martes, 21 de marzo de 2017

Capítulo 160: “Vincent”. Don McLean.

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Deprimartes estrellado:

“Estrellada, estrellada noche; pinta tu paleta con azul y gris. Mira hacia afuera en un día veraniego con esos ojos que conocen la oscuridad de mi alma. Las sombras en las colinas bocetan los árboles y los narcisos en flor. Capturan la briza helada en colores sobre la tierra nevada de lino”. Los cuadros y la vida del pintor holandés Vincent van Gogh desfilan en una de las letras más hermosas que he leído en mi vida, acompañada de una melodía simple, efectiva; que se balancea suavemente entre un sentimiento de ternura y de tristeza infinita. “Y creo que ahora entiendo lo que tratabas de decirme, cómo sufrías por estar tan cuerdo, cómo intentabas hacer que todos se sintieran libres. Pero ellos no te escucharon, no sabían cómo hacerlo. Tal vez te escuchen ahora”. Aquí hay un encuentro entre el pensamiento de alguien que contempla un cuadro y ha entendido el mensaje encriptado que viene de siglos atrás. Al comprender al autor de una obra sentimos que bien podría haber sido nuestro amigo. Y más aún si sentimos que podemos entender el sufrimiento de su alma, aquello que lo llevó a plasmar en un lienzo su percepción de la vida y de todo lo que lo rodeaba con una emoción incomparable. Cuando logramos hermanarnos con otra alma, sentimos que al fin no estamos tan solos en el Universo.

Al hablar de un músico como Don McLean podemos apreciar la grandiosa influencia que sobre el Rock & Roll ejerció un género que le era anterior: la música Folk. Castellanizado como “folklore”, esta variedad musical siempre ha recogido lo autóctono de cada región, y es menester ejecutarla con instrumentos que son propios de cada geografía. Pero para el ideario rockero, los aspectos del Folk que mayor importancia han tenido han sido básicamente su condición de música acústica –los instrumentos eléctricos estaban ausentes o pasaban a un segundo plano-, y el carácter poético y elaborado de sus letras, que terminaron por darle forma a la “canción de protesta”. Cualquiera sea el caso, los artistas devenidos del Folk siempre intentaban decirnos algo en sus canciones; eran trovadores que siempre se parapetaban detrás de una guitarra para susurrarnos lo que necesitábamos escuchar, y no lo que todos querían que escuchemos: “Estrellada, estrellada noche; flores en llamas que fulguran brillantemente. Nubes arremolinadas en un haz violeta se reflejan en el azul profundo de los ojos de Vincent. Colores que cambian de matiz, campos matutinos de granos en tonos de ámbar. Rostros castigados por el clima y delineados por el dolor, se ven suavizados bajo la mano amorosa del artista”. Una pequeña prueba de las alturas estilísticas a las que siempre intentaba llegar el Folk es el uso poético que en esta canción McLean hace de los colores, la forma en que utiliza las distintas tonalidades como un puente para generar una nueva imagen en la imaginación del oyente. Siempre es una delicia leer la letra de una canción Folk.

Y aquí tenemos al inspirador de esta canción, un pintor que sufrió casi como ningún otro, y que intentó con cada pincelada vigorosa e imprecisa –muy típica del postimpresionismo- acercarnos no al objeto pintado, sino a la sensación que aquel objeto le producía al pintarlo. Conocido es su estado de inestabilidad mental, sigue siendo tema de debate si esto mismo lo llevaba a percibir el mundo de otra manera; para así volcarlo en un lienzo. De cualquier manera que haya sido, fue un incomprendido; un adelantado a su época: “Porque aunque ellos no podían amarte, tu amor seguía siendo sincero. Y cuando ya no quedaron esperanzas a la vista, en esa estrellada, estrellada noche, te quitaste la vida, como suelen hacerlo los que aman de verdad. Pero yo podría haberte dicho, Vincent, que este mundo nunca estuvo hecho para alguien con un alma tan hermosa como la tuya”. Con una congoja que me desgrana el corazón, al ver tus cuadros, querido Vincent, siento que recién ahora te entiendo; recién ahora comprendo lo que de tantas maneras distintas intentaste decirme durante tanto tiempo a través de tus obras… Ahora, que ya es tan tarde. Y me asaltan unas ganas infinitas de correr a darte ese abrazo que jamás podré darte, y que llevás ganado desde hace siglos.

“Estrellada, estrellada noche; cuadros colgando en salones vacíos. Retratos sin marco en paredes sin nombre, con ojos que miran al mundo y no pueden olvidar lo que ven. Como el extraño que has conocido, el vagabundo vestido con harapos. La espina plateada de la rosa ensangrentada, que yace aplastada sobre la nieve virgen”. Los rostros que aparecen en sus pinturas, pertenecientes a vidas que ya hace mucho se han apagado, nos miran a través de un mar de décadas y con su expresión apesadumbrada, casi húerfanos de felicidad; parecen interrogarnos: “¿qué has hecho con la porción de tiempo que te ha tocado vivir?”, “¿cómo sobrellevaste tu sufrimiento, hermano?”, “¿Y tú, cómo crees que serás recordado?”.

“Y recién ahora creo que entiendo lo que estabas tratando de decirme. Cómo sufrías por estar tan cuerdo, cómo intentabas hacer que todos se sintieran libres. Pero ellos no te escucharon, ni logran escucharte todavía…”. Y la última frase se desliza como una lágrima afilada que nos abre el alma en dos y deja aflorar todo ese océano de melancolía en que algunos sabemos ahogarnos cada día. En esa última frase nos dice, con todo el dolor de saber que se hizo cuanto se pudo, que ellos, simplemente: “Tal vez, nunca lo hagan”… Ellos tal vez nunca nos escuchen… ¡Feliz Deprimartes! 

martes, 14 de marzo de 2017

Capítulo 159: “Bad Girl”. Madonna.

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Deprimartes desangelado:

Suelo hacer la broma de que la música de Madonna dejó de gustarme hace como tres décadas… Y es absolutamente cierto. Sus primeros tres discos son excelentes ejemplos del sonido de mediados de los años ’80, pero de allí en más tan sólo se dedicó a considerarse una abanderada a la hora de emprenderla contra todos los estereotipos, sin que nadie se lo pidiera; y en muchos casos, sin que fuera ni siquiera necesario romper ningún estereotipo. Es por eso que en su momento esa actitud cansó un poco a una buena parte de la crítica, que le dio la espalda durante casi toda la década del ’90. El video que aquí presento probablemente fue su último intento de hacer algo serio, sin que le ganara esa extraña necesidad que tienen todos sus videos de tener que terminar la noche obligatoriamente en una discoteca: “Algo se ha perdido y no sé por qué. Siempre siento la necesidad de ocultar mis sentimientos de ti. No sé si es de mí o de ti que tengo miedo, pero sigo diciéndome que voy a demostrarte de que estoy hecha”.

