martes, 28 de febrero de 2017

Capítulo 157: “Don’t Worry Be Happy”. Bobby McFerrin. (1988)



Deprimartes feliz:

Voy a aventurarme un poco con esto que digo, pero no temo estar equivocado: si la música fuera una persona, esa persona sería Bobby McFerrin. Director de orquesta, cantante de jazz con un oído absoluto, y dueño de la garganta más privilegiada que haya visto la música moderna; es capaz de recorrer con completa facilidad un espectro de cuatro octavas –la voz de la gran mayoría de la gente raramente supera las dos octavas-, saltando de una punta a la otra de ese rango con una pericia pasmosa. Ha sido el primer artista en grabar todo un disco completo de música jazz en el cual no utilizó ningún instrumento más que aquellos sonidos que producía con su voz: “Aquí hay una pequeña canción que escribí, tal vez quieran aprenderla nota por nota: no te preocupes, sé feliz”.

Este genio increíble es el padre de esa disciplina que hoy conocemos como beat-box, en la cual un artista imita al mismo tiempo tanto la base rítmica como la melodía de una canción sólo con los sonidos que pueda realizar con su boca. Es un gusto verlo aún hoy recorriendo los escenarios del mundo para mezclar su arte con el de aquellos lugares que visita, dejando bien en claro al público que la música, al fin de cuentas, es una sola y no acepta divisiones. Pero, a no equivocarse: su mensaje no es que la música no tenga colores, sino que, cual arcoiris sonoro, los tiene todos. Sus presentaciones están impregnadas de una informalidad que contagia buen humor y optimismo. Y de eso, justamente, habla esta archiconocida canción: “En cada vida tenemos problemas, pero cuando te preocupas los sientes como si fueran el doble. Así que no te preocupes, sé feliz ahora”.  Este famosísimo tema musical fue el primer y único Nº1 de la historia en no incluir ni un sólo instrumento en toda la grabación. Aquí también todo lo que se escucha proviene de las asombrosas cuerdas vocales del señor McFerrin.

La frase que intitula esta pieza se le atribuye a Meher Baba, el gurú de la India que predicaba la felicidad a través de los actos, ya que a los treinta años decidió dejar de hablar: Fue tan fuerte la influencia de Meher Baba y de su optimismo en la cultura occidental, que el mismo Pete Townshend, líder de The Who, le escribió el tema “Baba O’Riley”, uno de los más grandes éxitos de su banda. Es imposible no verse atraído por un mensaje tan positivo. Y es que el optimismo no termina por ser otra cosa más que una defensa natural para afrontar la horripilante realidad que nos trae cada día: “¿No tienes un lugar en el cual recostar tu cabeza? ¿Alguien vino y se quedó con tu cama? ¡No te preocupes, sé feliz! El dueño de tu departamento dice que tu renta está atrasada, y que tal vez te haga un juicio… ¡Mírame a mí, yo soy feliz! Te daré mi número de teléfono, cuando estés preocupado llámame y te haré feliz”. Aunque suene a una mueca forzada, no es tan loco que frente a la monstruosa realidad uno sólo atine a esgrimir una sonrisa. Es una forma sutil de resignación, pero también es una búsqueda incansable de esperanza. El mismo Maestro Baba había nacido en una familia zoroastrista, los seguidores de las enseñanzas de Zaratustra, y no por nada se dice que Zaratustra fue el único que nació con una sonrisa en sus labios.

“No tienes dinero, no tienes estilo, no tienes una chica que te haga sonreir… ¡No te preocupes, sé feliz! Porque cuando te preocupas haces que tu cara se arrugue, y eso hará que todos a tu alrededor se pongan mal”: En el videoclip de este éxito vemos un optimismo tan pantagruélico que parece tener su origen en algún tipo de antidepresivo. Allí junto a Bobby McFerrin aparecen haciendo payasadas el artista circense y clown experto Bill Irwin –qué mejor metáfora que incluir un payaso en esta canción, que son el ejemplo perfecto de la alegría maquillada y artificial-, y por supuesto que se reconoce a primera vista al genial Robin Williams. Uno de los mayores comediantes que nos dejó la industria del entretenimiento, enorme ser humano, y excelente actor; su suicidio nos recuerda que los cómicos suelen ser los que más sufren detrás de sus enormes inseguridades y sus sonrisas impostadas: “No te preocupes, no; sólo sé feliz. Pon una sonrisa en tu cara, no hagas que todos a tu alrededor se pongan mal. No te preocupes, todo pasará, lo que sea que te ponga mal… Yo no estoy preocupado, yo soy feliz”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 21 de febrero de 2017

Capítulo 156: “I’m Not In Love”. 10cc. (1975)



Deprimartes suavizado:

El Soft Rock, también conocido como AOR (Adult Oriented Rock), o Rock orientado a los adultos, es la variante hacia la que comienza a girar el Rock & Roll a fines de los años ’60, cuando ya empieza a considerarse a la música popular como una expresión para ser escuchada y apreciada más que como una simple excusa para bailar. Este género estaba destinado a brillar durante los años ’70 en las radios FM de los autos de los ahora maduros padres de familia en que se habían convertido aquellos jóvenes hippies revolucionarios de la década anterior. Y llegó a ser la versión más elaborada y pulida de un Pop que ya en los ’80 resurgiría –sintetizadores mediante- con toda su fuerza comercial para arrebatarle el trono al Rock más pesado. En este marco de música suave aparecería 10cc, un grupo de multiinstrumentistas liderados por Eric Stewart; un artista e ingeniero de sonido tan talentoso que fue convocado nada menos que por Paul McCartney para colaborar en tres de sus discos.

