martes, 23 de febrero de 2021

Capítulo 263: “Puff The Magic Dragon”. Peter, Paul And Mary. (1963)


 

 

 

Deprimartes draconiano:

 

“Puff, el dragón mágico, vivía a la orilla del mar y retozaba en la niebla de otoño de una tierra llamada Honalee”. Es verdad que los dragones siempre han vivido en nuestra imaginación, pero no siempre se los encuentra en historias antiguas reteniendo princesas en castillos y arrasando aldeas con su aliento de fuego. A veces sólo vuelan alrededor de nuestros sueños y nos acompañan desde los primeros años. Más de un niño supo tener un juguete con forma de dragón con el que ha iluminado sus ratos de juegos. Hasta que un día esa sociedad se termina sin mayor preámbulo. Todos hemos dejado atrás nuestros juguetes más amados cuando resignamos la inocencia de esa niñez ahora perdida. También quedaron atrás nuestros compañeritos de escuela, nuestros juegos por el sólo hecho de jugar, y nuestros amigos imaginarios. Todo lo que jamás volverá pero que se nos queda enquistado en el cajón de los recuerdos, y que puede arrancarnos una lágrima agridulce cada vez que nuestra memoria vuelve a esos años hermosos llenos de pequeñas aventuras. Y así de hermosos eran los años del niño protagonista de esta canción: “El pequeño Jackie Paper amaba al travieso Puff, y le llevaba sogas, lacre, y toda clase de cosas divertidas. Juntos viajaban en un barco con las velas hinchadas, y Jackie hacía de vigía trepado a la cola gigantesca de Puff. Nobles, reyes y príncipes los reverenciaban donde sea que iban, y los barcos piratas arriaban sus banderas cuando Puff rugía ferozmente su nombre”.

 

Quienes nos regalan esta delicada canción de cuna son Peter, Paul & Mary, un trío de hermosísimos arreglos vocales que cuenta con una de las carreras más longevas y exitosas en la historia del Folk. A pesar de que su nombre pueda parecer un guiño a personajes bíblicos, en realidad se trata de los verdaderos nombres de pila de sus integrantes: Peter Yarrow, Paul Stookey & Mary Travers; y una de las razones del gran éxito que tuvieron se debió a que ni bien aparecieron en escena, en 1962, inmediatamente se comprometieron con cuanto movimiento pacifista y de derechos civiles surgió por ese tiempo. De hecho, se presentaron a cantar algunas de sus canciones en la marcha en la que el reverendo Martin Luther King Jr. pronunció su famoso discurso recordado por la frase: “Yo tengo un sueño”. Pero por supuesto que no todo es inocencia, ni siquiera en el Folk. Algunos trasnochados se esforzaron por ver una interpretación bastante más oscura de esta canción inocente… A esta gente tan imaginativa sólo les alcanzaba con que Puff por su condición de dragón pudiese arrojar humo, y que además el apellido del protagonista fuera “Paper” (“Papel”) para comprender a las claras que la letra en realidad nos habla sobre el consumo de marihuana. Y no fue la única melodía naif que sufrió ese tipo de macarthismo a destiempo, un par de años después una canción llamada “Submarino Amarillo” también sería acusada de hacer apología de las drogas en su letra: “Un dragón vive por siempre, pero los niños pequeños dejan de serlo. Las alas pintadas y los anillos de los gigantes le hicieron lugar a otro tipo de juguetes. Y una noche gris ocurrió, Jackie Paper ya no volvió. Y Puff, aquel poderoso dragón, dejó de hacer su temible rugido”. Peter, el autor de la canción, dijo en una entrevista hace muy poco: “Es algo triste crecer, pero les tengo un mensaje: si al hacerlo mantenemos fuertes nuestra ética y nuestros valores, entonces nuestro dragón siempre estará a salvo y feliz”.

 

¿Adónde van los juguetes cuando ya no los usamos? Por lo que sé suelen dormir un sueño casi eterno dentro de cajas vacías en áticos llenos de telarañas, pero quiero creer que gozan de un sueño reparador muy bien merecido luego de haber cumplido su misión de hacerle comprender a un niño que para ser feliz sólo se necesita tener ganas de jugar: “Andaba cabizbajo por la tristeza, y sus verdes escamas caían al suelo como lluvia. Puff ya no iría más a jugar a la calle de los cerezos. Sin su amigo de toda la vida, Puff no podía ser valiente; así que Puff, aquel poderoso dragón, se retiró tristemente a su cueva”. Cuenta la leyenda que una estrofa olvidada de esta canción nos habla de cómo el dragón pasado el tiempo encontró a un nuevo compañerito de juegos, que no sería otro que el hijo de Jackie Paper. ¡Feliz Deprimartes!

 

https://www.youtube.com/watch?v=z15pxWUXvLY 

 


 

 

martes, 16 de febrero de 2021

Capítulo 262: “I Want To Know What Love Is”. Foreigner. (1984)

 



Deprimartes desamorado:

 

“¿Qué es el amor?”. Tal vez una de las grandes preguntas que siempre han atormentado a la humanidad, junto a “¿cuál es el sentido de la vida?”, “¿estamos solos en el universo?”, “¿hay vida más allá de la muerte?”, y “¿por qué si el café es negro y la leche blanca, el café con leche es marrón en lugar de ser gris?”. Por supuesto que el Rock no pudo escapar a esta pregunta tan trascendental, y contra todos los pronósticos, a veces pareció dar con la respuesta correcta: “Tengo que tomarme un poco de tiempo para pensar las cosas. Será mejor que comience a leer entre líneas por si lo necesito en caso de llegar a viejo. Y ahora, como si tuviese que escalar una montaña, siento el peso del mundo recayendo sobre mis hombros. Pero a través de las nubes veo brillar el amor, y eso me da esperanzas mientras veo cómo la vida se me vuelve cada día más fría”.

 

“En mi vida he tenido mucho dolor en el corazón, no sé si puedo enfrentar todo eso de nuevo. Pero ya no puedo detenerme, he viajado tan lejos para cambiar esta solitaria vida mía”. Como parece ser común en la vida de los músicos, en este videoclip podemos ver a los integrantes de Foreigner trabajando en su estudio hasta que sale el sol. Es a esa hora que cada día otras almas menos amigadas con el éxito salen a ganarse el pan, echándose el mundo al hombro sin importar cuánto sudor les cueste. Se pondrán en marcha y cumplirán sus funciones hasta que al sol le entre sueño. Y es ahí donde las sonrisas se adivinan por su brillo, porque fuera de nuestra agenda siempre habrá un margen de tiempo que le ganaremos tozudamente a nuestra apatía, para salir corriendo a hacer algo que simplemente nos haga sentir bien. Como hacen todos los actores secundarios de este video, esas almas laboriosas que luego de un agotador día de trabajo apresuran el paso para atravesar una ciudad en hora pico, sólo para conformar el coro de esta canción: “Quiero saber qué es el amor, y quiero que tú me lo muestres. Quiero sentir cómo es el amor, y sé que tú puedes demostrármelo”. Todas esas personas dejan de hacer lo que les demanda la sociedad y van corriendo felices hacia aquello que le da alas a su vida. Eso es amor. Como también lo es quedarte haciendo eso que tanto disfrutas sin que te importe a qué hora amanece. Eso es amor. Y todo aquello que haces, no por obligación ni por deber; sino sólo porque hay una pequeña voz adentro tuyo que te dice: “Hazlo. Amarás hacerlo”. Eso es amor.

