martes, 19 de octubre de 2021

Capítulo 294: “Young Folks” Peter Bjorn and John. (2006)

 


Deprimartes juvenil:

 

Un chico y una chica que se gustan aprovecharán cualquier excusa para comenzar un diálogo; esta es una historia que se repite a diario en todo el mundo. El muchacho le enseña a silbar una canción, y al parecer ese único truco le es suficiente para que la niña acceda a ir a casa del creativo seductor, mientras tiene lugar el siguiente diálogo: “Si te contara todas las cosas que hacía antes, si te contara cómo solía ser, ¿querrías estar con alguien como yo? Si conocieras cada detalle de mi historia y tuvieras todo el panorama de mi vida, ¿querrías estar con alguien como yo?”. La franqueza de la pregunta invita a una respuesta de igual calidad por parte de la señorita: “Ya hice eso antes y me di cuenta de que no me llevó a ningún lugar. Y aún así estaría con alguien como tú. No me importa qué hayas hecho o con quién hayas estado”. Este juego de cortejo subyacente continúa mientras se reúnen con sus compañeros de banda y graban la canción del silbido. Todo marcha tan bien que deciden invitar a más amigos para hacer una fiesta y estrenar su nuevo éxito. A lo largo de todo este videoclip animado reinan las tonalidades de color pastel, y los personajes que aparecen en él bien podrían haberse escapado de una postal naïf. Y es que así se siente la vida cuando tienes 20 años. Recordamos esos días como un período luminoso, donde todo era sanamente ingenuo. Sin embargo lo que estos chicos dicen en su diálogo parece traslucir un cierto grado de madurez: “Generalmente cuando he llegado a este punto, la gente con la que estoy tiende a desaparecer. Creo que ya nadie me sorprendería, a menos que seas tú quien lo haga”.

 

“Puedo asegurar que algo está pasando, porque las horas se pasan volando. Todos a tu alrededor se van, pero yo sigo aquí a tu lado”. Bjorn, Peter y John son tres jóvenes amigos de Estocolmo que decidieron armar una pequeña banda de Indie Rock. Invitaron a la vocalista Victoria Bergsman para registrar su primer single, una canción que sonara cercana al Lo-fi, por lo que buscaban grabar con una baja calidad de sonido. El público que consume este tipo de música no suele ser másivo, y fue por eso que el éxito de esta canción tomó a los tres amigos absolutamente por sorpresa. Este tema arrasó en los charts mundiales a mediados de la primera década de este siglo, con una melodía que contenía una letra tan despreocupada como veinteañera: “Y no nos importa la gente joven hablando sobre sus modas pasajeras. Y tampoco nos preocupan la gente vieja hablando sobre cómo eran las cosas antes. No nos importa lo equivocados que están cuando hablan acerca de nosotros, lo único que nos importa es esta conversación. Hablar sólo contigo”. Este trío tan peculiar sólo logró este único éxito comercial hasta la fecha, ya que luego se dedicarían a una apuesta musical más local y afín a sus orígenes nórdicos. Su nombre queda en la historia del Rock como otra perla en el rosario que es esa constante contribución de Suecia a la música popular moderna, con nombres emblemáticos como los de ABBA, Europe, The Cardigans, The Hives, Ace Of Base, y Roxette; entre muchos otros.

 

Si hay algo que ha hecho que todos nos acordemos de esta canción, es el abuso de un recurso tan mundano que en el Rock suele aparecer mucho menos de lo que podría suponerse. Estoy hablando del silbido. Probablemente tenga que ver con que silbar es un arte que no sólo está al alcance de todos (excepto de la mujer que amo, quien por algún extraño motivo cuando silba parece que sólo puede usar una única nota), sino que está relacionado con una actitud más bien campirana y despreocupada de la vida. Quien silba no está pensando en sus problemas. Y tal vez por eso mismo es que es difícil relacionar este tipo de sonidos con alguno de los géneros más pesados del Rock. Por eso es que lo primero que se nos viene a la mente al hablar de silbidos son canciones más bien melódicas y agradables como “Patience” de Guns N’ Roses, “Jealous Guy” de John Lennon, o “Don’t Worry Be Happy” de Bobby McFerrin. En cualquier canción donde haya un apacible silbido también podrían escucharse palabras en un tono calmo, como las siguientes: “No nos importa qué haya hecho o con quién haya estado el otro, aún así podríamos pasar el rato juntos y ver qué ocurre en la noche”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=iArXv64tCJA







martes, 12 de octubre de 2021

Capítulo 293: “Joe Le Taxi”. Vanessa Paradis. (1988)

 



Deprimartes taxista:

 

Siempre se discute sobre si el mejor riff de saxo de la música moderna se encuentra en la canción de Wham! “Careless Whisper”, o en “Baker Street” de Gerry Rafferty. Pero yo sostengo que no habría que dejar fuera de la contienda a este tema, que con sus saxofones cautivantes recrea el clima justo para hablar sobre un hombre llamado Joe y su oficio de taxista; y de qué se trata la extraña experiencia de ser un chofer nocturno: “Joe el taxista no va a todas partes, pero sí va corriendo a comprarse una soda. Su taxi suena como un saxófono amarillo. Su corazón conoce cada calle, todos los pequeños bares y todos los rincones oscuros. Y el río Sena con sus puentes brillantes”. Mi padre durante muchos años ha sido taxista y no era raro que cumpliera con su turno durante la noche. De sus anécdotas siempre me ha quedado claro que manejar de madrugada tiene una especie de magia. La gente que pulula por las trasnoches poco se parece a los seres diurnos. Están llenos de historias interesantes, y un taxista, con su filosofía mundana a cuestas, siempre es un buen catalizador para una charla profunda.  

 

Salvo tal vez por la figura de Johnny Hallyday, el Elvis de La Galia, la escena Rock francesa parece guardar el mismo carácter hermético y sectarista que tienen los habitantes de Francia y que les hace parecer tan altaneros y soberbios frente a los extranjeros. Y yo lo sé por dos motivos. El primero de ellos es que he estado en Francia y pude chequear de primera mano algunos destellos de la amarga personalidad de los francos; y el segundo motivo es que nadie sabe más de soberbia y altanería que un nacido en la Ciudad de Buenos Aires, como yo. Por estas pampas lo poco que ha llegado de la música moderna francófona suele estar más asociado al sonido Pop de los años ’80, con encantadoras voces femeninas llevando adelante canciones como “Voyage, Voyage” de Desireless, “C'est la Ouate” de Caroline Loeb, o “Ella, Elle L’a” de France Gall. Y aquí tenemos un ejemplo de esa misma época, una pequeñuela que con el paso del tiempo llegaría a convertirse en una supermodelo casada con el actor Johnny Depp: “La música que lleva Joe en su coche es la Rumba, el Rock clásico y el Mambo. Así es la vida de Joe el taxista. Su mambo sabe a ron cuando está en medio de un embotellamiento. Así son las cosas, ron y Mambo”. Vanessa Paradis grabó esta canción contando con tan solo catorce años de edad. En el video se la ve bailando de manera aniñada e inocente, y con una vestimenta absolutamente casual. Al contemplar esto y ver cómo han transcurrido los años me es imposible no notar lo mucho que han cambiado las cosas en esta era digital. Hoy en cuanto medio frecuentemos desgraciadamente es bastante común toparse con una imagen hípersexualizada de cualquier adolescente. Se han corrido hacia atrás los límites de la niñez, y es horrendo pensar que tal vez esto no se deba a una simple casualidad… Ojalá esté equivocado: “En su coche la música que resuena es la Rumba, y tal vez un poco de viejo Rock y hasta un Mambo. ¡Vamos, Joe! Que la noche te lleve hasta la Amazonia”.

