martes, 25 de junio de 2019

Capítulo 225: “Take Your Mama”. Scissors Sisters. (2004)




Deprimartes maternal:

Bien, partamos de una base. Para intentar ser éste un blog que analiza el costado melancólico del Rock, esta es una canción muy alegre. Tal vez demasiado. Pero desde hacía un tiempo quería hablar de los Scissors Sisters, porque una canción de este grupo me permitió llegar a una triste conclusión: En lo que a mí respecta el Rock & Roll se puede declarar oficialmente muerto cuando en 2006 esta banda editó su mega éxito “I Don’t Feel Like Dancing”. No es algo subrepticio, por ese mismo tiempo también salieron las canciones “Crazy” de Gnarls Barkley y “Hey Ya!” de OutKast, todas ellas sonando como sospechosas antiguallas y teniendo un fenomenal éxito. Más allá del interesante homenaje que estas nuevas canciones le rendían a esos sonidos setentosos, estábamos ante una pasmosa realidad: El Rock se había quedado sin ideas. Ya no había ingredientes para nuevas recetas, ni nuevas maneras de mezclar esos ingredientes. Todo estaba dicho ya. Al Rock sólo le quedaba morderse la cola. Así que creo que hizo lo mejor que podía hacer: despedirse riéndose de sí mismo.  Recordar sus mejores años con temas como éste, donde uno puede imaginarse un imposible dueto entre la Electric Light Orchestra y los Bee Gees. Y si bien he terminado por elegir esta otra canción para reflexionar sobre la misma, ha sido más que nada por la temática de su letra. Aún siendo desfachatada en su actitud, describe bastante bien un período de la vida con el que todos nos sentiremos familiarizados: ese emocionante momento en que dejamos de ser niños y pasamos a ser esas bolsas de hormonas conocidas como “adolescentes”. Por estas pampas se la conoce como “la edad del pavo”, en la que básicamente nos sentimos perdidos, torpes y estúpidos ante todo lo nuevo que nos ocurre y que no comprendemos en lo absoluto: “A medida que crezcas pórtate como un buen chico y así tu mamá se sentirá orgullosa de su hijo. Pero entonces irás notando que hay algo diferente, de repente le gustas a todas las chicas; porque eres apuesto y parece que sabes conversar y divertirte. Y ahora tu chica te extraña y en tu casa tu cama está vacía. Todos se preguntan si habrá casamiento, y no van a escuchar tus explicaciones”.

Crecer duele, y mucho. Y para colmo está siempre presente la mirada de los padres, y especialmente de la madre, que se niegan a ver cómo su pequeño bebito se va convirtiéndo en un hombre bajo sus propias narices. El muchacho en cuestión tal vez desarrolle una gran masa muscular, pero su mamita siempre estará allí para acercarle un pulóver para que no salga desabrigado a la calle: “Es una lucha portarse como un buen chico en el verano, mientras miras a todas esas chicas pasar. Cuando tu mamá oyó las cosas que le decías a esas chicas, intenté advertírtelo, ella lo único que quiso fue echarse a llorar”. Es interesante que en la letra de esta canción parece que se describiera la vida de una comunidad conservadora de un pueblito agrícola, muy típico de los “rednecks” del centro de Estados Unidos, donde todo lo que hace la juventud para divertirse está mal y atenta contra las buenas costumbres establecidas: “Ahora terminamos por tomar el largo camino a casa, demasiado arreglados y con litros de colonia barata encima. Es tan difícil encontrar la ruta en este pueblo con tantas calles de tierra, habiendo perdido tus anteojos y cuando a tu coche se lo llevó la grúa”. Recordemos que toda la región central de Norteamérica aparece en el imaginario popular de ese país como una zona llena de de campesinos, de gente con acentos pronunciados y de “hillbillies” rústicos. Se trata en realidad de una enorme planicie postergada ante las necesidades de la gran capital del Este, Nueva York, y de la dorada zona de Los Ángeles en el Oeste. Hay una crítica social aquí con respecto a que divertirse está mal, y que la mejor opción siempre es mantener orgullosa a nuestra Señora Madre. Y si es necesario para que ella siga pensando que aún somos sus adorables y pequeños niños, pues habrá que salir con ella para resarcirla del hecho de estar convirtiéndonos en hombres que pronto deberían abandonar el nido materno: “Yo diría que saquemos a tu mamá a pasear toda la noche. Sí, vamos a enseñarle de qué se trata esto. Vamos a emborracharla con champán barato y dejemos que el buen rato dure lo que tenga que durar. Y si la música no es buena, ¡pues qué lástima!, vamos a seguir cantando sin importarnos nada. Porque a los bailarines en Nueva Orleáns no les importa cómo bailes siempre y cuando les des propina”.

Toda la obra de esta banda tiene un desenfado arrollador, sus letras suelen incurrir en más de una referencia sexual carente de metáforas. El propio nombre del grupo es una clara apología lésbica. Estando conformada mayormente por músicos homosexuales, ellos mismos le restan cualquier tipo de importancia a esta particularidad. El vocalista Jake Shears se ha pronunciado con sabias palabras al respecto al decir: “El hecho de que algunos de nosotros seamos gays afecta a nuestra música de la misma manera en que la música de Blondie se ve afectada porque algunos de sus miembros son heterosexuales”. Aún así, y a pesar de haber escrito canciones que podrán sonar por años como trasfondo en cualquier boliche de la comunidad gay como “Any Wich Way”, “Filthy/Gorgeous” y especialmente “Let’s Have A Kiki”, también han sido una banda que supo ponerse reflexiva con temas como “Mary” o “Land Of A Thousand Words”. Pero serán por siempre recordados como los fiesteros que supieron rescatar y mezclar con muy buen gusto el sonido del Glam y de la música Disco para que el Rock pudiera dar su canto del cisne apenas empezado el nuevo siglo: “¡Hagámoslo! Salgamos con tu mamá toda la noche y haremos que no le queden dudas de que estamos poniendo nuestro mejor esfuerzo. Vamos a hacerlo. Salgamos con tu mamá toda la noche. A fin de cuentas puedes acostarte tarde porque ya estás hecho todo un hombre”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 18 de junio de 2019

Capítulo 224: “The More You Ignore Me The Closer I Get”. Morrisey. (1994)




Deprimartes empedernido:

“Cuanto más me ignoras más me acerco a ti. Estás perdiendo el tiempo”. Ah, los años ’90 y sus fotográficos videoclips en blanco y negro… Quién pudiera volver a esa época en la que aún no éramos esclavos de unos teléfonos que resultaron ser más inteligentes que nosotros… En más de una ocasión a lo largo de este blog me he deshecho en elogios por esos años, porque fueron los mejores de mi vida. Y por esos años sonaba esto: “Estaré en el bar con mi cabeza en la barra. Ahora soy una parte central de tu pensamiento, te guste o no. Sí, he cambiado tu mente”. Esta es otra de esas canciones que me recuerdan mis años brillantes. Como en su momento hablé de “Our House” de Madness, o de “Wonderful” de Adam Ant, ésta también es una de esas melodías con las cuales solía sorprenderme mi radiodespertador cualquier mañana de mis veintiún años. Y más allá de su sonora melancolía –o tal vez justamente por eso, al igual que los otros ejemplos que cité- se me ha quedado soldada a unos inexplicables sentimientos; mezcolanza intangible compuesta de amagos de sonrisas y de ganas de querer volver el tiempo atrás, como si mi felicidad dependiera de ello. Tal vez así sea.

