martes, 17 de agosto de 2021

Capítulo 286: “Tutti Frutti”. Little Richard. (1955)

 



Deprimartes gustoso:

 

“Little Richard” Penniman o -“Ricardito” como lo conocimos en el mundo de habla hispana-, irrumpió en escena a principios de la historia rockera gracias a esta provocativa canción, con una letra bastante explícita; pero con todos los elementos de lo que de ahí en más se llamaría Rock & Roll. La potencia de la interpretación de Richard, y especialmente su forma de alcanzar las notas agudas, se convertirían en un verdadero manual sobre cómo debería cantarse este nuevo género. No por nada uno de sus sobrenombres ha sido el de ser el “arquitecto del Rock”: “Tengo una chica llamada Sue, ella sabe exactamente qué hacer. Se balancea hacia el Este, se balancea hacia el Oeste. Pero ella es la chica que más amo en la vida”. Además de esta canción fundacional del Rock, también escribió otras que se convertirían en clásicos eternos, como “Lucille” y “Long Tall Sally”. Su influencia fue tan grande que en las siguientes décadas todo su repertorio fue versionado hasta el hartazgo por los más exitosos artistas, quienes siempre le profesaron una admiración sin cuartel.  

 

“Tutti frutti, ¡qué bien!”. El nombre de ese estrambótico gusto que condensa a todas las frutas y las vuelve indescifrables es el mismo vocablo que en el argot yanqui de mediados de los años ’50 se utilizaba para referirse socarronamente a un hombre homosexual. Y aquí Little Richard usaba este término para intitular una pequeña pieza improvisada con la que solía bromear al piano. La letra era escandalosamente explícita: “Tutti Frutti, buen traserito, si no entra no lo fuerces; puedes ponerle grasa para hacerlo más fácil”, pero su disquera obviamente le sugirió cambiarla para apuntar a un público más amplio. De todas maneras la tensión sexual que Richard desparramaba en escena no dejaba dudas de cuál era el verdadero significado de la letra, que más allá de haber sufrido cambios aún era bastante subida de tono. Pero aquí Little Richard terminó dando con una genialidad, pues esta canción comienza con un grito suyo con una serie de sonidos sin sentido que suena como: “A-Wop-Bop-A-Loo-Mop-A-Lop-Bam-Boom!”. Esta frase improvisada recuerda mucho al “scat”, ese elemento tan jazzero en el cual el vocalista imita el riff de algún instrumento rellenando cada nota con sílabas cantadas al azar. Pero el acierto de Richard estuvo en la energía con que cantó ese galimatías, lo que lo convirtió en el grito de rebeldía propio de la nueva generación. Tan significativo fue ese alarido incoherente que se repitió como elemento no sólo en otras canciones -“Be-Bop A-Lula” de Gene Vincent es un buen ejemplo- sino también en cualquier otro producto de la cultura popular. Hoy encontramos muletillas como esas en todas partes, como nos lo demuestra el “Yabba Dabba Doo!” de Pedro Picapiedra, el "Na-Nu Na-Nu" de Mork, el “Wubba Lubba Dub Dub!” de Rick Sánchez, y también cualquier onomatopeya que Al Pacino quiera inventar en sus películas.

 

A lo largo de los años, la carrera de Little Richard sufrió debido a que su vida siempre giró en torno a tres estadíos: su status de rockstar, su inocultable homosexualidad (escandalosa para esa época), y su posterior conversión al cristianismo. Estas tres facetas de su persona tironeaban constantemente, a veces se superponían y hasta se eclipsaban entre sí; y como resultado Richard podía pasar de tener largos períodos de hedonismo, a terminar tramitando la licencia de ministro de su iglesia, con la cual llegó a oficiar casamientos: “Tengo una chica llamada Daisy, que casi me vuelve loco. Ella sabe cómo darme amor, vaya que sí. No tienes idea de las cosas que esa chica me hace”. Aunque de tanto en tanto retomaría su carrera y viviría de recuerdos, el éxito de sus primeras épocas culminó en 1958. Ese año tuvo una experiencia espiritual y decidió convertirse en cristiano, lo cual lo hizo renegar de su condición de rockero. Así Little Richard engrosó el selecto club de músicos que abandonaban su carrera en su mejor momento por culpa de la religión. Allí tenemos como ejemplos a Dan Peek de America, a Roger Hodgson de Supertramp, y a Mike Farner de Grand Funk Railroad; y no quisiera dejar afuera a nuestro querido Cat Stevens, quien se convirtió al Islam y dejó la música. ¡Feliz Deprimartes!

 

https://www.youtube.com/watch?v=Cj059o9OwqY&t=1s




martes, 10 de agosto de 2021

Capítulo 285: “Fools Gold”. Stone Roses. (1989)


 


Deprimartes caminante:

 

“El Camino del Oro sí que es una ruta larga, se bambolea entre las colinas a lo largo de quince días. La mochila en mi espalda me está matando de dolor, las correas parecen cortarme como cuchillos”. Siempre digo que nunca me caractericé por ser una persona que se involucrara en ninguna disciplina deportiva, pero es cierto que siento una potente atracción hacia algunas actividades emparentadas al deporte. Tal vez sea por el hecho de que me reconozco como un enamorado de las montañas, pero lo cierto es que el trekking, o senderismo, por lo general abarca una buena parte de mis vacaciones. La idea que predomina en la mente de todo aquel que sigue un sendero que se hunde entre el follaje es la de perderse en la naturaleza, y he aquí la ironía cómica de la vida misma: hay un cierto riesgo de perderse en la naturaleza y no encontrar nuevamente el sendero, o no lograr comprender cómo se lee un mapa. Alguna vez me ha ocurrido, y puedo asegurar que es increíble lo que le hace a nuestro cerebro la sola idea de no saber adónde nos encontramos. La búsqueda se transforma en desesperación, y termina siendo verdad aquello de que quien anda perdido camina en círculos. En casos así la incertidumbre es tan grande que se convierte en un caldo de cultivo para el fatalismo: “No soy un payaso, no voy a darme por vencido; y no necesito que tú me estés diciendo lo que está mal”. Puede llegar a pasarnos lo que le ocurre al extraviado protagonista de esta canción, quien en el colmo de las desventuras pierde el contacto con la realidad. Actúa como si estuviera ante un espejismo y parece caer en un trance hipnótico mientras se pone a canturrear una tonta melodía armada con la fatídica última palabra que había dicho: “Mal, mal, mal, mal…”.

 

“Estoy parado aquí solo, los estoy observando a todos y veo cómo se están hundiendo. Estoy parado aquí solo, mientras ustedes pesan el oro y yo miro cómo se hunden. Es el oro de los tontos”. Y hablando de perderse en las montañas, algunos pasajes de la letra de este tema parecen hacer mención de la Fiebre del Oro que estalló en California en 1848. Un hallazgo afortunado de algunas pepitas en el cauce de un río hizo que un aluvión de buscadores de oro arrasara con todo hasta dejar el terreno hecho un páramo, tan sólo por perseguir la quimera de la dorada salvación. Pero en más de una oportunidad se topaban con pirita, un material abundante que puede llegar a confundirse con el oro -de allí que se lo conozca como “el oro de los tontos”-, lo cual dejaba a los aventureros con los bolsillos aún más vacíos y los corazones llenos de ilusiones hechas trizas. Una realidad muy lejana de aquella que soñaban cada vez que tamizaban el agua de río con un plato, en busca de algún pequeño brillo dorado que les cambiara el destino: “El oro está a la vuelta de la esquina, se viene un gran cambio de vida”.