En esta canción, Eric nos habla de un encuentro furtivo con una ex pareja, a quien pretende demostrarle su indiferencia; pero obviamente todas sus acciones parece que están diciendo lo contrario: “No estoy enamorado, así que no olvides que esta es sólo una tonta fase por la que estoy pasando. Y sólo porque te haya llamado no quiero que me malinterpretes, no creas que ya lo tienes claro. No estoy enamorado, no; no. Es sólo porque sí”. Se trata de no decir lo que se quiere decir, o de decir lo que no se está diciendo. La letra entera de la canción es una proyección del inconciente del protagonista, que se muere porque su amor vuelva, pero prefiere reaparecer en su vida de manera casual antes que hacer una declaración de sus sentimientos: “Me gustaría verte, pero con esto no quiero decir que signifiques mucho para mí. Por eso, si te llamo, no hagas un escándalo. No le cuentes a tus amigos sobre nosotros dos”.

Y aparece entonces este pequeño fragmento de la letra susurrado por una voz de mujer, en el cual radica la razón de tanto intríngulis: pertenezco a una generación a la cual le enseñaban que llorar era cosa de niños y de mujeres. Soy un representante más de una era en la cual ir al psicólogo a resolver nuestros problemas estaba mal visto, nos daba un aire de psicóticos irredentos. En mis tiempos, los hombres resolvíamos nuestros problemas en silencio, arreglándonos la cabeza nosotros mismos y de la manera en que pudiéramos. Esa única frase de la canción cantada por una voz femenina nos habla como en esa época lo hacían nuestras madres: “Quédate en silencio, los niños cuando crecen no lloran”.

Este tema, el más famoso de esta banda, es muy conocido por el particular uso de las voces de todos sus integrantes, las cuales fueron grabadas una y otra vez sosteniendo una nota. Con estas voces grabadas se crearon bucles de cinta magnétofónica que se repetían indefinidamente, y así fueron utilizadas como si fueran un muro de sonido; cada voz por separado ejecuta un tono con los cuales se van conformando los acordes de la canción. Es por eso que el coro suena tan etéreo. Eran evidentes las capacidades técnicas de Stewart como ingeniero de sonido: “Mantengo tu foto colgada en la pared, porque con eso oculto una fea mancha que hay detrás. Así que no me pidas que te la devuelva, aunque yo sé que tu sabes que no significa demasiado para mí”.


Este es el verdadero motivo de toda la canción, una dulce venganza que tiene su origen obviamente en el dolor que aún rezuma por entre los labios de una herida: “Oh, vas a esperar mucho tiempo por mí. Oh, sí que vas a esperar”. En el final queda expuesto ese último gran deseo, que más allá de la espera el amor regrese aceptando nuestro perdón. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 14 de febrero de 2017

Capítulo 155: “Going Up The Country”. Canned Heat. (1967)



Deprimartes flautista:

Woodstock fue sin duda alguna el más importante festival musical que nos haya dejado la Era Rock. Fueron tres días de pura música y premisas pacifistas a mediados de agosto de 1969. Sobre el escenario de este recital, el desfile de artistas identificados con el movimiento del “flower power” lo terminó por convertir en todo un manifiesto del hippismo. Los jóvenes de las flores proponían un innovador estilo de vida, con valores filantrópicos tan altos que hacían que la filosofía de esta tendencia cultural fuera totalmente disrruptiva con todo lo que la sociedad representaba hasta ese instante.

De repente, la felicidad máxima radicaba en escuchar a todo volumen un Rock denso y poblado de texturas, con solos de guitarra con sonido “wah-wah” que invitaban a la mente a divagar… Todo esto coronado por abundantes dosis de marihuana y de ácido lisérgico. Todos se ponían a bailar agitando espasmódicamente los brazos en el aire, mientras intentaban que la música atravesara cada célula del cuerpo y los volviera uno sólo con el cosmos. La misma ideología de los hippies contenía un misticismo abierto a todo tipo de creencias; de hecho, cuanto más extrañas, mejor. Probablemente el hippismo haya sido algo así como el nirvana de la sociedad occidental. Fue un despertar de la conciencia, un momento de iluminación, ese instante en el cual se entremezclan el terror y la alegría más profundos que puede experimentar un ser humano, al darse cuenta de que tal vez todo lo que se había hecho hasta ese entonces estaba mal; y por lo tanto ya ninguna regla era válida. El único mandamiento que se volvió auténtico era ese que es casi tan viejo como el mundo, y que nos manda a amar al prójimo como a uno mismo. Sólo permanecería entonces el amor fraternal, y a partir de allí se intentó construir algo nuevo: “Me voy a recorrer el país, nena; ¿quieres venir? Me voy a algún lugar en el que nunca haya estado. Me voy, me voy allí donde el agua sepa como el vino. Podríamos tirarnos al agua y estar borrachos todo el tiempo”. Uno de los grupos que se consagró en Woodstock fue Canned Heat, quienes han sido famosos por incluir en sus discos a viejas glorias del blues –llegaron a contar en sus grabaciones nada menos que a John Lee Hooker-. Artistas excelentes a la hora de improvisar, algunos de ellos habían sido músicos de sesión en grabaciones de nada menos que Frank Zappa o The Monkees. Supieron sin embargo ir adaptándose a la nueva música que surgía, y así fue como sumaron a su sonido instrumentos como la flauta traversa, instrumento que terminaría representando el sonido hippie y el futuro del Rock Progresivo, de la mano de artistas tan excelsos como Jethro Tull y Yes.