La música de la década del ’80 se vio claramente influenciada en sus primeros años por la irrupción de los sintetizadores. No había tema, casi en ningún género popular, que en su base no albergara el típico repiqueteo maquinal y espantoso del sonido electrónico. Pero una vez superada la sorpresa de la novedad, y pasada la moda; el Rock se vio bastante perdido durante un buen tiempo. Hasta que en la orgullosa Inglaterra surgió un pequeño milagro llamado The Smiths, que llevaría al Rock Indie a mostrar todo su esplendor. Y como en un juego de muñecas rusas, dentro de ese pequeño milagro había otro pequeño milagro más: su cantante y letrista, Steven Patrick Morrisey; o cómo él insistía en hacerse llamar, simplemente Morrisey. Arquetipo del poeta maldito, se trataba de un joven tímido y retraído de clase baja con aires intelectuales al cual le agradaba demasiado la poesía: “¡Ten cuidado! Yo guardo más rencores que los solitarios jueces de la Corte Suprema. Cuando estés durmiendo voy a entrar arrastrándome en tus pensamientos como una pesada deuda que no puedes pagar. Así que hazlo por las buenas y entrégate. Sí, déjame entrar”. Y este es un pequeño ejemplo de cómo Morrisey utiliza sus metáforas para describir la forma en que archiva sus rencores, algo muy típico de la sangre irlandesa que corre por las venas de su familia. Polifacético en su personalidad, mistérico en cuanto a su sexualidad, Morrisey deja una huella indeleble allí donde va y abre la boca. No por nada su brújula tiene como norte a Oscar Wilde, otro maravilloso incomprendido social.

Debo ser totalmente honesto: creo que no estoy preparado para hablar de Morrisey. Su importancia dentro del Rock, y hasta me animaría a decir de toda la Cultura Popular, se me aparece tan gigante como inabarcable. No me ha sido posible mensurarla en su justa medida, más allá de mis múltiples averiguaciones. Sé a ciencia cierta que estoy frente a un monstruo en lo que a lirismo se trata, y me gustaría desgranarme en adjetivos frente a su persona; pero no encuentro las palabras exactas para hacerle honor a su enorme estatura artística. Su conjuro aún no me ha alcanzado, pero sé que sólo basta un paso en falso de mi parte para que el hechizo de la obra de este artista único forme parte de mi vida. Conozco gente que mataría sólo por defender el buen nombre de Morrisey. “Te lo estás buscando” nos dice este cantante pendenciero. Y tal vez así sea. Su bravuconada continúa con una declaración escueta: “Esto es la guerra”. Probablemente sea una guerra que convenga perder, para aprender de las derrotas que nos propine un maestro de este calibre. Mientras el hechizo aguarda en las penumbras, seguiré disfrutando de su música. ¡Feliz Deprimartes!


martes, 11 de junio de 2019

Capítulo 223: “Promises (As The Years Go By)”. IQ. (1987)




Deprimartes prometido:

Érase una vez que a principios de los años ’70 la música popular alcanzó su más alta cumbre de sofisticación gracias al Rock Progresivo. Así teníamos temas interminables con letras que hablaban de dioses lejanos, de hadas y de dragones; y diferentes movimientos musicales dentro de la misma canción, lo que les permitiría entrar en la categoría de “suites” y quedar emparentados con las óperas o las obras de los autores clásicos. Pasó el tiempo, llegó el Punk y la Música Disco; y nuestros amigos progresivos debieron dedicarse a otra cosa. Pero como siempre ocurre con cualquier cosa a la que se le pasó su cuarto de hora, quedó un círculo cerradísimo de cultores de este género que continuaron con la tradición de hacer música para unos pocos entendidos. Y así fue que ya bien entrados los años ‘80 cada tanto se podía oír a bandas del movimiento Neo-progresivo, una vuelta de tuerca con sintetizadores incluidos de aquel viejo Rock elaborado; y en este género se destacaron bandas como Primus, Marillion y los aquí presentes IQ. Lo de “destacarse” tal vez sea un tanto subjetivo, ya que hablamos de un género musical que por propia definición pareciera hacer que sus intérpretes quieran mantenerse alejados del éxito: “Justifico mis acciones porque estos son los días de la ley de la calle, se sobrevive teniendo la lengua afilada durante los toques de queda. Cuando la mente está encerrada en aislamiento solitario se forma ese estado de ánimo que termina por quebrarte. Hay un espíritu que busca liberarse, es como un incendio que tiene el corazón hambriento. Y si escucho bien, tal vez el tiempo me cuente las razones por las cuales nos hemos distanciado”. Los IQ, como todas las bandas neo-prog, prácticamente no han conocido el éxito masivo; lo cual no les impidió que su carácter de producto exclusivo les generara una amplia base de fieles seguidores. De hecho, el presente tema –su único suceso radial- se da cuando el fundador de la banda Peter Nicholls se tomó una pausa de cinco años con el grupo. Allí fue reemplazado por el vocalista Paul Menel, y cuando Nicholls volvió todo siguió como antes; exclusivista y carente de masividad.

“Así como pasan los años, no vayas haciendo promesas falsas”. Por trillado que parezca, este es el único gran consejo que nos dará esta canción; aunque parece hacer hincapié en que, cualquiera sean las circunstancias, hay que mantener el honor de la palabra dada. No importa la época del año ni las emociones que nos gobiernen en esos momentos, hay que seguir tocando. Y así, el frío de la noche y el calor del día juegan una ronda infantil a lo largo de este videoclip. Según la letra de la canción, se arremolinan y burbujean en el pensamiento los recuerdos del verano a medida que el otoño se descascara en invierno. He leído que hay una relación directa entre las pocas horas de sol de la época invernal y la melancolía que nos pone el alma a hibernar en los días más fríos del año: “Por un tiempo, cuando estoy solo, me olvido de toda esa ira que hay en mí. Beso una lágrima mientras el martillo cae, ellas son las que me mantienen aquí en estos círculos interminables. Todavía puedo recordar la locura del verano, puedo saborear el perfume en tu mejilla. El calor es superado por el frío tal como las palabras de consuelo ya no tienen significado. Di que rezarás por mí”. Pero es con el afán de graficar estos cambios que la técnica de filmación tropieza con una desprolijidad que el día de hoy sería imperdonable. Éste es un video que contiene el minuto peor iluminado de toda la historia de los videoclips. La noche es tan oscura que apenas sí se logra distinguir algo del muy buen trabajo de stop-motion en varios de los objetos que se mueven por sí solos. Aún así estamos frente a un muy imaginativo video, considerando la época en que fue hecho, ya que cuenta hasta con tomas filmadas en reversa.

En esta canción el uso de las metáforas es bastante poético aún para lo que es la media rockera, y ese es un hecho para rescatar. Pero no deja de ser una poesía funcional para transmitir un determinado mensaje, uno que acongojaba a muchos músicos de esos años: “El silencio es ensodecedor aquí, al otro lado de una jaula con barrotes de acero. Fuimos nosotros mismos los que inventamos las diferencias que tejen la red en la que estamos tendidos. Atrapado en el medio la zona de Guerra Fría, dejé a mi amada en un lugar lejano. Ella besará una lágrima mientras cae el martillo, y limpiará la oscuridad de mi cara”. Un tema recurrente en las letras de las canciones de la década del ’80, especialmente en el caso de los artistas europeos, son los temores que generaba en el Viejo Continente la Guerra Fría que libraban sin cuartel los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El miedo principal lo generaba la carrera armamentística entre estas dos naciones, que hacía que el arsenal atómico de cada una creciera a pasos agigantados. En Europa usaban mucho la expresión “estar entre el martillo y el yunque”, ya que así se sentían al quedar ubicados justo en el frente de batalla de las dos superpotencias nucleares; las cuales podían reaccionar ante el menor malentendido apretando el botón rojo y desatando el infierno atómico. Por suerte, de todo eso, sólo nos quedan como recuerdos canciones como ésta. Así que… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 4 de junio de 2019

Capítulo 222: “Read My Mind”. The Killers. (2007)




Deprimartes telépata:

The Killers están considerados como una de las bandas más exitosas de Rock del Siglo XXI. Uno de los muy pocos grupos verdaderamente oriundos de Las Vegas, “la ciudad del pecado”, han tenido un suceso descomunal; logrando que cada uno de sus cinco álbumes editados llegaran a las primeras posiciones de los charts. Han sido llamados artistas de Post-Punk Revival, así como de Synth Pop, de Indie Rock, y de Rock Alternativo; demostrando que es cada vez más difícil catalogar una banda dentro de un Rock que ya hace rato que ha abandonado las preferencias del público mayoritario. Aún así han tenido canciones memorables y con una innegable raíz rockera, como “Mr. Brightside” y “Human”. Pero en este caso nos detendremos a analizar este gran éxito que habla sobre la incomunicación entre las personas: “En la esquina de la calle principal tratando de arreglar las cosas, tú dices que quieres seguir adelante y que yo sólo me arrastro detrás de ti. ¿Puedes leer mi mente? Porque yo nunca me di por vencido ante la idea de abandonar esta ciudad mediocre. Ya tengo la luz verde y una pequeña pelea por delante. Voy a dar vuelta las cosas”. El frontman de la banda, Brandon Flowers, llegó a decir que ésta era la mejor canción que había escrito. De hecho, quienes quedaron maravillados con la canción fueron Neil Tennant y Chris Lowe de los Pet Shop Boys, y luego de escucharla en vivo inmediatamente hicieron un remix que le gustó tanto a The Killers que fue editado como Lado B del mismísimo single original.