 

“Estas botas no fueron hechas para caminar, ni el mismísimo Marqués de Sade hubiera hecho unas botas como éstas”. Esta canción es una más que digna representante del movimiento conocido como “Madchester”, o “el sonido de Manchester”, que incorporaba algunos elementos electrónicos para hacer un poco más bailable el Postpunk que imperaba en ese entonces. Este sonido era una suerte de mezcla entre el Rock Indie y la música electrónica, aunque en esta corriente musical siempre primó el elemento rockero por sobre los sintetizadores. Terminó funcionando como una suerte de puente entre la New Wave de principios de los ’80 y el Britpop de mediados de los ’90. Por esa época se decía que Manchester era una ciudad en la cual uno giraba una piedra y debajo encontraba a una banda talentosa; y una de ellas era The Stone Roses. Estos muchachos tuvieron la particularidad de editar un álbum debut maravilloso, y que fue tomado como una postal de su época; pero luego tardaron más de cinco años en editar un segundo y último disco sin haber renovado demasiado su fórmula; y ese los hizo sonar un tanto fuera de tiempo. Aún así nos han dejado un puñado hipnótico de canciones que arrebatan nuestra memoria y la llevan de vuelta a 1989: “A veces sólo tienes que intentar arreglártelas, querida. Ya sé la verdad y también sé lo que estás pensando”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=NSD11dnphg0






martes, 27 de julio de 2021

Capítulo 284: “I Stay Away”. Alice In Chains. (1994)

 



Deprimartes díptero:

 

“Quiero viajar hacia el sur este año, pero no lo haré; no tengo asegurado el paso hacia allí”. Layne Staley fue otro mártir del Grunge, otra alma de infancia tortuosa y voz rasgada que se convirtió en estrella de Rock y cumplió con las obligaciones de ese título: vivió rápido, se entregó a los excesos, y se fue de este mundo dejando atrás un cadáver muy joven. Terminó muerto por una sobredosis de heroína, vicio del cual él mismo se había advertido de alejarse mediante el título de esta canción. Era el vocalista principal de Alice In Chains, banda que junto con Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam ha sido una de las más representativas del sonido de Seattle. Y si bien la música de esta banda no escapaba a los cánones establecidos por el subgénero, si hay algo por lo que se destacaban era por las excelentes armonías vocales que aportaba el guitarrista Jerry Cantrell sobre la voz de Staley. Como muestra, en esta canción podemos resaltar el tétrico sonido de su estribillo, logrado desacelerando la velocidad de la grabación original para que tenga un eco perturbador: “¿Por qué actúas como un loco? O tal vez no estás actuando. Tan cerca de una dama de inquietos ojos sombreados”.

 

El aclamadísimo videoclip de esta canción fue realizado con una técnica llamada “stop-motion” mediante la cual se filman cuadro por cuadro unos objetos inanimados con pequeñas diferencias entre uno y otro fotograma, para así generar la sensación de que se están moviendo. Esta práctica se remonta a finales del siglo XIX de la mano de genios como Georges Méliès, y ha sobrevivido hasta nuestros días en la obra de directores como Tim Burton y Wes Anderson. Pero una de sus variantes más interesantes es la que se utiliza justo aquí, que consiste en moldear pequeñas figuras de arcilla o plastilina. El summum de este tipo de animaciones han sido las películas de Wallace & Gromit. Pero lo interesante de este video es que aquí la acción se sitúa en un circo, con todo el componente tragicómico que eso puede acarrear: “Lágrimas que humedecen un corazón lleno de callos. ¿Por qué te ves tan  asustado? Yo he sido iluminado. Tu debilidad me vuelve más fuerte, ya lo verás algún día”. Siempre que estuve dentro de la carpa de un circo me ha acechado la extraña sensación de estar frente a artistas que transitan el borde de la desesperación. Muchos de ellos se juegan la vida en cada truco. Y en este videoclip esa característica está exagerada hasta el límite de la caricatura. Todos los personajes tienen un rostro taimado y una expresión que de alguna manera nos resulta desagradable. Parecen seres que han sido golpeados por la vida hasta el límite de la humillación, y si fuesen de carne y hueso hoy nos resultaría difícil reconocerlos como humanos.  

 

Entre todos ellos hay un niño de corazón negro y mirada sospechosa que adonde sea que va parece llevar un frasco lleno de moscas. Y al abrir el frasco cual caja de Pandora, los insectos vuelan y esparcen la fatalidad por todo el circo. Tal vez esas moscas simbolizan el costado oscuro de la vida, esas fuerzas etéreas que intuimos como reales y que se asocian para desatar tragedias sobre la gente común. Dondequiera que van, las moscas siembran la calamidad, irritando a los animales y trayendo la desgracia sobre los artistas… Sobre el final, el circo mismo termina ardiendo en llamas. En este videoclip todo es tan oscuro, tan deprimente y tan carente de futuro, que es un fiel reflejo de la forma de ver el mundo que tenían los artistas del Grunge. No por casualidad la gran mayoría de ellos terminaron su vida de una forma tan precoz. Ante gente tan autodestructiva a veces lo mejor es hacerle caso a esta canción y mantener las distancias: “Me alejo”. ¡Feliz Deprimartes!



https://www.youtube.com/watch?v=ODTv9Lt5WYs




martes, 20 de julio de 2021

Capítulo 283: “Tomorrow Comes Today”. Gorillaz. (2000)

 





Deprimartes virtual:

 

“Todos están aquí conmigo, pero no hay una cámara que lo registre. No crean que soy lo único que importa en este mundo”. La letra de esta canción nos lleva de paseo por el lado horrendo de la popularidad. Las celebridades suelen experimentar la sobreexposición como un espantoso efecto secundario que deben pagar por acceder a la fama, pero si uno se detiene a pensarlo un poco, vivir todos los días llamando la atención es algo bastante antinatural. Y sin embargo en cada rincón del planeta hay gente que sueña con triunfar frente a las cámaras. Lo que nadie parece medir es que al hacerlo uno se convierte en prisionero de las miradas ajenas: “La cámara no me deja ir, el veredicto no ama a nuestra alma. El mundo digital no me dejará escapar”. El mismo principio rige para el mundo digital, y no es poco común que la falta de privacidad en la que puede sumergirte la vida virtual lleve a cualquiera a un agudo cuadro de depresión. La obligación de tener que aparecer en pose ante los ojos de unos terceros que no nos conocen puede exprimirte hasta la última gota de tus ganas de vivir.

 

Hoy es moneda corriente que la vida de cada ser humano se presente ante los demás a través de las redes sociales. Toda persona intenta reflejar su realidad y sus pensamientos en un perfil, como si su vida se mostrase en un escaparate. Y hablando de ello, por estas pampas, en las vidrieras de algunos comercios aún puede verse un pequeño cartel tan efectivo que ya se ha convertido en un clásico atemporal. Ese anuncio dice algo como: “Hoy no se fía, mañana sí”, y plantea una paradoja que acalambra las mentes de todo aquel potencial consumidor que lo lea. Pero en esta canción los roles se trocan. Aquí es el desganado deudor quien usa la frase con su acreedor, pero a la inversa: “Sí, claro; voy a pagarte, sí, sí... El día en que mañana sea hoy”. Esta displiscencia parece ser producto de la ansiedad existencial de todo habitante del año 2000, que vivía con el Jesús en la boca esperando la llegada de ese apocalipsis llamado Y2K. Ya todos sabían que mañana nunca es hoy. Porque como lo dejó en claro el gran George Harrison en su canción “Ding Dong, Ding Dong”: “Ayer hoy era mañana y mañana hoy será ayer”.