“Voy a abandonar esta ciudad, necesito escaparme. Todas estas peleas y discusiones, ya sabes que no puedo soportar todo esto. Así que mejor que hagas tus valijas, ya sabes que tenemos que irnos hoy mismo. Adónde vamos, exactamente no lo sé, pero puede que hasta tengamos que abandonar el país. Porque todo esto se siente como un nuevo juego, y yo quiero jugarlo”. Se trasluce en las imágenes de este video que hay un verdadero espíritu de mancomunión. Lo de uno es de todos, y estamos todos juntos sólo para pasarla bien. Lo que quieras ponerte está bien, como quieras bailar está bien, la sustancia con la que quieras colocarte también está bien. Todo está bien, siempre y cuando todos estemos bien. Mientras tú estés bien, yo también estaré bien, y todo estará bien: “No tiene caso que corras, que grites o que llores, porque tú tendrás un hogar aquí siempre y cuando yo tenga le mío”. Lo triste de este caso es que el Verano del amor fue un sueño. Y, como ocurre con todo sueño, en algún momento hay que despertar. El fin de la década más gloriosa que vivió el Siglo XX dejaría a los jóvenes de la generación de las flores frente a frente con los graves problemas que suelen tener aquellos que se despiertan luego de una fascinante resaca. Allí está el verdadero inconveniente de tratar de evadirse de los problemas. Uno puede hacerse el desentendido tanto como quiera, pero al final, los problemas continúan estando allí; y tal vez hayan empeorado debido al tiempo que dejamos pasar sin poder darles una solución. Al menos, nos queda el consuelo de ir a refugiarnos de tanto en tanto en esos recuerdos felices que nos quedan luego de toda fiesta… Quedará en la memoria entonces la reminiscencia gloriosa de aquella fiesta del amor libre, en la que la imaginación intentó quedarse con el poder. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 7 de febrero de 2017

Capítulo 154: “Tonight Tonight”. The Smashing Pumpkins. (1995)



Deprimartes vaporoso:

Devenidos en emblema de todo adolescente con alma de “darkie”, The Smashing Pumpkins han sido una propuesta más que interesante dentro de la música norteamericana de fin de siglo. Con orígenes en el post-punk, esta banda siempre apuntó a más, a no quedarse en la simple virulencia de una música tan primal; y apuntaló su enorme crecimiento artístico en el lirismo de las letras de su líder Billy Corgan. Esta banda, que se caracterizó por tener siempre a una mujer al mando del bajo eléctrico, en su mejor momento editó el álbum Mellon Collie and the Infinite Sadness, el cual es considerado uno de los mejores de la década del ’90, tanto por la enorme cantidad de temas que brindó, como por su tono oscuro y depresivo. Ya su mismo título lo anuncia, porque si bien “Mellon Collie” es un juego de palabras que no significa nada, suena igual a la palabra melancolía. Así, el álbum nos prometía ya desde su portada la melancolía y la tristeza infinita: “El tiempo nunca es tiempo del todo. Nunca jamás podrás irte sin dejar atrás un pedazo de juventud. Y nuestras vidas han cambiado para siempre, nunca volverán a ser las mismas. Cuanto más cambias, menos sientes. Cree, créeme”. Podrán verterse barriles enteros de tinta sobre la música de la última década del segundo milenio, y debatir si para ese entonces el Rock & Roll ya estaba muerto o no, pero si hay algo indiscutible es que el arte de hacer los videoclips que acompañaban una canción había alcanzado una madurez imposible de soñar sólo unos años atrás. Y como prueba, que baste este botón: el video de este tema es una joya que nos remite a la sobria magia de las películas de los primeros años del Siglo XX. Muy especialmente a “Le Voyage dans la Lune” del genial director francés Georges Méliès, quien con la ayuda de su compañía de teatro plasmó en celuloide unas improbables y estrambóticas aventuras extramundanas, en las que llegó a poner en escena los primeros efectos especiales de la historia del cine.   

“Cree en que la vida puede cambiar, cree en que no estás atascada en un lugar sin esperanzas. No somos lo mismo, esta noche somos diferentes. Esta noche… Esta noche tan brillante”. Creer siempre nos ha llevado a lograr cosas insospechadas. Y aquellas viejas filmaciones francesas -tan románticamente rústicas- nos remitían a los escritos de Julio Verne, el padre de los sueños de la humanidad moderna; quien en sus escritos no tenía reparos en romper la barrera de lo imposible para viajar de la Tierra a la Luna, cruzar veinte mil leguas de viaje submarino, o dar la vuelta al mundo en ochenta días para terminar llegando hasta el faro del fin del mundo. Sus obras empujaban a un mundo que comenzaba a iluminarse, a creer, a probar sus límites, a alucinar con todo aquello que podría alcanzarse en un futuro cercano a través del progreso industrial.

“Y ahora sabes que nunca estuviste muy segura, pero ahora estás segura de que tal vez estás en lo correcto si decides ir hacia la luz. Y así las brasas nunca se apagarán en tu ciudad sobre el lago, el lugar en el que naciste. Cree, créeme”. Y aquí justamente la estética del videoclip nos deja espacio para hablar de una idea retrofuturista, una maravillosa ucronía que con el tiempo llegó a llamarse “steampunk”. Esa quimera de conquista de las fronteras del espacio que serían alcanzadas gracias a las máquinas movidas por la fuerza del vapor, tal como era imaginado allá por la época victoriana. Si bien hoy en día este subgénero de la ciencia ficción ha alcanzado una madurez envidiable, para la época de los libros de Verne y de las películas de Méliès, así era como la gente culta imaginaba el futuro posible.


Finalmente, el videoclip nos habla de un escape. Un escape de la Tierra, un escape de la Luna, un escape del fondo del mar... Quizás sea una metáfora del escape de Billy Corgan de su difícil infancia -¿qué artista no la tuvo?-. Bueno, pues; podría decirse que viajar en zepelín a la Luna también es una forma de escaparse. Tal vez sea porque la búsqueda de algo nuevo es siempre un escape… Supongo que depende del punto de vista de quien observe la travesía: “Cree en la resuelta urgencia del ahora, y si crees que no tendremos una sola chance esta noche, esta noche tan brillante… Entonces crucificaremos nuestra hipocresía esta noche, haremos las cosas bien, lo sentiremos todo esta noche. Encontraremos una forma de ofrecernos esta noche, todos los indescriptibles momentos de tu vida esta noche. Lo imposible es posible esta noche, cree en mí como yo creo en ti, esta noche”. Y allí se queda la Luna con cara enojona porque finalmente la humanidad se ha atrevido a revelar sus secretos. Y es que la raza humana, simplemente, no sabe que no es posible todo aquello que le es imposible; al igual que el abejorro no sabe que no puede volar, y por tanto vuela. Los sueños fogoneados por las ideas movidas a vapor de Julio Verne han hecho que el hombre siempre esté en movimiento, incapaz de comprender que existen lugares a los que tal vez no debería ir jamás. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 17 de enero de 2017