Uno de los grandes problemas que siempre hemos tenido como especie es la incapacidad de comprendernos los unos a los otros, aún contando con la enorme ayuda del lenguaje hablado. Ojalá pudiéramos leernos el pensamiento, eso expresaría más acertadamente nuestras verdaderas intenciones. Sin duda la telepatía nos traería serios problemas de privacidad, pero se acabarían los prejuicios. La gente no puede ver más allá de las simples apariencias, y con esa poca información prejuzga a los demás: “Los buenos viejos tiempos en que yo era un hombre honesto, ese corazón que sin descanso buscaba la Tierra Prometida; un beso sutil que nadie ve, una muñeca rota y aquel gran trapecio. Oh, bueno; nada de eso me importa si a ti no te importa, porque yo no puedo brillar si tú no puedes brillar. Así que antes de que te vayas, ¿podrías leer mi mente?”. Aquí la lectura de la mente pareciera ser más un pedido, una súplica antes que algo no deseado. Tal vez el autor esté añorando esa confianza tremenda que debemos tener en nuestra pareja como para entendernos con una simple mirada, como si la otra persona pudiera saber lo que pensamos antes de decirlo.

“Es gracioso como simplemente te vienes abajo esperando alguna señal. Me detengo frente a tu acera sintiendo como un magia extraña me recorre la columna vertebral. Aquella Reina adolescente, esa arma cargada; ese sueño que se nos murió, el Elegido. El acento sureño, el mundo aún sin descubrir; un muro en la ciudad y un trampolín”. El videoclip de esta canción está filmado íntegramente en Tokio, una maravillosa ciudad que tiene la particularidad de tener un ojo en el pasado milenario de esta nación, y el otro mirando hacia el futuro tecnológico. Hay pocas ciudades tan inundadas de gente (el Japón entero está superpoblado) que tienen siempre el último gadget informático a mano, pero que no dejan de reverenciar las costumbres ancestrales de este orgulloso país. La superficialidad de la vida moderna se da la mano como si nada con las prácticas espirituales del Sintoísmo y el Budismo. Pareciera que es esa ambivalencia la que le da una fuerza sobrehumana al pueblo japonés para sobreponerse de cualquier cosa. Y para un occidental es muy fácil sentirse extraviado ante esta cultura. Recuerdo haber visto en el cine la película “Lost In Translation”, en la cual los personajes de Bill Murray y Scarlett Johansson se conocen en Tokio sin tener ningún tipo de intereses en común; pero inmediatamente se sienten conectados por esa sensación de soledad ante un sitio al que no pertenecen y al que menos aún comprenden. Y algo de esa misma sensación se respira en este video. Más allá de la actitud juvenil típica de toda estrella rockera, vemos cómo a los integrantes de The Killers les pasa lo mismo que nos ocurriría a nosotros en esa situación: les es imposible acercarse a una cultura que no conocen sin caer en la risita nerviosa, sin moverse cerca de la burla; sin que se les trasluzca en la mirada esa idea de que preferirían estar en casa. Todo en el aire les dice que no pertenecen a ese lugar. En un momento así desearíamos que todos pudieran leer nuestra mente: “Antes de que saltes dime que encontrarás cuando leas mi mente”.

“Resbalando en mi fé hasta que me caigo, nunca devolviste aquella llamada. Mujer, abre la puerta, no dejes que esto me siga doliendo; quiero volver a respirar tu fuego otra vez. Ella dijo: ‘Nada de eso me importa si a ti no te importa, porque yo no puedo brillar si tú no puedes brillar. Así que recuesta tu espalda en mí”. Si leyéramos la mente de los demás encontraríamos de seguro muchas cosas indeseables, mucha sinceridad agresiva, mucho veneno disfrazado de perfume. Pero también es posible que en lo profundo de cada pensamiento encontremos esa gota de admiración que hace que nos acerquemos con ansias a ciertas personas para calentar nuestra alma congelada por la soledad con el brillo que ellas generan: “Cuando tú lees mi mente las estrellas brillan como diamantes rebeldes cortados directamente del Sol”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 28 de mayo de 2019

Capítulo 221: “She Drives Me Crazy”. Fine Young Cannibals. (1988)




Deprimartes loco:

Fine Young Cannibals fueron una pequeña aventura de dos músicos de la banda de Ska The Beats, que quisieron experimentar por su cuenta sumando a sus filas al vocalista Roland Gift para crear un sonido muy particular; mezcla de Soul con música electrónica y algunas reminicencias jazzeras. Habiendo editado tan sólo dos álbumes en su corta historia, llegaron en un par de ocasiones al Nº1 de las listas americanas con la pegadiza “Good Things”, y también con esta otra canción; que tiene uno de los riffs de guitarra más conocidos de finales de los ’80. Con un videoclip de altísima rotación en MTV, la letra de este tema permite alguna lectura un tanto más profunda de lo que pudiera parecer a primera vista: “No voy a lograr salir adelante por mi cuenta, a nadie le gusta quedarse solo”.

“No puedo dejar de sentirme de esta forma. Las cosas que haces me parecen casi irreales. Dime qué es lo que tienes en mente, porque nos estamos quedando sin tiempo. ¿Alguna vez me dejarás libre? Porque quedarme aquí dando vueltas mientras te espero me está matando”. Siempre nos dicen que el amor es algo por lo cual hay que luchar. En estos tiempos de feminismo rabioso se brega constantemente por la igualdad de derechos, pero suele omitirse toda mención de la labor ciclópea que le espera a un hombre que desea conquistar los afectos de una señorita. Todo el mundo espera –y ella también- que sea uno el que se arrastre y sufra para lograr conmover las querencias de la damita en cuestión. Y allí vamos entonces, armados de valor, ciñéndonos el Yelmo de Mambrino, y yendo a la carga contra el molino. Es toda una apuesta la que hacemos, con nuestra hombría como moneda de cambio. Y así es, bien podríamos considerar que el amor es una apuesta. Y este sentimiento maravilloso nos encandila con tanta fuerza que nunca nos detenemos a pensar que, como en toda apuesta, por lo general llevamos las de perder. Si no me creen fíjense en cualquier casino. Quien apuesta, más a la corta que a la larga, pierde. Siempre pierde. Pierde el corazón, pierde la fe, pierde la cordura: “Ella me vuelve loco como nadie más lo hace. Ella me vuelve loco, y ya no puedo controlarme”.

Cuando el amor no es correspondido, o lo es de una manera tóxica, saca a relucir ese costado oscuro que nos oculta en un principio, y que tiene la capacidad de volvernos los seres más desdichados del Universo. Como en el videoclip de esta canción, nuestra razón y nuestra emoción empiezan a comportarse como dos seres antagonistas luchando por obtener nuestro control. Se desafían, se provocan el uno al otro, batallan, y van corriendo una carrera a la par pero de manera caótica. En el medio de esa lucha estamos nosotros, mejor dicho nuestra vida, que va dando tumbos y tratando de salvar lo poco de dignidad que nos queda. Tal es el estado de pérdida de control en el que nos sumerge el amor: “Ni siquiera logro descansar, la gente dice que estoy obsesionado. Todo lo que me dices es mentira, pero eso ya no me sorprende. Lo que yo quería para ti era real, pero las cosas salen mal. Siempre pasa eso”. Siempre pasa eso, las cosas salen mal. Creo que se llama Ley de Murphy. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 21 de mayo de 2019

Capítulo 220: “Itchycoo Park”. Small Faces. (1967)




Deprimartes parquizado:

Small Faces fue una legendaria banda inglesa de mediados de la década del ’60 liderada por Steve Marriott. En los primeros años de esa década dorada la subcultura urbana más representativa fueron los “mods”, que si bien no eran rockeros en esencia -puesto que consumían básicamente Soul americano y vestían trajes italianos hechos a medida- no fueron pocos los grupos de Rock británicos que intentaron atraerlos como público. Entre esos grupos estaban, además de los Faces, The Who, The Animals, The Kinks, The Zombies, y The Yardbirds, entre muchos otros. Luego, con el advenimiento del Rock Psicodélico, todas estas agrupaciones abrazaron un nuevo sonido mucho más experimental, y entonces los mods pasaron a ser reemplazados por los hippies. Ese novedoso sonido fue plasmado con cierta facilidad por todas estas bandas inglesas, y el cambio se debió en gran medida al uso masivo de sustancias psicotrópicas entre los jóvenes; como bien lo referencia la letra de la presente canción: “Cruzando el Puente de los Suspiros para decansar mis ojos en la verde penumbra debajo de torres soñadoras, llegué a Itchycoo Park; allí es donde estuve”.