 

“Quiero ese estéreo encendido todo el tiempo, me ha llevado muy muy lejos”. Vaya que es extraña esta banda. Tal vez estamos ante el último gran truco que sacó de su galera el Rock, aunque de hecho fue tan innovador que aún hoy resulta difícil de asimilar como idea. Y es que Gorillaz es una banda virtual. Así como lo leen. Un buen día el señor Damon Albarn se dio cuenta de que para perdurar en el tiempo tenía que reinventarse; ya no le bastaba con ser el cantante de Blur, tal vez la banda más importante del Britpop. Así que llamó a su amigo, el historietista Jaime Hewlett, y con él comenzaron el inconcebible proyecto de crear una banda inexistente, con cuatro integrantes con sus personalidades bien definidas, y apuntanto a la idea de presentarse en vivo en conciertos virtuales. Por descabellada que suene la idea, un par de décadas y un manojo de álbumes después, se puede asegurar que Albarn logró todo lo que se propuso con Gorillaz: “No crean que soy lo único que importa en este mundo. No piensen que voy a quedarme aquí por mucho tiempo más”. Ser original siempre es bueno. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=PiNdcBg3xC8





martes, 13 de julio de 2021

Capítulo 282: “Easy”. Commodores. (1977)

 





Deprimartes fácil:

 

De unos años a esta parte vengo remontando la colina, después de un par de décadas en que todo había sido un tedioso rodar cuesta abajo. En cuanto a la razón de mi mejoría he podido notar que no se me da muy naturalmente eso de estar en pareja, y por tanto decidí prescindir de ella: “Sé que suena gracioso, pero no puedo soportar el dolor. Asi que, nena, te abandonaré mañana mismo”. Eso mismo dije tantas veces… Pero con el paso del tiempo me fui haciendo conciente de que había conquistado mi propia soledad, así que vanamente llegué a declararme públicamente como “solosexual”. Por supuesto, y como siempre, la vida se me rió en la cara, porque tenía otros planes para mí…

 

“Creo que tú sabes que he hecho todo lo que pude por esta relación, nena. Mira, he suplicado, he robado y hasta tomé prestado; sí señor. Es por eso que estoy tan tranquilo”. A lo largo de mi extenso pero respetable historial de fracasos amorosos, cada vez que llegaba el final he querido dejarle en claro a mis parejas (o tal vez a mí mismo) que me iba de la relación con la frente en alto por haber hecho todo lo posible para evitar el fin. Y sin darme cuenta andaba por la vida con una falsa calma que me excusaba de culpas: “Estoy tan tranquilo como si fuese una mañana de domingo”. Pero en el fondo sabía que cargaba con mi parte de responsabilidad en la debacle: ocurre que siempre he preferido estar solo a estar con alguien más. Tal vez se deba a ese algo que subyace en todos nosotros, eso que duerme en lo profundo de nuestro ser más primitivo y que se niega a vestir cadenas. En nuestra imaginación a todo compromiso le sigue una sombra aterradora, esa sensación asfixiante de perder la libertad. Y a eso se le suma la incertidumbre acerca de si estaremos a la altura de las circunstancias. Por eso les tememos a los compromisos y terminamos negociando con ellos, a veces hasta por amor: “¿Por qué demonios alguien querría ponerme unos grilletes? Si ya he pagado todas mis deudas como para estar libre. Todos quieren que yo sea de la manera en que ellos quieren que sea, pero yo no me siento feliz cuando tengo que ser falso”.

 

Érase una vez dos grupos estudiantiles que decidieron juntarse y crear una nueva banda musical, pero no lograban encontrarle un título decente al nuevo proyecto. Así que The Commodores (“Los Comodoros”) recibieron su nombre cuando uno de sus integrantes tomó un diccionario, lo abrió y eligió una palabra al azar. Siempre bromearon sobre que habían tenido suerte, porque casi terminan por llamarse “Las Cómodas”. Firmaron un contrato con el afamado sello Motown y tenían todo para ser reyes de la Música Disco, pero increíblemente se decantaron por el Funk, ese pariente bailable del Jazz. Y todavía más llamativo es el hecho de que hayan llegado a la cima de los charts en varias oportunidades, pero no con temas pensados para las pistas de baile, sino con baladas lentas y emocionales: “Quiero volar alto, muy alto. Quiero ser tan libre como para saber que las cosas que hago estan bien. Tan sólo quiero sentirme libre, nena”. Su líder fue el genial Lionel Richie. Abandonó el grupo a principios de los años ’80 y se lanzó como solista, logrando una fama tan mundialmente arrolladora que quien hoy es el mejor jugador de fútbol del mundo lleva su nombre gracias al amor que sus padres sentían por la música de Lionel. En sus comienzos con Commodores llegó a ser telonero de The Jackson 5, y allí fue donde Richie conocería a Michael Jackson; con quien más adelante escribirían “We Are The World”, tema principal de la multimillonaria campaña solidaria “Usa For Africa”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 

 https://www.youtube.com/watch?v=BVbDUc-yHLM






martes, 6 de julio de 2021

Capítulo 281: “Right Here Right Now”. Jesus Jones. (1990)

 



Deprimartes revolucionario:

 

Como preludio de lo que sería la globalización, hubo una época en la que podíamos ver una revolución o un conflicto militar ocurriendo en la pantalla de un televisor, desde la comodidad del living y sentados en nuestro sofá. Esta forma de voyeurismo legalizado era auspiciada por la rapidez con la que el mundo estaba convulsionando, especialmente en aquellos días en que ocurrió la caída del Muro de Berlín; dejándonos a todos la premonición certera de que se acercaba el fin de la Guerra Fría: “Una mujer en la radio habla acerca de la revolución cuando ésta ya le pasó de largo. En su tiempo a Bob Dylan no le pasaban este tipo de cosas ni podía escribir canciones sobre ellas. ¿Sabes qué? Se siente bien estar vivo”. Sin duda se siente bien estar vivo, pero mientras algunos pasábamos nuestros días restregándonos los ojos frente a una televisión, una persona anónima y desarmada se jugaba la vida al quedarse de pie frenando una línea de tanques en China. Distintas maneras de vivir una revolución, supongo… Ya se había terminado el mundo dividido en dos en el que millones de personas llevaban adelante su cotidianeidad, y ahora el futuro era una incógnita.

 

En esos primeros días de la década del ’90 se podía escuchar con mucha frecuencia a alguna banda de Rock Alternativo. Y recordemos que como subgénero el Alternativo funciona como antítesis perfecta del Pop, ya que busca producir música anticomercial, o al menos que no apunte a convertirse en un éxito. Al ser tan heterogéneo en su comprensión, se ha conformado históricamente de un abanico muy amplio de bandas que parecían no tener un parentesco sonoro entre sí. Con el correr del tiempo su sonido se ha ido unificando hacia una suerte de Rock adulto y experimental, prueba de lo cual son los británicos de Jesus Jones: “Yo estaba vivo y esperé. Esperé. Yo estaba vivo y esperé por esto. Justo aquí, justo ahora; no hay otro lugar en el que querría estar. Justo aquí, justo ahora; viendo cómo el mundo se despierta de su historia”. Como buenos representantes de un subgénero con límites muy difusos, esta banda de formación rockera supo incorporar algunos elementos de la música electrónica, como las bases sampleadas con sintetizadores. Y lo hicieron con tan buen gusto que lograron tener mucho éxito del otro lado del Atlántico, lo que hizo que fuesen muy populares en Norteamérica mientras continuaban siendo una banda underground en su Inglaterra natal.

