martes, 28 de septiembre de 2021

Capítulo 291: “Everybody's Talkin'”. Harry Nilsson. (1968)

 



Deprimartes parlanchín:

 

Hace un cierto tiempo inventé un juego. Consiste en anotar una palabra cualquiera en un papel, luego visitar la portada de Wikipedia, y dar click en la opción “Página aleatoria”. Desde ese resultado se irá clickeando solamente en los enlaces hasta lograr dar con la palabra anotada previamente. Quien logra conectar la página aleatoria con la palabra elegida usando la menor cantidad de enlaces, gana… Ok, les juro por todas las deidades que es bastante más divertido de lo que suena; y ocurre que este juego (al que llamé humildemente el “Magistral Murray”) utiliza una mecánica muy similar a la que sostiene la idea de los seis grados de separación. Según esta teoría, todas las personas del mundo estamos interconectadas por no más de cinco o seis conocidos en común; y es conocida en su versión más popular: aquella que sostiene que todos los actores estamos a tan sólo seis grados de Kevin Bacon. Puedo demostrarlo con mi propia persona: yo, que soy actor, conozco a mi buena amiga la artista Johanna Dragone, quien me llevó a un taller de meditación en el que también estaba su amiga la cantante Militta Bora, quien fue pareja del actor norteamericano John Cusack, que trabajó en la película “Being John Malkovich” con Sean Penn, quien finalmente actuó en el filme “Mystic River” con… ¡TA-DAH! Kevin Bacon. Así es, casi que somos familia con Kevin. Pero, ¿y por qué estoy hablando de eso? Ocurre que hay un músico que por alguna extraña razón está relacionado con las más grandes leyendas del Rock. Todos se conectan de una u otra manera con Harry Nilsson, un gran vocalista con una voz de tres octavas y media que le permitía sonar como un ángel; pero en este caso es un ángel que no le da importancia a quienes le rodean: “Todo el mundo me está hablando y yo no escucho ni una palabra de lo que dicen, tan sólo oigo los ecos de mi propia mente. La gente se detiene a mirarme pero yo no puedo ver sus rostros, tan sólo veo las sombras de sus ojos”.

 

Es increíble que un cantante tan exitoso como lo fue Harry Nilsson prácticamente no haya hecho presentaciones en vivo, pero él se sentía mucho más a gusto en el estudio de grabación, componiendo melodías para programas infantiles o para otros artistas. Esporádicamente grababa bajo el seudónimo de “Nilsson”, a secas, y eso hacía que muchos creyeran que se trataba de un grupo. El éxito le llegó cuando la presente canción fue incluida en la película de culto “Midnight Cowboy” con Dustin Hoffman y Jon Voight. Allí su nombre comenzó a ser reconocido, y de hecho cuando a los mismísimos Beatles les preguntaron cuál era su banda norteamericana preferida respondieron que era Nilsson. Esto hizo que rápidamente Harry se convirtiera en un gran amigo de ellos, lo cual lo llevó a formar parte del infame club “Hollywood Vampires”, una grupo fraternal de súper estrellas del Rock en el que tan solo se reunían a ver quién bebía más alcohol en toda la noche. Y allí los lazos del buen Harry se volvieron exponenciales, porque se la pasaba de borrachera en borrachera con nombres como Alice Cooper, el baterista Keith Moon de The Who, Mickey Dolenz de The Monkees, y los Beatles Ringo Starr y John Lennon; quien llegó a considerarlo uno de sus mejores amigos y hasta le produjo un álbum. No era raro cruzarse en este club de alcohólicos con gente como Keith Emerson, Brian Wilson, Marc Bolan o Iggy Pop. Harry, entre todos ellos, supo cosechar grandes amistades que sabían que él era un tipo frontal y agradable: “Voy adonde el sol siga brillando a través de la lluvia, voy allí donde el clima haga juego con mi ropa”.

 

Para terminar de ilustrar este curioso círculo en el que todo el mundo parece relacionarse con Nilsson vale esta conocida anécdota. Harry tenía un departamente en Londres, y como él pasaba mucho tiempo en norteamérica era muy común que en su ausencia se lo prestara a músicos amigos para pasar una noche. Éste fue el mismo departamento en el que fallecieron dos leyendas del Rock, con tan sólo cuatro años de diferencia. La líder de The Mamas And The Papas, Cass Elliot, falleció a los 32 años de un paro cardíaco en la cama en la que solía dormir Harry. Y esa misma edad era la que tenía Keith Moon cuando murió de una sobredosis en el mismo dormitorio. ¿Casualidad?... La muerte siguió afectando a Harry, ya que él quedaría devastado debido a la muerte de su gran amigo John Lennon, con quien habían pasado tantas noches de parranda durante el famoso “Fin de semana perdido” de John. Luego de su asesinato, Nilsson se dedicó fervientemente a hacer campañas sobre el control de armas en Estados Unidos: “Aprovecho los vientos del nordeste, navego sobre la brisa veraniega. Voy saltando como una piedra que se lanza sobre el agua”. Habiendo vivido una juventud plena, llena de amigos entrañables y de eternas aventuras nocturnas, un infarto lo sorprendió y la muerte se lo llevó muy joven, a los 52 años. Su corazón no soportó tantas noches de parranda y finalmente le pasó factura. Como una última broma del destino, falleció el mismo día en que concluyó de grabar las voces del que sería su álbum póstumo. En él puede notarse que aún en sus últimos días conservó su voz de ruiseñor: “No dejaré que te olvides de mi amor. No te dejaré partir”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=agMPGvcPQzg





martes, 21 de septiembre de 2021

Capítulo 290: “Black Water”. The Doobie Brothers. (1972)

 



Deprimartes navegable:

 

La cultura humana parece siempre haber prosperado a la vera de un gran río. La historia nos da ejemplos de sobra: tenemos a las civilizaciones de la Antigua Mesopotamia floreciendo a orillas del Tigris y del Éufrates; a los faraones egipcios construyendo pirámides a la vista del Nilo; y también a los chinos, cuya milenaria historia hunde sus raíces en el barro del río Amarillo. Así también ocurre con el Rock. Sus antepasados inmediatos, el Jazz y el Blues, nacieron cobijados por el abrazo de un enorme y poderoso río, uno tan grande que logra partir a un subcontinente en dos mitades. Estas vertientes musicales tienen su esencia en las desventuras del pueblo afroamericano del delta del Mississippi, un caudaloso río con incontables afluentes. Cerca de su desembocadura está la ciudad de New Orleans, una antigua colonia francesa que funcionaba como puerto para el comercio de esclavos traidos desde el África; y que con el tiempo se volvió un centro comercial muy cosmopolita. Recibió masas de visitantes de muy distintos orígenes, y la interacción de esta gente hizo que de esa extraña mezcolanza de idiosincracias surgieran nuevas ideas musicales que llegarían a conquistar el mundo moderno, pero que nunca olvidarían sus orígenes: “Bueno, pues me construi una balsa y está lista para navegar. El viejo Mississippi está llamándome. Los bagres chapotean en el agua mientras la rueda del barco a vapor continúa golpeando, el Black Water sigue rodando como siempre lo hizo”.

 

Esta húmeda geografía es tan vital para la historia norteamericana que allí es donde se ubican las aventuras de los clásicos de Mark Twain, con personajes como Tom Sawyer, y Huckleberry Finn. En ellas el cauce del río es transitado por los afamados vapores de ruedas, esos pantagruélicos barcos movidos por una enorme rueda con palas ubicada en su popa. Ya el Rock le había hecho un claro homenaje a esta postal sureña con la canción “Proud Mary” de Creedence Clearwater Revival, que refiere a un buque de ese nombre; y ahora estamos ante la historia de otro piróscafo de ensueño, uno llamado “Agua Negra”: “Vieja Black Water, continúa rodando. Luna del Mississippi, ¿continuarás brillando sobre mí? Sí, continúa brillando con tu luz, harás que todo esté bien, belleza. Harás que todo esté bien”. Cantándole a estos barcos legendarios aquí tenemos a The Doobie Brothers, que al igual que CCR hicieron Rock pero abrevaron en corrientes musicales bien campiranas como el Country y el Folk. También incursionaron con mucho éxito en el Hard Rock, en el Soul, y hasta en el Funk bailable, como lo dejaron bien en claro con sus muy recordados temas “Listen To The Music” y “Long Train Runnin’”. Finalmente la década de los ’80 pareció tomarlos desprevenidos y no supieron adaptarse a la era de los sintetizadores, aunque hasta el día de la fecha cuentan con una enorme base de fanáticos en todo el mundo.