Capítulo 153: “(All I Have To Do Is) Dream”. The Everly Brothers. (1958)



Deprimartes armonizado:

El simple acto de amonizar. Una primera voz entona una melodía abrazada por otra que canta una melodía similar, pero diferente, un par de tonos más arriba, o más abajo, o atravesándose de arriba abajo, o de abajo arriba, todo es válido; el secreto y el arte reside en encontrar las combinaciones de notas que encajen de manera agradable en el oído del público. Y en eso, como en casi todas las cosas, también hubo próceres: “Soñar, soñar, soñar… Cuando te quiera en mis brazos, cuando quiera quedarme con todos tus encantos; en cualquier momento en que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. Si bien es algo tan antiguo como la música misma, se puede decir que los inventores de la armonía vocal en la Era Rock fueron Phil y Don Everly, quienes les enseñaron a cantar a toda la generación que nos daría las mayores cimas del Rock & Pop como The Beach Boys, The Beatles, Simon & Garfunkel, The Hollies, Crosby Stills & Nash, etc. No hay uno solo de ellos que no se haya basado en lo que hacían estos hermanitos veinteañeros vestidos de punta en blanco.

“Cuando me sienta triste en la noche y necesite que me abraces fuerte, en cualquier momento en que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. Si bien puede decirse que sus canciones eran relativamente simples, y sus letras nunca llegaron a escapar de la temática más simple de los amores estudiantiles, esto mismo le ocurrió a todos los músicos en los años 50’; una época de arreglos casi inexistentes en el naciente Rock, donde reinaban las voces bien limpias y pulidas, y una casi infaltable guitarra con efecto trémolo. Pero cuando finalmente la gloriosa década de los años ’60 los tomó por sorpresa, como a casi todos los de esa primera generación, se quedaron para siempre como un símbolo de la época de los héroes fundacionales del Rockabilly.


“Podría hacerte mía, y degustar tus labios color de vino en cualquier momento, sea día o sea noche. El único problema es que voy a pasarme la vida soñando”. Ya lo decía Calderón de la Barca: soñar no cuesta nada. Y por ser gratis, puede volverse una adicción. ¿Vale la pena perder la vida en ensoñaciones que jamás se harán realidad? Aunque también es válido recordarnos que toda realidad lograda, siempre antes fue soñada. Es imposible lograr una meta sin que primero se nos aparezca como una fantasía gloriosa e inalcanzable. Supongo que, como en todo, el éxito radica en encontrar el justo balance entre sueño y esfuerzo: “Te necesito tanto que siento que podría morirme, y te amo tanto que es por eso que cada vez que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. ¡Feliz Deprimartes!

Capítulo 152: “Blackout”. Muse. (2003)



Deprimartes desmayado:

Desde el nacimiento del Rock en adelante, por lo general se puede identificar perfectamente a qué década corresponde una grabación. Es así que podemos hablar sin inconvenientes de la música de los años ’50, de los ’60, de los ’70, de los ’80, y de los ’90… Pero entrando al nuevo siglo la cosa se complica. Porque ya estamos bien avanzados en la segunda década de este milenio, y si bien ya de por sí es una pésima señal para la salud de nuestro Rock que no exista una música de los años ’00 –de hecho, ni siquiera sabemos muy bien cómo llamar a esa década-, muchísimo peor es que no podamos diferenciar la música de la presente década de la que sonaba en la anterior; porque tampoco podemos catalogar géneros musicales nuevos en la música de los años ‘10… Y en medio de esta sensación de estar asistiendo a un velorio, o visitando las ruinas de alguna civilización perdida, de vez en vez surge una antigualla a la cual vale la pena apostarle nuestros oídos. Aquí tenemos a Muse, una banda de lo más presentable que pueda escucharse en medio de estas ruinas bombardeadas que quedaron luego de la muerte del Rock.

Esta banda inglesa liderada por Matt Bellamy comenzó su carrera a mediados de la década de los ’90, y si bien no han estado catalogados como integrantes del movimiento Brit-Pop, tienen una evidente influencia de la banda Radiohead. Pero han sabido abrirse su propio camino, siendo una rara avis en el panorama musical del Siglo XXI, debido a la profundidad de las atmósferas que logran crear en sus canciones; más que nada producto de las ideas conspiranoicas de su líder, que suele impregnar las letras de sus canciones con razonamientos existencialistas y simbólicos –quienes no me crean, tengan a bien escuchar otros éxitos de esta banda como “Starlight” o “Madness”-. En este otro hermoso tema nos habla de la simplicidad de aceptar que las cosas buenas, por su propia naturaleza, no pueden durar: “No te engañes a ti misma ni trates de mirar para otro lado, este amor es demasiado bueno como para durar; y yo ya estoy demasiado viejo para soñar”. Curiosamente, yo también siento que ya estoy demasiado viejo para soñar… Cada día cuesta más sostener en la mente la noción de que las pocas alegrías que la vida ofrece como obsequio no se van a marchitar de un momento para el otro. Es la maldición con la que vivimos aquellos que primero aprendimos a pincharnos con las espinas antes que a oler las rosas.