 

La mitad de los integrantes de la banda Foreigner es norteamericana y la otra mitad es británica, por eso fue que jugaron con el concepto de “extranjero” a la hora de buscar un nombre, ya que una de esas mitades siempre se sentía como un foráneo estando de gira. Se trata de un grupo pionero del Soft Rock o AOR (Adult Oriented Rock), y tienen en su haber todo un rosario de baladas poderosas como “Waiting On A Girl Like You” o “That Was Yesterday” que les permitieron llegar al éxito en varias ocasiones. El conjunto fue iniciado por Ian McDonald, uno de los fundadores de King Crimson, y por el talentoso Mick Jones, quien también llegó a producir álbumes de artistas como Van Halen, Bad Company y Billy Joel, entre otros. A ellos se sumó el vocalista Lou Gramm, quien fue diagnosticado con un tumor cerebral poco antes de salir a escena en uno de sus shows. Fue operado con éxito, pero le quedaron secuelas como una pérdida de memoria constante, desórdenes alimenticios, y una voz muy cambiada. Pero mientras formó parte de la banda pudo cantar líneas como ésta: “Me voy a tomar un poco de tiempo para ver a mi alrededor. Ya no tengo dónde esconderme, así que parece que el amor finalmente me ha encontrado”.

 

El amor es una experiencia subjetiva. Tal vez por eso no encuentra respuesta cuando se transforma en pregunta. ¿Qué es? ¡Quién lo sabe! Lo que para algunos es una salida romántica para otros es una convivencia pacífica; lo que para muchos es una pasión desenfrenada para otros es tan sólo mirarse a los ojos para exorcizar el paso del tiempo. El amor no tiene una forma definible, y tal vez sea eso lo que lo vuelve tan fascinante: “Hablemos de amor, quiero saber qué es el amor. Ese amor que sientes dentro tuyo, quiero que me lo demuestres. Y es que estoy sintiendo tanto amor, quiero sentir qué es el amor. Y ya no podemos escondernos de él, así que quiero que me muestres cómo es”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=r3Pr1_v7hsw




martes, 9 de febrero de 2021

Capítulo 261: “It’s A Heartache”. Bonnie Tyler. (1977)

 



Deprimartes angustiado:

 

“Es una pena, no es más que una verdadera pena; y te das cuenta cuando es demasiado tarde. Te das cuenta cuando ya estás destruida”. Bitácora de una decepción de pareja: ¿Qué hacer cuando nos damos cuenta de que nuestro amor se está terminando? ¿Abrazarse a un rosario cada vez más pobre de recuerdos felices como quien se aferra a la última tabla flotante de un naufragio? Porque generalmente la certeza de que algo se está terminando suele atacarnos cuando ya no nos queda margen para hacer nada. Y duele como nada nos ha dolido el ver que todo lo que hemos construido con alguien que nos amó se va a pique irremediablemente. Es un último acto reflejo de nuestra naturaleza el tamizar sólo las sonrisas que nos unieron y pasar por alto todo aquello que nos convierte en seres con el alma envenenada. La necesidad de volver a ser felices con quien ya lo hemos conseguido nos asalta, la sensación de la apuesta segura nos nubla el juicio, el deseo de continuar pese a todo nos enceguece, y nos sentimos capaces de perdonar cualquier cosa. Pero, lo dicho, ya suele ser muy tarde como para que ese intento no roce el patetismo.

 

“Es como un juego tonto, nada más que un simple y tonto juego en el que termino parada bajo la fría lluvia, sintiéndome como un payaso”. Si nos tomamos un instante para pensar sobre esto, nos daremos cuenta de que en algún momento de la vida todos hemos perdido la dignidad por amor. Tal vez sea por lo único que valga la pena perderla. Un día determinado miramos hacia atrás y nos damos cuenta de la cantidad de concesiones que hemos hecho para mantener el amor en nuestra vida… Y ni aún así logramos conservarlo a nuestro lado, porque una receta segura para el desastre en cualquier relación de pareja es dedicarse por completo a hacer feliz a la otra persona. Lo aprendí por las malas. Al enfocarse en los deseos de la persona amada, irónicamente logramos no hacer feliz ni a esa persona ni a nosotros mismos: “Es una pena, no es más que una verdadera pena el hecho de amarlo hasta que se te rompen los brazos; y que él finalmente te decepcione”. Y es que amar y ser amado se asemeja mucho a un contrato entre partes. Damos todo de nosotros y damos por sentado que recibiremos lo mismo como retribución, y todo eso con un marcado rasgo de exclusividad. Ocurre que esa idea de amor romántico en la pareja es antiquísima, y obviamente está desfasada con los tiempos que corren. Que algunos hayan logrado ser felices en una relación monógama no significa en lo absoluto que ese mismo paradigma sea efectivo para el resto de los mortales. Tal vez sea por eso que el concepto mismo de pareja esté tan devaluado por estos días. Bienvenida sea la revisión de esas ideas tan arcaicas, si es que con eso podemos alcanzar nuestra felicidad.

 

¿Y quién es que canta con tanto desencanto? Ocurre que un cierto día la cantante galesa Bonnie Tyler tuvo que somerterse a una operación para extirpar unos nódulos de su garganta. Y desde entonces le ha quedado esa voz ronca tan característica de ella, la cual ha sido tanto su marca registrada como su boleto a la fama; ya que más de una de las canciones para las que prestó esa voz tan rockera terminó rondando la cima de los charts mundiales. De entre esta colección de temas resaltan la muy exitosa “Holding Out For A Hero” y ese himno de las baladas que es “Total Eclipse Of The Heart”, una melodía salida de la pluma del gran compositor Jim Steinman. En las letras de todos sus éxitos se adivinan desencuentros amorosos y planteos que vienen de un corazón frustrado: “No está bien tener tanto amor para dar cuando te das cuenta de que a él no le importas. No es sabio necesitar a alguien de la forma en que yo dependo de ti”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=bEOl38y8Nj8





martes, 2 de febrero de 2021

Capítulo 260: “Summer In The City”. The Lovin’ Spoonful. (1966)

 



Deprimartes tórrido:

 

Lo he dicho una miríada de veces: odio el calor. Así de simple, la temporada estival despierta lo peor en mí. Durante tres meses no soy mucho más que un compendio de fastidio y apatía, gentileza de un sol asfixiante que brilla como si odiara todo aquello que vive. Y confieso que lo he intentado todo para amigarme con el verano, pero mi metabolismo detesta profundamente el calor de mi Buenos Aires querido; donde la eterna humedad dispara la sensación térmica hasta los 40º centígrados sin ningún esfuerzo. En esos días yo no puedo hacer mucho más que respirar y sudar. Pero para el resto de los mortales desde tiempos remotos el verano parece estar asociado a la diversión, la alegría, y la felicidad. Aquí la psicodélica y sesentosa banda The Lovin’ Spoonful, al menos tiene la decencia de reconocer el espanto que significa un día veraniego: “Pueblo caluroso, verano en la ciudad; y mi nuca ya se siente sucia y áspera. Me siento abatido, y eso es una lástima; no parece haber quedado ni una sombra en toda la ciudad. Por todas partes la gente parece casi muerta, caminando por las aceras que están más calientes que la cabeza de un fósforo”.