 

Joe sigue desandando las horas que preceden al alba, y en su derrotero lo acompaña la música de artistas con los que ha llegado a construir una relación casi fraternal. Para amenizar la aventura nocturna Joe puede estar escuchando tanto la obra de un director de orquesta catalán como una melodía entonada por una cantante lírica peruana: “Joe el taxista y Xavier Cugat. Joe el taxista e Yma Sumac”. Mientras navega el empedrado parisino, la música de su saxofón amarillo va deshaciendo el conjuro de silencio que gobierna en la noche oscura. Va confiado porque sabe que tiene por escudero a una melodía que lo transporta al lugar en el que sigue siendo feliz: “Joe el taxista y los mariachis. Joe el taxista y el Cha-cha-chá.” ¡Feliz Deprimartes!



https://www.youtube.com/watch?v=Ulay2FvUEd8





martes, 5 de octubre de 2021

Capítulo 292: “Let Forever Be”. The Chemical Brothers. (1999)

 



Deprimartes onírico:

 

“¿Y cómo se siente despertarse bajo la luz del sol?”. Según esta letra, alguien recobra el conocimiento sin saber dónde está, pero parece que se encuentra en medio de algún tipo de viaje psicodélico. A su mente la invaden preguntas sin sentido frente a un mundo que mira y que ya no es suyo, puesto que no lo comprende: “¿Y cómo se siente brillar sobre todos los demás?”. Aunque lo que en realidad ocurre es que tal vez la persona aún no se haya despertado. Verán, a veces nuestro cerebro nos juega trucos. Recuerdo que más de una vez he sido víctima de un mecanismo que utiliza nuestra mente cuando suena el despertador a la mañana, pero nuestro cerebro quiere seguir descansando. Así, apagamos el despertador, nos levantamos de la cama, nos aseamos, desayunamos, nos preparamos para ir a nuestra escuela y/o trabajo… Pero todo es un sueño. Es una diabólica maquinación de nuestro subconsciente con el fin de ganarle unos minutos más a la rutina; y para ello soñamos con la rutina misma. Hacemos dormidos lo que haríamos despiertos, pero por la misma naturaleza del sueño, todo se vuelve difuso e incoherente. La acción va hacia atrás y hacia delante de manera aleatoria, con un ritmo cansino, y con personajes y situaciones que tienen la lógica de un caleidoscopio.

 

Algo así le está ocurriendo a la protagonista de este legendario videoclip. Llega la hora de levantarse y el reloj despertador suena como un redoble de batería. Uno que hipnóticamente invita a la niña a seguir durmiendo, pero en el sueño se despierta y se multiplica. Sus personalidades bailan una coreografía difícil de clasificar y se preparan para afrontar su realidad como vendedora en un puesto de cosméticos, pero… ¿Está llegando en horario, o ya terminó su turno y emprendió el camino de regreso a su casa? Gira como un trompo mientras el flujo del tiempo parece estornudar delante de ella, y ya nada tiene un orden predecible. El sueño se le vuelve una pesadilla. Finalmente la hora de la jornada laboral ha concluido, y ella se da cuenta de que nunca ha salido de la cama. Tiene el resto del día para imaginarse cómo sería su vida si tuviese otro tipo de rutina: “¿Y cómo se siente pasar un rato de tu vida sentado en el cordón de la vereda, gritando una sinfonía?”. The Chemical Brothers son un dúo con el dudoso honor de haber revitalizado la música electrónica europea en la década del ‘90. Como gracias al cielo mis gustos rockeros me impiden disfrutar en profundidad de este subgénero, siempre me he valido de la opinión de terceros para formarme una idea más específica de lo que estos talentosos muchachos han hecho. Y todos mis informantes coinciden en que la obra de esta agrupación cambió completamente esta rama sonora hasta convertirla en la música típica de los drogones que por esa época asolaban las calles de Europa en búsqueda de morfina. Mi deliberada ignorancia sobre ellos no me imposibilita reconocerles sus acercamientos hacia el Rock, mayormente en la forma de colaboraciones con artístas reconocidos como Beck, The Flaming Lips, o el cantante de The Verve, Richard Ashcroft. Era la época del Brit Pop, y siguiendo su ejemplo la música electrónica también intentó abrevar en los clásicos británicos de los años ’60. Como muestra, vaya esta canción. Es imposible que este tema no repique en nuestras cabezas como una reversión del himno psicodélico “Tomorrow Never Knows” de The Beatles, en el cual John Lennon cantaba letanías místicas similares a ésta: “¿Cómo se siente dejar que todo ocurra por siempre?”. El homenaje ya bordea el plagio descarado si tenemos en cuenta que quien canta no es otro que Noel Gallagher, el cerebro de Oasis; quienes en algún momento de su vida soñaron que eran The Beatles… Hasta que se cayeron de la cama y se despertaron. 

 

“¿Cómo se siente navegar con la brisa?”. El ingenioso video de este tema nos llega de la mano del francés Michel Grondy, uno de los mejores directores de videoclips de la historia. Dar una lista de ejemplos de sus mejores videos me tomaría otro largo párrafo (y leyéndola me doy cuenta de que sin quererlo ya he incluido varios de ellos en este blog), así que sólo quisiera destacar su jerarquía reconociendo que es el director de esa joya cinematográfica llamada “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”. Algunas de las tomas de este videoclip están claramente inspirada en la puesta en escena que The Kinks realizó para presentar en televisión su álbum “Soap Opera” de 1975. La letra de esta canción por momentos se vuelve tan reflexiva que puede adivinarse por qué eligieron inspirarse en esta obra de The Kinks. Y ocurre que en dicha obra el líder de la banda, el genial Ray Davies, personifica a una especie de semidios musical llamado Starmaker; quien decide encarnarse en un ser humano común y corriente para así comprender mejor la vida normal. Y justamente se convertirá en Norman, un hombre casado y con un empleo de 9 a 5. Finalmente el límite de su realidad se le irá difuminando y terminará por creer que en realidad él siempre ha sido un hombre llamado Norman, quien de tanto en tanto tiene episodios psicóticos en los que se pregunta cómo hubiera sido su vida si fuese una estrella de Rock: “¿Cómo se siente hacer que todo suceda? ¿Cómo se siente respirar con todas tus fuerzas?”. Y en la última pregunta de esta canción aún hoy hay un debate interesante. Se trata de la estrofa que dice: “¿Y qué se siente ser cristiano?”. A través de la red pueden encontrarse múltiples versiones de la letra de este tema, y mientras que la expresión traducida como “cristiano” (christian being) aparece como mayoritaria, hay versiones que aseguran que en su lugar dice la palabra “crystalline” (cristalino), y hasta hay quienes juran escuchar “crystal fiend” (demonio de cristal). Cómo se puede apreciar, el significado de este párrafo variaría tremendamente según la definición que elijamos, pero debido a la naturaleza alucinada del video bien podríamos aceptar cualquiera de ellas como válida. ¡Feliz Deprimartes!

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=s5FyfQDO5g0




martes, 28 de septiembre de 2021

Capítulo 291: “Everybody's Talkin'”. Harry Nilsson. (1968)

 



Deprimartes parlanchín:

 

Hace un cierto tiempo inventé un juego. Consiste en anotar una palabra cualquiera en un papel, luego visitar la portada de Wikipedia, y dar click en la opción “Página aleatoria”. Desde ese resultado se irá clickeando solamente en los enlaces hasta lograr dar con la palabra anotada previamente. Quien logra conectar la página aleatoria con la palabra elegida usando la menor cantidad de enlaces, gana… Ok, les juro por todas las deidades que es bastante más divertido de lo que suena; y ocurre que este juego (al que llamé humildemente el “Magistral Murray”) utiliza una mecánica muy similar a la que sostiene la idea de los seis grados de separación. Según esta teoría, todas las personas del mundo estamos interconectadas por no más de cinco o seis conocidos en común; y es conocida en su versión más popular: aquella que sostiene que todos los actores estamos a tan sólo seis grados de Kevin Bacon. Puedo demostrarlo con mi propia persona: yo, que soy actor, conozco a mi buena amiga la artista Johanna Dragone, quien me llevó a un taller de meditación en el que también estaba su amiga la cantante Militta Bora, quien fue pareja del actor norteamericano John Cusack, que trabajó en la película “Being John Malkovich” con Sean Penn, quien finalmente actuó en el filme “Mystic River” con… ¡TA-DAH! Kevin Bacon. Así es, casi que somos familia con Kevin. Pero, ¿y por qué estoy hablando de eso? Ocurre que hay un músico que por alguna extraña razón está relacionado con las más grandes leyendas del Rock. Todos se conectan de una u otra manera con Harry Nilsson, un gran vocalista con una voz de tres octavas y media que le permitía sonar como un ángel; pero en este caso es un ángel que no le da importancia a quienes le rodean: “Todo el mundo me está hablando y yo no escucho ni una palabra de lo que dicen, tan sólo oigo los ecos de mi propia mente. La gente se detiene a mirarme pero yo no puedo ver sus rostros, tan sólo veo las sombras de sus ojos”.