El aire brumoso en que se desempeña esta melodía parece sumirnos de lleno en la resignación. Pero en una resignación evocativa, ese sentimiento de último deseo desesperado por guardar una pizca de dignidad y no terminar arrastrando a nadie más en nuestra caída: “No intentes crecer demasiado rápido ni trates de abrazar el pasado, esta vida es demasiado buena como para durar, y yo soy demasiado joven como para preocuparme”. Tiene ese tono amargado de consejo que no será escuchado, de “yo ya he estado ahí antes” que no servirá para nada…


La grabación de este tema cuenta con un sonido muy particular, aquí excelentemente reproducido en vivo. Una pared de violines lastimeros que nos envuelve como un abrazo de náufrago, una guitarra que repica como la última luz de una vela a punto de apagarse, y una voz que mientras canta se va convirtiendo en una mezcla de súplica y llanto. Todas esas texturas musicales nos dejan con la sensación de quien afronta un proyecto condenado de antemano al fracaso: “Esta vida podría ser la última, y nosotros somos demasiado jóvenes como para darnos cuenta”. Es increíble que para tantas personas este tipo de sonido funcione como los primeros auxilios para cualquier alma herida. Estoy convencido de que habemos tantos y tantos seres en el mundo que escuchamos esta clase de música de manera similar a como una fiera se lame las heridas luego de haber luchado por su vida. ¡Feliz Deprimartes!

Capítulo 151: “Cosmik Debris”. Frank Zappa. (1974)




Deprimartes improvisado:

¡Bienvenidos a un nuevo año en compañía del costado melancólico de los artistas más importantes del Rock & Roll! Y para abrir esta cuarta temporada de los Deprimartes, decidí hablar sobre un artista tan importante, que para describirlo usaré la siguiente frase: cuando un grupo de amigos se junta a hacer música de forma imprevista, no se juntan a “Claptonear”, ni a “Knopflear”, ni mucho menos a “Hendrixear”… Esos amigos se juntan a “Zapar”. Y esto se debe nada más ni nada menos que al genial Frank Zappa, que aquí usa su humor sardónico para emprender un ataque fulminante contra esos charlatanes de feria que quieren vendernos una vida después de la muerte: “El Hombre Misterioso se me apareció y me dijo: ‘¡Estoy iluminado!’. Me dijo que por un precio nominal, yo podría alcanzar el Nirvana esta noche. Así que si yo estaba listo y bien dispuesto a pagar por sus servicios, él bien podría dejar a un lado sus asuntos importantes; y dedicar toda su atención a mí. Pero yo le dije: ‘Mira, hermano; ¿a quién quieres engañar con toda esa porquería cósmica? Mira, mejor no pierdas tu tiempo conmigo’”.

Frank Vincent Zappa fue alguien absolutamente fuera de serie. Su producción musical es prácticamente inclasificable, lo que en un artista de su talla se transforma en todo un cumplido. Compositor y productor talentosísimo, lo fue aún más como guitarrista y frontman de su banda The Mothers Of Invention. De todos los virtuosos exponentes que quisieron hacer que el Rock tuviera una mixtura con el más elaborado Jazz (como Chick Corea, Al Di Meola, o John McLaughlin, por sólo mencionar algunos), Zappa fue el único que se mantuvo más apegado a un Rock que aún pudiera ser degustado por las masas. Y acompañaba sus canciones con una incorrección política a toda prueba, con letras irónicas sobre temas mundanos (las drogas y el sexo en “Dinah Moe-Hum”, la televisión basura en “I’m The Slime”, o la homosexualidad con “Bobby Brown”) y sobre otros temas un tanto más profanos, como en el presente caso: “El Hombre Misterioso se puso nervioso y comenzó a agitarse un poco. Metió la mano en uno de los bolsillos de su toga misteriosa y de él sacó con un sacudón una caja que parecía un kit de afeitar. Yo pensé que allí habría una navaja, y una lata de espuma; pero él me dijo mientras la abría que no había nada que su caja mágica no pudiera hacer. Con su aceite de Afrodita, y un poco de polvo del Gran Wazoo, él me dijo: ‘Tal vez no lo creas, amiguito, pero esto curará hasta tu asma’”.

A título personal, puedo contar que yo también tuve mi aventura de fe, la cual duró unos buenos veinte años. Hoy, sentado sobre el trono de roca de mi agnosticismo, miro hacia todo aquello con una mezcla de ternura inocente por lo estúpido que era, al dejarme engañar como en cierta manera lo hacemos todos con tal de darle algún tipo de sentido a nuestra vida. Más allá de las creencias que tuve en ese momento, siempre fui muy curioso con respecto a todas las religiones, así que puedo decir que he visto de todo en esta vida. Teleevangelistas llorando porque los agarraron con una prostituta, muchos casos de sacerdotes estratégicamente reubicados luego de inoportunas denuncias de pedofilia, hombres en saco y corbata con acento portugués queriendo venderte un pañuelo empapado con agua bendecida del río Jordán, un libro que te dice que si te mueres no debes ir hacia la luz, sino hacia el dios con cara de tigre con dientes ensangrentados y que usa como vestido la piel de varios niños, y pelados en túnicas que me decían que todos los males del mundo se terminarían si dejáramos de matar vacas. Yo también me pregunté en más de una ocasión: “¿Pero qué clase de gurú eres? Podrías hacer más dinero si trabajaras como carnicero”.

Todo en ellos, hasta su aspecto, transmite una sensación de falsa pulcritud; de que todo en estos gurúes responde a una receta o a un modelo prearmado. Debería ser muy natural cuestionarlos como hace la letra de esta canción: “¿Eso que tenía puesto era un poncho o era algo que sacó de una feria americana?”.