 

“Yo presencié la década en la que parecía que el mundo podía cambiar en sólo un parpadeo. Y si acaso eso hubiera ocurrido, entonces ese sería nuestro signo de los tiempos”. Recién a principios de los ’90 comenzamos a sentir la seguridad de pestañear y saber que al volver a abrir los ojos todo seguiría ahí. Las bombas no estallarían. Fue una década sublime para vivirla, aunque en ella hubo muchos que defendían su pasividad exclamando un sonoro “¡qué barbaridad!” que los disculpara de mayores pensamientos sobre todo lo que ocurría. Otros, mientras tanto, se trepaban al Muro de Berlín para derribarlo a martillazos y vender sus ladrillos como souvenirs… Qué irónico, ¿verdad?: “Mirando cómo el mundo se levanta”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=MznHdJReoeo





martes, 29 de junio de 2021

Capítulo 280: “Incense And Peppermint”. Strawberry Alarm Clock. (1967)

 



Deprimartes lisérgico:

 

A veces me sorprendo asegurando a los cuatro vientos que 1967 fue el mejor año de la historia de la humanidad. Si esta afirmación suena grandilocuente es porque de seguro tiene un buen grado de pedantería, pero no creo estar exagerando demasiado; al menos no desde la óptica de un melómano apasionado por la historia del Rock. En este año empezó a resultar inocultable la tremenda carga experimental y artística de las grabaciones que desde hacía ya unos meses venían editando los músicos populares. Y por supuesto que en todo esto hay un culpable, y ese culpable se llama LSD: “La sensatez y la inocencia están arruinando a la humanidad. Reyes muertos, muchas cosas que no puedo describir. Ocasiones y persuasiones que confunden tu mente. Incienso y menta, el color del tiempo”. El Flower Power con sus colores estridentes, sus pancartas de amor y paz, y sus ganas de expandir la mente tomaba por asalto la cultura occidental. Ahora todos los músicos de nuestro querido Rock estaban haciendo cosas interesantes en esa época que hoy se conoce como “el Verano del Amor”. Y así, mientras Cream editaba su obra maestra “Disraeli Gears”, The Moody Blues creaba el Rock Sinfónico, Jimmi Hendrix empezaba a suplantar a Dios, The Doors y Pink Floyd se anunciaban al mundo con un disco debut, The Rolling Stones daban un paso en falso en eso de imitar a The Beatles, y los cuatro de Liverpool le regalaban al mundo su glorioso “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”; la obra que consagró de manera innegable al Rock como una forma de arte.

                   

En medio de toda esta revolución pacífica es que vio la luz el grupo californiano Strawberry Alarm Clock, una banda cuya imagen ha quedado asociada para siempre con el hippismo. Y para muestra basta con ver el video de esta canción, que parece una incandescente alegoría a los fulgurantes matices de la psicodelia: “¿A quién le importa qué juegos elegimos jugar? Hay poco para ganar, pero nada que perder”. Las vestimentas que se pueden apreciar en el videoclip hablan por sí solas, son la expresión misma del descubrimiento de los colores del alma. Las tonalidades parecen estar vivas al mostrarnos todo un espectro tornasolado característico de las experiencias lisérgicas. Pero esa estética también es una declaración de principios. Es una orgullosa ruptura con la monotonía en blanco y negro del pasado reciente, una invitación a dejar volar la imaginación y los sentidos… Ojalá la gente aún se vistiese como los hippies lo hacían en 1967…

 

“Incienso y menta, sustantivos sin sentido. Enciéndete y sintonízate, has que tus ojos giren y mírate a ti mismo. ¡Sí!”. Esta frase es un claro homenaje al lema “Turn on, tune in, drop out” con el que el psicólogo Timothy Leary, el gurú del ácido lisérgirco, quería convencer a todo el mundo de que tomara LSD: “Enciéndete, sintonízate y déjate llevar”. El mismo maravilloso año de 1967 dijo esto en el Festival “Human Be-in” en San Francisco, y así dio inicio el reinado de los hippies. Tan convencido estaba Leary de que la expansión de la mente habría de cambiar la sociedad en la que vivimos, que el mismo sistema comenzó a verlo como a un enemigo y lo mandó a reformarse durante un par de años a la cárcel. Ya supo advertirnos de esto oportunamente John Lennon, cuando nos cantó sobre aquello de que en realidad todos queremos cambiar el mundo, sólo que todos queremos tener un mundo distinto. La canción termina con una estrofa que es otro galimatías imaginativo: “Para dividir este mundo bizco en dos debes arrojar tu orgullo a un lado. Es lo menos que puedes hacer. Beatniks y políticos, no hay nada nuevo. El criterio de los lunáticos es tan sólo un punto de vista”. Así es, todos tenemos un punto de vista. El mío es bastante multicolor… ¡Feliz Deprimartes!

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=4rw1_FNdy-Y




martes, 15 de junio de 2021

Capítulo 279: “Wicked Game”. Chris Isaak. (1989)



Deprimartes descorazonado:

 

La vida me ha sorprendido últimamente al reencontrarme con una antigua amiga a quien no veía desde hacía décadas. En muy poco tiempo vimos horrorizados cómo nos asaltaba la idea de que estábamos enamorados del otro. Así que ahora puedo entender mejor todo aquello que se dice del amor, porque esta sensación tan increíblemente genuina y avasallante está a años luz de distancia de todo aquello que sentí en las ocasiones en que creí haberme enamorado. Qué equivocado que estaba: “El mundo estaba en llamas y nadie podía salvarme excepto tú. Es extraño lo que el deseo obliga a hacer a la gente tonta”. Mi mundo era bastante lúgubre cuando este tema comenzó a escucharse. Yo sólo contaba con dieciséis años y una timidez galopante que me fagocitaba por dentro. Sólo podía imaginarme cómo se sentiría abrazar a una chica mientras se escuchaba esta dulce melodía de fondo. Y es que la mezcla de timidez e introspección no suele dejarle mucho margen a la búsqueda del amor: “Nunca soñé que encontraría a alguien como tú. Y nunca soñé que terminaría perdiendo a alguien como tú”.

 

Esa pulsión por buscar la otredad nos obliga a salir de la seguridad de nuestras madrigueras y nos convierte en algo que no somos, y lo mismo ocurre con todo lo que nos rodea y que ya no nos resulta familiar; ahora todo tiene un aire bastante tétrico e irreal… Para un tímido, la búsqueda del amor es incomprensible. Es como una película de David Lynch: “No, no quiero enamorarme de ti. Este mundo sólo va a romper tu corazón”. Aunque siempre nos quede el consuelo de encontrar belleza aún en las cosas tristes, nada termina por cobrar un sentido; ya que la existencia es un torbellino de caos donde las cosas no tienen razón de ser. O sea, no se entiende nada; como en una película de David Lynch, en las que también suele subyacer una filosofía pesimista, más digna del Libro del Eclesiastés, como la que se resume en este corto verso de la letra: “Nadie ama a nadie”. Chris Isaak es un cantante de voz potente y melosa que no lograba llegar al éxito, probablemente porque parecía estar encaprichado en querer verse como Elvis. Todo lo que hacía tenía una guitarra con trémolo pretendiendo sonar como si estuviese grabada en los años ’50, e incluso gracias a su timbre de voz llegó a ser considerado como “el Roy Orbison de los años ’90”. Pero su carrera estaba atascada en un pasado que ya sonaba demasiado anticuado; de hecho cuando la presente canción se estrenó pasó desapercibida para el gran público. La suerte cambiaría un año más tarde, cuando este tema fue utilizado en la banda de sonido del filme “Corazón Salvaje” del controvertido director mencionado ut-supra; y allí todo cambió. La canción comenzó a ser escuchada por un público más amplio, y entonces el suceso de “Wicked Game” fue tan grande que al día de hoy es el mayor éxito del cantante; quien además llegó a contar en los rankings con otras hermosas canciones suyas como “Blue Hotel” y “Baby Did A Bad Bad Thing”. El mismo David Lynch se enteró del éxito tardío de la canción, así que como anécdota invitó a Isaak a tener una pequeña participación en el mítico universo de su aclamada serie “Twin Peaks”, al darle un pequeño papel en la película de “Twin Peaks: Fire Walk with Me”.