 

Es increíble que un cantante tan exitoso como lo fue Harry Nilsson prácticamente no haya hecho presentaciones en vivo, pero él se sentía mucho más a gusto en el estudio de grabación, componiendo melodías para programas infantiles o para otros artistas. Esporádicamente grababa bajo el seudónimo de “Nilsson”, a secas, y eso hacía que muchos creyeran que se trataba de un grupo. El éxito le llegó cuando la presente canción fue incluida en la película de culto “Midnight Cowboy” con Dustin Hoffman y Jon Voight. Allí su nombre comenzó a ser reconocido, y de hecho cuando a los mismísimos Beatles les preguntaron cuál era su banda norteamericana preferida respondieron que era Nilsson. Esto hizo que rápidamente Harry se convirtiera en un gran amigo de ellos, lo cual lo llevó a formar parte del infame club “Hollywood Vampires”, una grupo fraternal de súper estrellas del Rock en el que tan solo se reunían a ver quién bebía más alcohol en toda la noche. Y allí los lazos del buen Harry se volvieron exponenciales, porque se la pasaba de borrachera en borrachera con nombres como Alice Cooper, el baterista Keith Moon de The Who, Mickey Dolenz de The Monkees, y los Beatles Ringo Starr y John Lennon; quien llegó a considerarlo uno de sus mejores amigos y hasta le produjo un álbum. No era raro cruzarse en este club de alcohólicos con gente como Keith Emerson, Brian Wilson, Marc Bolan o Iggy Pop. Harry, entre todos ellos, supo cosechar grandes amistades que sabían que él era un tipo frontal y agradable: “Voy adonde el sol siga brillando a través de la lluvia, voy allí donde el clima haga juego con mi ropa”.

 

Para terminar de ilustrar este curioso círculo en el que todo el mundo parece relacionarse con Nilsson vale esta conocida anécdota. Harry tenía un departamente en Londres, y como él pasaba mucho tiempo en norteamérica era muy común que en su ausencia se lo prestara a músicos amigos para pasar una noche. Éste fue el mismo departamento en el que fallecieron dos leyendas del Rock, con tan sólo cuatro años de diferencia. La líder de The Mamas And The Papas, Cass Elliot, falleció a los 32 años de un paro cardíaco en la cama en la que solía dormir Harry. Y esa misma edad era la que tenía Keith Moon cuando murió de una sobredosis en el mismo dormitorio. ¿Casualidad?... La muerte siguió afectando a Harry, ya que él quedaría devastado debido a la muerte de su gran amigo John Lennon, con quien habían pasado tantas noches de parranda durante el famoso “Fin de semana perdido” de John. Luego de su asesinato, Nilsson se dedicó fervientemente a hacer campañas sobre el control de armas en Estados Unidos: “Aprovecho los vientos del nordeste, navego sobre la brisa veraniega. Voy saltando como una piedra que se lanza sobre el agua”. Habiendo vivido una juventud plena, llena de amigos entrañables y de eternas aventuras nocturnas, un infarto lo sorprendió y la muerte se lo llevó muy joven, a los 52 años. Su corazón no soportó tantas noches de parranda y finalmente le pasó factura. Como una última broma del destino, falleció el mismo día en que concluyó de grabar las voces del que sería su álbum póstumo. En él puede notarse que aún en sus últimos días conservó su voz de ruiseñor: “No dejaré que te olvides de mi amor. No te dejaré partir”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=agMPGvcPQzg





martes, 21 de septiembre de 2021

Capítulo 290: “Black Water”. The Doobie Brothers. (1972)

 



Deprimartes navegable:

 

La cultura humana parece siempre haber prosperado a la vera de un gran río. La historia nos da ejemplos de sobra: tenemos a las civilizaciones de la Antigua Mesopotamia floreciendo a orillas del Tigris y del Éufrates; a los faraones egipcios construyendo pirámides a la vista del Nilo; y también a los chinos, cuya milenaria historia hunde sus raíces en el barro del río Amarillo. Así también ocurre con el Rock. Sus antepasados inmediatos, el Jazz y el Blues, nacieron cobijados por el abrazo de un enorme y poderoso río, uno tan grande que logra partir a un subcontinente en dos mitades. Estas vertientes musicales tienen su esencia en las desventuras del pueblo afroamericano del delta del Mississippi, un caudaloso río con incontables afluentes. Cerca de su desembocadura está la ciudad de New Orleans, una antigua colonia francesa que funcionaba como puerto para el comercio de esclavos traidos desde el África; y que con el tiempo se volvió un centro comercial muy cosmopolita. Recibió masas de visitantes de muy distintos orígenes, y la interacción de esta gente hizo que de esa extraña mezcolanza de idiosincracias surgieran nuevas ideas musicales que llegarían a conquistar el mundo moderno, pero que nunca olvidarían sus orígenes: “Bueno, pues me construi una balsa y está lista para navegar. El viejo Mississippi está llamándome. Los bagres chapotean en el agua mientras la rueda del barco a vapor continúa golpeando, el Black Water sigue rodando como siempre lo hizo”.

 

Esta húmeda geografía es tan vital para la historia norteamericana que allí es donde se ubican las aventuras de los clásicos de Mark Twain, con personajes como Tom Sawyer, y Huckleberry Finn. En ellas el cauce del río es transitado por los afamados vapores de ruedas, esos pantagruélicos barcos movidos por una enorme rueda con palas ubicada en su popa. Ya el Rock le había hecho un claro homenaje a esta postal sureña con la canción “Proud Mary” de Creedence Clearwater Revival, que refiere a un buque de ese nombre; y ahora estamos ante la historia de otro piróscafo de ensueño, uno llamado “Agua Negra”: “Vieja Black Water, continúa rodando. Luna del Mississippi, ¿continuarás brillando sobre mí? Sí, continúa brillando con tu luz, harás que todo esté bien, belleza. Harás que todo esté bien”. Cantándole a estos barcos legendarios aquí tenemos a The Doobie Brothers, que al igual que CCR hicieron Rock pero abrevaron en corrientes musicales bien campiranas como el Country y el Folk. También incursionaron con mucho éxito en el Hard Rock, en el Soul, y hasta en el Funk bailable, como lo dejaron bien en claro con sus muy recordados temas “Listen To The Music” y “Long Train Runnin’”. Finalmente la década de los ’80 pareció tomarlos desprevenidos y no supieron adaptarse a la era de los sintetizadores, aunque hasta el día de la fecha cuentan con una enorme base de fanáticos en todo el mundo.