“Le dije: ‘Tengo mis propios problemas, y tú no me puedes ayudar. Así que toma tus meditaciones y tus pócimas y ya sabes qué hacer con ellas’. ‘¡Pero tengo una bola de cristal!’ me dijo, sosteniéndola contra la luz. Entonces se la quité y le mostré cómo se hacen las cosas. Me envolví un periódico en la cabeza para tener un aire místico, recité un par de cosas sin sentido y le ordené que se quedara dormido. Y entonces le robé sus anillos, su reloj, y todo lo que encontré. Tenía a ese idiota bien hipnotizado, no podía decir ni una palabra; y allí procedí a adivinarle el futuro mientras él no podía hacer nada. Le dije: ‘El precio de la carne subirá, y tu mujer te engañará’”. No hay que ser ni demasiado listo, ni estar en demasiados apuros, para poder ver los hilos que sostienen en el aire las adivinaciones obvias de estos falsos profetas, siempre queriendo hacer parecer como visiones milagrosas la mera unión de razonamientos a partir de información básica que las mismas personas que los consultan les proporcionan. Es un viejo truco en el que mucha gente cae, especialmente los desesperados, aquellos que han perdido las esperanzas. Una vez me enseñaron que cuando estás por ahogarte, te sujetas de cualquier cosa… Incluso de un tiburón.


En fin, una vez más: ¡Feliz Deprimartes para todos!

martes, 10 de enero de 2017

"Para el próximo Deprimartes, me gustaría pedirles su colaboración… Los de los asientos baratos, pueden aplaudir… Y el resto de ustedes sólo sacudan sus joyas”:

Me despedí de la tercera temporada de mis Deprimartes usando una broma que John Lennon usó con su público, y francamente no se me ocurrió nada mejor que abrir la cuarta temporada de este blog usando otra broma del mismo autor, y con la misma intención sardónica. Confieso que no intenté cerrar ningún círculo, simplemente no se me ocurrió nada mejor. Aunque luego de un lapso de tiempo en que me sentí un tanto frustrado y decepcionado de mi mismo, pensé… ¿Podría haber una mejor forma de abrir nuevamente este blog? No lo creo…

Aquí estoy, otra vez. Con todo un año por delante, y asumiendo el firme compromiso de vérmelas con el desafío de presentar otra tanda de músicos que han sabido consagrarse dentro de la tumultuosa y revolucionaria Era Rock, pero no como paradigmas de lo festivo, sino más bien como instrumentos para graficar los aspectos más pasivos de ese movimiento musical. Aquí tendrá lugar nuevamente todo lo melancólico, lo reflexivo, lo depresivo, lo sarcástico, lo iracundo, y lo alienado… En fin, todo aquel artista que a través de alguna vertiente del Rock haya tenido algo que decirnos, alguna palabra, melodía o imagen de la cual pueda desprenderse un sutil rechazo hacia la realidad misma… Bienvenida sea la tristeza. Suena contradictorio, ¿no?

Nos acompañarán nombres que aún no se aparecieron por aquí, artistas de las más variopintas décadas que abarcó el Movimiento Rock, y con ellos viajaremos a lo largo de los años y los distintos estados de ánimo. Iremos de Kraftwerk a Don McLean, de Madonna a Canned Heath, de los Everly Brothers a ZZ Top, de The Clash a Emerson, Lake & Palmer, entre muchos otros; todos ellos con algo interesante que decir sobre los costados más lúgubres y desconsolados de la humanidad...

Nuevamente, bienvenida sea la tristeza… ¿Sigue sonando contradictorio? Pues... ¿Y qué podría ser más contradictorio que un Caballero nacido en la superpotencia mundial que dominó el mundo a base de guerras y comercio, un señorito inglés de estricta corbata nombrado Miembro del Imperio Británico, y que finalmente termina convirtiéndose en un ícono hippie pacifista vistiendo ropas de colores y anteojitos redondos?... ¡Sólo el Rock & Roll puede hacer eso!


El show está por comenzar… Pueden empezar a aplaudir… O sacudan sus joyas, si así lo prefieren.

martes, 29 de diciembre de 2015

"Me gustaría decir gracias, en nombre de los Deprimartes, y espero que hayamos pasado la audición":

Parafraseando la broma con la que John Lennon cierra la última presentación que hayan hecho The Beatles, es que me despido de esta tercera temporada de los Deprimartes.

A lo largo de todo este año, y mientras avanzaba en la cantidad de capítulos de este humilde blog, me asaltaba una y otra vez la misma inquietud: ¿qué hacer con los Deprimartes? ¿Comenzar otra temporada con nuevos artistas aún no analizados? ¿Empezar a diseccionar nuevos temas de músicos ya antes visitados? ¿O simplemente plantar mi bandera aquí mismo, y decir "misión cumplida"?... 

Y lo que me decidió fue la cantidad de nombres que aún ni siquiera he tenido el honor de mencionar en estos tres años. Fíjense, he dejado afuera a músicos vitales para la historia de mi querido Rock & Roll, artistas tan variados y de épocas tan distintas como Joe Cocker, Guns'N'Roses, Frank Zappa, The Ramones, Jamiroquai, Jehtro Tull, Peter Frampton, Madonna, Aerosmith, y Emerson, Lake & Palmer, entre tantísimos otros.

Pues bien, la opción obvia es la de seguir adelante, hacer una nueva temporada. Ocurre que para no repetir artista tengo que embarcarme en una empresa que me demanda una cierta cantidad de tiempo, de pericia... Y de ganas. Y es que debo reconocer  que no tengo los conocimientos básicos del repertorio de muchas estrellas musicales que pretendo mencionar el año entrante, y esto me obliga a la tarea de hacer de "arqueólogo musical"... Y bueno, juntaré valentía de donde no la tengo, me calzaré el sombrero, y trataré de evitar que me maten los jíbaros.

Deséenme suerte.


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martes, 22 de diciembre de 2015

Capítulo 150: “Hey Joe”. Jimi Hendrix. (1966)





Deprimartes excelso:



“‘Hey, Joe; ¿adónde vas con ese revólver en la mano? ¡Hey, Joe! Te pregunté adónde ibas con ese revólver’. ‘Voy a matar a mi novia, porque la atrapé coqueteando con otro hombre, y eso ya sabes que no está nada bien’”. Desde que nació, junto con la década del ’50, el Rock & Roll le debió su esencia más irreductible a la guitarra eléctrica, ese instrumento que gracias a sus posibilidades expresivas abandonaba el aburrido panorama jazzero de aquella época para investigar qué tan lejos podía llegar adaptándose a esa núeva música de rebeldía filosa. Y a lo largo de la frondosa historia de la guitarra, ésta supo caer en sabias manos. Son muchos los nombres –muchísimos – a los que les debemos que durante todos estos años nuestros genes insatifechos griten cada vez que escuchamos un solo bien ejecutado; pero hay un nombre que fulgura como ningún otro, un sol que parece brillar cada día más, y cuyo bronce bien ganado parece no conocer óxido que lo carcoma: Jimi Hendrix.