 

“Qué juego tan perverso es este que juegas, en el que me haces sentir de esta manera. Qué cosas tan perversas haces, que logras que yo sueñe contigo. Qué cosas tan perversas dices, tú nunca te sentiste así. Qué cosas tan perversas haces, que me obligas a soñar contigo”. Mi encono hacia David Lynch viene de hace varios años. Recuerdo una tarde en la que quedé con unos amigos para ver una película en casa de uno de ellos, y yo acepté con la condición de ser yo mismo quien pasaba por el videoclub para elegir el filme (sí, la anécdota es tan vieja que transcurrió en un videoclub). Al llegar al establecimiento en cuestión llamé a mis amistades para comentarles las películas disponibles, y alguien del grupo preguntó a los gritos si había alguna de David Lynch… Y la había. Pregunté al muchacho que atendía el local qué opinaba sobre ese director, ya que nunca había visto ninguna de sus obras, y me dijo: “Si te la recomiendo tal vez te parezca genial. O tal vez quieras volver y partirme la cara. O las dos cosas”… Aún estoy queriendo encontrar a ese tipejo nuevamente, para partirle el alma a patadas… Esa película se llamaba “Mullholand Drive”, y creo que fueron las dos horas peor desperdiciadas de toda mi vida… Alguien debe decirlo: nadie entiende a David Lynch. La gente que dice que lo entiende, miente sólo para parecer inteligente. He dicho. ¡Feliz Deprimartes!



https://www.youtube.com/watch?v=4vKsSGyQf-M&t=7s





 

martes, 8 de junio de 2021

Capítulo 278: “Govinda”. Kula Shaker. (1996)

 



Deprimartes védico:

 

El trabajo que me demanda este humilde blog sobre Rock incluye traducir al castellano las letras de todas las canciones. La gran mayoría provienen de la lengua inglesa, pero en un par de oportunidades incluí temas cantados en alemán; y allí la cosa se me puso difícil ya que mi nivel de ese idioma es bastante básico. Pero en esta ocasión me compliqué las cosas más de la cuenta, porque tuve que traducir una letra que está en sánscrito. Contaba con una ventaja, ya que en varias ocasiones me había topado con este idioma antiguo proveniente de la India; y más aún si se trababa de un texto religioso que dijera algo como ésto: “Toda la gloria al Supremo Señor, toda la gloria al Supremo Pastor de Vacas”. Ocurre que ya conocía la mayoría de las palabras debido a que tengo una cierta debilidad por la cultura de la India. La culpa de este afecto hacia todo lo que lejanamente pareciera hindú habría que echársela a The Beatles, y a los años de mi adolescencia en que los conocí. Pero me siento obligado a aclarar que yo también hice mi parte y siempre me he puesto a investigar curiosamente cuanta cosa oriental se me cruzara en el camino.

 

Aquí tenemos un mantra tradicional sobre Sri Krishna, el octavo avatar del dios creador Vishnú, aunque algunos credos lo consideran la escencia misma de ese dios. Esto lo sé porque en mi afán por descubrir más sobre esta cultura tan colorida, terminé por visitar la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krisna, más conocida como el movimiento Hare Krishna. Sólo fui a un par de reuniones, no tenía ánimos de raparme el cabello ni de vestirme con una sábana naranja, pero allí mismo conocí el texto sagrado del Bhagavad-gītā y su escritura devanagari del sánscrito original; la cual está plagada de alabanzas como ésta: “Toda la gloria a Radha, Señor Krishna, aquel que se lleva todas las ataduras materiales de sus devotos”.

 

“La india es un acelerador de procesos espirituales”, decía el escritor jesuita Carlos González Vallés. Y vaya que tenía razón… Los británicos de Kula Shaker, liderados por el rubio Crispian Mills, tuvieron un suceso bastante respetable a mediados de los años ’90, en pleno Britpop. Pero ellos le sumaban una vuelta de tuerca interesante a la música de esa época, ya que su líder había realizado un viaje a la India y allí sintió cómo todo su mundo interior cambió. Ahora toda su música sonaba oriental, e incluso en sus letras incluía fragmentos de himnos védicos: “Toda la gloria a Krishna Cabeza de León, aquel que protege a sus devotos de los demonios”. Unos años más tarde su estrella se fue apagando luego de que Mills protagonizara una polémica al hablar de las virtudes de la cruz esvástica como símbolo de buenaventura. Olvidó que eso es muy cierto en la cultura hindú, pero por estas partes del globo ese símbolo se ha tornado siniestro. Debió pedir disculpas públicamente por el malentendido.

 

“Sri Chaitanya Mahāprabu, el Supremo Señor Dorado”. El himno no escatima a la hora de mencionar avatares sagrados como el del santo del Siglo XV Chaitanya Mahāprabhu, y también hace mención literal de: “Su Divina Gracia Abhay Charan Bhaktivedānta Swami Prabhupāda”, el sabio fundador del movimiento Hare Krishna. Fue este mismo el primer religioso indio de renombre que viajó a Estados Unidos, a finales de 1965, y quien impactó fuertemente en el naciente movimiento Hippie a través del cual se darían tantas influencias de la música de la India en el Rock Psicodélico. ¡Feliz Deprimartes!



https://www.youtube.com/watch?v=9QZOHzWLF9w








martes, 1 de junio de 2021

Capítulo 277: “Heart Of Gold”. Neil Young. (1972)

 



Deprimartes aurífero:

 

“Quiero vivir, quiero darlo todo, porque siempre he sido un minero en busca de un corazón de oro”. Yo también he querido vivir disfrutando cada paso que di en la vida, yo también he querido dar todo de mí y poner mi espada a disposición de lo que fuere menester; pero para mi desgracia mi corazón está tan sólo hecho de carne. Y está muy lastimado desde que tengo uso de razón. Logré mirar detrás de la cortina, pero no tuve la suerte de encontrar a ningún Mago de Oz que pudiera darme un corazón nuevo, por lo tanto tuve que arreglármelas con el que ya tenía, que al igual que yo, cada día se va poniendo más viejo. Y sentir cómo pesa el paso del tiempo en el pecho nos hace decir cosas como las que una vez dijo Bilbo Bolsón: "Estoy viejo, Gandalf, no lo parezco, pero estoy comenzando a sentirlo en las raíces del corazón”. Todo se debía a que se sentía estirado, “como un trocito de mantequilla extendido sobre demasiado pan". Un sentimiento parecido me asalta de vez en cuando.

 

Todo esto nos transmite esta canción tan agridulce, salida de la pluma de Neil Young; quizás el músico canadiense más influyente y respetado de todos los tiempos. Aquí Neil nos revela el que tal vez sea el gran secreto que tenemos todos los introvertidos cuando debemos confesar cuál es nuestra motivación en la vida. Preferimos no decir nada, y justo en eso reside nuestra fortaleza: “Todo aquello que no digo es lo que me mantiene buscando un corazón de oro. Y ya me estoy poniendo muy viejo”. Pero inmediatamente después de alabar el valor del silencio, en esta letra se nos revela que ese secreto tiene un costo. Un costo de años llamado vida, y que nos convierte en ancianos de espíritu buscando un lugar en el que hallar un poco de tranquilidad. Un buen día, somos viejos. ¿Y saben qué? No está tan mal. Es un descanso que nos hemos ganado después de tanta lucha.