“No puedo dejarte ir, y no quiero causarte ningún dolor; pero te sigo amando como siempre, y para mi siempre serás mi bebé. En mi corazón sé que nos separamos, y ya no sé por dónde empezar. ¿Qué puedo hacer? No quiero sentirme triste”. Aquí se nos presenta el terrible vacío existencial en el que vive la protagonista de esta historia, una empresaria exitosa que siente una irrefrenable compulsión por cubrir su abismo con excesos de tabaco, alcohol y hombres anónimos y ajenos. Lleva adelante una vida triunfante y aburrida, de un color dorado opacado por la falta de fracasos. Esto la lleva a finalmente aceptar caer en las manos de un asesino, como si quisiera darle algún tipo de sentido a una existencia tan hueca por el simple hecho de decidir con quién hallar la muerte. En la última toma, ese infantil jugueteo que hacen sus piernas mientras se eleva al cielo nos da una idea de que está feliz por su destino, de que va hacia un lugar mejor, un lugar en el cual descansar de la enorme infelicidad que la convertía en una mujer de alma filosa: “Chica mala, borracha a las seis de la tarde, besando los labios de cualquiera, fumando demasiados cigarrillos. No me siento feliz cuando actúo así”.

¿La Reina del Pop? Tal vez lo sea, pero es fácil recordar que a Michael Jackson lo llamaban el Rey del Pop y el título no le quedaba para nada grande. Y no es que Madonna Louis Ciccone no haya hecho méritos para obtener un título así, sino que el simple hecho de que ella sea el mayor exponente del Pop con la música que hace hoy en día, habla muy mal del Pop mismo. La música popular, por su propia naturaleza, necesita agradar a las mayorías, justamente por su carácter de producto masivo; mientras que la movida rockera siempre ha apuntado a ser una expresión artística de rebeldía contra todo lo que ya estaba establecido. No se sabía qué podía llegar a salir de una mezcla con tanto contraste. Pero una vez que logró a principios de los años ’60 amalgamarse con el Rock, el Pop no sólo le inyectó una enorme fuerza creativa a la incipiente música juvenil, sino que lo colmó de texturas novedosas, de posibilidades ni siquiera soñadas hasta ese entonces, y lo catapultó hacia horizontes que nunca antes una expresión musical había creído poder llegar. En suma, el Rock no sólo llegó a ser lo que ha sido gracias a su matrimonio con el Pop; también el Pop mismo creció exponencialmente para alcanzar a todo tipo de audiencias. Pero ya pasados los años, podemos decir que hoy en día la música popular se ha convertido en un somero ritmo repetitivo sin la menor intención de transmitir ningún tipo de mensaje, cantado por estrellas preadolescentes, y destinado tan sólo a ser bailado en oscuros boliches por chicos gays y por niñas sin cerebro. Pobre Pop, ¿qué fue lo que te pasó?...


“Algo ocurrió y no puedo volver las cosas atrás, siento que quedo hecha pedazos cada vez que alejas tu corazón de mí. Lo que ocurre ahora es que sé que no te merezco. Me pregunto cómo es que siempre termino lastimándote”. El álbum de 1992 “Erotica” del que se desprende esta canción es sólo una basura pretenciosa. Cada canción parece no querer otra cosa más que aguijonear tabúes todo el tiempo, con muy poco sentido del gusto; y es por eso que éste fue el primer revés comercial serio para Madonna. Y aún así, aquí está este video hermoso… No es tan difícil darse cuenta de por qué este video está tan logrado. Tiene un increíble director detrás de cámaras: el genial David Fincher, quien además de ser el responsable de filmar videoclips para nada menos que Sting, Steve Winwood, Roy Orbison, Aerosmith, Michael Jackson y The Rolling Stones, ha sido el director de películas de la talla de “El curioso caso de Benjamin Button”, “La habitación del pánico”, “El Club de la pelea”, “Siete Pecados Capitales”, y –una de mis preferidas- “El juego”. En el video destaca el papel del genial Christopher Walken, que parece ser un ángel de la guarda frustrado, encargado de hacerle entender a la protagonista que tal vez su paso hacia el otro plano será lo mejor que pudiera ocurrirle en medio de una vida tan gris. No por nada es el mismo ángel quien le da el último beso de la muerte, como haciéndole un favor, porque puede escucharse claramente a Madonna decir en el video esta simple letanía: “No soy feliz”. En cierta manera, nadie lo es; así que… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 7 de marzo de 2017

Capítulo 158: “Lucky Man”. Emerson, Lake & Palmer.

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Deprimartes progresivo:

¿Qué es el Rock Progresivo? Probablemente la cima máxima que haya alcanzado el Rock & Roll en su búsqueda de la perfección. La necesidad de alcanzar la madurez como movimiento musical le hizo intentar trasgredir todos los límites que se le habían impuesto como producto comercial, y así es como llega a experimentar con la estructura de canción comercial de tres minutos y medio, pasando a estirarse y convertirse en una progresión de movimientos dentro de una misma obra; además de abandonar en sus letras las temáticas del amor trivial para abordar cuestiones mucho más fantásticas y existencialistas: “Él tenía caballos blancos, y chicas con las cuales salir, todas vestidas en satén y esperándolo en la puerta. Oh, qué hombre afortunado que era… Oh, qué hombre afortunado que era”. Descendiente directo del Rock Psicodélico, difería de éste último en que su búsqueda de la experimentación ahora estaba gobernada por el virtuosismo a la hora de ejecutar un instrumento, antes que por el simple uso de drogas alucinógenas. Estas quedaban más bien como una musa inspiradora antes que como un vehículo en sí mismo.

“Con lazos blancos y plumas le tenían preparada su cama, y sobre un colchón cubierto de oro él recostaba su cabeza”. ELP fue un Power Trio denominado así por los apellidos de sus tres integrantes, Keith Emerson, Greg Lake & Carl Palmer. Los tres fueron músicos virtuosísimos en sus instrumentos, y encontraron en el Rock Progresivo el formato perfecto para desarrollar temas con estructuras longevas y cambiantes, llevando adelante ritmos intrincados y casi imposibles de ejecutar. Junto con un pequeño puñado de grupos de esa misma época –Yes, Genesis, King Crimson, Pink Floyd, por sólo citar algunos ejemplos- se convirtieron en la síntesis de la perfección de la música a la hora de ser escuchada, tanto por la calidad de sus instrumentaciones como por la fusión entre música clásica, jazz y rock que llevaban adelante. Lograron poner en el centro de escena a compositores clásicos contemporáneos, entre los que se encontraban nombres de la talla de Béla Bartók o de nuestro compatriota Alberto Ginastera, al versionar en formato sinfónico distintos movimientos de piezas musicales de estos escritores.