La voz cantante le relata a sus amigos un reciente paseo por el parque, lo cual da lugar para que se dé una estructura de diálogo; algo no muy común en las letras de Rock: “¿Y qué hiciste allí?” le preguntan sus amigos, y él contesta: “Pues estuve drogado”. “¿Y qué sentiste?” siguen interrogándolo, a lo que él responde: “Bueno, pues lloré”. “¿Y por qué esas lágrimas?” se sorprenden sus interlocutores, y la respuesta no se hace esperar: “Les diré el porqué. ¡Es todo demasiado hermoso!”. Si bien obviamente este tema fue censurado por la BBC por sus clarísimas alusiones al uso de drogas, la canción no hace más que describir lo que por aquellos días hacían prácticamente todos los artistas talentosos del mundo occidental: ampliar los límites de la mente por medio del uso de sustancias. Y fue especialmente la dietilamida de ácido lisérgico (más conocida como LSD) la que se adueñó de la escena gracias a su enorme poder alucinógeno, funcionando como guía hacia nuevos horizontes para las almas con sensibilidad artística: “Me siento inclinado a dejar que mi mente vuele, y colgar mientras alimento a los patos con migas de pan. Veo que todos salen a ponerse en ritmo, a ser amables y a divertirse bajo el sol”.

“Les diré lo que haré”, es inminente una invitación a compartir la experiencia reveladora. “¿Qué harás?” le preguntan sus amigos, y con naturalidad surge la respuesta: “Me gustaría ir allí, pero esta vez con ustedes. Podrían faltar a la escuela”. Es casi imposible negarse al convite: “¿No sería eso genial?”, le dicen sus compinches, y el ideólogo de la travesura les reafirma: “¿Para qué ir a aprender palabras escritas por tontos?”. Si algún lector llegara a preguntarse por qué hablo de este tipo de experiencias como si las conociera, bueno; pues… Es porque las conozco, obviamente. Y me parece una excelente oportunidad para relatar cuál fue mi primera aproximación al LSD. Yo contaba con casi treinta y cinco años de edad y después de dos décadas acababa de decepcionarme de mi fe. Abandoné mi comunión con el mundillo de las iglesias evangélicas –algo que le recomendaría hacer a todo el mundo- cuando tuve mi primer viaje lisérgico, -algo que también le recomendaría hacer a todo el mundo-. La intención de que mi experiencia fuera absolutamente personal me llevó a hacerlo en un parque, y luego de la ingesta de ácido me quedé esperando que ocurriese algo… Y nada ocurría. Me di por vencido y pensé en ir a ver a Mariano, un gran amigo mío que vivía a unas diez cuadras del parque; pero como era una calurosa tarde de verano primero decidí tomar un helado. Me pedí un cucurucho con mis dos gustos preferidos, menta granizada y frutilla a la crema, (sí, me gusta la menta granizada, ¿y qué?); y cuando me entregaron el helado comenzó la aventura. El helado brillaba. Literalmente parecía radiactivo. Su sabor no delataba nada raro, pero mientras iba caminando hacia la casa de mi amigo noté que los colores de todo cuanto veía brillaban. Todo parecía como si estuviese recién pintado. Recuerdo que exclamé para mis adentros: “¡La vida está llena de colores, y yo nunca me detengo a mirarlos!”. Entré a un kiosco a comprar caramelos, y los papeles metalizados de las golosinas me parecieron un hermoso show de fuegos artificiales. Me detuve frente a cada afiche que vi en la calle sólo para tocarlo, porque sus colores me resultaban tan vívidos que me parecía que su tinta aún estaba fresca. Finalmente llegué a casa de Mariano, le comenté sobre mi estado, y como buen amigo que es me hizo pasar para asegurarse de que no hiciera ninguna locura en la vía pública. Me la pasé un buen rato mirando las paredes de su departamento, porque estaban repletas de pósters de películas y repisas llenas de muñequitos. Era una casa ideal para estar drogado, le recomiendo a todo el mundo que le hagan una visita. Finalmente le pedí que pusiera la película “Yellow Submarine” de The Beatles. Le dije que los colores de su televisión estaban muy fuertes y que por favor los regulara. Cuando los vi a un nivel normal, me dijo que estábamos viendo la película casi en blanco y negro. Más allá de todo, nunca me abandonó la sensación de alegría por estar experimentando mi realidad a través de nuevos ojos. Fue una hermosa experiencia, como lo fue seguramente para los Small Faces al visitar nuevamente el parque: “¿Y qué haremos allí?”. Es obvio lo que van a hacer: “Pues nos drogaremos”, y allí surge una última pregunta cómplice: “¿Qué tocaremos allí?”. “Tocaremos el cielo”, responde Marriott. Igual que ese día lo toqué yo. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 14 de mayo de 2019

Capítulo 219: “Mary”. Supergrass. (1999)




Deprimartes terrorífico:

Supergrass fue una de las bandas que integró el movimiento musical inglés de fin del siglo pasado conocido como Britpop. Tenían la impronta de ser un tanto más festivos e informales en su sonido que los otros nombres de ese movimiento, como Blur, Oasis, Pulp, The Verbe, y Suede; y eso les granjeó un nombre propio en el mercado musical y les permitió visitar la cima de los charts con éxitos como “Alright” y “Pumping On Your Stereo”. Estaban liderados por Gaz Coombes, alguien a quien recuerdo bien porque por alguna extraña razón más de uno de mis amigos insistían en decirme que me parecía mucho a él: “Tengo una chica y su nombre es Mary, me gustaría poder sorprenderla día tras día. Me encantaría meterte de lleno en lo que estoy contando, y por eso quisiera señalar que ella tiene los dientes verdes. Te contaré historias que no comprenderás para así tenerte comiendo de la palma de mi mano”.

En el solo de guitarra de este tema (y tal como se aprecia en el video), podemos ver que Coombes presiona contra las cuerdas un pequeño aparatito llamado Ebow, o arco electrónico, que permite que la cuerda ejecutada en la guitarra vibre de una manera continua; como si estuviese siendo frotada por un arco de violín. Mediante este artilugio se consigue un sonido semejante a un zumbido experimental, y por eso mismo es que lo podemos escuchar en grabaciones de grupos como Genesis, Pink Floyd, U2 y Pearl Jam, entre muchos otros. Aquí acierta en darle ese trasfondo tétrico a este tema: “Tengo la sensación de que no eres una persona ordinaria, y yo tengo una cabeza a la que parece que se le está desprendiendo la mampostería. Cortaré los hilos que te manejan, oh sí; entiendo como funciona un títere. Y veré cómo te caes a pedazos. Siempre tuve la intención de llegar hasta ti, que no quede duda de eso, pero tú parece que sólo intentas que alguien te vuele los dientes de un golpe”.