 

“He estado en Hollywood, he estado en Redwood, crucé el océano buscando un corazón de oro”. Neil Young es una de las personas más auténticas dentro del Rock. Ha tenido una prolífica carrera como solista, además de integrar de manera intermitente ese súper grupo llamado Crosby, Stills & Nash, al que cada vez que él se sumaba se lo renombraba como Crosby, Stills, Nash & Young. Su carrera está principalmente volcada hacia el Rock y el Folk, pero también vivió un período bastante reconocido de experimentación allá por los años ’80. Hoy en día es considerado como una leyenda de la música, y su actitud de tipo ensimismado y problemático junto con una estética bastante descuidada lo ha llevado a ser considerado como una influencia importantísima para los músicos del Grunge de los años ’90; quienes lo tenían como un prócer. Allí donde fue, sólo se preocupó por serle fiel a sí mismo. Y tal vez todo se trate de eso. Preocuparse por agradarnos sólo a nosotros mismos: “He estado en mi mente, y he visto lo delgado que es el hilo que me mantiene buscando un corazón de oro. Y ya me estoy poniendo muy viejo”. ¡Feliz Deprimartes!


 

 https://www.youtube.com/watch?v=MkGOrIBCcg4





martes, 25 de mayo de 2021

Capítulo 276: “Don’t Go”. Yazoo. (1982)

 



Deprimartes huidizo:

 

“Viniste de la ciudad y entraste por la puerta. Me di vuelta cuando escuché el sonido de unos pasos sobre el suelo. El amor es como una adicción, y ahora estoy enganchada contigo. Necesito algo de tiempo para entender esto, y lo lograré por tu amor”. A través de este videoclip presenciamos un sentido homenaje al género del cine de terror; el cual incluye parodias a algunos de sus personajes más característicos, como Drácula y el monstruo de Frankenstein. Si bien desde lo visual en todo momento se juega con la idea de lo tétrico, curiosamente la letra se aleja mucho de la temática del video; de ella podemos deducir que hay en juego un interés romántico tan poderoso que es casi una obsesión. Y por extraño que resulte este collage, no hay nada que desentone en el producto final; ya que el terror guarda siempre una impronta que le es muy necesaria y que lo emparenta con el amor, y es que ambos pretenden darnos caza y atraparnos: “No puedo detenerme ya, ¿no lo sabes? Nunca te dejaré ir. ¡No te vayas!”.

 

“Decídete y dame lo que tienes. Arréglame con tu amor, cierra la puerta y echa el cerrojo”. Algo de la terminología que incluye esta letra nos marca un paralelismo bastante claro con las drogas y con los períodos de abstinencia. Una de las interpretaciones que puede leerse entrelíneas es sobre la adicción a la cocaína, que desde hacía unos años avanzaba rampante por el submundo de la noche: “Llamé al doctor, pero vino demasiado tarde. Esta será otra noche en la que me siento bien, mi amor por ti ya no puede esperar”. Yazoo fue un dúo de Synthpop de cortísima duración. Aparecieron en 1981 y en menos de dos años editaron sus únicos dos discos, lo que les bastó para dejarnos un manojo de éxitos que aún hoy son radiables. Tenían un sonido bastante particular gracias al origen musical de cada uno de sus integrantes, pero eso que los hacía interesantes era justamente lo que causó su desintegración.

 

El dúo estaba conformado por la cantante de Blues y Punk Allison Moyet, y por Vince Clarke, un prometedor tecladista de Música Electrónica que recientemente había abandonado su banda luego de editar un primer muy exitoso álbum. Esa banda se llamaba Depeche Mode. Las personalidades tan opuestas del dúo fueron determinantes en el deterioro de su relación, y la sociedad terminó de manera bastante agria. Moyet se dedicó a su intermitente pero exitosa carrera solista; mientras que Clarke volvió a su acostumbrado rol de titiritero en las sombras en cada una de las bandas que fundó, convocando al vocalista Andy Bell para formar otro dúo de éxito mundial llamado Erasure: “Me dijiste que eras un asesino, y ahora sé que es cierto porque moriré en cuanto salgas por esa puerta. Estoy enganchada contigo”. A 25 años de su separación volvieron a verse para realizar una gira de despedida y también para poder cerrar el ciclo. Como dijo Allison Moyet antes de la última presentación: "Estoy 99,9% segura de que es la última vez que tocamos juntos. Fue bueno tanto para Vince como para mí el haber completado el círculo de pasar de estar muy enojados con el otro, a olvidar por qué estábamos enojados, para finalmente olvidarnos también de que alguna vez estuvimos enojados." ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=_sQGwDeambg




martes, 18 de mayo de 2021

Capítulo 275: “Fell In Love With An Alien”. The Kelly Family. (1996)


 

Deprimartes familiar:

 

“Allá en el campo, donde los granjeros hacen el pan, cuando llega la llamada para cenar todos van hacia el cobertizo. Y entonces cae la oscuridad y todo se hace silencio”. La historia que nos cuenta esta canción ya nos pone en ambiente: una granja en el campo en la cual todos cenan en comunidad, como una gran familia. Y es que de eso se trata este extrañísimo proyecto musical llamado The Kelly Family, un grupo de Pop Folk con aires celtas conformado por los miembros de una familia de artistas ambulantes. Al verlos en público con sus extraños ropajes medievales hechos a mano, la gente no sabía si estaba ante una banda de gitanos o ante los miembros de algún tipo de secta. Se trataba de nueve hermanos nacidos en distintas partes del mundo, todos ellos católicos de ascendencia irlandesa, que comenzaron tocando en la calle y en diversos lugares improvisados. Vivían en un barco y hacían sus giras en su propio ómnibus de dos pisos. Un detalle que pinta a las claras su carácter de inclasificables es que incluso llegaron a presentarse en algunos circos, como si se tratase de un número de variedades. Y es que más allá de que sus canciones parecían describir la vida de una comunidad de cuáqueros, no tenían inconvenientes en dar un volantazo y declararle su amor a un extraño ser bajado de un platillo volador: “Y aunque estaba rodeada de luz, había una belleza que brillaba fuertemente. Ella vino buscando a su Romeo, y no se va a conformar con un chico pueblerino. Estoy enamorado de una extraterrestre, estoy enamorado de sus ojos. Estoy enamorado de una extraterrestre y no lo quiero ocultar”.

 

Luego de lanzar cerca de una decena de álbumes, recién en la década del ’90 comenzarían a tener un inesperado éxito en varios países como Austria, Bélgica, Holanda, Suiza y Alemania. En este último país terminaron comprando un castillo con la intención de vivir todos juntos en él, como si ya no pudiesen ver bien la diferencia entre la realidad y los cuentos de hadas: “La luna se fue a dormir, el sol comenzó a ponerse rojo. Un espantapájaros apareció y ella se llenó de miedo”. Como si su historia ya no fuese lo suficientemente extraña, a pesar de que la gran mayoría de su repertorio es en inglés son casi unos desconocidos en el mundo angloparlante; aún así su éxito en el norte de Europa fue tan grande que los llevó a presentarse ante una audiencia de veinte mil personas nada menos que en China.