 

The Lovin’ Spoonful fue una banda californiana que logró convertirse en un símbolo del nuevo movimiento hippie comandados por su frontman John Sebastian, quien tuvo una improvisada y aclamadísima participación en el festival de Woodstock; ya que él tan sólo había asistido como un simple espectador más. Los organizadores lo reconocieron y le pidieron que subiera a hacer un set acústico mientras los sonidistas arreglaban los equipos eléctricos que una lluvia repentina había puesto fuera de combate. Así fue que el buen John trepó al escenario y brilló ante cientos de miles de jóvenes a los que no podía evitar gritarles entre canción y canción que eran hermosos y que los amaba, probablemente porque como correspondía a la ocasión estaba completamente colocado con LSD. Pero antes de ese evento histórico, él y su banda llegaron a tener un respetable manojo de éxitos, entre los que se cuenta esta canción que a mediados de los años ’90 tuvo una excelente versión por parte de otra estrella de Woodstock, el gran Joe Cocker. Y más allá de que este tema vino como anillo al dedo para hablar del Verano del Amor de 1967, cumbre del hippismo, no dejaba de señalar que durante la temporada calurosa las cosas suelen ponerse mucho más interesantes cuando se esconde el sol: “Pero por las noches todo se transforma en un mundo diferente, ideal para salir y encontrarse con una chica. ¡Vamos, bailemos toda la noche! Más allá del calor, todo estará bien”.

 

Es un hecho consumado: se acerca el verano y todos los medios de comunicación nos bombardean con imágenes de playas infestadas de chicas con ropa minúscula, cuerpos bronceados bajo un calor calcinante, noches pletóricas de música bailable, potenciales encuentros amorosos, y rostros felices por estar transitando el mejor momento de la vida… ¿Es tan así? ¡Por supuesto que no lo es! Sucede que tenemos la fantasía de que en sólo un par de semanas de vacaciones nos ocurrirán todo ese tipo de cosas maravillosas que el año nos negó: aventuras, nuevos amigos, amoríos pasajeros, nuevas experiencias… Y por lo general las vacaciones lejos están de darnos aunque sea algunas de esas cosas, simplemente porque durante unos días nos disponemos a olvidarnos de nuestra rutina y por ende creemos que el universo está tan sólo esperando ese momento para atiborrarnos de hedonismo. No. Por lo general la playa equivale a demasiada gente molesta, niños perdidos, picaduras de aguas vivas y quemaduras de segundo grado por quedarse dormido en la arena durante el mediodía: “Y nena, ¿no crees que es una pena que los días no puedan ser como las noches mientras está el verano en la ciudad?”.

 

Si algo nos dejó la California de los años ’60 fue el maravilloso rock psicodélico que representó los ideales de “Paz y Amor” que tanto pregonaban los jóvenes que protestaban contra la Guerra de Vietnam. Fue un momento de la historia humana en la cual el crecimiento cultural se dio de manera exponencial y en cortísimo tiempo. En sólo tres o cuatro años, los niños mimados de la nueva generación dejaron de usar corbatas y sacos grises para inundar de colores sus vestimentas. Y lo mismo ocurría con su manera de pensar. Quedaba atrás lo viejo, la cosmovisión de sus padres y abuelos, para darle paso a todo un nuevo mundo inexplorado: “Pueblo fresco, cae la tarde en la ciudad; me he vestido a la moda y me veo tan bien. Soy un tipo apuesto buscando una gatita, y voy a revisar cada esquina de esta ciudad. Voy a terminar resoplando como una bocina de autobús de tanto subir las escaleras para encontrarme contigo en los techos”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=rts7Qdew3HE




 


martes, 26 de enero de 2021

Capítulo 259: “If This Is It”. Huey Lewis & The News. (1984)

 



Deprimartes terminado:

 

Huey Lewis es el cantante y lider de la banda “The News”, quien no sólo se cansó de tener éxitos en los años ’80 sino que se ha dado el gusto de actuar en películas comerciales. En una de ellas no sólo actuó sino que aportó uno de los temas más conocidos de su carrera, “The Power Of Love”, la canción de la película “Back To The Future”. Dominó los charts durante su época, pero como toda banda ochentosa, adoptó un perfil comercial mucho más bajo en la siguiente década y pasó a convertirse sólo en un acto para ser visto en vivo. De su enorme cantidad de hits hoy repararemos en uno que nos habla sobre una de las tantas rupturas de pareja que se viven en el mundo cada día: “Te estuve llamando durante todo el día, y escuché que decías ‘dile que no estoy’, y si bien ahora lo estás confesando yo todavía siento como si tuviera que adivinar si estás mintiendo o no. Me has tomado por tonto durante demasiado tiempo”. Casi siempre son distintas las formas en que las dos partes de una sociedad afectiva enfrentan una separación, aunque en mayor o menor medida ambas partes atraviesen por las mismas etapas de una crisis, sólo que a destiempo. Así se sucederán la negación, la evasión, las mentiras, las escenas, la frustración, etc.: “Nena, no mientas sólo para no lastimarme, no llores mientras me dices que está todo bien. No trates de inventar más mentiras, porque prefiero que terminemos si ya no voy a poder creerte nunca más”.

 

Es muy doloroso darse cuenta de que el amor de a poco se nos ha ido terminando. Generalmente, aunque no siempre, esto se presenta como un ciclo irreversible; solemos darnos cuenta de que ya no queda pasión cuando es demasiado tarde. El cariño profundo que alguna vez nos profesamos con esa otra persona tan especial se va convirtiendo en muchas otras cosas, cada una más horrenda que la anterior. Donde hubo ardor ahora hay apatía, donde hubo afecto ahora hay resentimiento, donde hubo confianza hoy sólo queda incomodidad, donde hubo alegría hoy reinan unos inexplicables sollozos. Todo se ha terminado, pero aún no nos hemos dado cuenta. Hará falta un trabajo ciclópeo para tratar de reavivar una hoguera que hoy agoniza bajo un túmulo de cenizas: “Si esto ha sido todo, por favor dímelo. Si esto ya no es amor, lo mejor es que me lo digas. Si esto se terminó, necesito saberlo. Si esto ya no es amor, nena, tan sólo dimelo”. A mi humilde entender, un sinceramiento siempre es lo mejor, por doloroso que sea. Al mal paso darle prisa, decían las abuelas.