El videoclip de esta canción fue censurado en televisión ya que según los críticos era “demasiado aterrador”. En él se nos presenta un edificio en cuyo sótano está tocando la banda. Es un espacio con una atmósfera que busca ser oscura y tétrica, como queriendo despertar ese miedo primordial que el ser humano tiene hacia lo desconocido. En algunos de esos departamentos se nos cuenta una historia de terror mediante ciertos lugares comunes del género. Una mujer mira por un microscopio y aprecia la expansión alarmante de un virus, que por algún azar inexplicable termina por causar un fenómeno del tipo poltergeist. Luces que se prenden y apagan solas, muebles que se mueven, libros que salen volando violentamente, fuego que se produce de manera espontánea. En otro departamento del edificio una mujer alimenta a su familia, hasta que el mismo fenómeno arriba a través de las cañerías y se apodera de ella; haciéndole vomitar ríos de sangre sobre la mesa familiar y tener horrendas alucinaciones. La sangre sigue su avance otra vez por las cañerías y ahora visita a una bella chica que se está bañando, muy típico escenario de cualquier película de terror que se precie de tal. Mientras tanto, los muchachos de Supergrass siguen cantando acertadamente: “Voy a seguir empujándote dentro de este sueño, porque el fondo de cada mente esconde algo obsceno”. Es verdad que el fondo de nuestra cabeza esconde cosas oscuras con las que tal vez no querramos enfrentarnos. En definitiva, la vida parece ser la suma de batallas diarias que entablamos contra cada una de las pesadillas que viven en ese lugar tan tenebroso, y cómo salimos parados luego de cada pelea. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 7 de mayo de 2019

Capítulo 218: “Can’t Fight This Feeling”. REO Speedwagon. (1984)




Deprimartes envalentonado:

Este grupo con horribles peinados ochentosos es REO Speedwagon, la banda norteamericana liderada por Kevin Cronin que supo tener más de un Nº1 en las listas de hits. Cultores en un principio del Hard Rock, fueron de a poco acercándose al Soft Rock gracias a sus Power Ballads, esas canciones mucho más romanticonas y amistosas al oído que no perdían por eso su potencia rockera. Con esto se aseguraron un lugar permanente en cuanta emisora FM poblara la faz del planeta, gracias a canciones como la archiconocida “Keep On Loving You”, la hermosa “In My Dreams”, o como la que aquí les presento y que dice lo siguiente: “No puedo seguir combatiendo este sentimiento, y aún así temo dejarlo salir. Lo que comenzó como un amistad se ha convertido en algo más fuerte. Y sólo desearía tener la fortaleza de demostrarlo. Me digo a mi mismo que no puedo contenerme por siempre, y ya sé que no hay razones para temer porque me siento tan seguro cuando estamos juntos. Le das una dirección a mi vida, haces que todo sea tan claro”.

“Mi vida ha sido un torbellino desde que te vi, en mi mente me la paso corriendo en círculos. Y siempre parece que estuviera siguiéndote, porque tu me llevas a esos lugares que nunca podría hallar cuando estoy solo”. Aunque la temática principal de la letra nos hable sobre cómo vencer la timidez, el interesante videoclip de esta canción nos presenta el ciclo de la vida de una persona. Y si bien parecieran ser dos tópicos un tanto distintos, está bien logrado el engarce entre la valentía necesaria para dar a conocer nuestros sentimientos con todas aquellas cosas que podemos lograr en la vida si no nos dejamos encarcelar por la cobardía: “Y aún mientras camino sin rumbo no dejo de tenerte a la vista. Eres como una vela en el viento en una fría y oscura noche de invierno. Y me estoy acercando más de lo que alguna vez pensé que podría”.

Nuestra aventura comienza con el nacimiento, continúa con una niñez plagada de imaginación, le sigue una adolescencia en la cual nos cuesta demasiado identificarnos en algún rostro ajeno, hasta que llegan los primeros años de la juventud en los cuales contemplamos desde una ventana de la casa de nuestros padres todo aquello que la vida nos exige conseguir (matrimonio, un coche, una casa, dinero). Luego viene esa época en la que debemos vencer las mariposas que sentimos en nuestro estómago y declararnos frente a ese amor que antes nos parecía inalcanzable: “Y ya no puedo seguir combatiendo este sentimiento, ya olvidé la razón por la cual comencé a luchar. Ha llegado la hora de llevar este barco hasta la costa y arrojar de una vez por todas los remos”. Una vez que hemos sentado cabeza y echado el ancla, viene a continuación nuestra vida madura en pareja y el advenimiento de un hijo; que en el futuro también correrá con el mismo destino y abandonará la casa de sus padres. Sobrevendrá entonces la viudez y la soledad de nuestros últimos años, los cuales bien podrían ser un tiempo de reflexión sobre lo que fueron nuestros días en esta tierra antes de cruzar la puerta hacia lo que sea que nos aguarde del otro lado. Pero la letra refuerza esa idea de que para seguir el rumbo de la vida no hay que simplemente dejarse llevar por la corriente, sino que debemos tener una convicción tan fuerte que nos permita alcanzar nuestros sueños cueste lo que cueste: “Aunque eso signifique que tenga que arrastrarme por el piso o entrar derribando tu puerta”. Ojalá que el final de nuestros días nos encuentre esperando con ansias cruzar esa puerta. ¡Feliz Deprimartes!


martes, 30 de abril de 2019

Capítulo 217: “I’d Love To Change The World”. Ten Years After. (1971)




Deprimartes desencantado:

“Dices que quieres una revolución, bueno; ya sabes, todos queremos cambiar el mundo” decía sabiamente John Lennon en su tema “Revolution 1” del Álbum Blanco de The Beatles. Todos estamos decepcionados por la realidad que nos tocó en suertes, y desde los albores de la Humanidad es sabido que en cuanta mesa de conversación exista allí habrá gente charlando animadamente sobre las distintas –y extrañamente simples- maneras que cada persona propone para solucionar todos los males del mundo. Y no era ajeno a este cliché el señor Alvin Lee, frontman de la banda Ten Years After, pero al menos este buen hombre sabía sincerarse: “Me encantaría cambiar el mundo, pero no tengo idea de cómo hacerlo. Así que lo dejaré en tus manos”. ¿Cómo sería capaz de cambiar el mundo la generación gloriosa de la Era Hippie? ¿Cantándole a la Paz y el Amor? ¿Vistiendo coloridas ropas hindúes y poniendo margaritas en los cañones de los fusiles? ¿Tomando cantidades industriales de ácido lisérgico? Difícilmente. Alvin Lee nombró a su banda como los Ten Years After (Diez Años Después) por haberla formado en 1966, según él diez años después de que nació el Rock; y para celebrar cuánto había cambiado este nuevo género musical. El mundo había cambiado, pero esa juventud había cambiado mucho más rápido que el mismo mundo. Era imposible que entendieran cómo poder hacer que las cosas cambien para bien.

La controversial letra de esta canción aún se discute hoy en día. Mientras los grupos que pelean por las minorías y los derechos de los movimientos de LGTB se horrorizan frente a lo que dice este tema, la gran mayoría entiende el sarcasmo desde el cual este guitarrista caricaturiza a los viejos carcamanes de la sociedad y sus enormes incongruencias a la hora de insultar a los demás, especialmente a los músicos del Flower Power como él: “Por todas partes hay raritos y melenudos, lesbianas y mariposones, dime: ¿en dónde ha quedado la cordura? ¿Se trata de ponerle impuestos a los ricos para alimentar a los pobres hasta que ya no haya más ricos?”. Sería imposible que este músico que deslumbró al público en su paso por el Festival de Woodstock pudiera estar sosteniendo estos argumentos como una bandera. La burla es más que obvia. La queja incoherente de la canción continúa como si estuviésemos escuchando a un viejo enfermo de Alzheimer: “La población sigue creciendo mientras la nación sangra, y todavía hay que seguir dándole de comer a la economía. La vida es graciosa, el cielo está soleado, las abejas hacen su miel… ¿Quién necesita dinero? ¡Pues el juego del Monopoly!”.