 

“Y no tengo ninguna preocupación, porque no tengo ningún tipo de prisa”. El líder de la banda siempre ha sido el bigotudo Tom Johnston, pero en esta canción la voz está a cargo de su compositor, Patrick Simmons. Un buen día Pat estaba esperando su turno de grabar mientras sus compañeros hacían  su parte en el estudio de grabación. El aburrimiento le ganó la partida, y entonces comenzó a dibujar un riff con su guitarra, el que repetía una y otra vez; hasta que ya no pudo sacárselo de la cabeza. El productor de la banda lo escuchó fortuitamente y le pareció tan bueno ese fraseo que le encomendó que continuara con él hasta convertirlo en una canción. Y ese riff casual terminó por convertirse en las primeras notas de una canción que llegaría al tope de las listas. Lo que comienza como una suave melodía con agradables armonías vocales luego gana fuerza con un vigoroso ritmo, y hasta se da el lujo de presentar una sección a cappella con la que siempre han hecho las delicias del público al tocarla en vivo: “Y si comienza a llover no me importará, porque eso no cambia absolutamente nada para mí. Tan solo tomaré el tranvía que lleva al centro de la ciudad. Sí, me gustaría escuchar un poco de buen jazz y bailar esa música de burdeles, e invitar una ronda de bebidas a todo el mundo”. Sin duda aquí Simmons está describiendo una típica noche de Nueva Orleans, pletórica de colorida diversión y de morenos bailando febrilmente al compás de esa música por la cual unas décadas más tarde Jack Kerouac y Neal Cassady perderían la cabeza: “Belleza, tómame de la mano, vas a bailar conmigo toda la noche”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=m4oZCtfmh44




martes, 7 de septiembre de 2021

Capítulo 289: “Sahara Night”. F. R. David. (1986)

 



Deprimartes desértico:

 

Hace poco leí sobre Bir Tawil, una porción de desierto en la frontera entre Egipto y Sudán de unos 2.000 km2, y que es uno de los poquísimos lugares de la Tierra que absolutamente ninguna nación reclama como propio. Allí no hay más que un mar de dunas de arena y un par de estribaciones rocosas calcinadas por el sol del Sahara. El clima es muy hostil y los recursos son inexistentes, nadie vaga por allí a excepción de algunos eventuales pastores trashumantes. No es de extrañarse que nadie quiera esa parcela yerma, ya que es sólo una ínfima fracción del mayor desierto del mundo; un lugar en el que no sólo la vida muere, sino que también lo hace la imaginación: “Espíritu de las arenas en una vasta tierra vacía a la que nadie pertenece. Cuando el azul se vuelve oscuro a medida que la luz fallece entre la luna y el sol. En los campos desérticos la fiebre es tan alta que me dan ganas de gritar. Es de noche en el Sahara”. Si bien hablamos de un lugar en que la presencia humana es casi nula, aún así es posible cruzarse con alguna caravana de tuaregs con sus dromedarios, yendo a visitar las tiendas lejanas de los habitantes esporádicos de algún oasis. Todos esos pueblos tienen culturas milenarias, y ceremonias ancestrales, como la de beber té hirviendo bajo los 45ºC del Sahara y con un turbante puesto en la cabeza. Evidentemente es gente que resiste muy bien el calor. De hecho, según los bereberes hay que tomar tres tés a lo largo del día: el primero debe ser bien amargo, para simbolizar los sinsabores de la vida, el segundo será muy dulce, para homenajear el amor, y el tercero será suave, como anhelan que sea la llegada de la muerte.

 

“Escucha el viento, está trayendo a tus oídos una música muy lejana. Tal vez puedas escuchar los sonidos de una danza tribal que llega desde las alturas”. Y aún en los más áridos paisajes desérticos florece de tanto en tanto algún artista talentoso, como es el caso del músico tunecino Elli Robert Fitoussi, más conocido en occidente por su seudónimo artístico: F. R. David. Su calidad como sesionista era tal que llegó a tocar en las giras del genial tecladista griego Vangelis, pero David dejó repentinamente las sombras cuando logró en solitario un inesperado éxito mundial con su tema “Words” de 1982. La inoxidable base electrónica de esta canción se ha vuelto uno de los sonidos más representativos de la era del Synth pop. Aparte de lograr un éxito comercial, es evidente que guardaba un cierto gusto por la poesía; tal como lo evidencian las imágenes que utiliza en esta letra para describir las revelaciones que le trajo la noche africana: “Y las estrellas me revelan el horrendo misterio del espacio, con toda su carga de miedo. Ahora puedo darme cuenta de cómo todo eso me ha influido”.

 

Al comienzo de este video promocional encontramos a F. R. David bebiendo un invaluable vaso de agua en un pueblito perdido en el interior de su Túnez natal, mientras recuerda su desventura de una noche en el desierto… ¿O se trató tal vez un espejismo?: “Amo observar el cielo sonriéndole a las estrellas mientras estoy tirado en la arena. La brisa es tan agradable que desearía que nunca dejara de traerme esta calma". Al bueno de David se le ocurre perderse entre las dunas mientras viste un sobretodo, y entonces se le suceden imágenes confusas y coloridas que no siempre responden a la lógica. Comienza a ver gente muy elegante que desaparece y reaparece, pero ahora caminan hacia atrás. Se ven flamear extraños espejos clavados en la arena, que recuerdan muy vagamente a Kubrik. Un perfil femenino exótico y bello lo persigue, como si él fuese el único habitante de una fata morgana. Todo esto culmina con los pueblos nómades uniéndose en el desierto entre banderas y antorchas, mientras suena de fondo un coro de letras “O” que con su sonido gutural le da forma a uno de los estribillos más agradables que yo recuerde. La noche en medio del desierto dorado termina convertida en una fiesta multicolor: “Oh, la noche en el Sahara. Me hace sentir, me hace sentir tan bien”. ¡Feliz Deprimartes!

 

https://www.youtube.com/watch?v=-79QkV2ROb8 






martes, 31 de agosto de 2021

Capítulo 288: “Tonight”. New Kids On The Block. (1990)

 



Deprimartes púber:

 

En 1980 el músico Maurice Starr editó su primer álbum con sus propias canciones, el cual fue un fracaso estrepitoso. Decidió entonces correrse del centro de atención, y se le ocurrió la idea de armar una banda vocal de chicos afroamericanos para cantar los temas que él mismo escribía. Así fue cómo nació New Edition, un quinteto que en sus presentaciones incorporaba elaboradas coreografías a su música, y que visualmente perseguía la estética de los Jackson 5, aunque su sonido entraba fácilmente dentro de la electrónica. El grupo empezó a tener mucho éxito entre el público adolescente, y el señor Starr comenzó a forrarse en dinero mientras les pagaba una miseria a sus muchachos. Y entonces New Edition decidió despedir a su mánager. Pero Maurice ya había aprendido una gran lección, la cual llevaría a un nuevo nivel. Ahora iba a armar otro grupo vocal de cinco chicos bailarines… Pero esta vez serían blancos. Se llamarían los New Kids On The Block, y se convertirían en los primeros representantes masivos de la más horrenda subrama del Pop: las Boy Bands: “Recuerden que les dijimos: ‘Niña, por favor no te vayas’, y que las amaríamos por siempre. Les enseñamos a mantenerse firmes mientras tengan con qué hacerlo. ¿No es cierto, chicas?”. Estas agrupaciones (me cuesta definirlas sin caer en la falta al respeto) son una invención con una meta tan comercial que aún en sus propias letras se autorreferencian. Aquí la primera estrofa juega con varios de los títulos de sus mayores éxitos, pero a continuación pasa a relatar los bemoles de ser extremadamente famoso. El estribillo acepta dos lecturas. Bien puede parecer que tiene un tono celebratorio... O bien puede ser la queja de alguien exhausto y que siente que está atravesando el Purgatorio: “Bueno, siempre me digo que, después de todo, hoy es un nuevo día. Esto pasa cada vez que escuchamos que nos llaman al escenario y vemos a todas esas chicas con sus cabellos rizados, sus botones con nuestros nombres y sus broches, y todo el estruendoso griterío. ¡Esta noche!”.