 

“Tú has estado pensando y yo he estado bebiendo, los dos sabemos que las cosas no están bien. Pero ahora haces de cuenta que esto no se está terminando, y puedes decir cualquier cosa con tal de evitar una pelea”. A los ojos actuales, el humor de este videoclip es cuanto menos naif y de un gusto cuestionable, muy en sintonía con los productos fílmicos que se producían por esos años. Este video no sólo cae en constantes lugares comunes mostrando a una playa como un simple coto de caza para cualquier mujeriego que se precie de tal, sino que hasta remata la historia con el gag de la aleta de tiburón en la arena, una broma robada de algún cartoon. Aún así cumple esperablemente con la premisa de idealizar un día de playa como un evento lleno de alegría al cual nadie debería faltar. Todos preparan sus ropas y todo lo que llevarán a la playa, excepto el pobre desdichado de Huey Lewis que entiende que su novia ahora es su ex: “Nena, no me mientas diciéndome que me necesitas”. Queda como corolario el simplismo del final donde un nuevo amor caído del cielo aparece y la alegría se renueva. Increíblemente, la letra resulta ser bastante más práctica y realista que el guión del videoclip: “Estaré bien de una manera o de otra, así que déjame partir o haz que quiera quedarme”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=AaTQAaJWW54&list=PLSmFIhhhZQL87vlF3B3duRNR2eCLxDtmS




martes, 19 de enero de 2021

Capítulo 258: “Rasputin”. Boney M. (1978)

 



Deprimartes zarista:

 

“Hace mucho tiempo vivió cierto hombre en Rusia. Él era fuerte y corpulento, y su mirada ardía como las llamas. La mayoría de la gente sentía terror ante él, pero a las chicas de Moscú les parecía todo un amor. Él podía hablar sobre la Biblia como todo un predicador, lleno de éxtasis apasionado; pero también era el tipo de maestro que toda mujer desearía tener”. La letra de esta canción se toma ciertas licencias para retratar la vida de un personaje controversial si los hubo: Grigori Yefímovich Rasputín, un supuesto sanador milagroso que se convirtió en consejero de la Casa Real y pasó a tener una gran influencia en los círculos más altos de poder de Nicolás II, último Zar de Rusia: “Ra-Ra-Rasputin, amante de la Reina de Rusia. En todo esto sí que hubo gato encerrado. Ra-Ra-Rasputin, la más grande máquina amatoria de toda Rusia; fue una vergüenza cómo terminó su historia”.

 

Pocas cosas son comprobables con respecto a la historia de este hombre tan discutido, y aunque ya lleva más de un siglo muerto el imaginario popular se ha encargado de dotar su vida de un mosaico de atrocidades que seguramente no llegó a cometer. Pero esto es lo que nos ha quedado del estereotipo del Monje Negro, ese personaje cercano al poder y que suele digitar los destinos de los demás como un titiritero que opera anónimamente desde las sombras. La descripción obviamente abreva en la figura de Rasputín: “Gobernó sobre todo el territorio ruso y nunca le preocupó lo que pensaba el Zar, pero bailaba la danza cosaca de manera maravillosa. Él era el hombre por el que pasaban todos los asuntos del Estado, pero en lo que sí era bueno era cuando tenía una jovencita entre sus manos. Para la Reina él no era ningún charlatán, si bien ella había oído los rumores de sus actividades; ella creía ciegamente en que él era un santo sanador que curaría a su hijo”.

 

Boney M fue un grupo de claro sonido Disco que estaba conformado por cantantes provenientes de las Antillas. Sus integrantes se llamaban Marcia Barrett, Maizie Williams, Liz Mitchell y el acrobático Bobby Farrell, aunque hasta el día de la fecha es discutible quiénes han cantado en cada una de sus canciones y quiénes no. Esto no debería extrañar a nadie, puesto que quien está realmente detrás de este número musical no es otro que el infame productor alemán Frank Farian. Si este nombre no es del todo conocido, debería serlo, puesto que para finales de la década de los ’80 fue el responsable de poner sobre un escenario uno de los números musicales con peor reputación de la historia. Ocurre que por aquellos años el buen señor Farian tenía en su poder algunas canciones interesantes de una ignota banda norteamericana compuesta por militares, y al no ver potencial comercial en la estética de este grupo decidió perstarle atención a dos jóvenes y pintorescos bailarines afroamericanos. Se le ocurrió que ellos podrían presentarse haciendo playback sobre el sonido de las canciones originales, y así fue como alcanzó el éxito mundial un discutido proyecto llamado Milli Vanilli. Lo que sigue es historia: llegaron al Nº1 y ganaron un Grammy, pero cuando la farsa fue descubierta se vieron obligados a devolver el premio y a recibir a cambio el desprecio del público. Algo similar a lo que le ocurrió a Rasputín cuando sus maquinaciones lo hicieron caer en desgracia: “Pero cuando sus borracheras, su lujuria y su hambre de poder comenzaron a hacerse conocidos por más y más gente comenzaron a escucharse cada vez más fuerte las demandas para hacer algo sobre este hombre indignante”. Como dato de color, consta en actas el hecho casual de que el cantante Bobby Farrell muriera en Rusia el 30 de diciembre 2010, luego de una presentación en San Petersburgo, con lo cual falleció en la misma fecha y en la misma ciudad que Rasputin: "’Ese hombre tiene que morir’ dijeron sus enemigos, pero todas las mujeres rogaron: ‘Por favor no se les ocurra lastimarlo’. Sin dudas este Rasputin tenía muchos encantos, porque si bien era un bruto ellas caían en sus brazos. Entonces una noche, unos funcionarios importantes le tendieron una trampa para matarlo y quedar libres de culpa. ‘Ven a visitarnos’ le insistían una y otra vez, hasta que él finalmente fue a verlos”.

 

“Pusieron veneno en su vino”. Finalmente las intrigas palaciegas de Rasputín hicieron que algunos miembros de la Corte lo vieran como una verdadera amenaza y planearan asesinarlo. Pero es conocida la historia de cómo este oscuro personaje místico se resistía a morir: “Él lo bebió todo y dijo: ‘Me siento perfecto’”. Hicieron falta varios intentos para que finalmente pudieran acabar con su vida y el Zar estuviese libre de su nefasta influencia: “Ellos no se rindieron, querían ver rodar su cabeza”. Su deceso, junto con el asesinato de toda la familia real ocurrido un año y medio después, abriría las puertas para que los bolcheviques tomaran el poder y Rusia pasara a convertirse en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas: “Así que le dispararon hasta que lo mataron”. Envenenado, abatido a disparos, su cuerpo arrojado a un río de aguas congeladas… Nada parecía ser suficiente para acabar de una vez y por todas con la leyenda del Monje Negro, una figura espectral que aún se replica el día de hoy, aguardándonos en los pasillos poco iluminados de cualquier círculo de poder. Con la frase final de la canción se nos grafica esa extraña mezcla de fascinación y miedo que en los corazones occidentales ha despertado desde siempre la Madre Rusia: “Oh, esos rusos”. ¡Feliz Deprimartes!

https://www.youtube.com/watch?v=SYnVYJDxu2Q




martes, 12 de enero de 2021

Capítulo 257: “Because”. The Dave Clark Five. (1964)

 



Deprimartes quinquenal:

 

Hasta el advenimiento del nuevo siglo ha sido muy común que la figura masculina fuese vista en una pareja como la de aquel que protege, quien provee de seguridad a su contraparte femenina. Esto tiene una raíz que se hunde en lo profundo de los tiempos, ya que desde la aparición de nuestra especie el hombre tenía como funciones justamente esas: proteger y proveer. Las obligaciones intrínsecas del macho prehistórico eran salir a cazar un mamut para alimentar a su familia y luchar contra amenazas como los osos de las cavernas para garantizar la seguridad de los suyos. Con el paso de las eras, esto ha devenido en un formato bastante más liviano. Podría pensarse que por suerte ya no hay que enfrentarse a tigres con dientes de sable, pero el otrora cavernícola hoy debe vérselas con algo mucho peor: la novia ofendida. Ahora parece ser que el mayor desafío del especimen masculino se ha transformado en la supuesta responsabilidad que cae en el hombre por contener los vaivenes emocionales femeninos. Nada más alejado de la verdad: no somos responsables de la felicidad de nadie. No estamos sobre esta tierra para jugar a ser el genio de la lámpara ni para andar concediéndole deseos a alguien a cambio de afecto. Pero cuando el amor entra en la vida de un hombre, su cerebro parece volverse una papilla viscosa que lo hace dejar estas certezas de lado sólo para poner su espada al servicio de la dueña de su corazón: “Está bien que yo deba preocuparme por lo que sientes y que intente hacerte feliz cuando estás triste. Y está bien. Creo que está bien que yo me sienta de esta manera, simplemente porque te amo”.