El Rock Progresivo no había nacido para ser bailado, sino para ser escuchado. Es por eso que en aquella época las bandas que reinaban sobre el mundo contaban con los mejores tecladistas del mundo. Nombres como los de Rick Wakeman, Tony Banks y Richard Wright, le daban un brillo propio a sus respectivas bandas gracias a sus trabajos tras los teclados. Y en este caso tenemos a Keith Emerson, tal vez el mejor tecladista de la historia del Rock –puesto que disputará por siempre con Wakeman-, quien en el final de este tema se luce haciendo un solo con el Minimoog. Este maravilloso instrumento electrónico, uno de los primeros sintetizadores, era una versión portátil del enorme e impráctico Moog modular; y al igual que su antecesor permitía generar una variedad infinita de sonidos electrónicos, lo cual le abrió la puerta al sonido carácterístico de la década del `70, y a tecladistas como Vángelis y Jean Michel Jarré, quienes fueron precursores de la música electrónica y terminaron siendo artistas con nombre propio. El Rock pasó a tener un aire retrofuturista, con un origen casi imposible de determinar, como si estuviésemos ante música extraterrestre…

“Él fue a pelear guerras por su país y por su Rey. De su honor y su gloria la gente cantaría canciones”. Esta canción, a primera vista con un fuerte aire folk, muy lejano de lo que estos tres músicos harían en el resto de su obra, fue compuesta por Lake cuando su madre le regaló su primera guitarra, a la edad de 12 años. En la letra se aborda la vanidad de la vida, la futilidad en que todo queda convertido debido al advenimiento repentino de la muerte, todo con la ingenua simpleza con que puede cantar sobre algo tan existencial la pequeña e inquieta mente de un niño de tan sólo 12 años: “Una bala lo encontró, su sangre corrió y él lloró. Ningún dinero podría ya salvarlo, así que se recostó y se dejó morir. Oh, qué hombre afortunado que era”. ¡Feliz Deprimartes!


martes, 28 de febrero de 2017

Capítulo 157: “Don’t Worry Be Happy”. Bobby McFerrin.

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Deprimartes feliz:

Voy a aventurarme un poco con esto que digo, pero no temo estar equivocado: si la música fuera una persona, esa persona sería Bobby McFerrin. Director de orquesta, cantante de jazz con un oído absoluto, y dueño de la garganta más privilegiada que haya visto la música moderna; es capaz de recorrer con completa facilidad un espectro de cuatro octavas –la voz de la gran mayoría de la gente raramente supera las dos octavas-, saltando de una punta a la otra de ese rango con una pericia pasmosa. Ha sido el primer artista en grabar todo un disco completo de música jazz en el cual no utilizó ningún instrumento más que aquellos sonidos que producía con su voz: “Aquí hay una pequeña canción que escribí, tal vez quieran aprenderla nota por nota: no te preocupes, sé feliz”.

Este genio increíble es el padre de esa disciplina que hoy conocemos como beat-box, en la cual un artista imita al mismo tiempo tanto la base rítmica como la melodía de una canción sólo con los sonidos que pueda realizar con su boca. Es un gusto verlo aún hoy recorriendo los escenarios del mundo para mezclar su arte con el de aquellos lugares que visita, dejando bien en claro al público que la música, al fin de cuentas, es una sola y no acepta divisiones. Pero, a no equivocarse: su mensaje no es que la música no tenga colores, sino que, cual arcoiris sonoro, los tiene todos. Sus presentaciones están impregnadas de una informalidad que contagia buen humor y optimismo. Y de eso, justamente, habla esta archiconocida canción: “En cada vida tenemos problemas, pero cuando te preocupas los sientes como si fueran el doble. Así que no te preocupes, sé feliz ahora”.  Este famosísimo tema musical fue el primer y único Nº1 de la historia en no incluir ni un sólo instrumento en toda la grabación. Aquí también todo lo que se escucha proviene de las asombrosas cuerdas vocales del señor McFerrin.

La frase que intitula esta pieza se le atribuye a Meher Baba, el gurú de la India que predicaba la felicidad a través de los actos, ya que a los treinta años decidió dejar de hablar: Fue tan fuerte la influencia de Meher Baba y de su optimismo en la cultura occidental, que el mismo Pete Townshend, líder de The Who, le escribió el tema “Baba O’Riley”, uno de los más grandes éxitos de su banda. Es imposible no verse atraído por un mensaje tan positivo. Y es que el optimismo no termina por ser otra cosa más que una defensa natural para afrontar la horripilante realidad que nos trae cada día: “¿No tienes un lugar en el cual recostar tu cabeza? ¿Alguien vino y se quedó con tu cama? ¡No te preocupes, sé feliz! El dueño de tu departamento dice que tu renta está atrasada, y que tal vez te haga un juicio… ¡Mírame a mí, yo soy feliz! Te daré mi número de teléfono, cuando estés preocupado llámame y te haré feliz”. Aunque suene a una mueca forzada, no es tan loco que frente a la monstruosa realidad uno sólo atine a esgrimir una sonrisa. Es una forma sutil de resignación, pero también es una búsqueda incansable de esperanza. El mismo Maestro Baba había nacido en una familia zoroastrista, los seguidores de las enseñanzas de Zaratustra, y no por nada se dice que Zaratustra fue el único que nació con una sonrisa en sus labios.

“No tienes dinero, no tienes estilo, no tienes una chica que te haga sonreir… ¡No te preocupes, sé feliz! Porque cuando te preocupas haces que tu cara se arrugue, y eso hará que todos a tu alrededor se pongan mal”: En el videoclip de este éxito vemos un optimismo tan pantagruélico que parece tener su origen en algún tipo de antidepresivo. Allí junto a Bobby McFerrin aparecen haciendo payasadas el artista circense y clown experto Bill Irwin –qué mejor metáfora que incluir un payaso en esta canción, que son el ejemplo perfecto de la alegría maquillada y artificial-, y por supuesto que se reconoce a primera vista al genial Robin Williams. Uno de los mayores comediantes que nos dejó la industria del entretenimiento, enorme ser humano, y excelente actor; su suicidio nos recuerda que los cómicos suelen ser los que más sufren detrás de sus enormes inseguridades y sus sonrisas impostadas: “No te preocupes, no; sólo sé feliz. Pon una sonrisa en tu cara, no hagas que todos a tu alrededor se pongan mal. No te preocupes, todo pasará, lo que sea que te ponga mal… Yo no estoy preocupado, yo soy feliz”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 21 de febrero de 2017

Capítulo 156: “I’m Not In Love”. 10cc.

