Toda alma guarda un secreto, guárdatelo o compartelo, pero el pasado se fue; así que dime por qué sigues cargando con todo ese peso”. Es obvio que una actitud sumisa y resignada tiene su origen en nuestros traumas de la niñez. Pero –y aquí está nuestra gran ventaja- al menos hoy podemos darnos cuenta. Porque uno jamás se preocuparía por solucionar un problema que no sabe que tiene: “Podríamos volar tan alto... Y sin embargo, seguimos llevando todo ese peso, el peso del mundo, aplastándonos, rompiéndonos la espalda, pesando como una roca. Antes de que sea demasiado tarde, hay que deshacerse de él, bajarlo de los hombros. Sé cuánto nos han usado, pero es hora de quitarse de encima todo eso”. ¡Cuánto nos han usado, querido Ringo!
Este pequeño hombrecito, que prácticamente inventó cómo tocar la batería en el rock, es un subestimado genio tras sus tambores, y un actor cómico muy capaz; que terminó por convertirse últimamente en una suerte de gurú de la actitud “peace & love” que pregona frente a quien se le plante: “Ese peso no nos deja avanzar, y ya se está haciendo tarde. Culpa al destino si quieres, lo que pasó, pasó; pero déjalo en el pasado, porque ya nos estamos poniendo viejos”. Pasados largamente sus setenta años, parece haber llegado de una manera más que digna al otoño de la vida, habiendo logrado mantener el equilibrio en la balanza de su propio destino. Ringo supo hacerse muy querido en el ambiente artístico a fuerza de su gracia y simpatía, y siendo alguien a quien jamás hay que tomar demasiado en serio. Tal vez, ese sea el secreto de la felicidad. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 29 de octubre de 2013

Capítulo 55: “Someplace Else”. George Harrison. (1987)




Deprimartes melómano:



“Entraste en mi vida, no sé cómo me encontraste, pero me detuviste justo cuando me encaminaba hacia otro lugar. Me tomó un tiempo decirte: ‘Desearía que seas mía’, y ahora estoy triste como nunca lo estuve, lamentando que nos hayamos separado. Tal vez por un rato, podrías reconfortarme, y quedarte abrazada a mí. Porque te necesito a mi lado, ahora que mi mundo está tan desordenado”. Hay dos cosas que extraño del querido George Harrison. Una era su forma glamorosa de demostrarle a todo y a todos que todo le importaba un rábano. Eso lo convirtió en un ser muy auténtico. Fue el beatle callado, el beatle místico, el beatle tapado; un verdadero caballo oscuro que aprendió a acallar la locura adolescente que rodeó el fenómeno de los Fab Four y logró escuchar su voz interior, la cual tenía un inconfundible acento hindú. Una vez encontrada la voz del alma, uno no tiene otra opción más que ser uno mismo. Y es que todo lo demás, simplemente ya no importa.


La otra cosa que extraño de él son sus solos de “slide”, esa técnica que consiste en tocar la guitarra utilizando un pequeño tubo metálico o de vidrio en un dedo y que hace que las cuerdas suenen de una forma tan melosa. Y el viejo George hacía que su guitarra llorara como un violín azucarado, como en este hermoso tema, en el cual trata de entender el sentimiento que nos queda cuando un amor se nos está muriendo: "Me gustaría que no tuvieras que irte, tal vez así me dejarías entender por qué eliges quedarte más triste que nunca, lamentando que nos hayamos alejado. Y así, por un rato, yo podría reconfortarte y tú te quedarías en mi mente. Te necesito a mi lado, ahora que mi mundo está tan triste y loco”.

George, como buen afecto al séptimo arte que era –llegó a tener su propia y exitosa productora cinematográfica-, participó con este tema en la banda sonora de la película “Shanghai Surprise”, con Madonna y Sean Penn, tema luego reversionado magistralmente para su exitosísimo álbum de 1988 “Cloud Nine” con la producción de su gran amigo y compañero de banda en The Travelling Wilburys, el genial Jeff Lynne, ex líder de la Electric Light Orchestra. En fin, demasiado talento junto… “Soledad, caras vacías, me gustaría poder dejar todo eso en algún otro lugar... Sí, creo que voy a dejarlos en algún otro lugar". Lo mismo voy a hacer yo, querido George. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 22 de octubre de 2013

Capítulo 54: “Redemption Song”. Bob Marley. (1980)



Deprimartes esclavizado:

“Los viejos piratas me tomaron y me vendieron a un barco mercante. Minutos después me sacaban de un oscuro pozo, pero mi mano ya se había hecho fuerte, gracias al Todopoderoso. Ahora somos una generación que avanza triunfante”. El silencio litúrgico que rodea esta melodía se quiebra sin oponer resistencia ante la solitaria garganta del genial Bob Marley, el primer artista del Tercer mundo en hacerse famoso dentro de la cultura Rock. Su canto se hace una lágrima que invita al sollozo compartido, en la esperanza de una libertad final: “¿No me ayudas a cantar esta canción de libertad? Porque es todo lo que me ha quedado... Esta canción de redención”.