 

La imagen de la persona amada se vuelve sacra, y es doloroso no pensarla todo el tiempo. Deseamos que nuestro Yo se disuelva en el plural de una pareja, y de ser seres racionales nos dedicamos a involucionar hasta convertirnos en poco más que una ameba que ama: “Sería un error decir que yo no pienso en ti, porque cuando dices eso sabes bien que me siento muy triste”. Pero no debería ser así. Si bien es prácticamente imposible resistirse al embrujo del amor, a esta altura de la historia cualquier australopithecus ha aprendido que ese sentimiento arrebatador dura sólo unos meses, para luego darle paso a lo que será alguna clase de rutina. Si será buena o mala, dependerá de la madurez que hayamos alcanzado como seres evolucionados.

 

Cantando sobre todo esto con la inocencia típica de su época estaban The Dave Clark Five, una banda que formó parte en 1964 de la famosa Invasión Británica de Norteamérica liderada por The Beatles, con quienes rápidamente la prensa intentó cimentar una rivalidad comercial. Han sido la banda que más veces se presentó en el Show de Ed Sullivan, y tuvieron un cierto renombre porque su single “Glad All Over” reemplazó en el Nº1 a “I Want To Hold Your Hand” de los Fab Four, después de que éste permaneciera durante cinco semanas en la cima de los charts británicos. El líder de la banda era quien le daba nombre al grupo, el baterista Dave Clark; quien además actuaba como mánager del conjunto y productor de sus temas. No pocos han señalado que los manejos económicos de Clark eran cuanto menos leoninos con respecto a sus pares de equipo. Todos los temas terminaban siendo coescritos por él, aunque no hubiese aportado una sola línea, y siempre quedaban a su nombre los derechos de todo lo referente a la banda. Por detrás de la imagen tan limpia de ese quinteto que cantaba alegres canciones había una realidad económica bastante más oscura: “Así que dame un beso y sólo con eso seré feliz, tan sólo por estar contigo. Dame tan sólo una chance de estar cerca de ti, simplemente porque te amo”. Obviamente, y como le ocurrió a muchas de las bandas británicas que llegaron a América, el no haber sabido adaptarse a la llegada del Rock Psicodélico terminó con la vida del grupo; separándose en 1970. Pero no todo ha sido tan sombrío: como corolario de esta historia nos queda la hermosa versión de esta canción que grabó Julian Lennon, el hijo del beatle John, en 1985, para el musical de Dave Clark llamado “Time” en el cual también participaron glorias de la música como Freddie Mercury, Stevie Wonder y Cliff Richards. Como el amor mismo, una canción también puede resurgir de las cenizas. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=_7zmZRqUYq0



martes, 5 de enero de 2021

Capítulo 256: “Apocalypse”. Cigarettes After Sex. (2017)

 



Deprimartes apocalíptico:

 

“Saltaste desde puentes que se derrumbaban mientras observabas como la ciudad se convertía en polvo. Ibas filmando helicópteros que se estrellaban en el océano desde lo alto”. A través de la letra nos persiguen unas imágenes oníricas en las que dos almas se encuentran y desencuentran en diversos escenarios. Es como si la desventura diera saltos entre distintos sueños confusos, dejando tras de sí un rastro sin significado aparente. ¿Quién no se despertó de un sobresalto y se trabó de inmediato en una llave de lucha grecorromana con su propio cerebro, intentando que éste confiese esos sueños que ocurrieron hace instantes y que se hunden rápidamente en el olvido?

 

Mi experiencia es bastante particular con esta clase de canciones, ya que me conducen a un lugar de una hermosa melancolía que siempre me invita al dulce desahogo del llanto. Es un estadío en el cual las lágrimas simplemente brotan. No es tristeza en sí misma, es una sensación de disfrute por el simple hecho de estar experimentando un sentimiento puro y verdadero. Es un alivio para el alma sobrecargada de frustraciones. Y sé que en las profundidades más oscuras de nuestro ser algo sonríe tiernamente cuando reconoce que a alguien más le afectan de manera similar este tipo de melodías: “Tienes la música dentro tuyo, nena, dime por qué. Has estado encerrada aquí adentro desde siempre y simplemente no sabes cómo decir adiós”.

 

“Besos en la frente de amantes envueltos en tus brazos. Los has estado escondiendo en pianos vacíos abandonados en la oscuridad”. Hacia fines del último siglo comenzó a abrirse paso en el bajomundo artístico un subgénero del Rock que nació como respuesta al ruidoso Grunge de principio de los años ’90. Es conocido por nombres como Sadcore, Slowcore, o hasta Dream Pop, y su particularidad reside en tocar música de un carácter etéreo, envolvente, frágil, y a un volumen relativamente bajo. Las letras de sus canciones siempre son oscuras, hablando mayormente de tristeza y desesperanza. Si bien como producto pareciera no ser aconsejable para nadie, hoy día sus cultores se cuentan por millones. Y es que en todo este tiempo el mundo no ha hecho mucho más que llenarse de gente frustrada y deprimida, personas que contemplan el amor con la misma fascinación con que observan estallar una bomba que podría terminar con todo: “Tus labios y mis labios. Apocalipsis”. En esta línea es que Greg González, un músico originario de Texas, conformó junto a unos compañeros de estudio el grupo Cigarettes After Sex. Otros importantes nombres dentro del Sadcore son Beach House, Bedhead, y por supuesto, Lana Del Rey.

 

“Metámonos a hurtadillas por los ríos mientras la inundación te llega a las rodillas. Oh, por favor, ven y acéchame. Yo sé que me quieres, ven y acéchame”. Me han señalado que me gusta que me persigan. ¿Y a quién no? Tenemos ese jueguecito inocente incrustado en nuestros genes. ¿O acaso el juego favorito de los niños menores de cinco años no es dejarse perseguir por quienes los cuidan? Así es entonces cómo mi niño interior decide salir a jugar un rato, con una emoción que se asemeja sospechosamente a la felicidad. Luego quedará en debate qué tipo de personas son las que me persiguen, algo que en más de una ocasión me ha traído severos problemas emocionales. Pero, ¿quién me quita lo bailado? O lo perseguido, debería decir. Al menos por un rato me sentí vivo. Al menos por un rato volví a ser un niño: “Compartiendo todos los secretos con el otro desde que éramos niños”.