A continuación se nos enumera una dicotomía maníquea acerca de cómo se vivía la realidad a principios de los años ’70, y verán que en esta lista muchas cosas no han cambiado al día de la fecha: “La contaminación mundial parece no tener solución. Institución, electrocución, sólo hay blanco y negro, rico o pobre, ellos y nosotros… ¡Paren ya la guerra!”. Al “dejar en nuestras manos” el hecho de averiguar cómo cambiar el mundo la letra nos está invitando a que entendamos que o bien es muy poco lo que se puede hacer en la práctica para ver algún fruto en el corto plazo, o bien que es con pequeños actos que se puede ir generando un cambio de mentalidad que afecte a nuestro futuro. Como decía un cantautor amigo mío: “Toda realidad lograda siempre antes fue soñada”. No hay que dejar de soñar, pero entendiendo desde el inicio una pesada verdad: no llegaremos a ver concretados nuestros sueños de cambiar el mundo. Pero al menos nos quedará el consuelo de haber hecho algo, por poco que fuera, para que ese mundo mejor pueda ser habitado por nuestros hijos. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 23 de abril de 2019

Capítulo 216: “Back On The Chain Gang”. The Pretenders. (1982)




Deprimartes encadenado:

The Pretenders tienen la particularidad de haber sido una banda inglesa con una vocalista norteamericana de fuerte presencia escénica. En sus comienzos fueron representantes innegables de la New wave, ese género con que los músicos post punk quisieron devolverle al Rock el formato de canción que  había quedado en el olvido desde los años 60’. Al frente tenían entonces a Chrissie Hynde, una americana de voz sensualmente grave y que hacía sus primeros intentos como cantante; ya que había trabajado principalmente como crítica musical. Y el cambio no le sentó nada mal, porque los éxitos comenzaron a llegar rápido: “Encontré una foto de ti que me arrancó de mi mundo esa noche y me llevó a un lugar en el pasado del que fuimos despojados. Y ahora aquí estamos, de nuevo en la pelea, otra vez en este tren; de vuelta a los trabajos forzados”.

Para mediados de 1982 The Pretenders ya habían alcanzado la fama. Pero Chrissie Hynde debió haberse sentido devastada en esos días. Luego de llegar al éxito a base de trabajo duro perdió a dos de sus más grandes amigos y compañeros de banda, despidiendo del grupo al bajista por su adicción a la heroína (moriría al siguiente año por esta misma causa) y tan sólo dos días después de este despido tuvo que estar lamentándose por la muerte de su guitarrista por sobredosis. A todo esto, en ese momento ella estaba cursando el tercer mes de embarazo de su pareja con Ray Davies, líder de The Kinks… Hermoso panorama como para afrontar una crisis… De repente se encontró sin banda y perdida, y encima con su compañía discográfica exigiéndole que continúe produciendo éxitos: “Una circunstancia más allá de nuestro control llegó a través del teléfono, de la tele y del periódico; y se metió en nuestra casa como un mensajero del infierno para patearnos arena en los ojos y llenarnos de moscas. Nos puso de nuevo en este tren, de vuelta a los trabajos forzados”. Así se sentía ella, teniendo que abandonar por la fuerza una fase gloriosa de su vida donde todo lo logró con el esfuerzo artístico de sus compañeros de grupo; y teniendo que vérselas ahora con un período en el cual prácticamente querían obligarla a que produjese hits con la cadencia de una cinta de producción de una fábrica cualquiera.

Es muy acertada la imagen del videoclip de este tema, comparando nuestra vida cotidiana con la de una “chain gang”, como se denomina en inglés a esa partida de presidiarios que salen con los pies encadenados a realizar trabajos forzados. De hecho se puede escuchar de fondo en la canción el entrechoque de ruidos metálicos y los coros emulando los cánticos con que los presos se mantienen animados mientras pican piedras. Aún así, queda un último resquicio para dejarnos un mensaje de esperanza: “Cualesquiera que sean los poderes que nos fuerzan a vivir como lo hacemos, me ponen de rodillas cuando veo lo que te han hecho a ti. Pero prefiero morir de pie hoy sabiendo en lo profundo de mi corazón que un día les sobrevendrá la ruina sólo por habernos separado”.

“Encontré una foto de ti, esos fueron los días más felices de mi vida. Tu paso por mi vida fue como una pausa en la batalla en la desgraciada vida de un corazón solitario”. Lo malo de los días más felices de nuestras vidas es que nos damos cuenta de cuáles fueron una vez que ya los hemos dejado atrás hace mucho tiempo. Nuestros años fulgurantes se nos escurrieron como agua entre los dedos, mientras nosotros reíamos y jugábamos soñando con que eso duraría para siempre. En nuestro dulce recuerdo el pasado siempre nos parecerá una época más simple. Al menos nos queda ese recuerdo… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 16 de abril de 2019

Capítulo 215: “You’ve Lost That Lovin’ Feelin’”. The Righteous Brothers. (1964)




Deprimartes recriminatorio:

The Righteous Brothers fueron un dúo vocal conformado por Bill Medley y Bobby Hatfield, nacidos directamente de la tradición musical de los grupos afroamericanos de Doo-wop de los años ’50 como The Platters. De hecho, la anécdota cuenta que más de uno que escuchaba sus voces creía que se trataba de artistas negros, de ahí surgió el apodo de “brothers” -como los afroamericanos suelen referirse coloquialmente entre sí- que terminó por darles nombre. El hecho de que ambos integrantes del dúo tuvieran voces tan constrastantes les ayudó a generarse una identidad sonora muy propia, esto acentuado todavía más por su trabajo con el mítico productor Phil Spector, que le aplicó su concepto de “pared de sonido” a varios de los éxitos de este dúo: “Ya nunca cierras los ojos cuando beso tus labios, y no queda nada de la ternura con que antes me tocabas. Estás intentando esconderlo con todas tus fuerzas pero, nena, ya lo sé: has perdido ese hermoso sentimiento, oh ese hermoso sentimiento. Perdiste ese hermoso sentimiento y ahora se ha ido para siempre”.

Este tema fue versionado posteriormente por tal número de artistas que está reconocido como el que mayor cantidad de veces ha sonado en todas sus versiones tanto en la radio como en la televisión norteamericana a lo largo del Siglo XX. Esto no es para asombrarse ya que esta canción está sólidamente compuesta, excelentemente producida y aún mejor interpretada; y su letra engalana el clima evocativo creado por la música hablándonos sobre la desazón que nos invade cuando empezamos a intuir que nuestra persona amada ya no siente lo mismo que antes: “Ahora no veo alegría en tu mirada cuando llego a verte, y comenzaste a criticar cada pequeña cosa que hago. Casi siento ganas de llorar porque, amor, sé que algo hermoso se está muriendo”. Otro de los temas con los cuales alcanzaron el éxito fue su versión de “Unchained Melody”, la cual fue utilizada en la película “Ghost” de 1990; y que la transformó en la mejor versión de esta canción.



Se puede decir que estos dos cantantes fueron los primeros en ser considerados miembros del movimiento musical que luego se conocería como Blue-eyed soul, o “Soul de ojos azules”, esencialmente música negra hecha por artistas blancos. Eso ayudó a ir derribando preconceptos raciales muy duramente establecidos en la sociedad de esos años, ya que muchas radios que sólo pasaban música de artistas afroamericanos no tuvieron excusas para abrirse a este tipo de Rhythm and blues cuyas voces sonaban bien negras, pero que estaban interpretada por blancos: “Nena, caería de rodillas frente a ti si tan sólo volvieras a amarme de la manera en que lo hacías. Tuvimos un amor de esos que no se encuentran todos los días, así que por favor no permitas que se nos escape. Nena, te lo suplico, necesito tu amor, así que por favor tráelo de vuelta. Trae de vuelta ese hermoso sentimiento, porque se ha ido y sin él yo no pudo continuar”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 9 de abril de 2019

Capítulo 214: “Tom’s Diner”. Suzanne Vega. (1987)



Deprimartes matutino:

Suzanne Vega es una prolífica artista norteamericana, con una sensibilidad especial para retratar en sus letras ciertas cuestiones de la vida, como lo ha hecho magistralmente en su gran éxito “Luka”, canción en la cual aborda con mucho cuidado un tema tan espinoso como lo es el abuso infantil. Esta sensibilidad poética que tiene obviamente ha crecido ante la influencia de los artistas que Vega admira, poetas dentro del Rock como lo han sido Lou Reed, Bob Dylan y Leonard Cohen. Aquí hace una movida osada y edita una canción sin instrumentos, totalmente a capella. La delicada voz de Suzanne nos lleva de paseo a una mañana en la que la gente escapa de la lluvia: “Estoy sentada por la mañana en el café de Ia esquina, y estoy esperando en la barra a que el mozo me sirva el café. Y él sólo lo llena hasta la mitad, pero antes de que yo pueda quejarme él se pone a mirar por la ventana a alguien que está por ingresar. ‘Siempre es lindo verte’ le dice el hombre detrás de la barra a la mujer que acaba de entrar, mientras ella sacude su paraguas. Y miro hacia otro lado mientras ellos se besan para saludarse. Pretendo que no los veo mientras me ocupo en llenar mi taza de leche”.