 

Alguna vez leí por ahí que en el planeta queda tan sólo un cuarto de millón de personas viviendo en comunidades ajenas a la sociedad moderna. Este número se refiere más que nada a tribus aisladas del resto del mundo y viviendo prácticamente en la Edad de Piedra, como es el caso de algunas comunidades aborígenes en lugares inaccesibles. Si nos detenemos a pensar por un segundo, resulta evidente lo difícil que debe ser tan sólo intentar vivir por fuera de nuestra modernidad. Hoy nos parece casi irreal imaginarnos la vida sin una conexión a internet o sin un teléfono inteligente al alcance de la mano; pero así era nuestra realidad hace sólo veinticinco años, y aún hoy hay gente que desea ese tipo de retorno a lo natural. Pues bien, no es tan simple, como la Familia Kelly nos terminó enseñando. La falta de un lugar de pertenencia, la carencia de un suelo en el cual echar raíces, hizo que varios de ellos tuvieran una visión bastante crítica sobre la vida que les tocó en suerte. Por ejemplo, los niños no asistían a la escuela sino que eran educados por la propia familia, que estaba eternamente en viaje. Y con el paso de los años, algunos de ellos llegaron a quejarse amargamente porque esto no les permitía elegir un estilo de vida más ordinario y eran casi obligados a vivir como unos vagabundos que van de aquí para allá cantándole al amor: “Ella me dió todo su amor, y ahora queremos tener una gran familia. ¡Vamos!”. En fin… ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=uDcOQN5gvWU




martes, 11 de mayo de 2021

Capítulo 274: “Days Of The Week”. Stone Temple Pilots. (2001)

 



Deprimartes semanario:

 

Scott Weiland falleció a la edad de 48 años por una sobredosis de drogas, algo tan común en su vida llena de abusos de sustancias que le había costado que lo despidan no de una sino de dos agrupaciones exitosas. Siendo un cantante de voz poderosa y un interesante letrista, llegó a la fama a principios de los ’90 con su banda de Grunge, los Stone Temple Pilots; una interesante agrupación cuyo catálogo sonoro era bastante más amplio que el de cualquier otra banda del mismo género. Pero la condición de adicto de su frontman les jugaba en contra, ya que hasta debieron suspender una gira debido a que Scott tuvo que pasar una temporada en la cárcel por posesión de estupefacientes; y esto sumado a lo complicado que era en el trato con sus compañeros llevó a que fuera despedido del grupo. Recaló en Velvet Revolver, una suerte de seleccionado del Rock conformado por ex integrantes de los Guns N’ Roses; y luego de grabar dos álbumes con ellos también fue despedido debido a su inconstancia. Murió sólo dos años después, mientras llevaba adelante una trabajosa carrera solista; y sin haberse dado cuenta jamás de que la persona verdaderamente problemática en su vida era él mismo: “Lunes, de regreso de entre los muertos, estoy dejando que las cosas fluyan y se acomoden. Martes, dispárenme en la cabeza, me retracto de lo que dije. Me retracto. Miércoles, ella está buscando un amigo y va a conseguir lo que quiere; parece que nunca se cansa. El jueves ya es más de lo que puedo soportar, me doy cuenta de que la estoy reteniendo porque ella está deprimida nuevamente”.

 

“Tengo que encontrar una forma de encontrarla, ¿adónde podrá estar? Durante cuatro días a la semana ella piensa que soy su enemigo”. ¿A quién está buscando Scott en esta canción? Por momentos la letra se vuelve confusa con respecto a qué creer. Porque más allá de lo que parece, aquí se esta hablando sobre la relación de Weiland con su segunda esposa, a quien conoció estando todavia casado con la primera. Y si finalmente esta canción se trata de una comedia de situaciones sobre Scott jugando con dos novias a la vez, o si habla de los desplantes que sus adicciones le hacían a su vida y sus compromisos, tal vez nunca lo sepamos del todo. Lo cierto es que este vocalista tan capaz fue viendo minada su confianza en cuanto círculo artístico contaba con él, y así fue que día tras día se dejó arrastrar hacia un abismo que finalmente terminó por encerrarlo en su abrazo para siempre: “Un día me dio por muerto, me levanté del piso y ya era tiempo de hacer todo otra vez. Dos días, y ella me abandona otra vez. No puedo seguir con esto, así que yo me largo de aquí. Luego de tres días ella se ha encontrado un nuevo amigo, tiene lo que quiere pero aún parece no alcanzarle. Cuatro días y ella regresa conmigo. Es ella quien no me deja escapar, estoy deprimido nuevamente”.

  

Nuestra rutina se basa en mayor o menor medida en la manera en que llenamos de actividades los días de nuestra semana. Es común que en la era de la modernidad sintamos que el tiempo no nos alcance para nada, pero la mitad de la semana es demasiado dependiendo de para qué la estemos usando. Y si reparamos en detalle, es muy probable que la mayoría de nuestros compromisos no sean más que otro simple peldaño en esta enorme rueda de hámster en la que nos mantenemos ocupados dando vueltas sin sentido: “El lunes se ha ido, el martes desaparece. El miércoles ya no está, y el jueves siento que no todo está perdido”. Probablemente eso fue lo que ocurrió con el bueno de Scott Weiland, quien terminó por sentir que su semana era una rueda que giraba sin sentido; y al final cumplió con esa máxima no escrita acerca del destino trágico de los músicos de Grunge. Al igual que Kurt Cobain, Chris Cornell, Shannon Hoon, Layne Staley y otros más, se nos fue muy pronto, dejando tras de sí un mundo de seguidores con el corazón lleno de preguntas sin respuestas. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=JXqeYwUXRis





martes, 4 de mayo de 2021

Capítulo 273: “Through The Barricades”. Spandau Ballet. (1986)

 



Deprimartes problemático:

 

El conflicto de Irlanda del Norte (“The Troubles”, según se refieren a él los irlandeses), fue una serie de desaveniencias profundas que tuvieron en vilo a las islas británicas por más de tres décadas. Las causas se dieron principalmente por las diferencias irreconciliables entre los católicos de la República de Irlanda y los protestantes de Irlanda del Norte, que solían generar actos violentos esporádicos entre ambas partes. Y mientras que los primeros bregaban por la independencia de toda la isla con respecto del Reino Unido, los norteños querían continuar siendo súbditos de la corona; y así fue que este caldo de cultivo de disidencias tanto políticas como religiosas se convirtió rápidamente en una violencia armada que dejó centenares de muertos entre ambas partes. Para la gente de a pie, en esos años oscuros la esperanza consistía en recordar un tiempo mejor y soñar con un futuro distinto: “Mi madre no sabe adónde se ha ido el amor. Dice que debe ser la juventud lo que hace que nos sintamos fuertes. Lo veo en su rostro que ya se ha convertido en hielo, y cada vez que ella sonríe muestra las arrugas que le ha dejado su sacrificio. Y ahora entiendo aquello que dicen acerca de que nuestro sol está apagándose, y que construimos nuestro amor en un páramo y a través de las barricadas”. Si bien los enfrentamientos llegaron a su fin con el llamado “Acuerdo de Viernes Santo”, que en la práctica era un alto el fuego, cada tanto reaparece en la isla la idea de volver a tomar las armas; la paz es una convención y un compromiso que todos los irlandeses toman a diario. Solemos estar al tanto de las noticias de un conflicto armado, pero nos resulta difícil detenernos a reflexionar en cómo un trasfondo tan violento afecta la realidad de una persona común. Ese ciudadano corriente contempla impávido cómo su mundo se derruma y cómo todas sus seguridades se ponen en peligro de muerte. Cómo la verdad que siempre había conocido ahora parece tener más de una versión: “Mi padre construyó mi historia. Él peleó por todo aquello que creyó que de alguna manera nos haría libres. Me enseñó qué debía decir en la escuela, lo aprendí de memoria; pero ahora esa historia está partida en dos. Y ahora entiendo aquello que dicen en la música de los desfiles: construimos nuestro amor en un páramo y a través de las barricadas”.