 

“Durmiendo profundamente mientras aprietas en el puño el medallón que ella te dio”. El sadcore es un género tan reciente como especial. Nacido para maridar los gustos de la generación de Millenials bajo cuya influencia aparecieron fenómenos como el hikikomori o aislamiento social agudo, ahora hacía falta que artistas depresivos hicieran música depresiva para gente depresiva. No me es difícil imaginarme una fiesta donde sólo se pase éste tipo de música, en un ambiente iluminado con lámparas de lava y con enormes futones donde todos pudieran ir a recostarse y deprimirse en conjunto. Definitivamente iría a una fiesta así, y escucharía complacido una canción cuya letra me haga saber que no estoy tan solo: “Oh, cuando estés completamente sola, voy a alcanzarte. Cuando te sientas deprimida, yo también estaré ahí contigo”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=-mnH9-SX2Tg




martes, 29 de diciembre de 2020

Capítulo 255: “Grace Kelly”. Mika. (2007)

 



Deprimartes libanés:

 

“Quiero hablar con Usted. Señor Smith, la última vez que hablamos Usted me redujo a lágrimas. Le prometo que eso no volverá a ocurrir”. Nos encontramos de frente y sin previo aviso con una conversación difícil, y lo primero que escuchamos es lo que nos promete con una seguridad pasmosa una pequeña niña que remeda un diálogo de la película “Country Girl”. La protagonista de ese filme era Grace Kelly, y esa actuación le valió un Oscar de la Academia en 1955. Luego sí, comienza la canción: “¿Te atraigo? ¿Te repugno con mi sonrisa extraña? ¿Soy demasiado indecente? ¿Soy demasiado coqueto? ¿Me gusta lo que a ti te gusta? Podría ser íntegro o podría ser asqueroso, pero supongo que soy un poco tímido. ¿Por qué no te gusto? ¿Por qué no te gusto sin que me hagas esforzarme?”. Hay momentos en que un ser humano hará literalmente cualquier cosa con tal de agradar a los demás. Y eso es especialmente cierto en la etapa más corta y vertiginosa de la vida: la adolescencia. La necesidad biológica de encontrar seguridad en el número convierte en prioridad el encajar en ese grupo a como dé lugar. No importa si lo que tengamos que afrontar sean años de sacrificio por cumplir con un estereotipo esperable, el hecho de tener que llevar adelante como una bandera una estética que no nos pertenece, o soportar sin chistar que la sociedad nos obligue a frecuentar lugares y costumbres con las que nunca estaremos del todo cómodos: “Intenté ser como Grace Kelly pero siempre se ve demasiado triste, así que intenté ser un poco como Freddie Mercury. Sufro una alocada crisis de identidad”.

 

“Podría ser marrón, podría ser azul, podría ser violeta como el cielo, podría ser hiriente, podría ser púrpura, podría ser cualquier cosa que tú quisieras”. Esa mecánica de mimetizarse con el otro suele estar potenciada en los artistas que pretenden alcanzar el éxito comercial. Es increíble la cantidad de cambios por los que atraviesa el aspecto y el sonido de ciertos músicos sólo por estar a la moda. A la mayoría de ellos se les nota a simple vista lo forzado de la situación. Y es que siempre que elegimos ser algo, por decisión propia o porque queremos intentar agradar, existe una miríada de cosas que renunciamos a ser. No se puede serlo todo. Ni a la vez, ni cambiando vertiginosamente; todos deseamos ser algo específico y ser recordados por ello. El problema es que nunca sabemos exactamente qué deberíamos ser: “Tengo que ser celoso, tengo que ser malvado, tengo que ser de todo y un poco más. ¿Por qué no te gusto? ¿Por qué no te gusto? ¡Por qué ya no te largas de aquí!”.

 

La protagonista de la canción, Grace Kelly fue un estrella de Hollywood por derecho propio y una inconfundible figura de la moda en los años ’50. Brilló en su tiempo, siendo el centro de las miradas de todo el mundo. Terminó por convertirse en actriz fetiche de Alfred Hitchcock en obras maestras como “Crimen perfecto”, “La ventana indiscreta” y “Atrapa a un ladrón”. Pero su importancia en el imaginario popular aún es mayor porque cumplió el sueño de cualquier mujer de su época: convertirse en princesa. Abandonaría su carrera en el cine para contraer nupcias con el Príncipe Raniero III de Mónaco y se convertiría así en Su Alteza Serenísima, la Princesa Grace. La muerte la sorprendió de forma muy temprana a sus 52 años, luego de que su vehículo se desbarrancara por una pendiente: “¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Cómo puedo hacer para que cambies de manera de pensar? Hola cariño, hola cariño, estoy poniendo mi vida al borde del precipicio”. Y en cuanto a la voz cantante de este tema tan pegadizo, tenemos aquí otra extraña mezcla que nos trae el Rock: Mika es un cantante nacido en la ciudad de Beirut, en el Líbano, y criado en Londres, donde estudió canto operístico. Ha llegado a ser tan bueno vocalmente que es imposible no compararlo con Freddie Mercury. Tuvo un puñado más que respetable de éxitos a nivel mundial, pero donde más suceso ha tenido es en la Europa continental, especialmente en Francia y sobre todo en Itaila, donde incluso tuvo su propio programa de TV. Se nota que ha tenido una vida feliz, y no por nada la crítica especializada lo llama “El rey de las canciones felices”.

 

“¿Por qué no te gustas a ti mismo? ¿Debería parecer más maduro para que me tengas en cuenta?”. Aquí está la clave. Cambiamos tanto para gustarle a los demás que en realidad terminamos por no gustarnos a nosotros mismos. Nos hemos resignado a ser una argamasa informe de opiniones dispares y contradictorias, sólo porque en el fondo no son nuestras opiniones. Somos un compendio de lo que los demás quieren que seamos para aceptarnos en su manada: “Digo lo que quieres para satisfacerte, pero tú solo quieres lo que los demás te dicen que deberías querer”. Ojalá podamos darnos cuenta a tiempo de que vivimos en una mentira. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=0CGVgAYJyjk




martes, 22 de diciembre de 2020

Capítulo 254: “Wind Of Change”. Scorpions. (1990)

 



Deprimartes divisivo:

 

“Siguiendo el Río Moscova hacia el Parque Gorki, escucho soplar el viento de cambio. Una noche de verano de agosto, los soldados van pasando mientras escuchan soplar el viento de cambio. El mundo se está acercando, ¿alguna vez pensaste que podríamos estar tan juntos, como si fuéramos hermanos? El futuro está flotando en el aire, puedo sentirlo en todas partes, soplando en el viento de cambio”. El 9 de noviembre de 1989 tenía lugar un acontecimiento que significó el comienzo del final de la llamada Guerra Fría, que mantuvo durante más de cuarenta años al mundo al borde de un enfrentamiento militar con armas nucleares. Ese día se producía el “Mauerfall”, la caída del Muro de Berlín; Alemania comenzaba su proceso de unificación, y el comunismo dejaba de ser una opción obligatoria para la mitad del mundo. Como un efecto dominó, los países que integraban el Bloque del Este y cuyos gobiernos eran simples satélites de Moscú empezaron a reclamar su independencia política, y así fue que en poco más de dos años hasta la mismísima Unión Soviética había dejado de existir. Traducción: el mundo ya no viviría más con el corazón en la boca ante un posible invierno atómico desatado por las desaveniencias constantes entre rusos y norteamericanos, y la esperanza utópica de un mundo en paz aparecía alcanzable en la imaginación de todos: “Llévame a la magia del momento de una noche de gloria, donde los niños del mañana puedan soñar y dejarse llevar por el viento de cambio”.