 

Con las “bandas de chicos” estamos ante un espantoso experimento que representa exactamente lo opuesto de la esencia rockera. El alma misma del Rock es la rebeldía, es un grito entrañable que demanda romper lazos con todo lo establecido, y comenzar a darle forma a un nuevo arte; y a través de él, a un nuevo mundo. La génesis del Rock es espontánea y casual, son Mick Jagger y Keith Richards cruzándose en un tren, son Jim Morrison y Ray Manzarek encontrándose en una playa, son John Lennon y Paul McCartney saludándose después de un concierto. Pero estoy convencido de que el Rock & Roll no hubiera sido tan exitoso de no ser por su matrimonio por conveniencia con el Pop. El Pop lleva su objetivo impreso en su propia frente, es popular; necesita establecer contacto y llegar a la mayor cantidad de gente posible; esa es la única medida válida de su éxito. Y vaya que esa sociedad dio buenos frutos. En conjunto, nos han dado los géneros más maravillosos de la música moderna, pero de tanto en tanto cada uno solía hacer cosas sin que la otra mitad lo supiera. Y así fue como un buen día el Pop tuvo un hijo deforme: el Teen Pop, quien a su vez dio a luz a ese engendro conocido como las Boy Bands: “Recuerdo cuando viajábamos alrededor del mundo. Conocimos a muchas personas y también a un montón de chicas. Nos llegaba correo de nuestras fans de todo el planeta, demostrándonos cuánto nos querían. ¿No es cierto, chicas?”. ¿Qué es una Boy Band? Bien, la cosa funciona generalmente así: un productor selecciona a través de un casting a un grupito de muy jóvenes cantantes y bailarines (nadie sabe por qué, pero casi siempre son cinco), y les da a cada uno el look característico de algún estereotipo con el cual pueda identificarse el público adolescente femenino. Así, en la banda tendremos al carilindo, al rudo, al tímido, al pequeñín, al imbécil, etc. En definitivas cuentas: son un producto de mercado, hecho siguiendo una fórmula, y apostando al gusto de un determinado sector específico. Como hecho artístico, son absolutamente denostados por todo el resto del mundo rockero. Como bien comercial, son excelentes en su cometido; lo único que buscan es generar una ganancia económica. Marketing puro.

 

“Suena bien. ¡Hey, amigos, hagámoslo. ¡Aquí vamos!: La, la, la, la, la, la, ¡esta noche!”. Pero como en todos los aspectos de la vida, a veces las cosas pueden salirse de control y terminar provocando un preocupante fenómeno de histeria masiva de nivel global. Eso fue lo que les ocurrió a los NKOTB, quienes literalmente de un día para el otro pasaron a ser las estrellas mejor pagas del mundo, y eran perseguidos por hordas de quinceañeras que querían devorárselos. Vivían encerrados en sus cuartos de hotel, constantemente de gira y evitando el asedio enfermizo de sus fans y de los papparazzi. El fenómeno que causaban era tal que fueron exprimidos con cuanto producto se pudiese lanzar al mercado con el nombre de la banda. Comenzaron a fabricarse todo tipo de artículos en los que aparecía la imagen de los chicos, y el merchandising fue tan grande que hasta se llegaron a hacer canicas con sus rostros, lo cual los horrorizó: “Lo último que quieres ver es tu cabeza rodando por el piso”, llegaron a decir. Y algo de razón tenían. Finalmente el encierro y la presión comenzaron a jugarles en contra y se sucedieron las riñas, los incidentes en los cuartos de hotel, las visitas a la comisaría, y hasta los ataques de pánico. Los típicos problemas que suele traer la fama desmedida. Jordan Knight, el más carismático del grupo, dijo en una ocasión: “Es cierto que se puede llegar a ser ‘demasiado famoso’. Y a nosotros nos ocurrió justo eso”. Aún así su éxito fue tan arrollador que le abrieron las puertas a muchas otras Boy Bands como Boyz II Men, Take That, N’SYNC, Five, Backstreet Boys, Jonas Brothers y One Direction: “Es hora de que nos vayamos a casa. ¡Esta noche!”. En fin… Hay de todo en la viña del Señor. ¡Feliz Deprimartes!


 

 https://www.youtube.com/watch?v=JTo3N73hpPg





martes, 24 de agosto de 2021

Capítulo 287: “We Are All Made Of Stars”. Moby. (2002)

 



Deprimartes estelar:

 

Si bien podría decirse que Hollywood es la Meca de la fama, también existe un área periférica habitada por ese tipo de gente que aún sueña con alcanzar la gloria, pero que siempre terminan vendiendo mapas con la ubicación de las mansiones de las estrellas. Denomino a esta zona como “los suburbios de la fama”, y aquí también es común encontrarse con personajes de rostros conocidos, cuyos mejores años pasaron hace demasiados años –valga la redundancia-.  Estos seres que aún intentan vivir de las migajas que les dejó una carrera ya extinguida, sobreviven aferrados como una garrapata a la última brizna de su fama. Sus corazones vuelven a sonreir si cada tanto alguien los recuerda furtivamente y los saluda cuando caminan por la calle. Suele vérselos frecuentando lugares sórdidos de luces rojas; esa clase de antros que generalmente asociamos al sexo y a los excesos. Aún guardan el culto a la belleza grecorromana, más propia de una juventud que se les escurre entre los dedos, y que no pueden retener a menos que decidan perder su última gota de dignidad en las manos de un cirujano plástico. Sus ojos miran hacia sus días dorados, y por lo tanto siempre tienen una estética retro de la vida. No por nada parte de este videoclip se desarrola en un salón de juegos arcade. ¿O acaso hay algo más retro que un arcade?: “Creciendo en número, creciendo rápidamente. No puedo combatir el futuro, no puedo pelear contra lo que estoy viendo”. Asistimos entonces a un desfile de especímenes que bien parecen sacados de un episodio de BoJack Horseman. Vemos a un personaje de dudosa celebridad balbuceando consigo mismo en la barra de un bar. Un enano famoso asistiendo a un show de strip-tease. Dos ex estrellas infantiles cenando comida chatarra. Un músico con claras adicciones asalta un refrigerador. Un actor que acostumbra morir espera mientras le lavan su DeLorean. Una leyenda del porno está haciendo unas fotocopias. Una jovencita pide un autógrafo mientras se apresta a conseguir mucho más que una firma de su ídolo. Y todos ellos canturrean para sus adentros el siguiente verso, como si fuera un mantra, como lo haría cualquier persona que toca fondo y que necesita autoconvencerse para seguir encontrándole un sentido a la existencia: “Gente que se junta, gente que se aleja. Nada puede detenernos ahora, porque todos estamos hechos de estrellas”.

 

En principio, esto es una gran verdad: todos estamos hechos de materia estelar, tal como lo aseguraba Carl Sagan en esa maravilla que fue la serie Cosmos de 1980. Tal vez para levantar el ánimo podría ser útil aquello de repetirse como una letanía que según la ciencia todos los elementos que nos conforman nacieron en el corazón de una estrella. Tenemos billones de años de antigüedad, así que la momentánea carencia de fama no debería ser un problema para nadie: “Esfuerzos de amantes que se han quedado en mi mente. Le canto a la lejanía, veremos qué es lo que ocurre”. El éxito le llegó tarde a Richard Melville, tataranieto del escritor de la novela Moby Dick. En honor a la ballena blanca comenzó a hacerse llamar Moby, y principalmente se dedicó a grabar Música Ambiental. Este subgénero de música instrumental se caracteriza por las texturas sonoras elaboradas y la carencia de ritmo. Por lo general se trata de largas notas sostenidas sobre relieves de vibraciones que se prestan para ser usadas como fondo de una meditación. Pero luego de una década de una carrera que no lograba despegar, Moby se cansó de no tener éxito y pensó en retirarse luego del fracaso de su álbum “Play” de 1999. Como último manotazo de ahogado decidió liberar todos los temas del disco para que cualquiera pudiese hacer uso comercial de ellos. Y así fue que de la noche a la mañana sus canciones comenzaron a ser escuchadas como fondo en un montón de avisos publicitarios e incluso hasta en películas. “Play” se convirtió entonces en un éxito mundial, y Moby, de un día para el otro, se volvió famoso y millonario: “Lentamente, ven. Que alguien venga. Que alguien se acerque lentamente”.