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Deprimartes suavizado:

El Soft Rock, también conocido como AOR (Adult Oriented Rock), o Rock orientado a los adultos, es la variante hacia la que comienza a girar el Rock & Roll a fines de los años ’60, cuando ya empieza a considerarse a la música popular como una expresión para ser escuchada y apreciada más que como una simple excusa para bailar. Este género estaba destinado a brillar durante los años ’70 en las radios FM de los autos de los ahora maduros padres de familia en que se habían convertido aquellos jóvenes hippies revolucionarios de la década anterior. Y llegó a ser la versión más elaborada y pulida de un Pop que ya en los ’80 resurgiría –sintetizadores mediante- con toda su fuerza comercial para arrebatarle el trono al Rock más pesado. En este marco de música suave aparecería 10cc, un grupo de multiinstrumentistas liderados por Eric Stewart; un artista e ingeniero de sonido tan talentoso que fue convocado nada menos que por Paul McCartney para colaborar en tres de sus discos.

En esta canción, Eric nos habla de un encuentro furtivo con una ex pareja, a quien pretende demostrarle su indiferencia; pero obviamente todas sus acciones parece que están diciendo lo contrario: “No estoy enamorado, así que no olvides que esta es sólo una tonta fase por la que estoy pasando. Y sólo porque te haya llamado no quiero que me malinterpretes, no creas que ya lo tienes claro. No estoy enamorado, no; no. Es sólo porque sí”. Se trata de no decir lo que se quiere decir, o de decir lo que no se está diciendo. La letra entera de la canción es una proyección del inconciente del protagonista, que se muere porque su amor vuelva, pero prefiere reaparecer en su vida de manera casual antes que hacer una declaración de sus sentimientos: “Me gustaría verte, pero con esto no quiero decir que signifiques mucho para mí. Por eso, si te llamo, no hagas un escándalo. No le cuentes a tus amigos sobre nosotros dos”.

Y aparece entonces este pequeño fragmento de la letra susurrado por una voz de mujer, en el cual radica la razón de tanto intríngulis: pertenezco a una generación a la cual le enseñaban que llorar era cosa de niños y de mujeres. Soy un representante más de una era en la cual ir al psicólogo a resolver nuestros problemas estaba mal visto, nos daba un aire de psicóticos irredentos. En mis tiempos, los hombres resolvíamos nuestros problemas en silencio, arreglándonos la cabeza nosotros mismos y de la manera en que pudiéramos. Esa única frase de la canción cantada por una voz femenina nos habla como en esa época lo hacían nuestras madres: “Quédate en silencio, los niños cuando crecen no lloran”.

Este tema, el más famoso de esta banda, es muy conocido por el particular uso de las voces de todos sus integrantes, las cuales fueron grabadas una y otra vez sosteniendo una nota. Con estas voces grabadas se crearon bucles de cinta magnétofónica que se repetían indefinidamente, y así fueron utilizadas como si fueran un muro de sonido; cada voz por separado ejecuta un tono con los cuales se van conformando los acordes de la canción. Es por eso que el coro suena tan etéreo. Eran evidentes las capacidades técnicas de Stewart como ingeniero de sonido: “Mantengo tu foto colgada en la pared, porque con eso oculto una fea mancha que hay detrás. Así que no me pidas que te la devuelva, aunque yo sé que tu sabes que no significa demasiado para mí”.


Este es el verdadero motivo de toda la canción, una dulce venganza que tiene su origen obviamente en el dolor que aún rezuma por entre los labios de una herida: “Oh, vas a esperar mucho tiempo por mí. Oh, sí que vas a esperar”. En el final queda expuesto ese último gran deseo, que más allá de la espera el amor regrese aceptando nuestro perdón. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 14 de febrero de 2017

Capítulo 155: “Going Up The Country”. Canned Heat.

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Deprimartes flautista:

Woodstock fue sin duda alguna el más importante festival musical que nos haya dejado la Era Rock. Fueron tres días de pura música y premisas pacifistas a mediados de agosto de 1969. Sobre el escenario de este recital, el desfile de artistas identificados con el movimiento del “flower power” lo terminó por convertir en todo un manifiesto del hippismo. Los jóvenes de las flores proponían un innovador estilo de vida, con valores filantrópicos tan altos que hacían que la filosofía de esta tendencia cultural fuera totalmente disrruptiva con todo lo que la sociedad representaba hasta ese instante.

De repente, la felicidad máxima radicaba en escuchar a todo volumen un Rock denso y poblado de texturas, con solos de guitarra con sonido “wah-wah” que invitaban a la mente a divagar… Todo esto coronado por abundantes dosis de marihuana y de ácido lisérgico. Todos se ponían a bailar agitando espasmódicamente los brazos en el aire, mientras intentaban que la música atravesara cada célula del cuerpo y los volviera uno sólo con el cosmos. La misma ideología de los hippies contenía un misticismo abierto a todo tipo de creencias; de hecho, cuanto más extrañas, mejor. Probablemente el hippismo haya sido algo así como el nirvana de la sociedad occidental. Fue un despertar de la conciencia, un momento de iluminación, ese instante en el cual se entremezclan el terror y la alegría más profundos que puede experimentar un ser humano, al darse cuenta de que tal vez todo lo que se había hecho hasta ese entonces estaba mal; y por lo tanto ya ninguna regla era válida. El único mandamiento que se volvió auténtico era ese que es casi tan viejo como el mundo, y que nos manda a amar al prójimo como a uno mismo. Sólo permanecería entonces el amor fraternal, y a partir de allí se intentó construir algo nuevo: “Me voy a recorrer el país, nena; ¿quieres venir? Me voy a algún lugar en el que nunca haya estado. Me voy, me voy allí donde el agua sepa como el vino. Podríamos tirarnos al agua y estar borrachos todo el tiempo”. Uno de los grupos que se consagró en Woodstock fue Canned Heat, quienes han sido famosos por incluir en sus discos a viejas glorias del blues –llegaron a contar en sus grabaciones nada menos que a John Lee Hooker-. Artistas excelentes a la hora de improvisar, algunos de ellos habían sido músicos de sesión en grabaciones de nada menos que Frank Zappa o The Monkees. Supieron sin embargo ir adaptándose a la nueva música que surgía, y así fue como sumaron a su sonido instrumentos como la flauta traversa, instrumento que terminaría representando el sonido hippie y el futuro del Rock Progresivo, de la mano de artistas tan excelsos como Jethro Tull y Yes.