“Caminando por las calles noto que hay recuerdos distantes enterrados para siempre en el pasado”. El silbido tan característico con el que arranca esta canción viene de parte de Klaus Meine, vocalista y frontman de la banda alemana más exitosa de todos los tiempos: Scorpions. Con una carrera ininterrumpida que arranca a mediados de la década del ’60, hoy son dueños de más de treinta y cinco discos de platino y un centenar de discos de oro. Y no sólo se hicieron fuertes en su país sino que tuvieron el buen tino de saber conquistar EE.UU. con temas como “Send Me An Angel” y especialmente la súper exitosa power ballad “Still Loving You”. Pero fue con esta canción que le pusieron letra y música a los tiempos de cambios profundos que el fin de siglo le traía a la humanidad. Frente a la angustia de un futuro amplio y desconocido, estos escorpiones prefirieron inyectarle un poco de esperanza a la situación y soñar los mismos sueños que los niños libres ahora podían tener: “Donde los niños del mañana compartan sus sueños contigo y conmigo”.

El muro se ha caído, pero… ¿Qué mundo es el que nos quedó después de todos estos años? Las imágenes del videoclip de este tema nos muestran entrelazados algunos hechos que preconfiguraron el mundo que se nos vendría encima. Así, se suceden rápidamente acontecimientos buenos y no tan buenos, dependiendo de quién los mire; como el desastre del Exxon Valdez, la liberación de Nelson Mandela, las protestas de la Plaza de Tiananmén, el encuentro entre el líder soviético Mijalil Gorvachov y el Papa Juan Pablo II, el conflicto de israelí-palestino, etc. Los cambios llegaron, y han sido cada vez más vertiginosos desde entonces; pero me reservo mis dudas respecto de si el mundo se ha transformado es un lugar donde hoy en día valga la pena vivir: “El viento de cambio sopla directo en la cara del tiempo, como un torbellino que hará sonar la campana de la libertad en nombre de la tranquilidad. Deja que tu balalaika cante aquello que mi guitarra intenta decir”. Tal vez no sea tan mala idea abrazar la visión ingenua y optimista de Meine y su banda. Después de todo, son alemanes, ¿quiénes mejores que ellos para cantar sobre la caída del muro? ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=n4RjJKxsamQ 



martes, 15 de diciembre de 2020

Capítulo 253: “Angel Of The Morning”. Juice Newton. (1981)

 


Deprimartes angelical:

 

El final de una aventura nocturna se presenta con la sensación de que ese amor furtivo ya sabe que se acerca la hora de la despedida. El sol de la mañana trepa lentamente por el horizonte con un cuchillo entre los dientes para apuñalar cualquier rastro de ardor, así que sólo nos quedará el orgullo de lucir escondida a la vista de todo el mundo esa medalla secreta que es el amor clandestino. ¿Pero qué sería de esa pasión tumultuosa si la intentáramos mantener encendida por siempre? ¿Una luminaria que nos guíe en la vida o un incendio que lo reduzca todo a un cúmulo de cenizas? Supongo que para averiguarlo habrá que arriesgarse, tal como hace esta hermosa mujer: “No habrá cuerdas que aten tus manos si es que mi amor puede atar tu corazón. No es necesario que te pongas a la defensiva ya que fui yo quien comenzó todo esto. No creo que sea necesario que me lleves a casa, soy lo suficientemente adulta como para enfrentarme al amanecer”. Quien canta sobre todo esto es Juice Newton, una de las más exitosas cantantes de la historia cuyos orígenes se encuentran en el Country. No sólo ha interpretado sino que ha escrito canciones para otros artistas con un enorme suceso, y ha llegado a colocar seis canciones en el Nº1, nada menos. Es una representante más de un extraño acontecimiento que se da de tanto en tanto, que es lo que ocurre cuando una estrella de este género musical intenta salir de ese mundillo tan hermético. Por lo general a este tipo de vocalistas femeninas el éxito suele esperarlas en la vereda del Pop, y como casos testigo puedo presentar los nombres de Dolly Parton, Shania Twain, Miley Cirus y Taylor Swift.

 

Volviendo al tema de la pasión, cuando una mujer toma la iniciativa en el amor sencillamente no hay nada que la detenga. Su corazón y su mente hacen foco para convertir a ese ser angelical en una fuerza arrolladora capaz de hacerse digna del alma de la persona que ha elegido. Sabe mejor que nadie que la vida del ser querido estará entre sus brazos mejor que en ninguna otra parte, y atesorará por siempre ese cariño en el cofre de recuerdos en el que guarda todo lo que alguna vez amó; aunque ya esos instantes eternos se hayan desvanecido hace mucho: “Sólo llámame ángel de la mañana, tu ángel. Tan sólo toca mi mejilla antes de que me abandones, mi amor. Y entonces aléjate lentamente de mí”.

 

“Tal vez la claridad del sol disminuya y aún así no tendría importancia. Si el eco de la mañana nos recuerda que hemos pecado, eso era justo lo que yo quería que pasara. Y si sólo fuimos víctimas de la noche, entonces no me dejaré cegar por la luz del día”. Joaquín Sabina nos cantó un verso que dice: “Y la besé otra vez, pero ya no era ayer sino mañana”, y con mucha pericia poética graficó cómo los pecados de una noche pueden convertirse en el remordimiento del día siguiente. La pasión es fuego, y como tal no obedece reglas. Sólo quedamos nosotros para hacer frente a aquello que el incendio dejó tras de sí. Por lo tanto es sabio caminar lentamente hacia atrás, como quien se aleja de un emperador chino, para dejar que esas flamas nocturnas lentamente se conviertan en un hermoso recuerdo. Porque la otra opción que tenemos a mano es continuar el juego corriendo el riesgo de dejar que un amor efervescente se transforme en una cárcel de llanto y aburrimiento. Sería como ver una vieja piedra renegrida y tratar de recordar que alguna vez fue lava ardiente en nuestro corazón. Eso justamente es lo que no va a permitirse Juice Newton en esta canción: “Y entonces aléjate lentamente, yo no voy a rogarte que te quedes conmigo a través de las lágrimas y de los años”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=HTzGMEfbnAw




martes, 8 de diciembre de 2020

Capítulo 252: “Stuck In The Middle With You”. Stealers Wheel. (1973)

 


Deprimartes asustado:

 

Lo poco que durante los años ’70 pudiera ser considerado Rock y que no abrevara en ninguna de las corrientes predominantes de esa época (ya fuese Progresivo, Sinfónico, Punk, Música Disco, New Wave, etc.), era sin dudas Rock de tan buena calidad sonora que podía llegar a convertirse sin mucho esfuerzo en un clásico atemporal. Es cierto que los ejemplos son escasos, pero temas como “Sultans Of Swing” de Dire Straits y “Hotel California” de Eagles bastan para ilustrar a cualquier desprevenido. Y he aquí a la banda Stealers Wheel trayéndonos otra canción de esa época y con una estirpe bien rockera que aún hoy puede disfrutarse sin que se le aprecie el menor rastro de óxido: “Bueno, no sé muy bien para qué vine aquí esta noche; tengo la sensación de que algo no está bien. Me tiene aterrado la idea de caerme de mi silla, y a decir verdad me estoy preguntando cómo haré para bajar las escaleras. Hay payasos a mi izquierda y bufones a mi derecha, y aquí estoy, atrapado contigo en el medio de todo esto”.