 

En este excelente videoclip podemos ver a nuestro calvo amigo recorriendo morbosos submundos, de los cuales se muestra ajeno en su condición de cosmonauta. Pero en la vida real esto era una patraña. Moby no supo ni pudo manejar esa fama tan repentina que se le vino encima como un alud, y rápidamente se volvió alcohólico y drogadicto. Sólo enfocarse en el misticismo lograría sacarlo de allí, y hoy es un vegano devoto que practica la meditación trascendendal: “Todavía el amor nos está rodeando, no puedes ignorar lo que ocurre a tu alrededor”. El video culmina con un velado homenaje a Stanley Kubrik y su filme “2001: Odisea del espacio”. El astronauta se obnubila por todo lo que ve, y toda esa información transcurre rápidamente ante sus ojos. Eso lo lleva a evolucionar en un nuevo ser de energía; sólo que a Moby esto no le ocurre en una luna de Júpiter, sino entre las góndolas de un supermercado. Se ha convertido en un ente que no será un simple habitante más de este mundo lúgubre, tal vez ahora hasta pueda mejorarlo: “Siento que en mí se va dando una lenta reconstrucción. Creciendo en número, creciendo en paz”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=xAh6fk0KD1c






martes, 17 de agosto de 2021

Capítulo 286: “Tutti Frutti”. Little Richard. (1955)

 



Deprimartes gustoso:

 

“Little Richard” Penniman o -“Ricardito” como lo conocimos en el mundo de habla hispana-, irrumpió en escena a principios de la historia rockera gracias a esta provocativa canción, con una letra bastante explícita; pero con todos los elementos de lo que de ahí en más se llamaría Rock & Roll. La potencia de la interpretación de Richard, y especialmente su forma de alcanzar las notas agudas, se convertirían en un verdadero manual sobre cómo debería cantarse este nuevo género. No por nada uno de sus sobrenombres ha sido el de ser el “arquitecto del Rock”: “Tengo una chica llamada Sue, ella sabe exactamente qué hacer. Se balancea hacia el Este, se balancea hacia el Oeste. Pero ella es la chica que más amo en la vida”. Además de esta canción fundacional del Rock, también escribió otras que se convertirían en clásicos eternos, como “Lucille” y “Long Tall Sally”. Su influencia fue tan grande que en las siguientes décadas todo su repertorio fue versionado hasta el hartazgo por los más exitosos artistas, quienes siempre le profesaron una admiración sin cuartel.  

 

“Tutti frutti, ¡qué bien!”. El nombre de ese estrambótico gusto que condensa a todas las frutas y las vuelve indescifrables es el mismo vocablo que en el argot yanqui de mediados de los años ’50 se utilizaba para referirse socarronamente a un hombre homosexual. Y aquí Little Richard usaba este término para intitular una pequeña pieza improvisada con la que solía bromear al piano. La letra era escandalosamente explícita: “Tutti Frutti, buen traserito, si no entra no lo fuerces; puedes ponerle grasa para hacerlo más fácil”, pero su disquera obviamente le sugirió cambiarla para apuntar a un público más amplio. De todas maneras la tensión sexual que Richard desparramaba en escena no dejaba dudas de cuál era el verdadero significado de la letra, que más allá de haber sufrido cambios aún era bastante subida de tono. Pero aquí Little Richard terminó dando con una genialidad, pues esta canción comienza con un grito suyo con una serie de sonidos sin sentido que suena como: “A-Wop-Bop-A-Loo-Mop-A-Lop-Bam-Boom!”. Esta frase improvisada recuerda mucho al “scat”, ese elemento tan jazzero en el cual el vocalista imita el riff de algún instrumento rellenando cada nota con sílabas cantadas al azar. Pero el acierto de Richard estuvo en la energía con que cantó ese galimatías, lo que lo convirtió en el grito de rebeldía propio de la nueva generación. Tan significativo fue ese alarido incoherente que se repitió como elemento no sólo en otras canciones -“Be-Bop A-Lula” de Gene Vincent es un buen ejemplo- sino también en cualquier otro producto de la cultura popular. Hoy encontramos muletillas como esas en todas partes, como nos lo demuestra el “Yabba Dabba Doo!” de Pedro Picapiedra, el "Na-Nu Na-Nu" de Mork, el “Wubba Lubba Dub Dub!” de Rick Sánchez, y también cualquier onomatopeya que Al Pacino quiera inventar en sus películas.

 

A lo largo de los años, la carrera de Little Richard sufrió debido a que su vida siempre giró en torno a tres estadíos: su status de rockstar, su inocultable homosexualidad (escandalosa para esa época), y su posterior conversión al cristianismo. Estas tres facetas de su persona tironeaban constantemente, a veces se superponían y hasta se eclipsaban entre sí; y como resultado Richard podía pasar de tener largos períodos de hedonismo, a terminar tramitando la licencia de ministro de su iglesia, con la cual llegó a oficiar casamientos: “Tengo una chica llamada Daisy, que casi me vuelve loco. Ella sabe cómo darme amor, vaya que sí. No tienes idea de las cosas que esa chica me hace”. Aunque de tanto en tanto retomaría su carrera y viviría de recuerdos, el éxito de sus primeras épocas culminó en 1958. Ese año tuvo una experiencia espiritual y decidió convertirse en cristiano, lo cual lo hizo renegar de su condición de rockero. Así Little Richard engrosó el selecto club de músicos que abandonaban su carrera en su mejor momento por culpa de la religión. Allí tenemos como ejemplos a Dan Peek de America, a Roger Hodgson de Supertramp, y a Mike Farner de Grand Funk Railroad; y no quisiera dejar afuera a nuestro querido Cat Stevens, quien se convirtió al Islam y dejó la música. ¡Feliz Deprimartes!

 

https://www.youtube.com/watch?v=Cj059o9OwqY&t=1s




martes, 10 de agosto de 2021

Capítulo 285: “Fools Gold”. Stone Roses. (1989)


 


Deprimartes caminante:

 

“El Camino del Oro sí que es una ruta larga, se bambolea entre las colinas a lo largo de quince días. La mochila en mi espalda me está matando de dolor, las correas parecen cortarme como cuchillos”. Siempre digo que nunca me caractericé por ser una persona que se involucrara en ninguna disciplina deportiva, pero es cierto que siento una potente atracción hacia algunas actividades emparentadas al deporte. Tal vez sea por el hecho de que me reconozco como un enamorado de las montañas, pero lo cierto es que el trekking, o senderismo, por lo general abarca una buena parte de mis vacaciones. La idea que predomina en la mente de todo aquel que sigue un sendero que se hunde entre el follaje es la de perderse en la naturaleza, y he aquí la ironía cómica de la vida misma: hay un cierto riesgo de perderse en la naturaleza y no encontrar nuevamente el sendero, o no lograr comprender cómo se lee un mapa. Alguna vez me ha ocurrido, y puedo asegurar que es increíble lo que le hace a nuestro cerebro la sola idea de no saber adónde nos encontramos. La búsqueda se transforma en desesperación, y termina siendo verdad aquello de que quien anda perdido camina en círculos. En casos así la incertidumbre es tan grande que se convierte en un caldo de cultivo para el fatalismo: “No soy un payaso, no voy a darme por vencido; y no necesito que tú me estés diciendo lo que está mal”. Puede llegar a pasarnos lo que le ocurre al extraviado protagonista de esta canción, quien en el colmo de las desventuras pierde el contacto con la realidad. Actúa como si estuviera ante un espejismo y parece caer en un trance hipnótico mientras se pone a canturrear una tonta melodía armada con la fatídica última palabra que había dicho: “Mal, mal, mal, mal…”.