“Voy a abandonar esta ciudad, necesito escaparme. Todas estas peleas y discusiones, ya sabes que no puedo soportar todo esto. Así que mejor que hagas tus valijas, ya sabes que tenemos que irnos hoy mismo. Adónde vamos, exactamente no lo sé, pero puede que hasta tengamos que abandonar el país. Porque todo esto se siente como un nuevo juego, y yo quiero jugarlo”. Se trasluce en las imágenes de este video que hay un verdadero espíritu de mancomunión. Lo de uno es de todos, y estamos todos juntos sólo para pasarla bien. Lo que quieras ponerte está bien, como quieras bailar está bien, la sustancia con la que quieras colocarte también está bien. Todo está bien, siempre y cuando todos estemos bien. Mientras tú estés bien, yo también estaré bien, y todo estará bien: “No tiene caso que corras, que grites o que llores, porque tú tendrás un hogar aquí siempre y cuando yo tenga le mío”. Lo triste de este caso es que el Verano del amor fue un sueño. Y, como ocurre con todo sueño, en algún momento hay que despertar. El fin de la década más gloriosa que vivió el Siglo XX dejaría a los jóvenes de la generación de las flores frente a frente con los graves problemas que suelen tener aquellos que se despiertan luego de una fascinante resaca. Allí está el verdadero inconveniente de tratar de evadirse de los problemas. Uno puede hacerse el desentendido tanto como quiera, pero al final, los problemas continúan estando allí; y tal vez hayan empeorado debido al tiempo que dejamos pasar sin poder darles una solución. Al menos, nos queda el consuelo de ir a refugiarnos de tanto en tanto en esos recuerdos felices que nos quedan luego de toda fiesta… Quedará en la memoria entonces la reminiscencia gloriosa de aquella fiesta del amor libre, en la que la imaginación intentó quedarse con el poder. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 7 de febrero de 2017

Capítulo 154: “Tonight Tonight”. The Smashing Pumpkins.

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Deprimartes vaporoso:

Devenidos en emblema de todo adolescente con alma de “darkie”, The Smashing Pumpkins han sido una propuesta más que interesante dentro de la música norteamericana de fin de siglo. Con orígenes en el post-punk, esta banda siempre apuntó a más, a no quedarse en la simple virulencia de una música tan primal; y apuntaló su enorme crecimiento artístico en el lirismo de las letras de su líder Billy Corgan. Esta banda, que se caracterizó por tener siempre a una mujer al mando del bajo eléctrico, en su mejor momento editó el álbum Mellon Collie and the Infinite Sadness, el cual es considerado uno de los mejores de la década del ’90, tanto por la enorme cantidad de temas que brindó, como por su tono oscuro y depresivo. Ya su mismo título lo anuncia, porque si bien “Mellon Collie” es un juego de palabras que no significa nada, suena igual a la palabra melancolía. Así, el álbum nos prometía ya desde su portada la melancolía y la tristeza infinita: “El tiempo nunca es tiempo del todo. Nunca jamás podrás irte sin dejar atrás un pedazo de juventud. Y nuestras vidas han cambiado para siempre, nunca volverán a ser las mismas. Cuanto más cambias, menos sientes. Cree, créeme”. Podrán verterse barriles enteros de tinta sobre la música de la última década del segundo milenio, y debatir si para ese entonces el Rock & Roll ya estaba muerto o no, pero si hay algo indiscutible es que el arte de hacer los videoclips que acompañaban una canción había alcanzado una madurez imposible de soñar sólo unos años atrás. Y como prueba, que baste este botón: el video de este tema es una joya que nos remite a la sobria magia de las películas de los primeros años del Siglo XX. Muy especialmente a “Le Voyage dans la Lune” del genial director francés Georges Méliès, quien con la ayuda de su compañía de teatro plasmó en celuloide unas improbables y estrambóticas aventuras extramundanas, en las que llegó a poner en escena los primeros efectos especiales de la historia del cine.   

“Cree en que la vida puede cambiar, cree en que no estás atascada en un lugar sin esperanzas. No somos lo mismo, esta noche somos diferentes. Esta noche… Esta noche tan brillante”. Creer siempre nos ha llevado a lograr cosas insospechadas. Y aquellas viejas filmaciones francesas -tan románticamente rústicas- nos remitían a los escritos de Julio Verne, el padre de los sueños de la humanidad moderna; quien en sus escritos no tenía reparos en romper la barrera de lo imposible para viajar de la Tierra a la Luna, cruzar veinte mil leguas de viaje submarino, o dar la vuelta al mundo en ochenta días para terminar llegando hasta el faro del fin del mundo. Sus obras empujaban a un mundo que comenzaba a iluminarse, a creer, a probar sus límites, a alucinar con todo aquello que podría alcanzarse en un futuro cercano a través del progreso industrial.

“Y ahora sabes que nunca estuviste muy segura, pero ahora estás segura de que tal vez estás en lo correcto si decides ir hacia la luz. Y así las brasas nunca se apagarán en tu ciudad sobre el lago, el lugar en el que naciste. Cree, créeme”. Y aquí justamente la estética del videoclip nos deja espacio para hablar de una idea retrofuturista, una maravillosa ucronía que con el tiempo llegó a llamarse “steampunk”. Esa quimera de conquista de las fronteras del espacio que serían alcanzadas gracias a las máquinas movidas por la fuerza del vapor, tal como era imaginado allá por la época victoriana. Si bien hoy en día este subgénero de la ciencia ficción ha alcanzado una madurez envidiable, para la época de los libros de Verne y de las películas de Méliès, así era como la gente culta imaginaba el futuro posible.


Finalmente, el videoclip nos habla de un escape. Un escape de la Tierra, un escape de la Luna, un escape del fondo del mar... Quizás sea una metáfora del escape de Billy Corgan de su difícil infancia -¿qué artista no la tuvo?-. Bueno, pues; podría decirse que viajar en zepelín a la Luna también es una forma de escaparse. Tal vez sea porque la búsqueda de algo nuevo es siempre un escape… Supongo que depende del punto de vista de quien observe la travesía: “Cree en la resuelta urgencia del ahora, y si crees que no tendremos una sola chance esta noche, esta noche tan brillante… Entonces crucificaremos nuestra hipocresía esta noche, haremos las cosas bien, lo sentiremos todo esta noche. Encontraremos una forma de ofrecernos esta noche, todos los indescriptibles momentos de tu vida esta noche. Lo imposible es posible esta noche, cree en mí como yo creo en ti, esta noche”. Y allí se queda la Luna con cara enojona porque finalmente la humanidad se ha atrevido a revelar sus secretos. Y es que la raza humana, simplemente, no sabe que no es posible todo aquello que le es imposible; al igual que el abejorro no sabe que no puede volar, y por tanto vuela. Los sueños fogoneados por las ideas movidas a vapor de Julio Verne han hecho que el hombre siempre esté en movimiento, incapaz de comprender que existen lugares a los que tal vez no debería ir jamás. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 17 de enero de 2017

Capítulo 153: “(All I Have To Do Is) Dream”. The Everly Brothers.