 

Esta muy pegadiza canción nos habla en su letra de una persona que parece encontrarse rodeado de extraños en un entorno social que no conoce bien, y por lo tanto no sabe cómo debería reaccionar. Básicamente está hablando de mí en cualquier reunión social: “Sí, estoy atrapado contigo en el medio de todo esto, y me estoy preguntando qué es lo que debería hacer. Es tan difícil mantener esta sonrisa en mi cara, estoy perdiendo el control y ya estoy hecho un desastre”. Aquellos que nos regodeamos en nuestra condición de antisociales sufrimos horrores al tener que asistir a cualquier compromiso en el que tengamos que enfrentarnos a una muchedumbre. La sensación de no pertenencia se convierte en un generador constante de angustia, y el gasto de energía que le presupone a una persona introvertida tener que interactuar con un grupo de gente que desconoce es abismal.

 

Y a pesar de esto, quienes hemos sabido cultivar un mundo interno vasto y complejo, podemos reconocernos como conquistadores de nuestros propios miedos y caminar por la vida con el regocijo que nos da el saber que llegamos a ser quienes somos gracias a una fuerza de voluntad que sería la envidia de Sísifo mismo. Sabemos quiénes somos, y en eso no tenemos nada que envidiarle a ninguna otra persona: “Bueno, empezaste de la nada misma y estás orgulloso de haberte convertido en un hombre por tu propia cuenta. Ahora tus amigos vienen arrastrándose, te palmean la espalda y te piden que por favor los ayudes”.

 

Esta banda escocesa de cortísima carrera estaba liderada por Gerry Rafferty, quien luego de la separación del grupo se dedicó de lleno a una exitosa carrera solista. De su discografía se desprenden éxitos como “Right Down The Line” y muy especialmente “Baker Street”, canción que cuenta con el que probablemente sea el riff de saxofón más conocido de la historia. En cuanto al tema que hoy nos ocupa, es de un agradable aire folk; lo cual contrasta profundamente con el uso que hiciera de esta canción Quentin Tarantino para una escena muy sangrienta de su primera película “Reservoir Dogs”. Tal vez el bueno de Quentin haya elegido esta canción para esa escena en particular no sólo por el contraste logrado entre música y acción, sino también porque la letra apela al hecho de que por más que el espectador intente encontrar un sentido a lo que ve, probablemente nada tenga significado; como la vida misma: “Estoy tratando de encontrarle un sentido a todo esto, pero me doy cuenta de que no lo tiene en absoluto. ¿Está bien si me quedo dormido en el piso? Porque la verdad es que no creo que pueda soportarlo más”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=OMAIsqvTh7g




martes, 1 de diciembre de 2020

Capítulo 251: “You Never Can Tell”. Chuck Berry. (1964)

 



Deprimartes afrancesado:

 

“Era un casamiento de unos jovencitos y los viejos parientes les deseaban mucha suerte. Podías darte cuenta de que Pierre realmente amaba a esa ‘mademoiselle’. Y ahora los recientes ‘monsieur’ y ‘madame’ han hecho que suene la campana de la capilla”. Chuck Berry, el gran creador de “Johnny B. Goode” (tal vez la intro de guitarra más reconocible de toda la historia del Rock), nos canta en esta canción una historia que puede sonarnos tal vez demasiado común; como la de cualquier vecino del barrio. Es el cuento de la parejita feliz que acaba de casarse –por la cantidad de galicismos de la letra ya podemos adivinar que estamos en Louisiana– y que comienza el camino para ir progresando poco a poco en la vida. Alerta de espoiler: la historia ni siquiera tiene un final amargo, sino todo lo contrario… Por lo tanto la única pregunta que me ha quedado flotando en el aire es la siguiente: ¿es esta la famosa felicidad de la que tanto nos han hablado? ¿Tan simple ha ser nuestra vida como para no pretender aspirar a nada más?

 

Y es que salvo algunas anécdotas mínimamente pintorescas, y que no aportan nada a la historia, no ocurre en la letra nada digno de mención. Ningún contratiempo. Ninguna peripecia. Ninguna desventura. Esto quiebra un principio básico de cualquier narrativa: si nada ocurre, nada se puede contar; y la canción parece ir alegremente y campo traviesa a dárselas de frente contra la dinámica misma de cualquier crónica. Nos encontramos entonces con un reduccionismo casi budista sobre la vida misma en el cual se nos reafirma que no va a pasar nada fuera de lugar: “Decoraron su departamento con muebles baratos enviados por correspondencia. Tenían la heladera llena de cenas congeladas y de cervezas, pero cuando Pierre encontró trabajo las cosas empezaron a mejorar de a poco”. El núcleo del mensaje aquí parece ser que si nos parapetamos inteligentemente frente a la vida, todo irá mejorando. Lo importante es mantenerse en movimiento aunque sólo sea mediante pasitos de bebé. De manera tranquila pero constante, la tortuga siempre le ganará terreno a la liebre dormilona.

 

Tal vez ese sea el sentido último de la vida: que no tenga un sentido en sí misma. Que no busquemos un fin mayor que necesite ser alcanzado, sino que simplemente aprendamos a disfrutar del viaje; porque no estaremos vivos otra vez: “Tenían un tocadiscos de alta fidelidad, y vaya que lo hacían sonar a todo volumen. Setecientos discos simples, todos de Rock, Rythm & Blues y Jazz, pero cuando el sol bajaba el ritmo de la música también lo hacía”. Es casi imposible mensurar la importancia de Chuck Berry en la historia del Rock. Es principalmente a él a quien le debemos la instauración de la figura del guitarrista como estrella de una banda, porque este buen señor descollaba sacando a relucir novedosos riffs cuando el primer Rockabilly no era más que un trabajo de equipo coronado por el sonido de un piano. En manos de Chuck, el Rock y la guitarra entendieron que estaban hechos el uno para el otro, tal como Pierre y su “mademoiselle” en su hit de medidados de los ’60; que hasta supo tener su momento de gloria en el cine: “Compraron un coche modificado, era un modelo ’53 color cereza, y lo condujeron por Nueva Orleans para celebrar su aniversario. Allí fue donde Pierre se casó con la hermosa ‘mademoiselle’. ‘C'est la vie’, decían los viejos, y con eso queda demostrado que nunca se sabe lo que va a pasar”. “C'est la vie”, así es la vida. Nunca se sabe lo que va a pasar… ¡Feliz Deprimartes!