  

Superhéroe indiscutible de las seis cuerdas, prócer del Rock Ácido; no hubo ni volverá a haber otro como Jimi. Llevó el hecho de ser un guitarrista varios niveles más allá, poniendo la vara muy alto; y señalando la cima de la montaña a la cual hay que apuntar para quien quiera convertirse en una megaestrella rockera: “‘Hey, Joe; oí que mataste a tu mujer. Tú la mataste. La dejaste bien muerta, tirada en el suelo’. ‘¡Sí, yo la maté! Ya sabes que la atrapé coqueteando por toda la ciudad. Y le apunté con el arma, y le disparé. ¡Muy bien! ¡Y le disparé otra vez más!’”. Con un talento circense, puso ante la mirada del gran público nuevas maneras de tocar la guitarra, con la lengua, con los dientes, en la espalda, en la nuca… Era un innovador nato, que por lo general incendiaba su instrumento una vez que complacía a la audiencia. Una vez tocada por el gran Hendrix, esa guitarra ya no era digna de existir.



Así como había graffittis en las calles que a Eric Clapton lo llamaban “Dios”, el nombre de Hendrix era apenas susurrado entre los guitarristas; que se decían unos a otros: “Conocí a alguien que va a acabar con todos nosotros”. Y es que si bien para mi gusto, sólo Clapton le es comparable; la increíble sobriedad de Eric nunca buscó hacerle frente a la parafernalia que el Brujo Negro desparramaba sobre el escenario. Y además, Hendrix tuvo la fortuna de acrecentar su leyenda muriéndose muy joven, en el mismo período de un año que terminó por llevarse también a Janis Joplin y a Jim Morrison; todos a la edad de 27. Esa seguidilla de muertes le puso fin a la era psicodélica del Rock, abriéndole la puerta a la dolorosa madurez de los primeros años de la década del ’70: “‘Hey, Joe; ¿adónde vas a ir ahora? ¿Adónde huirás?’. ‘Me voy hacia el sur, me voy con dirección a México; adonde puedo ser libre. Nadie me encontrará allí, ningún verdugo va a ponerme una soga en el cuello;  créeme. Ya me tengo que ir’”.



Aquí, además de deleitarnos con otro de sus solos, Jimi canta sobre un encuentro casual con un amigo suyo, que finalmente mata a su mujer y ahora quiere desaparecer del mundo: “‘Hey, Joe; mejor que corras y te despidas de todo el mundo’”. Con el arte del más grande guitarrista de todos los tiempos es que baja el telón de otra temporada de este humilde blog; así que... ¡Feliz Deprimartes para todos!

martes, 15 de diciembre de 2015

Capítulo 149: “Loser”. Beck. (1993)





Deprimartes derrotado:



He aquí que hoy les traigo la historia de Beck. O de cómo un blanquito con cara de idiota puede rapear pésimo sobre cualquier estupidez, y aún así convertirse en un éxito mundial: “En los tiempos de los chimpancés yo era un mono, tenía butano en las venas; así que ahora estoy decidido a dejar de ser un drogadicto. Me pongo los protectores oculares y pinto los vegetales con un pulverizador. Hay puestos de comida para perro donde veo pantimedias que parecen hechas de pastel de carne. Apago las luces delanteras y pongo el auto en punto muerto, que ahora tiene a un perdedor en llamas como piloto automático. Mi nena se fue a Reno con su vitamina D, yo tengo un par de sofás pero duermo en la misma silla donde antes hacía el amor. Alguien viene y me dice que estoy loco por quejarme por haber tenido que casarme a punta de escopeta y por tener una mancha en mi camisa. No creas en todo lo que respires, porque sólo obtendrás una multa por estar mal estacionado y un gusano en tu manga. Así que afeitate en la oscuridad con un mazo, ahorra tus vales de comida, y prende fuego el estacionamiento. Ya córtala”. ¿Adivinaron?... Exacto: el tema no habla absolutamente de nada. Es una simple improvisación de la época en que este muy talentoso músico de nombre Beck Hansen trabajaba como artista callejero, e inventaba la letra a medida que cantaba. Y así y todo, llegó al Nº1…



La canción está salpicada de oraciones inconexas entre cada estribillo. Beck se la pasa repitiendo incoherencias, gritando letanías que parecieran carecer de significado, pero si le prestamos atención veremos cómo todo lo que grita podría descifrarse como parte del dialecto típico de cualquier consumidor de drogas cuando intenta conseguir lo que quiere: “Me vuelve loco la crema de queso”, “me encantan los piercings”, “vamos, tráelo”, “no puedo creerte”, “¿hablas en alemán, nena?”, y “sabes de qué hablo”. Todo el tema suena con una onda vintage, algo distintivo en la obra de Beck, y eso es debido a su constante apego a lo que se conoce como “Lo-fi” (“baja fidelidad”), una forma artística de grabación consistente en obviar los adelantos tecnológicos y registrar la música en materiales de discutible calidad para la época –como son los cassettes o las cintas magnetofónicas-, a fin de lograr un sonido más “auténtico”.