 

“Estoy parado aquí solo, los estoy observando a todos y veo cómo se están hundiendo. Estoy parado aquí solo, mientras ustedes pesan el oro y yo miro cómo se hunden. Es el oro de los tontos”. Y hablando de perderse en las montañas, algunos pasajes de la letra de este tema parecen hacer mención de la Fiebre del Oro que estalló en California en 1848. Un hallazgo afortunado de algunas pepitas en el cauce de un río hizo que un aluvión de buscadores de oro arrasara con todo hasta dejar el terreno hecho un páramo, tan sólo por perseguir la quimera de la dorada salvación. Pero en más de una oportunidad se topaban con pirita, un material abundante que puede llegar a confundirse con el oro -de allí que se lo conozca como “el oro de los tontos”-, lo cual dejaba a los aventureros con los bolsillos aún más vacíos y los corazones llenos de ilusiones hechas trizas. Una realidad muy lejana de aquella que soñaban cada vez que tamizaban el agua de río con un plato, en busca de algún pequeño brillo dorado que les cambiara el destino: “El oro está a la vuelta de la esquina, se viene un gran cambio de vida”.

 

“Estas botas no fueron hechas para caminar, ni el mismísimo Marqués de Sade hubiera hecho unas botas como éstas”. Esta canción es una más que digna representante del movimiento conocido como “Madchester”, o “el sonido de Manchester”, que incorporaba algunos elementos electrónicos para hacer un poco más bailable el Postpunk que imperaba en ese entonces. Este sonido era una suerte de mezcla entre el Rock Indie y la música electrónica, aunque en esta corriente musical siempre primó el elemento rockero por sobre los sintetizadores. Terminó funcionando como una suerte de puente entre la New Wave de principios de los ’80 y el Britpop de mediados de los ’90. Por esa época se decía que Manchester era una ciudad en la cual uno giraba una piedra y debajo encontraba a una banda talentosa; y una de ellas era The Stone Roses. Estos muchachos tuvieron la particularidad de editar un álbum debut maravilloso, y que fue tomado como una postal de su época; pero luego tardaron más de cinco años en editar un segundo y último disco sin haber renovado demasiado su fórmula; y ese los hizo sonar un tanto fuera de tiempo. Aún así nos han dejado un puñado hipnótico de canciones que arrebatan nuestra memoria y la llevan de vuelta a 1989: “A veces sólo tienes que intentar arreglártelas, querida. Ya sé la verdad y también sé lo que estás pensando”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=NSD11dnphg0






martes, 27 de julio de 2021

Capítulo 284: “I Stay Away”. Alice In Chains. (1994)

 



Deprimartes díptero:

 

“Quiero viajar hacia el sur este año, pero no lo haré; no tengo asegurado el paso hacia allí”. Layne Staley fue otro mártir del Grunge, otra alma de infancia tortuosa y voz rasgada que se convirtió en estrella de Rock y cumplió con las obligaciones de ese título: vivió rápido, se entregó a los excesos, y se fue de este mundo dejando atrás un cadáver muy joven. Terminó muerto por una sobredosis de heroína, vicio del cual él mismo se había advertido de alejarse mediante el título de esta canción. Era el vocalista principal de Alice In Chains, banda que junto con Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam ha sido una de las más representativas del sonido de Seattle. Y si bien la música de esta banda no escapaba a los cánones establecidos por el subgénero, si hay algo por lo que se destacaban era por las excelentes armonías vocales que aportaba el guitarrista Jerry Cantrell sobre la voz de Staley. Como muestra, en esta canción podemos resaltar el tétrico sonido de su estribillo, logrado desacelerando la velocidad de la grabación original para que tenga un eco perturbador: “¿Por qué actúas como un loco? O tal vez no estás actuando. Tan cerca de una dama de inquietos ojos sombreados”.

 

El aclamadísimo videoclip de esta canción fue realizado con una técnica llamada “stop-motion” mediante la cual se filman cuadro por cuadro unos objetos inanimados con pequeñas diferencias entre uno y otro fotograma, para así generar la sensación de que se están moviendo. Esta práctica se remonta a finales del siglo XIX de la mano de genios como Georges Méliès, y ha sobrevivido hasta nuestros días en la obra de directores como Tim Burton y Wes Anderson. Pero una de sus variantes más interesantes es la que se utiliza justo aquí, que consiste en moldear pequeñas figuras de arcilla o plastilina. El summum de este tipo de animaciones han sido las películas de Wallace & Gromit. Pero lo interesante de este video es que aquí la acción se sitúa en un circo, con todo el componente tragicómico que eso puede acarrear: “Lágrimas que humedecen un corazón lleno de callos. ¿Por qué te ves tan  asustado? Yo he sido iluminado. Tu debilidad me vuelve más fuerte, ya lo verás algún día”. Siempre que estuve dentro de la carpa de un circo me ha acechado la extraña sensación de estar frente a artistas que transitan el borde de la desesperación. Muchos de ellos se juegan la vida en cada truco. Y en este videoclip esa característica está exagerada hasta el límite de la caricatura. Todos los personajes tienen un rostro taimado y una expresión que de alguna manera nos resulta desagradable. Parecen seres que han sido golpeados por la vida hasta el límite de la humillación, y si fuesen de carne y hueso hoy nos resultaría difícil reconocerlos como humanos.  

 

Entre todos ellos hay un niño de corazón negro y mirada sospechosa que adonde sea que va parece llevar un frasco lleno de moscas. Y al abrir el frasco cual caja de Pandora, los insectos vuelan y esparcen la fatalidad por todo el circo. Tal vez esas moscas simbolizan el costado oscuro de la vida, esas fuerzas etéreas que intuimos como reales y que se asocian para desatar tragedias sobre la gente común. Dondequiera que van, las moscas siembran la calamidad, irritando a los animales y trayendo la desgracia sobre los artistas… Sobre el final, el circo mismo termina ardiendo en llamas. En este videoclip todo es tan oscuro, tan deprimente y tan carente de futuro, que es un fiel reflejo de la forma de ver el mundo que tenían los artistas del Grunge. No por casualidad la gran mayoría de ellos terminaron su vida de una forma tan precoz. Ante gente tan autodestructiva a veces lo mejor es hacerle caso a esta canción y mantener las distancias: “Me alejo”. ¡Feliz Deprimartes!



https://www.youtube.com/watch?v=ODTv9Lt5WYs




martes, 20 de julio de 2021

Capítulo 283: “Tomorrow Comes Today”. Gorillaz. (2000)

 





Deprimartes virtual:

 

“Todos están aquí conmigo, pero no hay una cámara que lo registre. No crean que soy lo único que importa en este mundo”. La letra de esta canción nos lleva de paseo por el lado horrendo de la popularidad. Las celebridades suelen experimentar la sobreexposición como un espantoso efecto secundario que deben pagar por acceder a la fama, pero si uno se detiene a pensarlo un poco, vivir todos los días llamando la atención es algo bastante antinatural. Y sin embargo en cada rincón del planeta hay gente que sueña con triunfar frente a las cámaras. Lo que nadie parece medir es que al hacerlo uno se convierte en prisionero de las miradas ajenas: “La cámara no me deja ir, el veredicto no ama a nuestra alma. El mundo digital no me dejará escapar”. El mismo principio rige para el mundo digital, y no es poco común que la falta de privacidad en la que puede sumergirte la vida virtual lleve a cualquiera a un agudo cuadro de depresión. La obligación de tener que aparecer en pose ante los ojos de unos terceros que no nos conocen puede exprimirte hasta la última gota de tus ganas de vivir.

 

Hoy es moneda corriente que la vida de cada ser humano se presente ante los demás a través de las redes sociales. Toda persona intenta reflejar su realidad y sus pensamientos en un perfil, como si su vida se mostrase en un escaparate. Y hablando de ello, por estas pampas, en las vidrieras de algunos comercios aún puede verse un pequeño cartel tan efectivo que ya se ha convertido en un clásico atemporal. Ese anuncio dice algo como: “Hoy no se fía, mañana sí”, y plantea una paradoja que acalambra las mentes de todo aquel potencial consumidor que lo lea. Pero en esta canción los roles se trocan. Aquí es el desganado deudor quien usa la frase con su acreedor, pero a la inversa: “Sí, claro; voy a pagarte, sí, sí... El día en que mañana sea hoy”. Esta displiscencia parece ser producto de la ansiedad existencial de todo habitante del año 2000, que vivía con el Jesús en la boca esperando la llegada de ese apocalipsis llamado Y2K. Ya todos sabían que mañana nunca es hoy. Porque como lo dejó en claro el gran George Harrison en su canción “Ding Dong, Ding Dong”: “Ayer hoy era mañana y mañana hoy será ayer”.