 

“Y no tengo ninguna preocupación, porque no tengo ningún tipo de prisa”. El líder de la banda siempre ha sido el bigotudo Tom Johnston, pero en esta canción la voz está a cargo de su compositor, Patrick Simmons. Un buen día Pat estaba esperando su turno de grabar mientras sus compañeros hacían  su parte en el estudio de grabación. El aburrimiento le ganó la partida, y entonces comenzó a dibujar un riff con su guitarra, el que repetía una y otra vez; hasta que ya no pudo sacárselo de la cabeza. El productor de la banda lo escuchó fortuitamente y le pareció tan bueno ese fraseo que le encomendó que continuara con él hasta convertirlo en una canción. Y ese riff casual terminó por convertirse en las primeras notas de una canción que llegaría al tope de las listas. Lo que comienza como una suave melodía con agradables armonías vocales luego gana fuerza con un vigoroso ritmo, y hasta se da el lujo de presentar una sección a cappella con la que siempre han hecho las delicias del público al tocarla en vivo: “Y si comienza a llover no me importará, porque eso no cambia absolutamente nada para mí. Tan solo tomaré el tranvía que lleva al centro de la ciudad. Sí, me gustaría escuchar un poco de buen jazz y bailar esa música de burdeles, e invitar una ronda de bebidas a todo el mundo”. Sin duda aquí Simmons está describiendo una típica noche de Nueva Orleans, pletórica de colorida diversión y de morenos bailando febrilmente al compás de esa música por la cual unas décadas más tarde Jack Kerouac y Neal Cassady perderían la cabeza: “Belleza, tómame de la mano, vas a bailar conmigo toda la noche”. ¡Feliz Deprimartes!


https://www.youtube.com/watch?v=m4oZCtfmh44




martes, 7 de septiembre de 2021

Capítulo 289: “Sahara Night”. F. R. David. (1986)

 



Deprimartes desértico:

 

Hace poco leí sobre Bir Tawil, una porción de desierto en la frontera entre Egipto y Sudán de unos 2.000 km2, y que es uno de los poquísimos lugares de la Tierra que absolutamente ninguna nación reclama como propio. Allí no hay más que un mar de dunas de arena y un par de estribaciones rocosas calcinadas por el sol del Sahara. El clima es muy hostil y los recursos son inexistentes, nadie vaga por allí a excepción de algunos eventuales pastores trashumantes. No es de extrañarse que nadie quiera esa parcela yerma, ya que es sólo una ínfima fracción del mayor desierto del mundo; un lugar en el que no sólo la vida muere, sino que también lo hace la imaginación: “Espíritu de las arenas en una vasta tierra vacía a la que nadie pertenece. Cuando el azul se vuelve oscuro a medida que la luz fallece entre la luna y el sol. En los campos desérticos la fiebre es tan alta que me dan ganas de gritar. Es de noche en el Sahara”. Si bien hablamos de un lugar en que la presencia humana es casi nula, aún así es posible cruzarse con alguna caravana de tuaregs con sus dromedarios, yendo a visitar las tiendas lejanas de los habitantes esporádicos de algún oasis. Todos esos pueblos tienen culturas milenarias, y ceremonias ancestrales, como la de beber té hirviendo bajo los 45ºC del Sahara y con un turbante puesto en la cabeza. Evidentemente es gente que resiste muy bien el calor. De hecho, según los bereberes hay que tomar tres tés a lo largo del día: el primero debe ser bien amargo, para simbolizar los sinsabores de la vida, el segundo será muy dulce, para homenajear el amor, y el tercero será suave, como anhelan que sea la llegada de la muerte.

 

“Escucha el viento, está trayendo a tus oídos una música muy lejana. Tal vez puedas escuchar los sonidos de una danza tribal que llega desde las alturas”. Y aún en los más áridos paisajes desérticos florece de tanto en tanto algún artista talentoso, como es el caso del músico tunecino Elli Robert Fitoussi, más conocido en occidente por su seudónimo artístico: F. R. David. Su calidad como sesionista era tal que llegó a tocar en las giras del genial tecladista griego Vangelis, pero David dejó repentinamente las sombras cuando logró en solitario un inesperado éxito mundial con su tema “Words” de 1982. La inoxidable base electrónica de esta canción se ha vuelto uno de los sonidos más representativos de la era del Synth pop. Aparte de lograr un éxito comercial, es evidente que guardaba un cierto gusto por la poesía; tal como lo evidencian las imágenes que utiliza en esta letra para describir las revelaciones que le trajo la noche africana: “Y las estrellas me revelan el horrendo misterio del espacio, con toda su carga de miedo. Ahora puedo darme cuenta de cómo todo eso me ha influido”.

 

Al comienzo de este video promocional encontramos a F. R. David bebiendo un invaluable vaso de agua en un pueblito perdido en el interior de su Túnez natal, mientras recuerda su desventura de una noche en el desierto… ¿O se trató tal vez un espejismo?: “Amo observar el cielo sonriéndole a las estrellas mientras estoy tirado en la arena. La brisa es tan agradable que desearía que nunca dejara de traerme esta calma". Al bueno de David se le ocurre perderse entre las dunas mientras viste un sobretodo, y entonces se le suceden imágenes confusas y coloridas que no siempre responden a la lógica. Comienza a ver gente muy elegante que desaparece y reaparece, pero ahora caminan hacia atrás. Se ven flamear extraños espejos clavados en la arena, que recuerdan muy vagamente a Kubrik. Un perfil femenino exótico y bello lo persigue, como si él fuese el único habitante de una fata morgana. Todo esto culmina con los pueblos nómades uniéndose en el desierto entre banderas y antorchas, mientras suena de fondo un coro de letras “O” que con su sonido gutural le da forma a uno de los estribillos más agradables que yo recuerde. La noche en medio del desierto dorado termina convertida en una fiesta multicolor: “Oh, la noche en el Sahara. Me hace sentir, me hace sentir tan bien”. ¡Feliz Deprimartes!

 

https://www.youtube.com/watch?v=-79QkV2ROb8 






martes, 31 de agosto de 2021

Capítulo 288: “Tonight”. New Kids On The Block. (1990)

 



Deprimartes púber:

 

En 1980 el músico Maurice Starr editó su primer álbum con sus propias canciones, el cual fue un fracaso estrepitoso. Decidió entonces correrse del centro de atención, y se le ocurrió la idea de armar una banda vocal de chicos afroamericanos para cantar los temas que él mismo escribía. Así fue cómo nació New Edition, un quinteto que en sus presentaciones incorporaba elaboradas coreografías a su música, y que visualmente perseguía la estética de los Jackson 5, aunque su sonido entraba fácilmente dentro de la electrónica. El grupo empezó a tener mucho éxito entre el público adolescente, y el señor Starr comenzó a forrarse en dinero mientras les pagaba una miseria a sus muchachos. Y entonces New Edition decidió despedir a su mánager. Pero Maurice ya había aprendido una gran lección, la cual llevaría a un nuevo nivel. Ahora iba a armar otro grupo vocal de cinco chicos bailarines… Pero esta vez serían blancos. Se llamarían los New Kids On The Block, y se convertirían en los primeros representantes masivos de la más horrenda subrama del Pop: las Boy Bands: “Recuerden que les dijimos: ‘Niña, por favor no te vayas’, y que las amaríamos por siempre. Les enseñamos a mantenerse firmes mientras tengan con qué hacerlo. ¿No es cierto, chicas?”. Estas agrupaciones (me cuesta definirlas sin caer en la falta al respeto) son una invención con una meta tan comercial que aún en sus propias letras se autorreferencian. Aquí la primera estrofa juega con varios de los títulos de sus mayores éxitos, pero a continuación pasa a relatar los bemoles de ser extremadamente famoso. El estribillo acepta dos lecturas. Bien puede parecer que tiene un tono celebratorio... O bien puede ser la queja de alguien exhausto y que siente que está atravesando el Purgatorio: “Bueno, siempre me digo que, después de todo, hoy es un nuevo día. Esto pasa cada vez que escuchamos que nos llaman al escenario y vemos a todas esas chicas con sus cabellos rizados, sus botones con nuestros nombres y sus broches, y todo el estruendoso griterío. ¡Esta noche!”.