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Deprimartes armonizado:

El simple acto de amonizar. Una primera voz entona una melodía abrazada por otra que canta una melodía similar, pero diferente, un par de tonos más arriba, o más abajo, o atravesándose de arriba abajo, o de abajo arriba, todo es válido; el secreto y el arte reside en encontrar las combinaciones de notas que encajen de manera agradable en el oído del público. Y en eso, como en casi todas las cosas, también hubo próceres: “Soñar, soñar, soñar… Cuando te quiera en mis brazos, cuando quiera quedarme con todos tus encantos; en cualquier momento en que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. Si bien es algo tan antiguo como la música misma, se puede decir que los inventores de la armonía vocal en la Era Rock fueron Phil y Don Everly, quienes les enseñaron a cantar a toda la generación que nos daría las mayores cimas del Rock & Pop como The Beach Boys, The Beatles, Simon & Garfunkel, The Hollies, Crosby Stills & Nash, etc. No hay uno solo de ellos que no se haya basado en lo que hacían estos hermanitos veinteañeros vestidos de punta en blanco.

“Cuando me sienta triste en la noche y necesite que me abraces fuerte, en cualquier momento en que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. Si bien puede decirse que sus canciones eran relativamente simples, y sus letras nunca llegaron a escapar de la temática más simple de los amores estudiantiles, esto mismo le ocurrió a todos los músicos en los años 50’; una época de arreglos casi inexistentes en el naciente Rock, donde reinaban las voces bien limpias y pulidas, y una casi infaltable guitarra con efecto trémolo. Pero cuando finalmente la gloriosa década de los años ’60 los tomó por sorpresa, como a casi todos los de esa primera generación, se quedaron para siempre como un símbolo de la época de los héroes fundacionales del Rockabilly.


“Podría hacerte mía, y degustar tus labios color de vino en cualquier momento, sea día o sea noche. El único problema es que voy a pasarme la vida soñando”. Ya lo decía Calderón de la Barca: soñar no cuesta nada. Y por ser gratis, puede volverse una adicción. ¿Vale la pena perder la vida en ensoñaciones que jamás se harán realidad? Aunque también es válido recordarnos que toda realidad lograda, siempre antes fue soñada. Es imposible lograr una meta sin que primero se nos aparezca como una fantasía gloriosa e inalcanzable. Supongo que, como en todo, el éxito radica en encontrar el justo balance entre sueño y esfuerzo: “Te necesito tanto que siento que podría morirme, y te amo tanto que es por eso que cada vez que te quiera para mí, lo único que tengo que hacer es ponerme a soñar”. ¡Feliz Deprimartes!

Capítulo 152: “Blackout”. Muse.

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Deprimartes desmayado:

Desde el nacimiento del Rock en adelante, por lo general se puede identificar perfectamente a qué década corresponde una grabación. Es así que podemos hablar sin inconvenientes de la música de los años ’50, de los ’60, de los ’70, de los ’80, y de los ’90… Pero entrando al nuevo siglo la cosa se complica. Porque ya estamos bien avanzados en la segunda década de este milenio, y si bien ya de por sí es una pésima señal para la salud de nuestro Rock que no exista una música de los años ’00 –de hecho, ni siquiera sabemos muy bien cómo llamar a esa década-, muchísimo peor es que no podamos diferenciar la música de la presente década de la que sonaba en la anterior; porque tampoco podemos catalogar géneros musicales nuevos en la música de los años ‘10… Y en medio de esta sensación de estar asistiendo a un velorio, o visitando las ruinas de alguna civilización perdida, de vez en vez surge una antigualla a la cual vale la pena apostarle nuestros oídos. Aquí tenemos a Muse, una banda de lo más presentable que pueda escucharse en medio de estas ruinas bombardeadas que quedaron luego de la muerte del Rock.

Esta banda inglesa liderada por Matt Bellamy comenzó su carrera a mediados de la década de los ’90, y si bien no han estado catalogados como integrantes del movimiento Brit-Pop, tienen una evidente influencia de la banda Radiohead. Pero han sabido abrirse su propio camino, siendo una rara avis en el panorama musical del Siglo XXI, debido a la profundidad de las atmósferas que logran crear en sus canciones; más que nada producto de las ideas conspiranoicas de su líder, que suele impregnar las letras de sus canciones con razonamientos existencialistas y simbólicos –quienes no me crean, tengan a bien escuchar otros éxitos de esta banda como “Starlight” o “Madness”-. En este otro hermoso tema nos habla de la simplicidad de aceptar que las cosas buenas, por su propia naturaleza, no pueden durar: “No te engañes a ti misma ni trates de mirar para otro lado, este amor es demasiado bueno como para durar; y yo ya estoy demasiado viejo para soñar”. Curiosamente, yo también siento que ya estoy demasiado viejo para soñar… Cada día cuesta más sostener en la mente la noción de que las pocas alegrías que la vida ofrece como obsequio no se van a marchitar de un momento para el otro. Es la maldición con la que vivimos aquellos que primero aprendimos a pincharnos con las espinas antes que a oler las rosas.

El aire brumoso en que se desempeña esta melodía parece sumirnos de lleno en la resignación. Pero en una resignación evocativa, ese sentimiento de último deseo desesperado por guardar una pizca de dignidad y no terminar arrastrando a nadie más en nuestra caída: “No intentes crecer demasiado rápido ni trates de abrazar el pasado, esta vida es demasiado buena como para durar, y yo soy demasiado joven como para preocuparme”. Tiene ese tono amargado de consejo que no será escuchado, de “yo ya he estado ahí antes” que no servirá para nada…


La grabación de este tema cuenta con un sonido muy particular, aquí excelentemente reproducido en vivo. Una pared de violines lastimeros que nos envuelve como un abrazo de náufrago, una guitarra que repica como la última luz de una vela a punto de apagarse, y una voz que mientras canta se va convirtiendo en una mezcla de súplica y llanto. Todas esas texturas musicales nos dejan con la sensación de quien afronta un proyecto condenado de antemano al fracaso: “Esta vida podría ser la última, y nosotros somos demasiado jóvenes como para darnos cuenta”. Es increíble que para tantas personas este tipo de sonido funcione como los primeros auxilios para cualquier alma herida. Estoy convencido de que habemos tantos y tantos seres en el mundo que escuchamos esta clase de música de manera similar a como una fiera se lame las heridas luego de haber luchado por su vida. ¡Feliz Deprimartes!

Capítulo 151: “Cosmik Debris”. Frank Zappa.