 

“Quiero ese estéreo encendido todo el tiempo, me ha llevado muy muy lejos”. Vaya que es extraña esta banda. Tal vez estamos ante el último gran truco que sacó de su galera el Rock, aunque de hecho fue tan innovador que aún hoy resulta difícil de asimilar como idea. Y es que Gorillaz es una banda virtual. Así como lo leen. Un buen día el señor Damon Albarn se dio cuenta de que para perdurar en el tiempo tenía que reinventarse; ya no le bastaba con ser el cantante de Blur, tal vez la banda más importante del Britpop. Así que llamó a su amigo, el historietista Jaime Hewlett, y con él comenzaron el inconcebible proyecto de crear una banda inexistente, con cuatro integrantes con sus personalidades bien definidas, y apuntanto a la idea de presentarse en vivo en conciertos virtuales. Por descabellada que suene la idea, un par de décadas y un manojo de álbumes después, se puede asegurar que Albarn logró todo lo que se propuso con Gorillaz: “No crean que soy lo único que importa en este mundo. No piensen que voy a quedarme aquí por mucho tiempo más”. Ser original siempre es bueno. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=PiNdcBg3xC8





martes, 13 de julio de 2021

Capítulo 282: “Easy”. Commodores. (1977)

 





Deprimartes fácil:

 

De unos años a esta parte vengo remontando la colina, después de un par de décadas en que todo había sido un tedioso rodar cuesta abajo. En cuanto a la razón de mi mejoría he podido notar que no se me da muy naturalmente eso de estar en pareja, y por tanto decidí prescindir de ella: “Sé que suena gracioso, pero no puedo soportar el dolor. Asi que, nena, te abandonaré mañana mismo”. Eso mismo dije tantas veces… Pero con el paso del tiempo me fui haciendo conciente de que había conquistado mi propia soledad, así que vanamente llegué a declararme públicamente como “solosexual”. Por supuesto, y como siempre, la vida se me rió en la cara, porque tenía otros planes para mí…

 

“Creo que tú sabes que he hecho todo lo que pude por esta relación, nena. Mira, he suplicado, he robado y hasta tomé prestado; sí señor. Es por eso que estoy tan tranquilo”. A lo largo de mi extenso pero respetable historial de fracasos amorosos, cada vez que llegaba el final he querido dejarle en claro a mis parejas (o tal vez a mí mismo) que me iba de la relación con la frente en alto por haber hecho todo lo posible para evitar el fin. Y sin darme cuenta andaba por la vida con una falsa calma que me excusaba de culpas: “Estoy tan tranquilo como si fuese una mañana de domingo”. Pero en el fondo sabía que cargaba con mi parte de responsabilidad en la debacle: ocurre que siempre he preferido estar solo a estar con alguien más. Tal vez se deba a ese algo que subyace en todos nosotros, eso que duerme en lo profundo de nuestro ser más primitivo y que se niega a vestir cadenas. En nuestra imaginación a todo compromiso le sigue una sombra aterradora, esa sensación asfixiante de perder la libertad. Y a eso se le suma la incertidumbre acerca de si estaremos a la altura de las circunstancias. Por eso les tememos a los compromisos y terminamos negociando con ellos, a veces hasta por amor: “¿Por qué demonios alguien querría ponerme unos grilletes? Si ya he pagado todas mis deudas como para estar libre. Todos quieren que yo sea de la manera en que ellos quieren que sea, pero yo no me siento feliz cuando tengo que ser falso”.

 

Érase una vez dos grupos estudiantiles que decidieron juntarse y crear una nueva banda musical, pero no lograban encontrarle un título decente al nuevo proyecto. Así que The Commodores (“Los Comodoros”) recibieron su nombre cuando uno de sus integrantes tomó un diccionario, lo abrió y eligió una palabra al azar. Siempre bromearon sobre que habían tenido suerte, porque casi terminan por llamarse “Las Cómodas”. Firmaron un contrato con el afamado sello Motown y tenían todo para ser reyes de la Música Disco, pero increíblemente se decantaron por el Funk, ese pariente bailable del Jazz. Y todavía más llamativo es el hecho de que hayan llegado a la cima de los charts en varias oportunidades, pero no con temas pensados para las pistas de baile, sino con baladas lentas y emocionales: “Quiero volar alto, muy alto. Quiero ser tan libre como para saber que las cosas que hago estan bien. Tan sólo quiero sentirme libre, nena”. Su líder fue el genial Lionel Richie. Abandonó el grupo a principios de los años ’80 y se lanzó como solista, logrando una fama tan mundialmente arrolladora que quien hoy es el mejor jugador de fútbol del mundo lleva su nombre gracias al amor que sus padres sentían por la música de Lionel. En sus comienzos con Commodores llegó a ser telonero de The Jackson 5, y allí fue donde Richie conocería a Michael Jackson; con quien más adelante escribirían “We Are The World”, tema principal de la multimillonaria campaña solidaria “Usa For Africa”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 

 https://www.youtube.com/watch?v=BVbDUc-yHLM






martes, 6 de julio de 2021

Capítulo 281: “Right Here Right Now”. Jesus Jones. (1990)

 



Deprimartes revolucionario:

 

Como preludio de lo que sería la globalización, hubo una época en la que podíamos ver una revolución o un conflicto militar ocurriendo en la pantalla de un televisor, desde la comodidad del living y sentados en nuestro sofá. Esta forma de voyeurismo legalizado era auspiciada por la rapidez con la que el mundo estaba convulsionando, especialmente en aquellos días en que ocurrió la caída del Muro de Berlín; dejándonos a todos la premonición certera de que se acercaba el fin de la Guerra Fría: “Una mujer en la radio habla acerca de la revolución cuando ésta ya le pasó de largo. En su tiempo a Bob Dylan no le pasaban este tipo de cosas ni podía escribir canciones sobre ellas. ¿Sabes qué? Se siente bien estar vivo”. Sin duda se siente bien estar vivo, pero mientras algunos pasábamos nuestros días restregándonos los ojos frente a una televisión, una persona anónima y desarmada se jugaba la vida al quedarse de pie frenando una línea de tanques en China. Distintas maneras de vivir una revolución, supongo… Ya se había terminado el mundo dividido en dos en el que millones de personas llevaban adelante su cotidianeidad, y ahora el futuro era una incógnita.

 

En esos primeros días de la década del ’90 se podía escuchar con mucha frecuencia a alguna banda de Rock Alternativo. Y recordemos que como subgénero el Alternativo funciona como antítesis perfecta del Pop, ya que busca producir música anticomercial, o al menos que no apunte a convertirse en un éxito. Al ser tan heterogéneo en su comprensión, se ha conformado históricamente de un abanico muy amplio de bandas que parecían no tener un parentesco sonoro entre sí. Con el correr del tiempo su sonido se ha ido unificando hacia una suerte de Rock adulto y experimental, prueba de lo cual son los británicos de Jesus Jones: “Yo estaba vivo y esperé. Esperé. Yo estaba vivo y esperé por esto. Justo aquí, justo ahora; no hay otro lugar en el que querría estar. Justo aquí, justo ahora; viendo cómo el mundo se despierta de su historia”. Como buenos representantes de un subgénero con límites muy difusos, esta banda de formación rockera supo incorporar algunos elementos de la música electrónica, como las bases sampleadas con sintetizadores. Y lo hicieron con tan buen gusto que lograron tener mucho éxito del otro lado del Atlántico, lo que hizo que fuesen muy populares en Norteamérica mientras continuaban siendo una banda underground en su Inglaterra natal.