 

Con las “bandas de chicos” estamos ante un espantoso experimento que representa exactamente lo opuesto de la esencia rockera. El alma misma del Rock es la rebeldía, es un grito entrañable que demanda romper lazos con todo lo establecido, y comenzar a darle forma a un nuevo arte; y a través de él, a un nuevo mundo. La génesis del Rock es espontánea y casual, son Mick Jagger y Keith Richards cruzándose en un tren, son Jim Morrison y Ray Manzarek encontrándose en una playa, son John Lennon y Paul McCartney saludándose después de un concierto. Pero estoy convencido de que el Rock & Roll no hubiera sido tan exitoso de no ser por su matrimonio por conveniencia con el Pop. El Pop lleva su objetivo impreso en su propia frente, es popular; necesita establecer contacto y llegar a la mayor cantidad de gente posible; esa es la única medida válida de su éxito. Y vaya que esa sociedad dio buenos frutos. En conjunto, nos han dado los géneros más maravillosos de la música moderna, pero de tanto en tanto cada uno solía hacer cosas sin que la otra mitad lo supiera. Y así fue como un buen día el Pop tuvo un hijo deforme: el Teen Pop, quien a su vez dio a luz a ese engendro conocido como las Boy Bands: “Recuerdo cuando viajábamos alrededor del mundo. Conocimos a muchas personas y también a un montón de chicas. Nos llegaba correo de nuestras fans de todo el planeta, demostrándonos cuánto nos querían. ¿No es cierto, chicas?”. ¿Qué es una Boy Band? Bien, la cosa funciona generalmente así: un productor selecciona a través de un casting a un grupito de muy jóvenes cantantes y bailarines (nadie sabe por qué, pero casi siempre son cinco), y les da a cada uno el look característico de algún estereotipo con el cual pueda identificarse el público adolescente femenino. Así, en la banda tendremos al carilindo, al rudo, al tímido, al pequeñín, al imbécil, etc. En definitivas cuentas: son un producto de mercado, hecho siguiendo una fórmula, y apostando al gusto de un determinado sector específico. Como hecho artístico, son absolutamente denostados por todo el resto del mundo rockero. Como bien comercial, son excelentes en su cometido; lo único que buscan es generar una ganancia económica. Marketing puro.

 

“Suena bien. ¡Hey, amigos, hagámoslo. ¡Aquí vamos!: La, la, la, la, la, la, ¡esta noche!”. Pero como en todos los aspectos de la vida, a veces las cosas pueden salirse de control y terminar provocando un preocupante fenómeno de histeria masiva de nivel global. Eso fue lo que les ocurrió a los NKOTB, quienes literalmente de un día para el otro pasaron a ser las estrellas mejor pagas del mundo, y eran perseguidos por hordas de quinceañeras que querían devorárselos. Vivían encerrados en sus cuartos de hotel, constantemente de gira y evitando el asedio enfermizo de sus fans y de los papparazzi. El fenómeno que causaban era tal que fueron exprimidos con cuanto producto se pudiese lanzar al mercado con el nombre de la banda. Comenzaron a fabricarse todo tipo de artículos en los que aparecía la imagen de los chicos, y el merchandising fue tan grande que hasta se llegaron a hacer canicas con sus rostros, lo cual los horrorizó: “Lo último que quieres ver es tu cabeza rodando por el piso”, llegaron a decir. Y algo de razón tenían. Finalmente el encierro y la presión comenzaron a jugarles en contra y se sucedieron las riñas, los incidentes en los cuartos de hotel, las visitas a la comisaría, y hasta los ataques de pánico. Los típicos problemas que suele traer la fama desmedida. Jordan Knight, el más carismático del grupo, dijo en una ocasión: “Es cierto que se puede llegar a ser ‘demasiado famoso’. Y a nosotros nos ocurrió justo eso”. Aún así su éxito fue tan arrollador que le abrieron las puertas a muchas otras Boy Bands como Boyz II Men, Take That, N’SYNC, Five, Backstreet Boys, Jonas Brothers y One Direction: “Es hora de que nos vayamos a casa. ¡Esta noche!”. En fin… Hay de todo en la viña del Señor. ¡Feliz Deprimartes!


 

 https://www.youtube.com/watch?v=JTo3N73hpPg





martes, 24 de agosto de 2021

Capítulo 287: “We Are All Made Of Stars”. Moby. (2002)

 



Deprimartes estelar:

 

Si bien podría decirse que Hollywood es la Meca de la fama, también existe un área periférica habitada por ese tipo de gente que aún sueña con alcanzar la gloria, pero que siempre terminan vendiendo mapas con la ubicación de las mansiones de las estrellas. Denomino a esta zona como “los suburbios de la fama”, y aquí también es común encontrarse con personajes de rostros conocidos, cuyos mejores años pasaron hace demasiados años –valga la redundancia-.  Estos seres que aún intentan vivir de las migajas que les dejó una carrera ya extinguida, sobreviven aferrados como una garrapata a la última brizna de su fama. Sus corazones vuelven a sonreir si cada tanto alguien los recuerda furtivamente y los saluda cuando caminan por la calle. Suele vérselos frecuentando lugares sórdidos de luces rojas; esa clase de antros que generalmente asociamos al sexo y a los excesos. Aún guardan el culto a la belleza grecorromana, más propia de una juventud que se les escurre entre los dedos, y que no pueden retener a menos que decidan perder su última gota de dignidad en las manos de un cirujano plástico. Sus ojos miran hacia sus días dorados, y por lo tanto siempre tienen una estética retro de la vida. No por nada parte de este videoclip se desarrola en un salón de juegos arcade. ¿O acaso hay algo más retro que un arcade?: “Creciendo en número, creciendo rápidamente. No puedo combatir el futuro, no puedo pelear contra lo que estoy viendo”. Asistimos entonces a un desfile de especímenes que bien parecen sacados de un episodio de BoJack Horseman. Vemos a un personaje de dudosa celebridad balbuceando consigo mismo en la barra de un bar. Un enano famoso asistiendo a un show de strip-tease. Dos ex estrellas infantiles cenando comida chatarra. Un músico con claras adicciones asalta un refrigerador. Un actor que acostumbra morir espera mientras le lavan su DeLorean. Una leyenda del porno está haciendo unas fotocopias. Una jovencita pide un autógrafo mientras se apresta a conseguir mucho más que una firma de su ídolo. Y todos ellos canturrean para sus adentros el siguiente verso, como si fuera un mantra, como lo haría cualquier persona que toca fondo y que necesita autoconvencerse para seguir encontrándole un sentido a la existencia: “Gente que se junta, gente que se aleja. Nada puede detenernos ahora, porque todos estamos hechos de estrellas”.

 

En principio, esto es una gran verdad: todos estamos hechos de materia estelar, tal como lo aseguraba Carl Sagan en esa maravilla que fue la serie Cosmos de 1980. Tal vez para levantar el ánimo podría ser útil aquello de repetirse como una letanía que según la ciencia todos los elementos que nos conforman nacieron en el corazón de una estrella. Tenemos billones de años de antigüedad, así que la momentánea carencia de fama no debería ser un problema para nadie: “Esfuerzos de amantes que se han quedado en mi mente. Le canto a la lejanía, veremos qué es lo que ocurre”. El éxito le llegó tarde a Richard Melville, tataranieto del escritor de la novela Moby Dick. En honor a la ballena blanca comenzó a hacerse llamar Moby, y principalmente se dedicó a grabar Música Ambiental. Este subgénero de música instrumental se caracteriza por las texturas sonoras elaboradas y la carencia de ritmo. Por lo general se trata de largas notas sostenidas sobre relieves de vibraciones que se prestan para ser usadas como fondo de una meditación. Pero luego de una década de una carrera que no lograba despegar, Moby se cansó de no tener éxito y pensó en retirarse luego del fracaso de su álbum “Play” de 1999. Como último manotazo de ahogado decidió liberar todos los temas del disco para que cualquiera pudiese hacer uso comercial de ellos. Y así fue que de la noche a la mañana sus canciones comenzaron a ser escuchadas como fondo en un montón de avisos publicitarios e incluso hasta en películas. “Play” se convirtió entonces en un éxito mundial, y Moby, de un día para el otro, se volvió famoso y millonario: “Lentamente, ven. Que alguien venga. Que alguien se acerque lentamente”.