 

No existe una verdad, sino múltiples miradas sobre la misma realidad. Algunas serán similares, y otras profundamente adversas. Y aún así nuestra condición de humanos debería empujarnos a aprender a convivir con aquellos que ven la realidad de otra manera en lugar de excluir a quien piensa diferente. Tenemos mucho por ganar si lo hacemos. Y vaya que he aprendido esto últimamente, porque el destino me ha devuelto a quien más quise en mi vida veinte años después de nuestro último contacto; pero ella ahora es una mujer con un pensamiento político que está en las antípodas del mío. Y lo que debería haber tallado un abismo entre nosotros, nos ha servido para conocer al otro y apreciar su recorrido en la vida. Además tengo que aceptar que es divertido salir a bailar entre nuestras trincheras: “Hemos nacido en lados opuestos de la vida. Sentimos de la misma manera y también sentimos el conflicto. Así que ven a mí mientras duermo, cruzaremos la línea y bailaremos en las calles. Y ahora entiendo aquello que dicen sobre el ruido de tambores desvaneciéndose: construimos nuestro amor en un páramo y a través de las barricadas”. En mi país desde hace varios años estamos divididos por un concepto bastante abstracto conocido como “la grieta”. El presente en Argentina se entiende en términos absolutos, y si no se está con nosotros se es el enemigo. La situación de enfrentamiento es tal que a mis amistades (y a las de ella también) les resulta casi imposible entender que dos personas tan distintas puedan construir algo juntas. Para ellos no hay posibilidad de término medio, es por esto que valoro tanto este aire de novedad que tiene mi vida últimamente.

 

“Siempre que me busques, allí estaré. Hay una cicatriz que me atraviesa el corazón, pero la luciré con orgullo una vez más. Creía que éramos parte de la raza humana, pero al parecer somos tan sólo otro caso límite. Y las estrellas se nos acercan para decirnos que siempre hay una forma de escapar”. Además de Duran Duran, una banda ejemplar del género New Romantic es Spandau Ballet. Este movimiento aparece en los primeros años de la década del ’80, y básicamente se trató de un acercamiento de la New Wave hacia el Pop de Sintetizadores. De sonido electrónico pero elegante, con canciones lentas cercanas al formato de balada, llegó a ser muy popular a través de la cadena MTV; ya que cada banda New Romantic solía tener videoclips de alto presupuesto y muy bien producidos. Y como apuntaban a un público joven-adulto, de tanto en tanto podían permitirse alcanzar una cierta profundidad en sus letras; como en esta canción, inspirada en la muerte de un amigo irlandés cercano a la banda a manos de la policía norirlandesa: “Yo no sé adónde se ha ido el amor, y en esta tierra tan problemática la desesperación nos hace fuertes. Los fines de semana nos comportamos como niños llenos de vida, y sin nada que perder tenemos todo por ganar. Y ahora entiendo aquello que dicen acerca de que es terriblemente bello esto que hemos hecho”. En conclusión: creo que existe una gran dignidad en eso de construir el amor en conjunto, dejar atrás el campo de batalla y plantar bandera en un nuevo terreno en el que podamos crecer de la mano. Porque si los irlandeses lo intentan a diario, ¿por qué nosotros no?: “Ahora entiendo aquello que dicen, mientras nuestros corazones van hacia la tumba: construimos nuestro amor en un páramo y a través de las barricadas”. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=yn7HXmzxqV8




martes, 27 de abril de 2021

Capítulo 272: “Army Of Me”. Björk. (1995)

 



Deprimartes vanguardista:

 

Björk no sólo fue la primer noticia musical que el mundo civilizado tuvo de Islandia (¿quién iba a creer que existía gente en esa islita llena de géiseres y volcanes?), sino que fue una muy buena noticia. Una mirada artística muy fresca desde un país exótico, con un sonido que en un principio fue muy innovador y apto para todos los oídos. Con el tiempo su condición de novedad ya no le sirvió para ocultar su tremendo ego, el que la ha llevado a realizar cualquier cosa con tal de ser considerada únicamente como una artista de vanguardia. Pero al momento de llegar a la fama, esta niña lo hizo con su buena porción de problemas a cuestas, como todo el mundo; y algunos de esos inconvenientes tenían la forma de un familiar con adicciones: “Levántate, tienes que valerte por ti mismo. Ya no voy a ponerme de tu lado nunca más”. Esta canción fue escrita por la artista como una advertencia hacia su hermano, quien no lograba superar sus adicción a las drogas y se la pasaba tirado en la cama todo el día. A través de la letra adivinamos que Björk se deja ganar por la desidia, seguramente devenida del rol de madre que ha tenido que ejercer, y que ya no quiere seguir llevando adelante. Obviamente, todo esto era un lastre para su incipiente carrera: “Y si escucho una sola queja más de tu parte, entonces me convertiré en un ejército que marche en tu contra”.

 

Agradezco a todas las deidades, en caso de que exista alguna, por no ser una persona con tendencia a las adicciones. A ninguna de ellas. Cualquier cosa que hubiera ganado un protagonismo furibundo en algún momento de mi vida nunca se transformó en algo sin lo cual no podría vivir. Pero sí pude ver en primera persona lo que este tipo de inconvenientes puede hacerle a alguien. Tuve la oportunidad de trabajar durante muchos años bajo las órdenes de un jefe quien, de la noche a la mañana, se volvió ludópata. Fue increíble ver el cambio tan radical que sufrió este hombre, y si bien nunca había sido un ejemplo a seguir ahora simplemente desaparecía de su lugar de trabajo durante días enteros. El dueño de la empresa –quien a la postre, también era su padre- debía perder horas y horas haciendo un raid por distintos casinos y salas de apuestas hasta dar con el paradero del pobre imbécil de su hijo. Supongo que su padre quería encontrarlo para decirle algo como esto: “Estás bien, no hay nada malo contigo. Empieza a ser autosuficiente, por favor; y ponte a trabajar”.

 

Siempre me resultó curioso el hecho de que existan artistas que no parecen comprender cómo funciona la mecánica de cualquier vanguardia: una vanguardia puede considerarse como tal sólo cuando el resto del campo al que pertenece le termina acompañando en su nuevo rumbo. Siempre aparecen experimentos que intentan llamar la atención del statu quo, pretendiendo mover las fronteras de lo establecido para encontrar otros ámbitos en los cuales expresarse. Pero la vanguardia cumple su cometido recién cuando termina por  transformarse en parte integral de aquello mismo que intentó cambiar. Por lo tanto siempre me han resultando muy poco auténticas esas personas que constantemente generan cosas híper novedosas, como si quisieran marcar una nueva tendencia todo el tiempo. A estos seres parece que les repele todo lo ya aceptado, y quizás es por eso que suelen creerse especiales. La pedantería es un mal común entre estos personajes, y es normal para ellos revelarnos cada producción suya con la misma épica que debió haber usado Moisés cuando le mostró las Tablas de la Ley al pueblo hebreo. Con exactamente la misma petulancia. Es por eso que desde hace mucho tiempo detesto a Björk. Salvo por su hit “It’s Oh So Quiet” en el cual coqueteaba con el sonido de una banda de Jazz, jamás volvió a hacer algo que no pareciera un bodrio industrial incomprensible; y en más de una ocasión se las ingenió para aburrir y/o hacer el ridículo mientras se daba ínfulas de artista conceptual, título que claramente le queda un poco grande. Aún así, es bueno que de tanto en tanto aparezca algo tan raro como el rostro de esta islandesita: “Ahora estás por tu cuenta, nosotros no vamos a salvarte. El escuadrón que venía a tu rescate ya está demasiado cansado”. Es inevitable reparar en el videoclip de esta canción, considerado como una obra maestra y dirigido por el talentoso francés Michel Grondy; quien no sólo fue responsable de algunos de los videos más recordados de artistas como Radiohead, The Rolling Stones, The White Stripes, Beck, The Chemical Brothers y Paul McCartney, sino que llegó a dirigir esa maravillosa película llamada “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”. Cada imagen y metáfora utilizada en el videoclip está tan bien lograda que aún hoy es considerado uno de los mejores que se han realizado. ¡Feliz Deprimartes!

 

 https://www.youtube.com/watch?v=jPeheoBa2_Y