 

“Yo presencié la década en la que parecía que el mundo podía cambiar en sólo un parpadeo. Y si acaso eso hubiera ocurrido, entonces ese sería nuestro signo de los tiempos”. Recién a principios de los ’90 comenzamos a sentir la seguridad de pestañear y saber que al volver a abrir los ojos todo seguiría ahí. Las bombas no estallarían. Fue una década sublime para vivirla, aunque en ella hubo muchos que defendían su pasividad exclamando un sonoro “¡qué barbaridad!” que los disculpara de mayores pensamientos sobre todo lo que ocurría. Otros, mientras tanto, se trepaban al Muro de Berlín para derribarlo a martillazos y vender sus ladrillos como souvenirs… Qué irónico, ¿verdad?: “Mirando cómo el mundo se levanta”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=MznHdJReoeo





martes, 29 de junio de 2021

Capítulo 280: “Incense And Peppermint”. Strawberry Alarm Clock. (1967)

 



Deprimartes lisérgico:

 

A veces me sorprendo asegurando a los cuatro vientos que 1967 fue el mejor año de la historia de la humanidad. Si esta afirmación suena grandilocuente es porque de seguro tiene un buen grado de pedantería, pero no creo estar exagerando demasiado; al menos no desde la óptica de un melómano apasionado por la historia del Rock. En este año empezó a resultar inocultable la tremenda carga experimental y artística de las grabaciones que desde hacía ya unos meses venían editando los músicos populares. Y por supuesto que en todo esto hay un culpable, y ese culpable se llama LSD: “La sensatez y la inocencia están arruinando a la humanidad. Reyes muertos, muchas cosas que no puedo describir. Ocasiones y persuasiones que confunden tu mente. Incienso y menta, el color del tiempo”. El Flower Power con sus colores estridentes, sus pancartas de amor y paz, y sus ganas de expandir la mente tomaba por asalto la cultura occidental. Ahora todos los músicos de nuestro querido Rock estaban haciendo cosas interesantes en esa época que hoy se conoce como “el Verano del Amor”. Y así, mientras Cream editaba su obra maestra “Disraeli Gears”, The Moody Blues creaba el Rock Sinfónico, Jimmi Hendrix empezaba a suplantar a Dios, The Doors y Pink Floyd se anunciaban al mundo con un disco debut, The Rolling Stones daban un paso en falso en eso de imitar a The Beatles, y los cuatro de Liverpool le regalaban al mundo su glorioso “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”; la obra que consagró de manera innegable al Rock como una forma de arte.

                   

En medio de toda esta revolución pacífica es que vio la luz el grupo californiano Strawberry Alarm Clock, una banda cuya imagen ha quedado asociada para siempre con el hippismo. Y para muestra basta con ver el video de esta canción, que parece una incandescente alegoría a los fulgurantes matices de la psicodelia: “¿A quién le importa qué juegos elegimos jugar? Hay poco para ganar, pero nada que perder”. Las vestimentas que se pueden apreciar en el videoclip hablan por sí solas, son la expresión misma del descubrimiento de los colores del alma. Las tonalidades parecen estar vivas al mostrarnos todo un espectro tornasolado característico de las experiencias lisérgicas. Pero esa estética también es una declaración de principios. Es una orgullosa ruptura con la monotonía en blanco y negro del pasado reciente, una invitación a dejar volar la imaginación y los sentidos… Ojalá la gente aún se vistiese como los hippies lo hacían en 1967…

 

“Incienso y menta, sustantivos sin sentido. Enciéndete y sintonízate, has que tus ojos giren y mírate a ti mismo. ¡Sí!”. Esta frase es un claro homenaje al lema “Turn on, tune in, drop out” con el que el psicólogo Timothy Leary, el gurú del ácido lisérgirco, quería convencer a todo el mundo de que tomara LSD: “Enciéndete, sintonízate y déjate llevar”. El mismo maravilloso año de 1967 dijo esto en el Festival “Human Be-in” en San Francisco, y así dio inicio el reinado de los hippies. Tan convencido estaba Leary de que la expansión de la mente habría de cambiar la sociedad en la que vivimos, que el mismo sistema comenzó a verlo como a un enemigo y lo mandó a reformarse durante un par de años a la cárcel. Ya supo advertirnos de esto oportunamente John Lennon, cuando nos cantó sobre aquello de que en realidad todos queremos cambiar el mundo, sólo que todos queremos tener un mundo distinto. La canción termina con una estrofa que es otro galimatías imaginativo: “Para dividir este mundo bizco en dos debes arrojar tu orgullo a un lado. Es lo menos que puedes hacer. Beatniks y políticos, no hay nada nuevo. El criterio de los lunáticos es tan sólo un punto de vista”. Así es, todos tenemos un punto de vista. El mío es bastante multicolor… ¡Feliz Deprimartes!

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=4rw1_FNdy-Y




martes, 15 de junio de 2021

Capítulo 279: “Wicked Game”. Chris Isaak. (1989)



Deprimartes descorazonado:

 

La vida me ha sorprendido últimamente al reencontrarme con una antigua amiga a quien no veía desde hacía décadas. En muy poco tiempo vimos horrorizados cómo nos asaltaba la idea de que estábamos enamorados del otro. Así que ahora puedo entender mejor todo aquello que se dice del amor, porque esta sensación tan increíblemente genuina y avasallante está a años luz de distancia de todo aquello que sentí en las ocasiones en que creí haberme enamorado. Qué equivocado que estaba: “El mundo estaba en llamas y nadie podía salvarme excepto tú. Es extraño lo que el deseo obliga a hacer a la gente tonta”. Mi mundo era bastante lúgubre cuando este tema comenzó a escucharse. Yo sólo contaba con dieciséis años y una timidez galopante que me fagocitaba por dentro. Sólo podía imaginarme cómo se sentiría abrazar a una chica mientras se escuchaba esta dulce melodía de fondo. Y es que la mezcla de timidez e introspección no suele dejarle mucho margen a la búsqueda del amor: “Nunca soñé que encontraría a alguien como tú. Y nunca soñé que terminaría perdiendo a alguien como tú”.

 

Esa pulsión por buscar la otredad nos obliga a salir de la seguridad de nuestras madrigueras y nos convierte en algo que no somos, y lo mismo ocurre con todo lo que nos rodea y que ya no nos resulta familiar; ahora todo tiene un aire bastante tétrico e irreal… Para un tímido, la búsqueda del amor es incomprensible. Es como una película de David Lynch: “No, no quiero enamorarme de ti. Este mundo sólo va a romper tu corazón”. Aunque siempre nos quede el consuelo de encontrar belleza aún en las cosas tristes, nada termina por cobrar un sentido; ya que la existencia es un torbellino de caos donde las cosas no tienen razón de ser. O sea, no se entiende nada; como en una película de David Lynch, en las que también suele subyacer una filosofía pesimista, más digna del Libro del Eclesiastés, como la que se resume en este corto verso de la letra: “Nadie ama a nadie”. Chris Isaak es un cantante de voz potente y melosa que no lograba llegar al éxito, probablemente porque parecía estar encaprichado en querer verse como Elvis. Todo lo que hacía tenía una guitarra con trémolo pretendiendo sonar como si estuviese grabada en los años ’50, e incluso gracias a su timbre de voz llegó a ser considerado como “el Roy Orbison de los años ’90”. Pero su carrera estaba atascada en un pasado que ya sonaba demasiado anticuado; de hecho cuando la presente canción se estrenó pasó desapercibida para el gran público. La suerte cambiaría un año más tarde, cuando este tema fue utilizado en la banda de sonido del filme “Corazón Salvaje” del controvertido director mencionado ut-supra; y allí todo cambió. La canción comenzó a ser escuchada por un público más amplio, y entonces el suceso de “Wicked Game” fue tan grande que al día de hoy es el mayor éxito del cantante; quien además llegó a contar en los rankings con otras hermosas canciones suyas como “Blue Hotel” y “Baby Did A Bad Bad Thing”. El mismo David Lynch se enteró del éxito tardío de la canción, así que como anécdota invitó a Isaak a tener una pequeña participación en el mítico universo de su aclamada serie “Twin Peaks”, al darle un pequeño papel en la película de “Twin Peaks: Fire Walk with Me”.