La vida es una eterna sucesión de anécdotas que no merecen ser contadas. Un día normal es un día que nunca recordarás. La rutina se nos esconde a simple vista, como un camaleón experto; y por eso mismo se nos vuelve tan difícil describirla. Se nos ocurre increíblemente aburrido prestarle atención al movimiento de los engranajes que hacen que nuestra vida avance sin sentido hacia un destino incierto. Pero, si nos detenemos por un segundo, tal vez logremos apreciar los distintos matices de gris con que la rutina suele contarnos su historia: “Abro el periódico y hay un artículo sobre un actor que murió mientras estaba bebiendo. No era nadie de quién yo haya oído hablar, así que voy directo a leer el horóscopo y luego las tiras cómicas; cuando de repente siento como si me estuvieran observando y entonces levanto mi cabeza”. La cotidianeidad de esta letra contiene la poesía de los sucesos insignificantes del día a día; esos detalles sin importancia que, una vez que reparamos en ellos, podemos deleitarnos apreciando la delicada manufactura con que la vida los une a nuestra rutina.

“Hay una mujer en la acera mirando hacia adentro, ¿pero me está mirando a mí? No, ella realmente no me está mirando porque mira a su propio reflejo; y yo trato de no fijarme en que se está subiendo la falda, y mientras estira sus medias su cabello se le ha empapado”. Es curioso lo que ha ocurrido con esta canción. Porque a pesar de haber sido un éxito en sí misma, fue remixada en el año 1990 por un par de productores británicos bajo el nombre de DNA. Y ellos transformaron esta melodía minimalista en una versión electrónica de formato Dance… Todo presagiaba que nos encontraríamos con un esperpento, pero curiosamente esta versión fue muy lograda, le agradó muchísimo a la propia Suzanne Vega y le dio una segunda vida a esta canción, haciéndola todavía más exitosa alrededor del mundo. Como dato curioso, hay que remarcar que que esta versión fue la canción elegida y utilizada para probar el sistema de compresión de sonido hoy conocido como MP3. Aunque, por supuesto, todos estos datos técnicos no logran opacar el verdadero brillo de esta pequeña y mágica melodía que viste de gala esos acontecimientos casi microscópicos relatados en su letra: “Oh, esta lluvia continuará toda la mañana mientras escucho las campanas de la catedral y pienso en tu voz… Y en aquel picnic de medianoche hace ya un tiempo, cuando aún no había comenzado a llover. Me termino mi café, y ya es hora de tomar el tren”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 2 de abril de 2019

Capítulo 213: “Fluorescent Adolescent”. Arctic Monkeys. (2007)




Deprimartes payasesco:

Hace no mucho planteé la posibilidad bastante certera de que el Rock hubiera muerto prácticamente con el siglo que lo vio nacer, pero de ser así; ¿cómo catalogamos la música de nuestros días que intenta sonar como Rock? Si el Rock efectivamente murió, ¿cómo llamamos a lo que hacen las bandas que continúan haciendo Rock? ¿Bajo qué subgénero podría etiquetarse su obra? Esa duda nos ataca frente a cualquier agrupación de guitarras que pretende sonar rockera en el alba del nuevo milenio, y aquí tenemos el caso de los Arctic Monkeys. Una de las definiciones con las que podemos describir el movimiento musical al cual pertenecen es la de Post Punk Revival, título ya rebuscado si los hay; y que nos da una clara idea de que el Rock se está quedando sin nombres disponibles a la hora de bautizar a sus subgéneros. De esta rama cuyo sonido pretende abrevar en las bandas New Wave de fines de los ‘70s son un claro ejemplo los Arctic Monkeys junto con otros grupos como The Strokes, Franz Ferdinand y Kaiserchiefs. Pero en este caso particular se transformaron en el mascarón de proa del futuro digital de la música, ya que fueron una de las primeras bandas (sino la primera) en ganar masividad primordialmente a través de internet; específicamente ofreciendo descargar su música a través de su sitio en la red social Myspace. Es por esto que su aparición es considerada como un cambio de paradigma a la hora de comercializar música: “Oh, Flo, ¿adónde te has ido? Partiéndote de risa abandonaste la Avenida de Quién Ríe al Último. Lanzaste una carcajada sonora, pero ya no vas a volver nunca más”.

La coulrofobia es la sensación de pánico y terror que ciertas personas experimentan hacia los payasos. Es una fobia bastante bien estudiada y documentada, y se sabe que tiene sus raíces en alguna horrorosa primera impresión que de niños tuvimos con especímenes de esos dudosos integrantes de troupe circense. Y en ese período de la vida parece investigar el presente videoclip al hablar de cómo las amistades pueden, con el paso del tiempo, convertirse en algo totalmente diferente. Dos pandillas, una de ellas conformada sólo por payasos, y la otra por lo que parecen ser delincuentes, se muelen a golpes en un lugar abandonado. Los líderes de estos grupos, mientras pelean, rememoran lo fuerte que fue su amistad en su infancia, entre juegos y alegría; para terminar preguntándose: “¿Cómo fue que llegamos a esto?”. Nuestros más queridos afectos de la niñez pueden terminar convirtiéndose en desconocidos con los cuales nos es imposible imaginar que alguna vez compartimos interminables ratos de sana diversión. De esto es primordialmente de lo que habla este tema, de cómo el volvernos adultos puede llegar a escindirnos completamente de lo que una vez supimos ser con orgullo. Aunque la letra de la canción parece recorrer un sendero diferente: “Solías ponerte unas medias de red, y ahora sólo te pones un pijama para irte a dormir. Descartaste todas esas travesuras nocturnas sólo para volverte amable. Terminaste aterrizando en una crisis que es muy común, porque todo parece estar siempre en orden en un agujero negro. Nada resulta tan hermoso como el pasado, aunque ahora a tu trago le falta un poco de picante. ¿Recuerdas cuando solías ser una atrevida?”.

La letra parece estar enfocada a recordarle a una chica, en forma de pase de factura, sus mejores años, los que quedaron caricaturizados por el simple paso del tiempo. Algo que, plus minusve, nos pasa a todos: “Oh, ese chico es una escoria. Y es el mejor que has tenido. El mejor que has tenido es sólo un recuerdo, y todos esos sueños no parecen tan locos cuando vuelves a soñar con ellos, mi amor”. Todos vemos como los años han ido pasando y han afectado en mayor o menor medida a nuestros coetáneos. Nuestros viejos compañeros de colegio ahora son sólo eso, viejos. Y ante este pensamiento solemos ir corriendo al espejo para evaluar los despojos que nuestra batalla contra el tiempo ha dejado en el espacio que antes ocupaba nuestra mejor versión de nosotros mismos: “Ojeando un libro de consejos sexuales. ¿Recuerdan cuando todos los chicos estaban en la onda eléctrica? Ahora cuando a ella le dicen que va a conseguir lo que se proponga supongo que simplemente preferiría olvidarse de todo. Aferrándose a la idea de no volverse sentimental, ella dijo que no iriá pero al final asistió igual. Le gusta que sus caballeros no sean tan caballeros. ¿Eso era un marcador indeleble o un pequeño lápiz?”. Los años pasan… Y las cosas que recordamos quedan embellecidas por esa capa de barniz con la que nuestra endeble memoria suele recubrir nuestras mejores anécdotas. ¡Feliz Deprimartes!


martes, 26 de marzo de 2019

Capítulo 212: “Daydream Believer”. The Monkees. (1967)




Deprimartes primate:

Allá por mediados de 1964 nadie esperaba que una película protagonizada por los integrantes de un conjunto de Rock fuese algo más que un simple entretenimiento pasajero, diseñado más que nada para ganar dinero aprovechando ese ritmo musical tan de moda. Pero, claro, estamos hablando de The Beatles, y estos cuatro inglesitos terminaron tomando por sorpresa tanto al público como a la crítica con el filme “A Hard Day’s Night”, logrando uno de los cruces más memorables entre el Cine y el Rock. Uno de los ingredientes fundamentales de ese éxito fue un uso fresco e irreverente del humor, algo de lo que tomaron nota unos productores que publicaron un aviso para audicionar jóvenes con el fin de armar un programa televisivo cómico al estilo de la susodicha película. De esas audiciones resultaron elegidos Michael Nesmith, Peter Tork, Davy Jones y Mickey Dolenz como los actores que personificarían a los músicos de una banda de Rock que pretende triunfar y no lo logra, contando su historia con un humor muy naif. ¿Su nombre? The Monkees: “Podría esconderme bajo las alas de un pájaro azul mientras ella canta, y entonces la alarma de las seis en punto jamás sonaría. Pero seis campanadas y termino por levantarme, mientras me refriego el sueño de mis ojos y siento cómo duele el filo de mi máquina de afeitar”.