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Deprimartes improvisado:

¡Bienvenidos a un nuevo año en compañía del costado melancólico de los artistas más importantes del Rock & Roll! Y para abrir esta cuarta temporada de los Deprimartes, decidí hablar sobre un artista tan importante, que para describirlo usaré la siguiente frase: cuando un grupo de amigos se junta a hacer música de forma imprevista, no se juntan a “Claptonear”, ni a “Knopflear”, ni mucho menos a “Hendrixear”… Esos amigos se juntan a “Zapar”. Y esto se debe nada más ni nada menos que al genial Frank Zappa, que aquí usa su humor sardónico para emprender un ataque fulminante contra esos charlatanes de feria que quieren vendernos una vida después de la muerte: “El Hombre Misterioso se me apareció y me dijo: ‘¡Estoy iluminado!’. Me dijo que por un precio nominal, yo podría alcanzar el Nirvana esta noche. Así que si yo estaba listo y bien dispuesto a pagar por sus servicios, él bien podría dejar a un lado sus asuntos importantes; y dedicar toda su atención a mí. Pero yo le dije: ‘Mira, hermano; ¿a quién quieres engañar con toda esa porquería cósmica? Mira, mejor no pierdas tu tiempo conmigo’”.

Frank Vincent Zappa fue alguien absolutamente fuera de serie. Su producción musical es prácticamente inclasificable, lo que en un artista de su talla se transforma en todo un cumplido. Compositor y productor talentosísimo, lo fue aún más como guitarrista y frontman de su banda The Mothers Of Invention. De todos los virtuosos exponentes que quisieron hacer que el Rock tuviera una mixtura con el más elaborado Jazz (como Chick Corea, Al Di Meola, o John McLaughlin, por sólo mencionar algunos), Zappa fue el único que se mantuvo más apegado a un Rock que aún pudiera ser degustado por las masas. Y acompañaba sus canciones con una incorrección política a toda prueba, con letras irónicas sobre temas mundanos (las drogas y el sexo en “Dinah Moe-Hum”, la televisión basura en “I’m The Slime”, o la homosexualidad con “Bobby Brown”) y sobre otros temas un tanto más profanos, como en el presente caso: “El Hombre Misterioso se puso nervioso y comenzó a agitarse un poco. Metió la mano en uno de los bolsillos de su toga misteriosa y de él sacó con un sacudón una caja que parecía un kit de afeitar. Yo pensé que allí habría una navaja, y una lata de espuma; pero él me dijo mientras la abría que no había nada que su caja mágica no pudiera hacer. Con su aceite de Afrodita, y un poco de polvo del Gran Wazoo, él me dijo: ‘Tal vez no lo creas, amiguito, pero esto curará hasta tu asma’”.

A título personal, puedo contar que yo también tuve mi aventura de fe, la cual duró unos buenos veinte años. Hoy, sentado sobre el trono de roca de mi agnosticismo, miro hacia todo aquello con una mezcla de ternura inocente por lo estúpido que era, al dejarme engañar como en cierta manera lo hacemos todos con tal de darle algún tipo de sentido a nuestra vida. Más allá de las creencias que tuve en ese momento, siempre fui muy curioso con respecto a todas las religiones, así que puedo decir que he visto de todo en esta vida. Teleevangelistas llorando porque los agarraron con una prostituta, muchos casos de sacerdotes estratégicamente reubicados luego de inoportunas denuncias de pedofilia, hombres en saco y corbata con acento portugués queriendo venderte un pañuelo empapado con agua bendecida del río Jordán, un libro que te dice que si te mueres no debes ir hacia la luz, sino hacia el dios con cara de tigre con dientes ensangrentados y que usa como vestido la piel de varios niños, y pelados en túnicas que me decían que todos los males del mundo se terminarían si dejáramos de matar vacas. Yo también me pregunté en más de una ocasión: “¿Pero qué clase de gurú eres? Podrías hacer más dinero si trabajaras como carnicero”.

Todo en ellos, hasta su aspecto, transmite una sensación de falsa pulcritud; de que todo en estos gurúes responde a una receta o a un modelo prearmado. Debería ser muy natural cuestionarlos como hace la letra de esta canción: “¿Eso que tenía puesto era un poncho o era algo que sacó de una feria americana?”.

“Le dije: ‘Tengo mis propios problemas, y tú no me puedes ayudar. Así que toma tus meditaciones y tus pócimas y ya sabes qué hacer con ellas’. ‘¡Pero tengo una bola de cristal!’ me dijo, sosteniéndola contra la luz. Entonces se la quité y le mostré cómo se hacen las cosas. Me envolví un periódico en la cabeza para tener un aire místico, recité un par de cosas sin sentido y le ordené que se quedara dormido. Y entonces le robé sus anillos, su reloj, y todo lo que encontré. Tenía a ese idiota bien hipnotizado, no podía decir ni una palabra; y allí procedí a adivinarle el futuro mientras él no podía hacer nada. Le dije: ‘El precio de la carne subirá, y tu mujer te engañará’”. No hay que ser ni demasiado listo, ni estar en demasiados apuros, para poder ver los hilos que sostienen en el aire las adivinaciones obvias de estos falsos profetas, siempre queriendo hacer parecer como visiones milagrosas la mera unión de razonamientos a partir de información básica que las mismas personas que los consultan les proporcionan. Es un viejo truco en el que mucha gente cae, especialmente los desesperados, aquellos que han perdido las esperanzas. Una vez me enseñaron que cuando estás por ahogarte, te sujetas de cualquier cosa… Incluso de un tiburón.


En fin, una vez más: ¡Feliz Deprimartes para todos!

martes, 10 de enero de 2017

"Para el próximo Deprimartes, me gustaría pedirles su colaboración… Los de los asientos baratos, pueden aplaudir… Y el resto de ustedes sólo sacudan sus joyas”:

Me despedí de la tercera temporada de mis Deprimartes usando una broma que John Lennon usó con su público, y francamente no se me ocurrió nada mejor que abrir la cuarta temporada de este blog usando otra broma del mismo autor, y con la misma intención sardónica. Confieso que no intenté cerrar ningún círculo, simplemente no se me ocurrió nada mejor. Aunque luego de un lapso de tiempo en que me sentí un tanto frustrado y decepcionado de mi mismo, pensé… ¿Podría haber una mejor forma de abrir nuevamente este blog? No lo creo…

Aquí estoy, otra vez. Con todo un año por delante, y asumiendo el firme compromiso de vérmelas con el desafío de presentar otra tanda de músicos que han sabido consagrarse dentro de la tumultuosa y revolucionaria Era Rock, pero no como paradigmas de lo festivo, sino más bien como instrumentos para graficar los aspectos más pasivos de ese movimiento musical. Aquí tendrá lugar nuevamente todo lo melancólico, lo reflexivo, lo depresivo, lo sarcástico, lo iracundo, y lo alienado… En fin, todo aquel artista que a través de alguna vertiente del Rock haya tenido algo que decirnos, alguna palabra, melodía o imagen de la cual pueda desprenderse un sutil rechazo hacia la realidad misma… Bienvenida sea la tristeza. Suena contradictorio, ¿no?