 

En este excelente videoclip podemos ver a nuestro calvo amigo recorriendo morbosos submundos, de los cuales se muestra ajeno en su condición de cosmonauta. Pero en la vida real esto era una patraña. Moby no supo ni pudo manejar esa fama tan repentina que se le vino encima como un alud, y rápidamente se volvió alcohólico y drogadicto. Sólo enfocarse en el misticismo lograría sacarlo de allí, y hoy es un vegano devoto que practica la meditación trascendendal: “Todavía el amor nos está rodeando, no puedes ignorar lo que ocurre a tu alrededor”. El video culmina con un velado homenaje a Stanley Kubrik y su filme “2001: Odisea del espacio”. El astronauta se obnubila por todo lo que ve, y toda esa información transcurre rápidamente ante sus ojos. Eso lo lleva a evolucionar en un nuevo ser de energía; sólo que a Moby esto no le ocurre en una luna de Júpiter, sino entre las góndolas de un supermercado. Se ha convertido en un ente que no será un simple habitante más de este mundo lúgubre, tal vez ahora hasta pueda mejorarlo: “Siento que en mí se va dando una lenta reconstrucción. Creciendo en número, creciendo en paz”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=xAh6fk0KD1c






martes, 17 de agosto de 2021

Capítulo 286: “Tutti Frutti”. Little Richard. (1955)

 



Deprimartes gustoso:

 

“Little Richard” Penniman o -“Ricardito” como lo conocimos en el mundo de habla hispana-, irrumpió en escena a principios de la historia rockera gracias a esta provocativa canción, con una letra bastante explícita; pero con todos los elementos de lo que de ahí en más se llamaría Rock & Roll. La potencia de la interpretación de Richard, y especialmente su forma de alcanzar las notas agudas, se convertirían en un verdadero manual sobre cómo debería cantarse este nuevo género. No por nada uno de sus sobrenombres ha sido el de ser el “arquitecto del Rock”: “Tengo una chica llamada Sue, ella sabe exactamente qué hacer. Se balancea hacia el Este, se balancea hacia el Oeste. Pero ella es la chica que más amo en la vida”. Además de esta canción fundacional del Rock, también escribió otras que se convertirían en clásicos eternos, como “Lucille” y “Long Tall Sally”. Su influencia fue tan grande que en las siguientes décadas todo su repertorio fue versionado hasta el hartazgo por los más exitosos artistas, quienes siempre le profesaron una admiración sin cuartel.  

 

“Tutti frutti, ¡qué bien!”. El nombre de ese estrambótico gusto que condensa a todas las frutas y las vuelve indescifrables es el mismo vocablo que en el argot yanqui de mediados de los años ’50 se utilizaba para referirse socarronamente a un hombre homosexual. Y aquí Little Richard usaba este término para intitular una pequeña pieza improvisada con la que solía bromear al piano. La letra era escandalosamente explícita: “Tutti Frutti, buen traserito, si no entra no lo fuerces; puedes ponerle grasa para hacerlo más fácil”, pero su disquera obviamente le sugirió cambiarla para apuntar a un público más amplio. De todas maneras la tensión sexual que Richard desparramaba en escena no dejaba dudas de cuál era el verdadero significado de la letra, que más allá de haber sufrido cambios aún era bastante subida de tono. Pero aquí Little Richard terminó dando con una genialidad, pues esta canción comienza con un grito suyo con una serie de sonidos sin sentido que suena como: “A-Wop-Bop-A-Loo-Mop-A-Lop-Bam-Boom!”. Esta frase improvisada recuerda mucho al “scat”, ese elemento tan jazzero en el cual el vocalista imita el riff de algún instrumento rellenando cada nota con sílabas cantadas al azar. Pero el acierto de Richard estuvo en la energía con que cantó ese galimatías, lo que lo convirtió en el grito de rebeldía propio de la nueva generación. Tan significativo fue ese alarido incoherente que se repitió como elemento no sólo en otras canciones -“Be-Bop A-Lula” de Gene Vincent es un buen ejemplo- sino también en cualquier otro producto de la cultura popular. Hoy encontramos muletillas como esas en todas partes, como nos lo demuestra el “Yabba Dabba Doo!” de Pedro Picapiedra, el "Na-Nu Na-Nu" de Mork, el “Wubba Lubba Dub Dub!” de Rick Sánchez, y también cualquier onomatopeya que Al Pacino quiera inventar en sus películas.

 

A lo largo de los años, la carrera de Little Richard sufrió debido a que su vida siempre giró en torno a tres estadíos: su status de rockstar, su inocultable homosexualidad (escandalosa para esa época), y su posterior conversión al cristianismo. Estas tres facetas de su persona tironeaban constantemente, a veces se superponían y hasta se eclipsaban entre sí; y como resultado Richard podía pasar de tener largos períodos de hedonismo, a terminar tramitando la licencia de ministro de su iglesia, con la cual llegó a oficiar casamientos: “Tengo una chica llamada Daisy, que casi me vuelve loco. Ella sabe cómo darme amor, vaya que sí. No tienes idea de las cosas que esa chica me hace”. Aunque de tanto en tanto retomaría su carrera y viviría de recuerdos, el éxito de sus primeras épocas culminó en 1958. Ese año tuvo una experiencia espiritual y decidió convertirse en cristiano, lo cual lo hizo renegar de su condición de rockero. Así Little Richard engrosó el selecto club de músicos que abandonaban su carrera en su mejor momento por culpa de la religión. Allí tenemos como ejemplos a Dan Peek de America, a Roger Hodgson de Supertramp, y a Mike Farner de Grand Funk Railroad; y no quisiera dejar afuera a nuestro querido Cat Stevens, quien se convirtió al Islam y dejó la música. ¡Feliz Deprimartes!

 

https://www.youtube.com/watch?v=Cj059o9OwqY&t=1s




martes, 10 de agosto de 2021

Capítulo 285: “Fools Gold”. Stone Roses. (1989)


 


Deprimartes caminante:

 

“El Camino del Oro sí que es una ruta larga, se bambolea entre las colinas a lo largo de quince días. La mochila en mi espalda me está matando de dolor, las correas parecen cortarme como cuchillos”. Siempre digo que nunca me caractericé por ser una persona que se involucrara en ninguna disciplina deportiva, pero es cierto que siento una potente atracción hacia algunas actividades emparentadas al deporte. Tal vez sea por el hecho de que me reconozco como un enamorado de las montañas, pero lo cierto es que el trekking, o senderismo, por lo general abarca una buena parte de mis vacaciones. La idea que predomina en la mente de todo aquel que sigue un sendero que se hunde entre el follaje es la de perderse en la naturaleza, y he aquí la ironía cómica de la vida misma: hay un cierto riesgo de perderse en la naturaleza y no encontrar nuevamente el sendero, o no lograr comprender cómo se lee un mapa. Alguna vez me ha ocurrido, y puedo asegurar que es increíble lo que le hace a nuestro cerebro la sola idea de no saber adónde nos encontramos. La búsqueda se transforma en desesperación, y termina siendo verdad aquello de que quien anda perdido camina en círculos. En casos así la incertidumbre es tan grande que se convierte en un caldo de cultivo para el fatalismo: “No soy un payaso, no voy a darme por vencido; y no necesito que tú me estés diciendo lo que está mal”. Puede llegar a pasarnos lo que le ocurre al extraviado protagonista de esta canción, quien en el colmo de las desventuras pierde el contacto con la realidad. Actúa como si estuviera ante un espejismo y parece caer en un trance hipnótico mientras se pone a canturrear una tonta melodía armada con la fatídica última palabra que había dicho: “Mal, mal, mal, mal…”.

 

“Estoy parado aquí solo, los estoy observando a todos y veo cómo se están hundiendo. Estoy parado aquí solo, mientras ustedes pesan el oro y yo miro cómo se hunden. Es el oro de los tontos”. Y hablando de perderse en las montañas, algunos pasajes de la letra de este tema parecen hacer mención de la Fiebre del Oro que estalló en California en 1848. Un hallazgo afortunado de algunas pepitas en el cauce de un río hizo que un aluvión de buscadores de oro arrasara con todo hasta dejar el terreno hecho un páramo, tan sólo por perseguir la quimera de la dorada salvación. Pero en más de una oportunidad se topaban con pirita, un material abundante que puede llegar a confundirse con el oro -de allí que se lo conozca como “el oro de los tontos”-, lo cual dejaba a los aventureros con los bolsillos aún más vacíos y los corazones llenos de ilusiones hechas trizas. Una realidad muy lejana de aquella que soñaban cada vez que tamizaban el agua de río con un plato, en busca de algún pequeño brillo dorado que les cambiara el destino: “El oro está a la vuelta de la esquina, se viene un gran cambio de vida”.