The Monkees son un fenómeno único y controvertido dentro de la Historia del Rock. Fueron un evidente producto de laboratorio, concebidos con una visión de mercado; una idea muy norteamericana en esencia. Así es que quedaron conformados como un grupo prearmado con figuras estereotipadas, apuntando a ser consumido por las masas como un bien cualquiera; y en ese aspecto se adelantaron por décadas a las “boy band” que triunfarían a partir de finales de los años ’80. Fueron increíblemente exitosos, consiguiendo subirse a la cima de los charts en varias ocasiones y vendiendo la módica suma de setenta y cinco millones de discos en total... Nada mal para un producto comercial. Sus canciones estaban escritas por compositores consagrados como Neil Diamond, Carole King y Neil Sedaka entre otros; y sus instrumentos eran grabados por músicos profesionales. Todo estaba calculado al dedillo para que tanto el programa como las canciones de The Monkees fueran un suceso, y fue tan así que la serie que protagonizaron logró extenderse por dos temporadas: “Alégrate, somnolienta Jean. ¿Qué puede todo esto significar para un creyente de los sueños y para una reina que regresa a su hogar?”. Pero al igual que el tamaño de su éxito, enormes fueron también los problemas que enfrentaron los integrantes de la banda para ser considerados como un número serio, ya que sus mismos productores no les permitían grabar los instrumentos en sus propios discos; ni eran tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones. Cuando finalmente lograron imponerse y tomar el control creativo editaron el álbum “Headquarters” en mayo de 1967, el cual inmediatamente se convirtió en Nº1 de las listas. Para su desgracia, fueron los propios Beatles quienes les terminaron jugando en contra al editar sólo una semana después el álbum que sería su obra maestra, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”; el cual dejó en claro que todo lo que tuviera que ver con el Rock como expresión adolescente ya había quedado fuera de tiempo. Sólo un par de años después The Monkees pasaban a la historia, como toda moda.

A Michael Nesmith, el más talentoso de estos chicos, puede vérselo claramente conversando con John Lennon en el video de “A Day In The Life”, y fue el propio Lennon quien le confesó que los de Liverpool jamás se perdían ni uno sólo de los episodios del show de The Monkees. Nesmith siempre tuvo como ventaja el provenir de una familia acomodada, ya que su madre convirtió a toda la familia en millonaria al haber sido la persona que inventó nada más ni nada menos que el Liquid Paper. Ya separada la banda, Davy Jones se dedicó a la actuación y Mickey Dolenz a la dirección televisiva, mientras que Peter Tork llegó a tener una sólida carrera como instrumentista. Pero revivirían su éxito como grupo en varias reuniones, y al día de hoy hay una puesta en valor y un gran reconocimiento por el verdadero talento que los integrantes de este experimento musical y televisivo supieron tener: “Tú una vez pensaste que yo era un caballero blanco sobre su corcel, pero ahora sabes cuán feliz puedo ser en realidad. Nuestros buenos tiempos comienzan y terminan sin que tengamos ni un centavo para gastar, pero; ¿cuánto necesitamos realmente para ser felices?”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 19 de marzo de 2019

Capítulo 211: “The Best Of Times”. Styx. (1981)




Deprimartes inmejorable:

“Esta noche es la noche en la que haremos historia, amor; sólo tú y yo. Y tomaré cualquier riesgo para atarle las manos al tiempo y permanecer aquí contigo esta noche”. Un viejo refrán dice: “Espera lo mejor y prepárate para lo peor”. La culpa con la que nos ha criado nuestra sociedad de valores judeo-cristianos (aunque intuyo que a gente devenida de otros trasfondos religiosos no les ha ido mucho mejor) nos hace sentir que cuando las cosas marchan muy bien durante un sospechosamente largo período de tiempo, debemos empezar a mirar hacia todos lados porque pronto se nos vendrá encima un tsunami de cosas malas como para compensar tanta bonanza. Así que lo mejor es estar siempre atentos… Pero en realidad no debería ser así. De hecho, NO ES ASÍ. El hedonismo siempre se nos ha aparecido como mala palabra, cuando en realidad no lo es. Vivimos más pendientes de cualquier pronóstico apocalíptico que de la más creíble buena predicción. Y es que nos han acostumbrado a que sea noticia el avión que se cae, y nunca el que llegó sano y salvo a su destino.

El álbum conceptual de Styx llamado “Paradise Theatre” es ideal para comprender que los malos momentos de la vida, al igual que los buenos, obedecen a un ciclo que se repite una y otra vez. El disco nos cuenta sobre el origen, el crecimiento, el esplendor, la decadencia, y la posterior desaparición de una sala de teatro ficticia justamente llamada Paradise. Tan clara fue la metáfora para el público, que es el único álbum de esta banda que llegó al Nº1 de las listas de los más vendidos: “Sé que crees que estos tiempos son los peores para nosotros, y sinceramente pienso igual que tú. Son esos tiempos en que la gente traba sus puertas y se mantiene escondida, ya hay rumores de que estamos ante el fin del Paraíso. Pero yo sé que si el mundo se olvida de nosotros; lo sé, aún así no tendría motivo para llorar. Porque mi mejor momento es cuando estoy a solas contigo. Por supuesto que hay días de lluvia y días soleados, pero haremos de éste un mundo sólo para nosotros dos. Nuestros recuerdos del ayer durarán por toda nuestra vida. Recordaremos lo mejor, olvidaremos todo lo malo; y algún día nos daremos cuenta de que estos son nuestros mejores momentos”. Dignos representantes del Soft Rock, construyeron su carrera en base a un sonido potente pero agradable; y llegaron a tener más de quince temas en rankear en el Top 40 americano. Este himno que se repetía una y otra vez por cuanta radio FM había, fue compuesto por el tecladista y cantante Dennis DeYoung, que, dueño de un amplio registro vocal, poco tiene que envidiarle a los más grandes cantantes del Rock.

“En los titulares se lee: ‘Estos son los peores momentos’, y yo creo que eso es cierto. Me siento tan desprotegido, como un bote en medio de una tormenta. Desearía que los vientos del verano pudieran traer de vuelta mi Paraíso, pero yo sé que si el mundo se pusiera patas arriba; yo tendría en claro que tú siempre estarías cerca mío”. Más allá de sus innumerables éxitos, los Styx también debieron afrontar malos tragos. Y es que en algún momento llegaron a tener problemas con el nefasto PMRC, o “Parents Music Resource Center” (“Centro de recursos musicales para padres), un comité fundado por la esposa del senador -y posterior vicepresidente Al Gore- con el único objetivo de censurar las letras de Rock. Se erigieron como supuestos guardianes de la moral y comenzaron a estudiar las letras de las canciones más exitosas para ver cuáles de ellas podían ser consideradas como “satanistas”. O sea que la historia del Rock & Roll cuenta también con un capítulo en el cual tuvo que enfrentar a su propia Santa Inquisición. Por fortuna su accionar fue tan petulante que fueron de a poco cayendo en el descrédito, y el mismo cambio de los tiempos fue haciendo que ya no tuviera sentido una persecución de este tipo casi llegando al Siglo XXI. Las actividades de este comité cesaron hacia finales de los años ’90, y pudimos continuar escuchando a los Styx ya sin ningún tipo de culpa cantando líneas como: “Cuando estoy a solas contigo todo está bien”. ¡Feliz Deprimartes!