Nos acompañarán nombres que aún no se aparecieron por aquí, artistas de las más variopintas décadas que abarcó el Movimiento Rock, y con ellos viajaremos a lo largo de los años y los distintos estados de ánimo. Iremos de Kraftwerk a Don McLean, de Madonna a Jehtro Tull, de los Everly Brothers a ZZ Top, de The Ramones a Emerson, Lake & Palmer, entre muchos otros; todos ellos con algo interesante que decir sobre los costados más lúgubres y desconsolados de la humanidad...

Nuevamente, bienvenida sea la tristeza… ¿Sigue sonando contradictorio? Pues... ¿Y qué podría ser más contradictorio que un Caballero nacido en la superpotencia mundial que dominó el mundo a base de guerras y comercio, un señorito inglés de estricta corbata nombrado Miembro del Imperio Británico, y que finalmente termina convirtiéndose en un ícono hippie pacifista vistiendo ropas de colores y anteojitos redondos?... ¡Sólo el Rock & Roll puede hacer eso!


El show está por comenzar… Pueden empezar a aplaudir… O sacudan sus joyas, si así lo prefieren.

martes, 29 de diciembre de 2015

"Me gustaría decir gracias, en nombre de los Deprimartes, y espero que hayamos pasado la audición":

Parafraseando la broma con la que John Lennon cierra la última presentación que hayan hecho The Beatles, es que me despido de esta tercera temporada de los Deprimartes.

A lo largo de todo este año, y mientras avanzaba en la cantidad de capítulos de este humilde blog, me asaltaba una y otra vez la misma inquietud: ¿qué hacer con los Deprimartes? ¿Comenzar otra temporada con nuevos artistas aún no analizados? ¿Empezar a diseccionar nuevos temas de músicos ya antes visitados? ¿O simplemente plantar mi bandera aquí mismo, y decir "misión cumplida"?... 

Y lo que me decidió fue la cantidad de nombres que aún ni siquiera he tenido el honor de mencionar en estos tres años. Fíjense, he dejado afuera a músicos vitales para la historia de mi querido Rock & Roll, artistas tan variados y de épocas tan distintas como Joe Cocker, Guns'N'Roses, Frank Zappa, The Ramones, Jamiroquai, Jehtro Tull, Peter Frampton, Madonna, Aerosmith, y Emerson, Lake & Palmer, entre tantísimos otros.

Pues bien, la opción obvia es la de seguir adelante, hacer una nueva temporada. Ocurre que para no repetir artista tengo que embarcarme en una empresa que me demanda una cierta cantidad de tiempo, de pericia... Y de ganas. Y es que debo reconocer  que no tengo los conocimientos básicos del repertorio de muchas estrellas musicales que pretendo mencionar el año entrante, y esto me obliga a la tarea de hacer de "arqueólogo musical"... Y bueno, juntaré valentía de donde no la tengo, me calzaré el sombrero, y trataré de evitar que me maten los jíbaros.

Deséenme suerte.


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martes, 22 de diciembre de 2015

Capítulo 150: “Hey Joe”. Jimi Hendrix.

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Deprimartes excelso:

“‘Hey, Joe; ¿adónde vas con ese revólver en la mano? ¡Hey, Joe! Te pregunté adónde ibas con ese revólver’. ‘Voy a matar a mi novia, porque la atrapé coqueteando con otro hombre, y eso ya sabes que no está nada bien’”. Desde que nació, junto con la década del ’50, el Rock & Roll le debió su esencia más irreductible a la guitarra eléctrica, ese instrumento que gracias a sus posibilidades expresivas abandonaba el aburrido panorama jazzero de aquella época para investigar qué tan lejos podía llegar adaptándose a esa núeva música de rebeldía filosa. Y a lo largo de la frondosa historia de la guitarra, ésta supo caer en sabias manos. Son muchos los nombres –muchísimos – a los que les debemos que durante todos estos años nuestros genes insatifechos griten cada vez que escuchamos un solo bien ejecutado; pero hay un nombre que fulgura como ningún otro, un sol que parece brillar cada día más, y cuyo bronce bien ganado parece no conocer óxido que lo carcoma: Jimi Hendrix.
  
Superhéroe indiscutible de las seis cuerdas, prócer del Rock Ácido; no hubo ni volverá a haber otro como Jimi. Llevó el hecho de ser un guitarrista varios niveles más allá, poniendo la vara muy alto; y señalando la cima de la montaña a la cual hay que apuntar para quien quiera convertirse en una megaestrella rockera: “‘Hey, Joe; oí que mataste a tu mujer. Tú la mataste. La dejaste bien muerta, tirada en el suelo’. ‘¡Sí, yo la maté! Ya sabes que la atrapé coqueteando por toda la ciudad. Y le apunté con el arma, y le disparé. ¡Muy bien! ¡Y le disparé otra vez más!’”. Con un talento circense, puso ante la mirada del gran público nuevas maneras de tocar la guitarra, con la lengua, con los dientes, en la espalda, en la nuca… Era un innovador nato, que por lo general incendiaba su instrumento una vez que complacía a la audiencia. Una vez tocada por el gran Hendrix, esa guitarra ya no era digna de existir.

Así como había graffittis en las calles que a Eric Clapton lo llamaban “Dios”, el nombre de Hendrix era apenas susurrado entre los guitarristas; que se decían unos a otros: “Conocí a alguien que va a acabar con todos nosotros”. Y es que si bien para mi gusto, sólo Clapton le es comparable; la increíble sobriedad de Eric nunca buscó hacerle frente a la parafernalia que el Brujo Negro desparramaba sobre el escenario. Y además, Hendrix tuvo la fortuna de acrecentar su leyenda muriéndose muy joven, en el mismo período de un año que terminó por llevarse también a Janis Joplin y a Jim Morrison; todos a la edad de 27. Esa seguidilla de muertes le puso fin a la era psicodélica del Rock, abriéndole la puerta a la dolorosa madurez de los primeros años de la década del ’70: “‘Hey, Joe; ¿adónde vas a ir ahora? ¿Adónde huirás?’. ‘Me voy hacia el sur, me voy con dirección a México; adonde puedo ser libre. Nadie me encontrará allí, ningún verdugo va a ponerme una soga en el cuello;  créeme. Ya me tengo que ir’”.

Aquí, además de deleitarnos con otro de sus solos, Jimi canta sobre un encuentro casual con un amigo suyo, que finalmente mata a su mujer y ahora quiere desaparecer del mundo: “‘Hey, Joe; mejor que corras y te despidas de todo el mundo’”. Con el arte del más grande guitarrista de todos los tiempos es que baja el telón de otra temporada de este humilde blog; así que... ¡Feliz Deprimartes para todos!