Así fue como nació este himno de la década del ’90. Un manifiesto de los últimos estertores de la llamada Generación X –también denominada muy acertadamente la Generación Perdida-, a la cual yo mismo pertenezco. Una camada de seres en su mayoría atravesados por la apatía que nos gobernaba al estar parados sobre la arena del presente, viendo como un enorme tsunami de futuro tecnológico y globalización se nos venía encima a una velocidad aterradora. Éramos los perdedores natos. Tan palpable era esto, que no le fue difícil a Beck describirnos como un sinsentido mismo. Y hasta tuvo el acierto de cantar el comienzo de su estribillo en español: “Soy un perdedor”, como para que quedara en claro que la desidia era mundial y no reparaba en fronteras. ¿Qué mejor entonces que simplemente dejar pasar la vida hasta que se termine?: “Soy un perdedor, nena; así que: ¿por qué no me matas? Que sea con un perdigonazo”.



Beck se ha especializado a lo largo de su carrera en cambiar de estilo de un disco al otro –y aún dentro del mismo álbum-, dándole un registro enorme a su catálogo, que va desde lo electrónico a lo totalmente acústico; pero siempre jugueteando con la línea del Rock independiente, o “Indie”. Esa misma filosofía aplica a sus videos. En un film promocional de una canción suya podemos llegar a ver cualquier cosa. Literalmente. Bien puede aparecer un perrito intercambiando su cabeza con la de Beck, así como podemos encontrar a una heladera y una cocina teniendo sexo; o bien toparnos con calles enteras doblándose sobre sí mismas como si fueran parte de un origami. Y el inentendible videoclip de bajísimo presupuesto que acompañó a esta canción fue todo un símbolo. Se escucha un loop de sitar que ilustra el recorrido de un ataúd que sale de paseo. Dos chicas aparecen haciendo aeróbics en un cementerio, y por momentos su imagen se ve en negativo. Tu auto se detiene en un semáforo y de repente tienes a la muerte limpiándote la sangre del parabrisas. El ritmo lo lleva una nenita en edad preescolar tocando la batería, y vemos a unos astronautas preparándose para su misión en la parte de atrás de una camioneta. Como frutilla del postre, por algunos compases los coros se escuchan sonando al revés. De algo muy simple nos habla este video, su mensaje es increíblemente sencillo: ¿Quién dijo que la vida tiene que tener sentido? ¿Quién nos vendió esa mentira?: “Las fuerzas del mal inician la pesadilla de cualquier principiante, prohiben toda la música usando una cámara de gas falsa; porque algunos tienen una comadreja y otros flamean una bandera. Unos sostienen el palo, y con eso meten a todos los demás en la bolsa. Mientras la tele sólo pasa repeticiones, la cocaína hace lo suyo en la nariz. Esa es la basura por la que tiene que atravesar un cantante cualquiera de Folk, que terminará ahorcándose con una cuerda de guitarra. Ese día sólo había comido una tajada de cuello de pavo y ahora termina colgando del ala de una paloma. No se puede escribir si no puedes relacionarte. Tenemos que negociar nuestro dinero por la comida, por el cuerpo y por el odio; y resulta que mi tiempo es un pedazo de cera derritiéndose sobre una termita que se ahoga con las astillas”. Nada tiene sentido, así que… ¡Disfrutemos! ¡Feliz Deprimartes!

martes, 8 de diciembre de 2015

Capítulo 148: “I Ran”. A Flock Of Seagulls. (1982)





Deprimartes psitácido:



A Flock Of Seagulls fue una agrupación que contaba con un líder de nombre Mike Score, cuyo extraño peinado terminó por ser una representación icónica de la estética ochentosa. En más de una ocasión, Mike se quejó de que la audiencia parecía que iba a sus conciertos a curiosear los peinados que usaba la banda en lugar de ir a apreciar las canciones. Y en sus shows cantaban un tema que decía así: “Caminaba por la avenida, nunca pensé que podría encontrarme a una chica como tú. Con el pelo castaño y los ojos leonados, esa clase de ojos que me dejan hipnotizado”.



Estamos frente a una típica banda de Synthpop, ese género de principios de la década del ’80 que fue una especie de primer paso –junto con la New Wave- como para ir saliendo de la fiebre Disco. Aún persiguiendo el formato exitoso de cualquier canción de Rock comercial, en este caso primaban los instrumentos electrónicos como las cajas de ritmo, las baterías no analógicas, y muy especialmente, los sintetizadores. Esto abarataba muchísimo la producción musical, y permitía darle mayor presupuesto a un elemento de promoción hasta esas épocas menor: el videoclip: “Una nube aparece sobre tu cabeza, un rayo de luz la atraviesa brillando sobre ti. La nube se acerca más y se convierte en una aurora boreal que se deja apreciar”. A partir del comienzo de esa década entramos en una etapa en la cual el videoclip comenzaba a convertirse en un hecho artístico. Gracias al advenimiento de MTV, la sociedad empezó a dimensionar esta nueva forma de comunicación, en la cual una banda podía ilustrar su canción con una historia contada en menos de cinco minutos. Y, obedeciendo y potenciando a los cánones de la época, la estética era súper recargada de colores. En este caso vemos mucho maquillaje, mucho papel de aluminio, mucho plano giratorio en las cámaras, y mucha máquina de humo… Sólo para mostrar cómo el señor Score toca el teclado con un único dedo la mayoría del tiempo.



“Extiendo una mano para tocar tu cara, y tú lentamente desapareces de mi vista, y luego vuelves a aparecer. Extiendo una mano para intentarlo nuevamente, y ya estoy flotando en un rayo de luz contigo”. La canción parece reducir su temática a la ingobernabilidad de los sentimientos –algo en lo que se basa absolutamente toda telenovela-, que consiste en el hecho de no poder dominar nuestras emociones a voluntad, sino que las mismas tienen una suerte de autodeterminación. El corazón es la anarquía del cerebro. Por más que corramos y corramos, no podemos escapar de alguien que se grabó como un hierro incandescente en nuestra memoria. Pero no es algo tan terrible. En definitiva, a todos nos ha pasado alguna vez: “Y corrí. Corrí tan lejos, simplemente corrí toda la noche y todo el día. Y aún así no pude escaparme”. ¡Feliz Deprimartes!