 

“Qué juego tan perverso es este que juegas, en el que me haces sentir de esta manera. Qué cosas tan perversas haces, que logras que yo sueñe contigo. Qué cosas tan perversas dices, tú nunca te sentiste así. Qué cosas tan perversas haces, que me obligas a soñar contigo”. Mi encono hacia David Lynch viene de hace varios años. Recuerdo una tarde en la que quedé con unos amigos para ver una película en casa de uno de ellos, y yo acepté con la condición de ser yo mismo quien pasaba por el videoclub para elegir el filme (sí, la anécdota es tan vieja que transcurrió en un videoclub). Al llegar al establecimiento en cuestión llamé a mis amistades para comentarles las películas disponibles, y alguien del grupo preguntó a los gritos si había alguna de David Lynch… Y la había. Pregunté al muchacho que atendía el local qué opinaba sobre ese director, ya que nunca había visto ninguna de sus obras, y me dijo: “Si te la recomiendo tal vez te parezca genial. O tal vez quieras volver y partirme la cara. O las dos cosas”… Aún estoy queriendo encontrar a ese tipejo nuevamente, para partirle el alma a patadas… Esa película se llamaba “Mullholand Drive”, y creo que fueron las dos horas peor desperdiciadas de toda mi vida… Alguien debe decirlo: nadie entiende a David Lynch. La gente que dice que lo entiende, miente sólo para parecer inteligente. He dicho. ¡Feliz Deprimartes!



https://www.youtube.com/watch?v=4vKsSGyQf-M&t=7s





 

martes, 8 de junio de 2021

Capítulo 278: “Govinda”. Kula Shaker. (1996)

 



Deprimartes védico:

 

El trabajo que me demanda este humilde blog sobre Rock incluye traducir al castellano las letras de todas las canciones. La gran mayoría provienen de la lengua inglesa, pero en un par de oportunidades incluí temas cantados en alemán; y allí la cosa se me puso difícil ya que mi nivel de ese idioma es bastante básico. Pero en esta ocasión me compliqué las cosas más de la cuenta, porque tuve que traducir una letra que está en sánscrito. Contaba con una ventaja, ya que en varias ocasiones me había topado con este idioma antiguo proveniente de la India; y más aún si se trababa de un texto religioso que dijera algo como ésto: “Toda la gloria al Supremo Señor, toda la gloria al Supremo Pastor de Vacas”. Ocurre que ya conocía la mayoría de las palabras debido a que tengo una cierta debilidad por la cultura de la India. La culpa de este afecto hacia todo lo que lejanamente pareciera hindú habría que echársela a The Beatles, y a los años de mi adolescencia en que los conocí. Pero me siento obligado a aclarar que yo también hice mi parte y siempre me he puesto a investigar curiosamente cuanta cosa oriental se me cruzara en el camino.

 

Aquí tenemos un mantra tradicional sobre Sri Krishna, el octavo avatar del dios creador Vishnú, aunque algunos credos lo consideran la escencia misma de ese dios. Esto lo sé porque en mi afán por descubrir más sobre esta cultura tan colorida, terminé por visitar la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krisna, más conocida como el movimiento Hare Krishna. Sólo fui a un par de reuniones, no tenía ánimos de raparme el cabello ni de vestirme con una sábana naranja, pero allí mismo conocí el texto sagrado del Bhagavad-gītā y su escritura devanagari del sánscrito original; la cual está plagada de alabanzas como ésta: “Toda la gloria a Radha, Señor Krishna, aquel que se lleva todas las ataduras materiales de sus devotos”.

 

“La india es un acelerador de procesos espirituales”, decía el escritor jesuita Carlos González Vallés. Y vaya que tenía razón… Los británicos de Kula Shaker, liderados por el rubio Crispian Mills, tuvieron un suceso bastante respetable a mediados de los años ’90, en pleno Britpop. Pero ellos le sumaban una vuelta de tuerca interesante a la música de esa época, ya que su líder había realizado un viaje a la India y allí sintió cómo todo su mundo interior cambió. Ahora toda su música sonaba oriental, e incluso en sus letras incluía fragmentos de himnos védicos: “Toda la gloria a Krishna Cabeza de León, aquel que protege a sus devotos de los demonios”. Unos años más tarde su estrella se fue apagando luego de que Mills protagonizara una polémica al hablar de las virtudes de la cruz esvástica como símbolo de buenaventura. Olvidó que eso es muy cierto en la cultura hindú, pero por estas partes del globo ese símbolo se ha tornado siniestro. Debió pedir disculpas públicamente por el malentendido.

 

“Sri Chaitanya Mahāprabu, el Supremo Señor Dorado”. El himno no escatima a la hora de mencionar avatares sagrados como el del santo del Siglo XV Chaitanya Mahāprabhu, y también hace mención literal de: “Su Divina Gracia Abhay Charan Bhaktivedānta Swami Prabhupāda”, el sabio fundador del movimiento Hare Krishna. Fue este mismo el primer religioso indio de renombre que viajó a Estados Unidos, a finales de 1965, y quien impactó fuertemente en el naciente movimiento Hippie a través del cual se darían tantas influencias de la música de la India en el Rock Psicodélico. ¡Feliz Deprimartes!



https://www.youtube.com/watch?v=9QZOHzWLF9w








martes, 1 de junio de 2021

Capítulo 277: “Heart Of Gold”. Neil Young. (1972)

 



Deprimartes aurífero:

 

“Quiero vivir, quiero darlo todo, porque siempre he sido un minero en busca de un corazón de oro”. Yo también he querido vivir disfrutando cada paso que di en la vida, yo también he querido dar todo de mí y poner mi espada a disposición de lo que fuere menester; pero para mi desgracia mi corazón está tan sólo hecho de carne. Y está muy lastimado desde que tengo uso de razón. Logré mirar detrás de la cortina, pero no tuve la suerte de encontrar a ningún Mago de Oz que pudiera darme un corazón nuevo, por lo tanto tuve que arreglármelas con el que ya tenía, que al igual que yo, cada día se va poniendo más viejo. Y sentir cómo pesa el paso del tiempo en el pecho nos hace decir cosas como las que una vez dijo Bilbo Bolsón: "Estoy viejo, Gandalf, no lo parezco, pero estoy comenzando a sentirlo en las raíces del corazón”. Todo se debía a que se sentía estirado, “como un trocito de mantequilla extendido sobre demasiado pan". Un sentimiento parecido me asalta de vez en cuando.

 

Todo esto nos transmite esta canción tan agridulce, salida de la pluma de Neil Young; quizás el músico canadiense más influyente y respetado de todos los tiempos. Aquí Neil nos revela el que tal vez sea el gran secreto que tenemos todos los introvertidos cuando debemos confesar cuál es nuestra motivación en la vida. Preferimos no decir nada, y justo en eso reside nuestra fortaleza: “Todo aquello que no digo es lo que me mantiene buscando un corazón de oro. Y ya me estoy poniendo muy viejo”. Pero inmediatamente después de alabar el valor del silencio, en esta letra se nos revela que ese secreto tiene un costo. Un costo de años llamado vida, y que nos convierte en ancianos de espíritu buscando un lugar en el que hallar un poco de tranquilidad. Un buen día, somos viejos. ¿Y saben qué? No está tan mal. Es un descanso que nos hemos ganado después de tanta lucha.

 

“He estado en Hollywood, he estado en Redwood, crucé el océano buscando un corazón de oro”. Neil Young es una de las personas más auténticas dentro del Rock. Ha tenido una prolífica carrera como solista, además de integrar de manera intermitente ese súper grupo llamado Crosby, Stills & Nash, al que cada vez que él se sumaba se lo renombraba como Crosby, Stills, Nash & Young. Su carrera está principalmente volcada hacia el Rock y el Folk, pero también vivió un período bastante reconocido de experimentación allá por los años ’80. Hoy en día es considerado como una leyenda de la música, y su actitud de tipo ensimismado y problemático junto con una estética bastante descuidada lo ha llevado a ser considerado como una influencia importantísima para los músicos del Grunge de los años ’90; quienes lo tenían como un prócer. Allí donde fue, sólo se preocupó por serle fiel a sí mismo. Y tal vez todo se trate de eso. Preocuparse por agradarnos sólo a nosotros mismos: “He estado en mi mente, y he visto lo delgado que es el hilo que me mantiene buscando un corazón de oro. Y ya me estoy poniendo muy viejo”. ¡Feliz Deprimartes!


 

 https://www.youtube.com/watch?v=MkGOrIBCcg4