Esta canción descarnada, llena tanto de dolor como de esperanza, nos cuenta la historia moderna de la raza negra, que aún espera y confía en que el Emperador etíope Haile Selassie sea ese hombre santo que los devuelva a su África prometida: “¿Por cuánto tiempo más matarán a nuestros profetas, mientras nos quedamos parados mirando? Algunos dirán que las cosas son así, que tenemos que cumplir lo que está escrito”.

El enorme Bob representó como ningún otro el paradigma del músico reggae, con los ideales de la religión rastafari, su uso sacramental del cannabis, sus dreadlocks que abrevan en la imagen del León de Judá, y su prédica de paz y amor. Una temprana muerte víctima del cáncer lo ha transformado en una suerte de mártir en su Jamaica natal, y por supuesto, en el resto del mundo. Su voz se ha quedado en la conciencia colectiva como la de un profeta que llama al despertar espiritual, a la liberación de una raza, al alejamiento del miedo: “Emancípense de la esclavitud mental, sólo nosotros mismos podemos liberar nuestro pensamiento. No le tengan miedo a cosas como la energía atómica, porque nada de eso es tan poderoso como para detener el tiempo”. No tengamos miedo y vivamos, porque el tiempo avanza implacable, y cuando llegue a su fin, tan sólo nuestra propia conciencia nos pedirá cuentas acerca de qué hemos hecho con el tiempo que se nos ha dado sobre esta tierra.


¡Feliz Deprimartes!... Y ya que estamos... ¿No me ayudás a cantar esta canción? Porque es todo lo que me ha quedado...

martes, 15 de octubre de 2013

Capítulo 53: “Come Up And See Mee (Make Me Smile)”. Steve Harley. (1975)




Deprimartes bipolar:
Ah, éste tema sí que les va a gustar. De nombre, difícilmente lo conozcan, pero en cuanto lo escuchen seguramente les traerá algún que otro recuerdo. Aquí Steve Harley canta con un acento propio de un argot enrevesado y suburbano del inglés conocido como el “cockney” –de hecho, su banda se llama Cockney Rebel- para hablarle a una chica que lo dejó… Pero la verdad es que escribió este tema como un reclamo a sus ex compañeros de banda, que según él, lo habían dejado en ídem justo antes de afrontar el éxito: “Lo hiciste, rompiste todos los códigos. Tiraste toda tu rebeldía al piso. Arruinaste el juego, no importa lo que digas. Y sólo por dinero, qué aburrido... Ay, ‘Ojos azules’, ¿cómo puedes decir tantas mentiras?”.
Harley es un reconocido tecnófobo, alguien que tiene una aversión pronunciada hacia todo lo que signifique avance tecnológico. Quizá así se entienda un poco más el valor que él le da a sus interrelaciones humanas, especialmente sus amistades. Y el profundo dolor que le causó el desmembramiento de su banda: “No queda nada, te llevaste todo aquello en lo que creía. ¿Cómo puedes ignorar la fe que yo te tenía? Porque yo sé lo que es la fe, y todo lo que vale. Ya vete. Y no me digas que tal vez podamos volver a intentarlo”.
Esa campera tan vistosa usada sobre el torso desnudo daba cuenta muy gráficamente de lo que era la actitud brillante y ególatra de las estrellas del Glam Rock, esa moda musical que resultaría ser la sala de espera de lo que un par de años después se transformaría en la estética general de la música Disco. Los rock stars pretendían estar a una altura distinta de los demás. Tal vez por eso un simple plantón les dolía tanto: “No hay nada más, te lo llevaste todo. A lo mejor sólo te estuviste entreteniendo conmigo. Esto es un juego que debemos jugar. Pero gane o pierda, me es difícil sonreír. Pero debo resistir. Es de uno mismo de quien hay que esconderse”. Después de despacharse con todo tipo de reclamos, nuestro cambiante muchacho revela sus verdaderas intenciones: “Ven a verme, y hazme sonreír. Haremos lo que quieras, nos volveremos locos otra vez”. En fin... ¿Quién no tuvo esta clase de sentimientos encontrados con alguien? ¡Feliz Deprimartes!