 

“Estas botas no fueron hechas para caminar, ni el mismísimo Marqués de Sade hubiera hecho unas botas como éstas”. Esta canción es una más que digna representante del movimiento conocido como “Madchester”, o “el sonido de Manchester”, que incorporaba algunos elementos electrónicos para hacer un poco más bailable el Postpunk que imperaba en ese entonces. Este sonido era una suerte de mezcla entre el Rock Indie y la música electrónica, aunque en esta corriente musical siempre primó el elemento rockero por sobre los sintetizadores. Terminó funcionando como una suerte de puente entre la New Wave de principios de los ’80 y el Britpop de mediados de los ’90. Por esa época se decía que Manchester era una ciudad en la cual uno giraba una piedra y debajo encontraba a una banda talentosa; y una de ellas era The Stone Roses. Estos muchachos tuvieron la particularidad de editar un álbum debut maravilloso, y que fue tomado como una postal de su época; pero luego tardaron más de cinco años en editar un segundo y último disco sin haber renovado demasiado su fórmula; y ese los hizo sonar un tanto fuera de tiempo. Aún así nos han dejado un puñado hipnótico de canciones que arrebatan nuestra memoria y la llevan de vuelta a 1989: “A veces sólo tienes que intentar arreglártelas, querida. Ya sé la verdad y también sé lo que estás pensando”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=NSD11dnphg0






martes, 27 de julio de 2021

Capítulo 284: “I Stay Away”. Alice In Chains. (1994)

 



Deprimartes díptero:

 

“Quiero viajar hacia el sur este año, pero no lo haré; no tengo asegurado el paso hacia allí”. Layne Staley fue otro mártir del Grunge, otra alma de infancia tortuosa y voz rasgada que se convirtió en estrella de Rock y cumplió con las obligaciones de ese título: vivió rápido, se entregó a los excesos, y se fue de este mundo dejando atrás un cadáver muy joven. Terminó muerto por una sobredosis de heroína, vicio del cual él mismo se había advertido de alejarse mediante el título de esta canción. Era el vocalista principal de Alice In Chains, banda que junto con Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam ha sido una de las más representativas del sonido de Seattle. Y si bien la música de esta banda no escapaba a los cánones establecidos por el subgénero, si hay algo por lo que se destacaban era por las excelentes armonías vocales que aportaba el guitarrista Jerry Cantrell sobre la voz de Staley. Como muestra, en esta canción podemos resaltar el tétrico sonido de su estribillo, logrado desacelerando la velocidad de la grabación original para que tenga un eco perturbador: “¿Por qué actúas como un loco? O tal vez no estás actuando. Tan cerca de una dama de inquietos ojos sombreados”.

 

El aclamadísimo videoclip de esta canción fue realizado con una técnica llamada “stop-motion” mediante la cual se filman cuadro por cuadro unos objetos inanimados con pequeñas diferencias entre uno y otro fotograma, para así generar la sensación de que se están moviendo. Esta práctica se remonta a finales del siglo XIX de la mano de genios como Georges Méliès, y ha sobrevivido hasta nuestros días en la obra de directores como Tim Burton y Wes Anderson. Pero una de sus variantes más interesantes es la que se utiliza justo aquí, que consiste en moldear pequeñas figuras de arcilla o plastilina. El summum de este tipo de animaciones han sido las películas de Wallace & Gromit. Pero lo interesante de este video es que aquí la acción se sitúa en un circo, con todo el componente tragicómico que eso puede acarrear: “Lágrimas que humedecen un corazón lleno de callos. ¿Por qué te ves tan  asustado? Yo he sido iluminado. Tu debilidad me vuelve más fuerte, ya lo verás algún día”. Siempre que estuve dentro de la carpa de un circo me ha acechado la extraña sensación de estar frente a artistas que transitan el borde de la desesperación. Muchos de ellos se juegan la vida en cada truco. Y en este videoclip esa característica está exagerada hasta el límite de la caricatura. Todos los personajes tienen un rostro taimado y una expresión que de alguna manera nos resulta desagradable. Parecen seres que han sido golpeados por la vida hasta el límite de la humillación, y si fuesen de carne y hueso hoy nos resultaría difícil reconocerlos como humanos.  

 

Entre todos ellos hay un niño de corazón negro y mirada sospechosa que adonde sea que va parece llevar un frasco lleno de moscas. Y al abrir el frasco cual caja de Pandora, los insectos vuelan y esparcen la fatalidad por todo el circo. Tal vez esas moscas simbolizan el costado oscuro de la vida, esas fuerzas etéreas que intuimos como reales y que se asocian para desatar tragedias sobre la gente común. Dondequiera que van, las moscas siembran la calamidad, irritando a los animales y trayendo la desgracia sobre los artistas… Sobre el final, el circo mismo termina ardiendo en llamas. En este videoclip todo es tan oscuro, tan deprimente y tan carente de futuro, que es un fiel reflejo de la forma de ver el mundo que tenían los artistas del Grunge. No por casualidad la gran mayoría de ellos terminaron su vida de una forma tan precoz. Ante gente tan autodestructiva a veces lo mejor es hacerle caso a esta canción y mantener las distancias: “Me alejo”. ¡Feliz Deprimartes!



https://www.youtube.com/watch?v=ODTv9Lt5WYs




martes, 20 de julio de 2021

Capítulo 283: “Tomorrow Comes Today”. Gorillaz. (2000)

 





Deprimartes virtual:

 

“Todos están aquí conmigo, pero no hay una cámara que lo registre. No crean que soy lo único que importa en este mundo”. La letra de esta canción nos lleva de paseo por el lado horrendo de la popularidad. Las celebridades suelen experimentar la sobreexposición como un espantoso efecto secundario que deben pagar por acceder a la fama, pero si uno se detiene a pensarlo un poco, vivir todos los días llamando la atención es algo bastante antinatural. Y sin embargo en cada rincón del planeta hay gente que sueña con triunfar frente a las cámaras. Lo que nadie parece medir es que al hacerlo uno se convierte en prisionero de las miradas ajenas: “La cámara no me deja ir, el veredicto no ama a nuestra alma. El mundo digital no me dejará escapar”. El mismo principio rige para el mundo digital, y no es poco común que la falta de privacidad en la que puede sumergirte la vida virtual lleve a cualquiera a un agudo cuadro de depresión. La obligación de tener que aparecer en pose ante los ojos de unos terceros que no nos conocen puede exprimirte hasta la última gota de tus ganas de vivir.

 

Hoy es moneda corriente que la vida de cada ser humano se presente ante los demás a través de las redes sociales. Toda persona intenta reflejar su realidad y sus pensamientos en un perfil, como si su vida se mostrase en un escaparate. Y hablando de ello, por estas pampas, en las vidrieras de algunos comercios aún puede verse un pequeño cartel tan efectivo que ya se ha convertido en un clásico atemporal. Ese anuncio dice algo como: “Hoy no se fía, mañana sí”, y plantea una paradoja que acalambra las mentes de todo aquel potencial consumidor que lo lea. Pero en esta canción los roles se trocan. Aquí es el desganado deudor quien usa la frase con su acreedor, pero a la inversa: “Sí, claro; voy a pagarte, sí, sí... El día en que mañana sea hoy”. Esta displiscencia parece ser producto de la ansiedad existencial de todo habitante del año 2000, que vivía con el Jesús en la boca esperando la llegada de ese apocalipsis llamado Y2K. Ya todos sabían que mañana nunca es hoy. Porque como lo dejó en claro el gran George Harrison en su canción “Ding Dong, Ding Dong”: “Ayer hoy era mañana y mañana hoy será ayer”.

 

“Quiero ese estéreo encendido todo el tiempo, me ha llevado muy muy lejos”. Vaya que es extraña esta banda. Tal vez estamos ante el último gran truco que sacó de su galera el Rock, aunque de hecho fue tan innovador que aún hoy resulta difícil de asimilar como idea. Y es que Gorillaz es una banda virtual. Así como lo leen. Un buen día el señor Damon Albarn se dio cuenta de que para perdurar en el tiempo tenía que reinventarse; ya no le bastaba con ser el cantante de Blur, tal vez la banda más importante del Britpop. Así que llamó a su amigo, el historietista Jaime Hewlett, y con él comenzaron el inconcebible proyecto de crear una banda inexistente, con cuatro integrantes con sus personalidades bien definidas, y apuntanto a la idea de presentarse en vivo en conciertos virtuales. Por descabellada que suene la idea, un par de décadas y un manojo de álbumes después, se puede asegurar que Albarn logró todo lo que se propuso con Gorillaz: “No crean que soy lo único que importa en este mundo. No piensen que voy a quedarme aquí por mucho tiempo más”. Ser original siempre es bueno. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=PiNdcBg3xC8





martes, 13 de julio de 2021

Capítulo 282: “Easy”. Commodores. (1977)

 





Deprimartes fácil:

 

De unos años a esta parte vengo remontando la colina, después de un par de décadas en que todo había sido un tedioso rodar cuesta abajo. En cuanto a la razón de mi mejoría he podido notar que no se me da muy naturalmente eso de estar en pareja, y por tanto decidí prescindir de ella: “Sé que suena gracioso, pero no puedo soportar el dolor. Asi que, nena, te abandonaré mañana mismo”. Eso mismo dije tantas veces… Pero con el paso del tiempo me fui haciendo conciente de que había conquistado mi propia soledad, así que vanamente llegué a declararme públicamente como “solosexual”. Por supuesto, y como siempre, la vida se me rió en la cara, porque tenía otros planes para mí…

 

“Creo que tú sabes que he hecho todo lo que pude por esta relación, nena. Mira, he suplicado, he robado y hasta tomé prestado; sí señor. Es por eso que estoy tan tranquilo”. A lo largo de mi extenso pero respetable historial de fracasos amorosos, cada vez que llegaba el final he querido dejarle en claro a mis parejas (o tal vez a mí mismo) que me iba de la relación con la frente en alto por haber hecho todo lo posible para evitar el fin. Y sin darme cuenta andaba por la vida con una falsa calma que me excusaba de culpas: “Estoy tan tranquilo como si fuese una mañana de domingo”. Pero en el fondo sabía que cargaba con mi parte de responsabilidad en la debacle: ocurre que siempre he preferido estar solo a estar con alguien más. Tal vez se deba a ese algo que subyace en todos nosotros, eso que duerme en lo profundo de nuestro ser más primitivo y que se niega a vestir cadenas. En nuestra imaginación a todo compromiso le sigue una sombra aterradora, esa sensación asfixiante de perder la libertad. Y a eso se le suma la incertidumbre acerca de si estaremos a la altura de las circunstancias. Por eso les tememos a los compromisos y terminamos negociando con ellos, a veces hasta por amor: “¿Por qué demonios alguien querría ponerme unos grilletes? Si ya he pagado todas mis deudas como para estar libre. Todos quieren que yo sea de la manera en que ellos quieren que sea, pero yo no me siento feliz cuando tengo que ser falso”.

 

Érase una vez dos grupos estudiantiles que decidieron juntarse y crear una nueva banda musical, pero no lograban encontrarle un título decente al nuevo proyecto. Así que The Commodores (“Los Comodoros”) recibieron su nombre cuando uno de sus integrantes tomó un diccionario, lo abrió y eligió una palabra al azar. Siempre bromearon sobre que habían tenido suerte, porque casi terminan por llamarse “Las Cómodas”. Firmaron un contrato con el afamado sello Motown y tenían todo para ser reyes de la Música Disco, pero increíblemente se decantaron por el Funk, ese pariente bailable del Jazz. Y todavía más llamativo es el hecho de que hayan llegado a la cima de los charts en varias oportunidades, pero no con temas pensados para las pistas de baile, sino con baladas lentas y emocionales: “Quiero volar alto, muy alto. Quiero ser tan libre como para saber que las cosas que hago estan bien. Tan sólo quiero sentirme libre, nena”. Su líder fue el genial Lionel Richie. Abandonó el grupo a principios de los años ’80 y se lanzó como solista, logrando una fama tan mundialmente arrolladora que quien hoy es el mejor jugador de fútbol del mundo lleva su nombre gracias al amor que sus padres sentían por la música de Lionel. En sus comienzos con Commodores llegó a ser telonero de The Jackson 5, y allí fue donde Richie conocería a Michael Jackson; con quien más adelante escribirían “We Are The World”, tema principal de la multimillonaria campaña solidaria “Usa For Africa”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 

 https://www.youtube.com/watch?v=BVbDUc-yHLM






martes, 6 de julio de 2021

Capítulo 281: “Right Here Right Now”. Jesus Jones. (1990)

 



Deprimartes revolucionario:

 

Como preludio de lo que sería la globalización, hubo una época en la que podíamos ver una revolución o un conflicto militar ocurriendo en la pantalla de un televisor, desde la comodidad del living y sentados en nuestro sofá. Esta forma de voyeurismo legalizado era auspiciada por la rapidez con la que el mundo estaba convulsionando, especialmente en aquellos días en que ocurrió la caída del Muro de Berlín; dejándonos a todos la premonición certera de que se acercaba el fin de la Guerra Fría: “Una mujer en la radio habla acerca de la revolución cuando ésta ya le pasó de largo. En su tiempo a Bob Dylan no le pasaban este tipo de cosas ni podía escribir canciones sobre ellas. ¿Sabes qué? Se siente bien estar vivo”. Sin duda se siente bien estar vivo, pero mientras algunos pasábamos nuestros días restregándonos los ojos frente a una televisión, una persona anónima y desarmada se jugaba la vida al quedarse de pie frenando una línea de tanques en China. Distintas maneras de vivir una revolución, supongo… Ya se había terminado el mundo dividido en dos en el que millones de personas llevaban adelante su cotidianeidad, y ahora el futuro era una incógnita.

 

En esos primeros días de la década del ’90 se podía escuchar con mucha frecuencia a alguna banda de Rock Alternativo. Y recordemos que como subgénero el Alternativo funciona como antítesis perfecta del Pop, ya que busca producir música anticomercial, o al menos que no apunte a convertirse en un éxito. Al ser tan heterogéneo en su comprensión, se ha conformado históricamente de un abanico muy amplio de bandas que parecían no tener un parentesco sonoro entre sí. Con el correr del tiempo su sonido se ha ido unificando hacia una suerte de Rock adulto y experimental, prueba de lo cual son los británicos de Jesus Jones: “Yo estaba vivo y esperé. Esperé. Yo estaba vivo y esperé por esto. Justo aquí, justo ahora; no hay otro lugar en el que querría estar. Justo aquí, justo ahora; viendo cómo el mundo se despierta de su historia”. Como buenos representantes de un subgénero con límites muy difusos, esta banda de formación rockera supo incorporar algunos elementos de la música electrónica, como las bases sampleadas con sintetizadores. Y lo hicieron con tan buen gusto que lograron tener mucho éxito del otro lado del Atlántico, lo que hizo que fuesen muy populares en Norteamérica mientras continuaban siendo una banda underground en su Inglaterra natal.

 

“Yo presencié la década en la que parecía que el mundo podía cambiar en sólo un parpadeo. Y si acaso eso hubiera ocurrido, entonces ese sería nuestro signo de los tiempos”. Recién a principios de los ’90 comenzamos a sentir la seguridad de pestañear y saber que al volver a abrir los ojos todo seguiría ahí. Las bombas no estallarían. Fue una década sublime para vivirla, aunque en ella hubo muchos que defendían su pasividad exclamando un sonoro “¡qué barbaridad!” que los disculpara de mayores pensamientos sobre todo lo que ocurría. Otros, mientras tanto, se trepaban al Muro de Berlín para derribarlo a martillazos y vender sus ladrillos como souvenirs… Qué irónico, ¿verdad?: “Mirando cómo el mundo se levanta”. ¡Feliz Deprimartes!

 

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